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LA IDENTIDAD POR TODA POLÍTICA. XIX: Libertad política e identidad

La Constitución española de 1812 se promulgó en el Oratorio
de San Felipe Neri (Cádiz) el día de San José (19 de marzo)



He percibido, de anteriores entradas y comentarios a las entradas, cierto confusionismo, incluso cierta ofuscación conceptual en algunos participantes en este blog y visitantes, en cuanto a la relación entre identidad y libertad política. Creo que merece la pena contrastar un momento ambos conceptos y ver qué ocurre entre ellos.

Aquí hay quien piensa que lo primero es la libertad política. Que lo demás vendrá dado por añadidura, una vez conseguida la pieza principal. Sería algo así como la mano invisible de Adam Smith, que vendría a regular el mercado como por ensalmo con la única y aparentemente facilísima condición de que cada uno se deje llevar por su propio interés personal. Sólo que en este caso sería al revés: la libertad política vendría a eclosionar con la sola condición de que cada uno se deje llevar por el interés común, por el bien de todos, que se dice, algo sustancialmente más dificil de conseguir que la libertad de mercado, me malicio.

La libertad política la comprenderíamos, de acuerdo con lo que en este blog se ha venido diciendo, como una cualidad más de la libertad en sí misma considerada, esto es, la libertad que ya posee el individuo en su estado natural, tal como la establecieron los grandes filósofos del Derecho natural racionalista clásico, que dieron lugar a la conocida teoría del contrato como origen de toda sociedad política: la libertad política sería el procedimiento por medio del cual los individuos conservan o garantizan su libertad primigenia una vez que han decidido organizarse en un Estado. Y esa forma o procedimiento se vería sustanciado a través, fundamentalmente, de dos pilares básicos de la democracia como son: uno, la representatividad política (vía sufragio universal, sistema de partidos democráticos, ley electoral, conformación de distritos, etc.) y, dos, la separación de poderes (básicamente entendido como que el poder ejecutivo pierda su hegemonía actual, de modo que el legislativo legisle sin interferencias, mandatos imperativos o disciplinas de voto, y de modo que el judicial deje de verse interferido también por el ejecutivo, en forma de elección del Tribunal Constitucional, magistrados del Tribunal Supremo y órganos directivos del Consejo General del Poder Judicial).

Pues bien, yo planteo que sin una consideración previa de lo que yo entiendo por identidad no hay libertad política que valga. Y me explico. Todos los mecanismos que pueden garantizar la libertad del individuo, aun viviendo en un Estado político (representatividad y división de poderes) sólo pueden funcionar si previamente hay un consenso en cuanto a qué individuos formamos dicho Estado político. En cambio, si hay colectivos humanos, organizados en partidos políticos, que cuestionan los límites territoriales de ese Estado político o que cuestionan las condiciones que los individuos deben cumplir, en cuanto a fidelidad a un colectivo previo, lealtad a un colectivo previo o en cuanto a cuestionamiento de ese colectivo previo, entonces o una de dos:

* o pensamos, como hay quien piensa aquí, que la libertad política tiene que tirar para adelante con lo que hay, y en la creencia de que esos individuos y colectivos se anularán o quedarán reducidos a anécdota si la libertad política funciona como tiene que funcionar

* o pensamos, como pienso yo, que quien de antemano no se considera perteneciente al colectivo previo no utilizará nunca la libertad política que se le ofrece y el sistema de representatividad y de división de poderes impecable que se le ofrece para ser leal y ser fiel al colectivo humano y político en el que vive, sino que más bien todo lo contrario: utilizará la libertad política para horadar las bases políticas del sistema que se le ofrece, para boicotearlo siempre que pueda, para poner palos en las ruedas a la mínima ocasión que se le presente y siempre actuará en la creencia de que el colectivo en el que vive es imperfecto, indeseado e indeseable porque no es “su” colectivo.

Este es el problema que veo yo entre identidad y libertad política. Y esta desintonía entre identidad y libertad política en España tiene unos orígenes muy claros:

En España la libertad política sólo empezó a funcionar muy imperfectamente con las Cortes de Cádiz. Y digo muy imperfectamente, como saben los estudiosos del constitucionalismo, mucho más expertos que yo, porque allí se ponía una condición sine qua non para el Estado político que se fundaba: la Religión Católica sería la única y exclusiva del Estado por siempre jamás (artículo 12). Cuando el constitucionalismo significaba ya (en Estados Unidos y en Francia) la incorporación de la ciudadanía a una identidad laica y estatal, en España seguíamos mirando al Papa para ver cuál era su última palabra. Y entonces la ciudadanía española, por muy liberal que fuese, con ese artículo 12 cogida por el talón, nunca podría adquirir la libertad de conciencia que significaba pensar y actuar por sí misma y en función de los intereses de su propio Estado. La fidelidad política, la lealtad, la identidad en definitiva, seguía condicionada por la Iglesia. Y así siguió en España hasta prácticamente hoy. Este aspecto no lo veo yo considerado en la obra de don Antonio García-Trevijano, y me gustaría que Lluviaen, por ejemplo, que la conoce bien, me indicara dónde la trata.

Porque de esta cuestión (relaciones Iglesia-Estado en España) derivan, nada menos, que las guerras carlistas, la desestructuración política de España en el siglo XIX y su sangría económica en guerras y pronunciamientos. Por no hablar del teocratismo originario del nacionalismo vasco (el catalán en esto fue menos reaccionario pero también tiene su ramalazo). No estoy diciendo con esto, como piensan los nacionalistas tan cómodamente, que el nacionalismo procede del carlismo (no se lo creen ni ellos, es más, ellos rechazan su relación con el carlismo, les ofende pensar que sus ancestros defendieran las opciones de una alternativa al trono español). El nacionalismo, ya he explicado aquí mogollón de veces que procede de la exclusión racial de los inmigrantes españoles que fueron a esos territorios. El teocratismo y la intransigencia religiosa del nacionalismo vasco, en este sentido ahora considerado, no fue sino el salvavidas que se procuró el colectivo más reaccionario del País Vasco (con la comprensión de gran parte del clero de dentro y de fuera) para garantizarse la salvación eterna, visto que el carlismo (anterior banderín de enganche) se estaba secularizando ya peligrosamente.

Saludos maketos.
Dedicado a Lluviaen

¡ESPAÑA NO ES UN PROYECTO, HIJOS DE PUTA!

Ante el mercadeo postelectoral, los españoles, asqueados hasta el vómito ante la macabra danza de pactos y repartos, esperamos pacientes y descorazonados el despedazamiento de la patria en la que hemos nacido. Parece que nada podamos hacer. Pero sí hay algo muy importante: debemos mirar el espectáculo con el ánimo de aprender y de recordar quién es quién y qué es lo que hace. Y no preocuparnos en demasía por el resultado del febril trabajo de tijeras y guadañas de la partitocracia en el poder.

España no es un proyecto, sino una realidad. Puede que triste, pero incontestable. Aparentemente, como toda otra realidad, podría ser destruida. Pero ello sólo sería posible mediante una clase de fuerza violenta infinitamente más potente que la de los egoístas y pusilánimes nacionalismos periféricos. La realidad no puede inventarse más que coyunturalmente: como en todas las obras de teatro, con una duración de la suspensión de la incredulidad limitada a un plazo corto. Pero el invento no se sostendrá sin el aporte de una energía inmensa e impagable que, en estos momentos, es el esfuerzo impositivo de los españoles, literalmente asfixiados por los impuestos y por las desigualdades sociales.

Sostener los nacionalismos es como pretender que toda España permaneciese en el aire, colgada de un aerostato, para siempre. Pero vencer la fuerza de la gravedad de forma permanente para un peso tan inmenso (que es el de la realidad) tiene un costo económico inabordable. La burbuja de la España de las naciones federadas que sostiene el proyecto (que éste sí lo es) de la España federal, se pinchará ante la primera crisis económica (por ejemplo, ésta que tenemos ya encima(*); y el federalismo en vuelo caerá con la inexorabilidad y pesantez de una piedra.

Cuando eso suceda, los nacionalismos de derechas y las esquerras republicanas todas, las batasunas y los bloques varios que conforman los comunismos arborescentes, huirán despavoridos, como siempre han hecho en semejantes circunstancias. "Si te he visto, no me acuerdo, España". Y lo harán llevándose lo único que les interesa: el dinero, que es el fin último de toda actividad mercantil.


MESS, 

(*) Y lo dice en junio del 2007.

SE CONSTITUYE EL PARLAMENT DEL OASIS






La respuesta a la exclusión del idioma castellano por parte de los políticos catalanes debe ser la correspondiente exclusión de la clase política catalana por parte del cuerpo electoral de habla castellana. Y no ir a votar. Es la solución: deslegitimar las urnas que nos excluyen por no hablar la lengua que a los políticos del corrupto oasis catalán les da la gana que hablemos.

Como Ciudadanos de Cataluña, el Partit de la Ciutadania, no lo ha visto así, se ha presentado a las elecciones y ha conseguido 3 diputados en el Parlament. Su pretensión de que esta representación significa algo positivo es incorrecta, pues, con ello, no hace más que legitimar al resto de los diputats, también electos en los mismos comicios, y a su política de exclusión de nuestra lengua.

Y, como era de esperar, ya han recibido la primera en la frente. Una muestra de lo que será la legislatura: el continuo amordazamiento mediático los tres diputats de Ciudadanos. Hoy ha quedado claro en la retransmisión de la constitución del Parlament. Se ha formado la Mesa de Edad: Balcells, 65 años; Rivera, 27; Ortiz, 27, y ha expuesto su discurso el Presidente del Parlament en funciones, miembro de Ciutadans pel Canvi, es decir, socialista. Y ha hablado de lo suyo, que es lo mismo de todos los componentes del oasis catalán: de consenso, de pacto, y de complicidad con el pueblo (como si el pueblo hubiera de ser cómplice de los crímenes de los políticos).

Luego, le ha llegado el turno (mínimo) a Rivera. Y Cuní, el comentarista mejor pagado de TV3, y uno de los peores esbirros al servicio del régimen, ha superpuesto su voz (repitiendo como un papagayo lo que ha dicho Balcells) a la posible expresión en castellano de Albert Rivera, llamando a la lista de los diputats, quien prometió que esa lengua, mayoritaria en cataluña, se oiría de nuevo en el Parlament, merced a Ciudadanos.

Una vergüenza. Pero así será siempre en los medios catalanes. Cuní no es más que un cabal ejemplo del profesional servicial y lameculos del abrevadero catalán. Los hay a miles. Conclusión única posible: Cataluña no existe.

ARTUR MAS, EL NENE LLORÓN






¡Qué infantil paradoja! Artur Mas anda por los medios lloriqueando como un niño, y sacando a sus huestes a la calle a expresar despechos y destetes porque, a pesar de haber ganado las elecciones, no gobernará en Cataluña.

Deshagamos el malentendido: Mas no ha ganado las elecciones; si acaso, lo habrá hecho CiU. Porque estas últimas no eran unas elecciones presidenciales, sino legislativas: el pueblo catalán, ha votados listas cerradas propuestas por los partidos políticos. La inferencia de que el cabeza de cada lista es el candidato a la presidencia es incorrecta: tal y como está la ley, el Parlament podría decidir el 21 de noviembre que el futuro President fuera Albert Rivera, de Ciutadans (es improbable, pero no imposible ni ilegal). El segundo punto es que CiU ha ganado las elecciones por una mayoría insuficiente para llevar a su candidato a la presidencia. Por eso será Montilla el que forme gobierno.

Artur Mas debiera reconocer (mejor, públicamente) que la Ley Electoral catalana es la asignatura pendiente de Cataluña, y lo ha sido durante los 23 años en el poder de CiU, los 3 de Tripartit y, probablemente, lo seguirá siendo para siempre. Porque la solución ha estado al alcance de la mano de todos, y nadie la ha defendido: Gobernar no es cosa del Parlament, sino del President de la Generalitat. Si es así, ¿por qué escoge al Prsident el Parlament, y no, directamente, el pueblo de Cataluña? Si así hubiera sido (qué oportunidad perdida, el nuevo y clónico Estatut), probablemente Artur Mas sería President y formaría el Govern sin tener que darle cuentas al Parlament, cuya única función sería redactar y aprobar leyes (por cierto: dado que el Parlament estaría dominado por las “esquerres”, serían leyes progresistas, si es que eso tiene aún sentido).

Gobernaría, por tanto, Mas; y ninguno de sus rivales podría quejarse, porque habría ganado las elecciones. Tras una primera vuelta con todos los candidatos, los dos más votados habrían sido Mas y Montilla. Y en una segunda, obviamente, los votantes de ERC, ante la disyuntiva Mas-Montilla, habrían optado por el primero, demostrando que, siendo, como son ambos, conceptos hueros, antes catalanes que progresistas; y los del PP, también: antes conservadores que españoles.

Este Estatut, que consagra la partitocracia a la española ( que es la alemana), fue pactado por todas las fuerzas del Parlament (con la excepción del PP en algunos asuntos): ninguna de ellas puso en duda el organigrama del poder. Ha sido un Estatut redactado para —es lo de siempre— apartar al Pueblo de la responsabilidad de la decisión: procurar que siga limitándose a votar profilácticas listas en cuyos primeros lugares están los de siempre: negociadores, transaccionadores, establecedores de cuotas (cuántas consejerías, cuántas comisiones, cuántos cargos, cuántos jueces). ¡Qué pingüe profesión!

Así es que, señor Mas, no sea hipócrita, descreído y falsario, y aguante lo que se le viene encima: cuatro años (serán cuatro, esta vez) de caos, de labor de mina y desecación de las redes de corrupción de su partido, que acabará (7 años son demasiados) por no ser tenido en cuenta como vehículo para la consecución de negocios turbios con la Administración. En ese aspecto, fundamental, imprescindible, para la incompetente clase financiero-empresarial catalana, CiU va a ser sustituida por el PSC y, algo menos, por ERC y IC-V. Y quedará demostrada una cosa: que lo que sostiene a un partido en el poder no es la ideología política (¡qué tontería!) ni el patriotismo (¡qué anacronismo!), sino la exhibición de unas impresionantes tetas ubérrimas con las que amamantar a la clase explotadora catalana, eterna lactante que se niega a crecer.

PACTOS DE LA OLIGARQUÍA PARTITARIA

Tras las elecciones del 1 de noviembre, desde la perspectiva analítica de la política de pactos de gobierno en Cataluña, se vislumbran tres posibles soluciones.

La primera es la reedición del Tripartit, que sólo es defendida por los enloquecidos adictos al cargo del PSC, ERC y IC-V, y es una locura política que desembocaría en unas elecciones anticipadas en menos de dos años y en el definitivo descrédito de la pseudo-izquierda catalanista; y en un nuevo y aún peor desastre electoral en 2008.

La segunda es el pacto ultra-nacionalista CiU-ERC, que no la voy ni a comentar, por absurda: la izquierda y la derecha nacionalistas se pisan los callos en todos los ámbitos, ideológicos y en su competencia por el voto.

Y la tercera es la mal llamada socio-vergencia, que supone un pacto de apoyo mutuo entre CiU y el PSOE, ambos gobernando en solitario en su respectivo feudo regional y nacional. Se configura como la más lógica, y a eso vamos a toda velocidad, aunque le pese a Montilla. El gran fracasado de estas elecciones no tiene fuerza moral ni electoral para imponer su criterio al de Zapatero, quien apuesta por un gobierno en minoría de CiU con puntuales cheques de apoyo del PSC pagaderos en Madrid.

La política que veremos en CiU será extremista en lo nacional catalán (educación, bienestar social y cultura), empujada a ello por el discurso populista y demagógico de ERC (con la pasividad del PSC), y conservadora y corrupta en lo económico, apoyada por el PSC-PSOE. El PP seguirá mudo hasta que la gente se olvide de Aznar, lo que puede llevar un par de legislaturas más. Y los únicos que alegren el ambiente político serán los tres diputados de Ciudadanos, cuyas voces discordantes no perderán la ocasión de hacerse oír como elocuentes martillazos, en su intento de abrirse un hueco más amplio en las preferencias electorales de los vecinos decentes de Cataluña.

Todo ello muy interesante de ver desde la perspectiva del republicanismo constitucional, solución imperiosa y único recambio natural y terapéutico para este régimen corrupto y desacreditado.

¡ADIÓS, MONTILLA!

El resultado de las elecciones al Parlamento catalán representa un gran desastre para el socialismo catalanista, y es un anticipo del naufragio electoral del socialismo español en 2008, a causa de sus pactos con los separatismos periféricos.

José Montilla ha sufrido en sus propias carnes las consecuencias del catalanismo postizo al que se nos invita y empuja a todos los españoles de lengua castellana que vivimos en Cataluña. Obligados a fingirnos catalanes, a hablar catalán para no ser expulsados de la vida pública, somos el hazmerreír de los catalanes de verdad, minoría étnica que juega con inalcanzable ventaja en la consecución de cargos de poder en los que la expresión culta y el acento correcto son imprescindibles.

José Montilla ha avalado siempre unas reglas del juego social que marginan a sus propios votantes y, en justo castigo, ha sido marginado él mismo: sin poder hablar en su lengua materna, ha aparecido públicamente como un personaje gris, inculto y torpe; un charnego oportunista integrado y voluntarioso, sí; pero inhibido, sin recursos y sin talento. Son los efectos de expresarse en una lengua ajena, que no se domina; y los de adherirse a una cultura extraña, que no se conoce ni se comparte. Y ha quedado bochornosamente claro que, aunque finge tener acento catalán cuando se expresa en castellano, no habla catalán, en realidad. Doble falsedad inadmisible. La parte de sus bases que no está acomplejada, presintiendo el continuismo de las suicidas políticas pro-catalanistas de Maragall, le ha retirado su apoyo, y ha votado a Iniciativa, a Ciudadanos o se ha apuntado a la abstención.

Ante esta catástrofe, la cúpula completa del PSC debiera jubilarse en el acto o aprender la lección. Dejar su gratuita arrogancia a un lado y partir de cero: escuchar a sus bases, a sus votantes y a la ciudadanía. Y llevar al PSC a la oposición, de donde nunca debió salir. Dignidad, Montilla. Y lealtad. Así, en español. ¡Qué palabras más bellas en tu lengua materna! Recuérdalas cuando, más pronto que tarde, estés en tu destierro dorado del Parlamento Europeo, al que te empujarán estos ruinosos resultados.


MessageInOut, Ciudadano Libre

EL CATALÁN SE MUERE

El catalán declina y se muere. La lengua y la etnia, ambas a causa de la corrupción que ocasiona su falsa hegemonía. Se sabe que es así, pero la clase política autóctona finge que no, sigue empeñada en que Cataluña sea una maqueta de cartón-piedra, una obra teatral de vidas enteras de duración con figurantes que emitan sonidos familiares y con tramoyas rotuladas en la lengua propia. Los políticos, como los malos autores, confían en que la suspensión de la incredulidad todo lo esconda, y que su mentira no sea descubierta.

Como consecuencia de la incorporación masiva de forzados parlantes, el catalán es ahora una lengua vulgar, plagada de indecoros sintácticos, de pronunciaciones inverosímiles o de incultos neologismos; y ha dejado de ser signo identitario de superioridad (clave que intercambian los miembros de la secta: ‘¡Salut, company! ¡Farem negoci junts!’). Ahora, el uso del catalán no garantiza la comunidad de intereses. Porque la etnia catalana tampoco es ya auténtica, sino una mixtura infestada de serviles ex españoles, adeptos al oportunismo de los subvencionados sentimientos.

Cataluña está enferma, intoxicada por otras lenguas, por manifestaciones culturales apócrifas y por falsificaciones identitarias; agotada por fiebres patrióticas y embelecos de falsarios, cuyos paradigmas son el político andaluz de acatalanada sintaxis y grosero acento, y el maño de remendados hímenes-apellidos.

La consecuencia es inexorable y merecida: los más competentes al conversar y relacionarse son los hijos de aquellos en cuyo ámbito familiar no se ha abandonado el castellano: educados en catalán en la escuela, a esa edad a la que todo se aprende, dominan ambas lenguas, mientras que los hijos de la etnia pura son analfabetos funcionales en la ‘lengua impropia’ de Cataluña. Como en todos los timos, el beneficio fácil ciega a la víctima y hace posible su impensado despojo.

¡Catalán, lengua desnaturalizada, pronto habrá que extender tu certificado de defunción, junto con el de tu etnia decadente! Lástima que los últimos de tu estirpe te dejen en tan mal lugar a los ojos de la Historia. Descansa, al fin, en paz.

CATALÁN A LA FUERZA, NUNCA

Catalán es, según el 'Estatut', cualquier español censado en Cataluña. Ello nos supone deberes añadidos a los del resto de los españoles, como conocer el catalán. Y la pérdida de derechos, como el de educar a nuestros hijos en su lengua materna, el castellano.

Pero ERC nos exige que, además, deseemos ser catalanes, es decir, que aportemos el 'sentiment de ser català'. Pero es sólo una condición más de buena catalanidad, porque no nos dan ninguna solución a los que no tenemos ese sentimiento. Ningún partido político nos concede el derecho a no ser catalanes en Cataluña. Sólo a serlo malos.

Y es que los políticos catalanes impondrán siempre a todo el censo de Cataluña la servidumbre de sus desvaríos identitarios: Los castellanos formamos parte de la decoración de su quimera de 'viure en català', como los árboles o los perros que se orinan en ellos.

MessageInOut, "Ciutadans Lliures"
(Autorizada su reproducción íntegra)

CIUTADANS LLIURES DE CATALUNYA.

¿Por qué hay que participar en el Foro de “Ciutadans Lliures de Catalunya”? Se trata de un foro pequeñito, de momento, sin más pretensión que la de dar continuidad a los contactos entre participantes del Foro de Ciutadans de Catalunya que se han quedado fuera de juego –huérfanos- ante el cerrojazo de éste. Sin preaviso. Sin alternativas. A sabiendas del mal que se causaba a la libertad de expresión y opinión de mucha gente. Gente que llevaba ocho meses pensando y trabajando con determinación y generosidad para enfrentarse al nacionalismo separatista catalán y al proceso de exclusión social de la mitad de los ciudadanos que habitan Cataluña.

Ciutadans calla, Ciutadans otorga.Y no da más alternativa al silencio que afiliarse al partido para poder seguir hablando. Pero es que, además y por si fuera poco, ha cerrado el foro a la lectura pública. Es decir, que darse de alta en el partido sólo te habilita a seguir hablando con gente a la que conoces (no toda la gente, supongo, se dará de alta) y con la que has compartido discusiones o acuerdos, pero sin que tus ideas puedan ser leídas siquiera por los que se han quedado fuera, o no quieran pertenecer a Ciutadans. O no puedan, cojones, que también es posible.

A los responsables del foro de Ciutadans les hubiera bastado con avisar a los participantes del foro con una semana de antelación para permitir que los que no quisieran afiliarse se pusieran en contacto entre ellos mediante e-mail y pudieran seguir intercambiando ideas por esa vía. O, por lo menos, prepararse para participar en el foro de Ciutadans Lliures que implementó Atole hace tiempo, por la pasividad de los moderadores ante los comentarios xenófobos de algunos participantes independentistas. Pero es que hasta las claves de acceso al nuevo foro han quedado secuestradas en los buzones de mensajería interna del foro de Ciutadans, puesto que los interesados no tienen siquiera acceso a sus propios buzones.

Ciutadans, Arcadi, Ana: la Democracia no se puede predicar y demostrar o exhibir sólo adhiriéndose al Manifiesto de Euston, sino también y mejor no permitiendo que se produzcan situaciones como ésta -cerrojazo del foro-, más cuando bajo vuestro control tan fácilmente está el evitarlo.

Y no, no nos queda más remedio ya que arrimarnos unos a otros en torno a una idea tan débil como la de seguir en un foro sin recursos, como el de Ciutadans Lliures de Catalunya, de hosting gratuito, con fallos evidentes... pero con LIBERTAD.

¿Está claro?

Aquí está el Foro de Ciutadans Lliures de Catalunya:

http://ciutadanslliures.com/

Gracias por participar.

FORO DE CIUTADANS: SÓLO PARA AFILIADOS.

Algunos de vosotros habéis contactado conmigo a causa del cierre del Foro de Ciutadans de Catalunya. Ya sólo tienen acceso los asociados. Ellos sabrán. Sólo mi Post "Adión, PSC, adiós" tenía más de 18.000 entradas de lectura...

Al parecer, también se me ha expulsado del Web-Ring... ¡No puede ser cierto! Se me invitó a participar y luego, sin mediar explicación plausible, ¡voilá! Uno menos. O más de uno, porque ya han contactado conmigo unos cuantos, bastante cabreados.

Uno ha sido Atole, que ha decidido poner en marcha su fórum "Ciutadans Lliures de Catalunya" para poder seguir pensando en voz alta.

La dirección directa es (copiadla):

http://www.freephpbb.biz/phpBB/index.php?mforum=rugartef

Todos tenéis una clave de acceso a su fórum "Simpatitzants de Ciutadans de Catalunya" . Pero, a lo mejor, no podéis recuperarla porque ya no tenéis acceso al Foro, en cuyo correo se os quedó.

En ese caso, contactad con atole: atole@mixmail.com Y os la reenviará vía e-mail.

Ánimo, amigos. Aún no hemos dicho nuestra última palabra en esta lucha contra el totalitarismo nacionalista. Sigamos firmes.

Gracias a todos.

NOTA: Mi e-mail: messageinout@mixmail.com

CIUTADANS DE CATALUNYA.

El tripartito catalán camina hacia su crisis y rápidamente será historia y en algunas cosas dejará su rastro, sobre todo en aquellas cosas a las que no les pongamos atención, si permanecen en las costumbres y ya no se da marcha atrás, si se asumen por inercia o por pereza y ocurren a diario y se refuerzan, que así es como las huellas se hacen imborrables.

No tiene sentido que nuestras leyes se vean modificadas si nosotros no lo deseamos así, o nuestros derechos sean rescritos si nunca lo pedimos, nuestros problemas y los de casi todos los ciudadanos de Cataluña han sido otros diferentes; nuestros votos se unieron a los de otros muchos para llevarnos a otra situación, porque ésta es o me parece a mí absurda, y todos los menudos asuntos que nos atañen se han quedado fuera del quehacer político o quizá carecen de importancia, y son despreciables, es plausible que a las altas esferas de decisión catalanas nuestros intereses les parezcan irrelevantes, por eso nadie les ha dedicado un minuto, es decir, que es como si nosotros no existiéramos para ellos.

Los españoles de Cataluña no debemos tolerar que nuestros derechos no estén a la altura de nuestra voluntad de libertad, no debemos consentir que el Govern nos oprima aún más o de peor manera si otra vez permanecemos en silencio, hay algunas pocas cosas en la vida de cada hombre que deben ser respetadas para que éste no se rebele, no debemos soportar que se sigan valiendo de lo que no es cierto ni legítimo, ni un día más, que nos supongan sumisos si no exigimos justicia o sin arrestos si nos quedamos quietos, en desamparo si nos tiranizan o sin dignidad porque no tenemos bandera a la que acogernos. Que nos crean esclavos porque no exigimos nuestros derechos.

Tenemos una oportunidad para la recuperación de nuestras libertades en la creación de este nuevo partido político que nace de la elite cultural catalana y se enraíza en la ciudadanía sencilla, que es la que le dará pujanza. Y será la última oportunidad. Si no la aprovechamos, seremos los únicos responsables de nuestros infortunios futuros (la ciudadanía es siempre la última responsable de las enajenaciones de sus gobernantes, y su garante o fiadora, la que paga todas las facturas por sus platos rotos).

EL TRIPARTIT Y LA NAVAJA ESPAÑOLA.

Las alianzas entre partidos políticos, las que se conciertan para alcanzar el poder y compartirlo, tienen el inconveniente de que son como esas asociaciones de maleantes que se constituyen para atracar un banco o una joyería y que, una vez cometido el delito con éxito, se disuelven con mutuas traiciones con el mezquino objetivo de acaparar el botín, y acaban con delaciones a la policía y aun con muertos.

Algo así acaba de ocurrir con esas dos asociaciones de maleantes que han resultado ser el Tripartit del Govern Català, por un lado; y el acuerdo de legislatura PSOE-PSC-ERC-iU, por el otro. Estos fríos días de enero han abierto las navajas y se han acuchillado unos a otros hasta la extenuación. El espectáculo ha sido --aún lo es-- tremendo; y también patético, porque a la exhibición de la traición múltiple se le junta la de los miedos ostensibles a perder cargos de sillón y presupuesto de gastos, privilegios y prebendas. Y es un espectáculo triste y vergonzoso para aquellos ciudadanos que les hemos votado para otros cometidos y destinos.

A la hora del recuento de bajas, de lamerse las heridas, los más perjudicados han resultado los menos expertos en estas mañas: los iletrados provincianos de ERC. Es lógico. Y han vencido los profesionales de la felonía: PSOE y PSC –-victoria pírrica, sin embargo, porque han acabado heridos de muerte--, y CiU. Estos, los nacionalistas, sí que se han alzado con lo mejor del botín, porque han resultado los más listos (disculpa, Rubalcaba). Y eso que en el 'atraco' no se han jugado la vida, eran los chicos que esperaban en el exterior del banco, ni siquiera llevaban pistola.

Pero lo que ha hecho posible el éxito de CiU en esta refriega ha sido, como tantas otras veces, el singular carácter de sus bases y sus votantes. Y es que los electores de CiU son de una clase especial de seres humanos: pragmáticos, modernos nacionalistas (definitivamente excluyentes), y radicalmente posibilistas. Gentes a las que les parece muy bien votar a líderes como Pujol, buenos vendedores, capaces de endilgarte como si fueran nuevos unos calzoncillos llenos de zurrapas.

Pero bueno, ¿y el PP, qué ha hecho a todo esto? Pues el PP --merced al Pacto del Tinell-- ni estuvo, ni está, ni estará, más que de convidado de piedra en la reyerta; no ha recibido más que algún navajazo de soslayo, como ése que casi provoca la dimisión de Piqué. Y sus representados, diez millones de españoles irritados (no saben ya muy bien ni con quién, ni por qué), llevan ya dos años con la papeleta en la mano, listos para votar a un partido que tiene un pie en el muelle del constitucionalismo irreducible y el otro en la inestable chalupa del republicanismo federal. Diez millones de españoles que se han quedado mirando como pasmarotes la caja de cartón sobre la que Rubalcaba movía sus tres cáscaras de nuez ante sus socios de gobierno, y les preguntaba, sugestivamente: “Venga, señores, ¿dónde está la bolita?” Mientras con la sucia y larga uña del meñique, la ponía fuera del alcance de la vista de todos.

EL PSC DEBE PERDER LA PRÓXIMAS ELECCIONES.

El PSC debe perder las próximas elecciones al Parlament de Catalunya, porque -es imprescindible- debe recibir un severo escarmiento por su actitud traidora para con sus votantes.

Antes vendrán las Generales. Ahí es Zapatero el que debe recibir un merecido castigo en Cataluña, donde ha alentado la marginación social de sus bases por parte de los nacionalistas.

He votado socialista siempre. Desde 1978. Hubo una excepción en que voté en blanco: cuando Almunia tuvo la desvergüenza de deponer a Borrell de la candidatura a la Presidencia del Gobierno. Las traiciones hay que pagarlas.

Esta vez no basta con votar en blanco. Apoyaré al nuevo partido promovido por Ciudadanos de Cataluña, si es que existe para entonces. Si no, votaré al PP como mal menor. Sé que me costará cuatro años de dolores de barriga, pero espero que mi partido -el PSC/PSOE- se enmiende así para siempre.

Y que Montilla, Iceta y Zaragoza dejen de creerse que sus actos quedarán impunes. Que aprendan que no deben traicionar a sus votantes, por más que los consideren unos indocumentados o unos cretinos.

Y Maragall, a su casa, a vivir de las rentas.

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