La falsedad del arte contemporáneo


LA "ARTISTA" MILLIE BROWN TIÑE LECHE CON COLORES, LUEGO LA BEBE Y LA VOMITA SOBRE EL LIENZO

Weiwei, supuestos hierros enderezados procedentes del terremoto de Siguán. Cualquier ferrallista hace arte en su almacén sin saberlo...
Aliexpress: Van Gogh al óleo 7,87 €... Está bien pintado, por artistas chinos y no es una falsedad, sino una copia exacta.

Arturo Rivera, autorretrato operándose el corazón a sí mismo. El autor ha tenido serios problemas cardíacos.
El republicano constitucionalista Antonio García-Trevijano: viejito, pero imbatible.

El arte actual, como el resto de las actividades contemporáneas, se fundamenta en el encumbramiento de la mentira. Es imposible encumbrar la mentira sin recurrir al enseñoreamiento previo de la mediocridad. Un difuso e incongruente discurso-jerga conceptualista hace el trabajo sucio. La víctima es la verdad, que se combate fieramente desde las instancias del poder económico y político, y se ningunea para evitar que brille y aplaste la farsa. Pues la verdad es para la mentira como la lejía para los gérmenes.

El arte actual está dominado por los comisarios (curators) y los galeristas/subasteros, que saben perfectamente al servicio de qué y de quiénes están. El arte contemporáneo cubre una necesidad global fundamental: blanquear dinero procedente del crimen organizado y de la especulación, al tiempo que baña a los nuevos millonarios con una pátina de cultura rápida. Una obra de arte no es otra cosa que un valor documentado revendible, un depósito de capital. Como las necesidades actuales de blanqueo de capitales son inmensas, el mundo del arte ha creado de la nada miles de supuestos artistas. Y como es imposible que tantos artistas sean genios, ha inflado el mundo artístico de obritas ready-made, al estilo que inaugurara Duchamp con su mingitorio transusbstancializado en fuente: cajas de zapatos vacías, tapas de yogur pegadas, orines sobre el suelo o, como hace la artista de vanguardia, Millie Brown, vómitos sobre lienzo. A mí, personalmente, Millie Brown me recuerda a Le Pétomane, Joseph Pujol, un trompetista vintage que impulsaba su instrumento en el escenario con el culo, a base de pedos.

A día de hoy, el artista no aparece por cuestiones de calidad de obra o historial, sino cuando al sistema le viene bien. Un nuevo artista no debe hacer nada más que asumir el discurso del sistema, protestar contra cosas perfectamente controladas y servir de herramienta al mundo de las finanzas global, pareciendo siempre que hace lo opuesto.

Por ejemplo, el chino Weiwei, supuesta víctima en su defensa de los derechos humanos: Ilimitadamente apoyado por los medios y las instituciones que le regalan espacios cultos para exponer sus obras y protestas, muchas veces falsas, como esos miles de hierros enderezados en su taller supuestamente procedentes del terremoto de Sichuan. Weiwei es tratado por el Sistema como un luchador contra la dictadura del Partido Comunista chino. En realidad, Weiwei está al servicio de la globalización, de los mismos especuladores que hacen sus fortunas al haber convertido a China en la gran factoría productiva de Occidente. ¿Cómo se compatibilizan ambos intereses aparentemente contradictorios? Simplemente estableciendo bien poco sutilmente la idea de que la libertad en China vendrá de la mano del incremento de renta per cápita de los trabajadores chinos. Es decir, convirtiendo la Globalización en un arma liberadora de los explotados: el Partido Comunista chino fallecerá de puro y simple éxito.

El Sistema cultural occidental se comporta como una ONG que alimenta a sus artistas y los mantiene en un perpetuo estado infantiloide, mimados y subvencionados mientras sean dóciles. Los verdaderos artistas plásticos, entretanto, se baten el cobre para subsistir, pues no encuentran ningún apoyo institucional por el simple hecho de ser demasiado buenos para ser un ejemplo. Me explico: el sistema arrasa y ningunea a los artistas contemporáneos que saben pintar, escribir o esculpir, a los que arriesgan y comunican no sólo porque sus mensajes pueden ser peligrosos para el poder, sino porque, en cuanto los inversores en arte los ven, los prefieren porque los entienden y los intuyen valiosos. ¿Cuál es el problema? Que las obras de arte actual de verdaderos artistas son muy pocas, no sirven a la causa de la ocultación de la ingente cantidad de capitales sin control. Y tampoco pueden incorporarse al sistema junto con las demás "obras de arte" porque las ponen en evidencia (1). Por eso deben ser extirpadas y anuladas. Y por eso, sin mediocridad aderezada de oportunismo y sinvergonzonería, no se tolera el éxito.

Las obras de Warhol no las hizo Warhol, sino que fueron ejecutadas e incluso diseñadas en su Factory: el autor de los grabados de Marilyn fue uno de sus explotados, Louis Walden. Jeff Koons no realiza ni una sola de sus obras: las ejecuta la industria. De ahí viene precisamente su éxito como artistas: de que, al tener a su servicio a la industria, han sido capaces de proveer al sistema de suficiente número de obras para interesar como herramientas de intercambio de capitales.

Nada nuevo bajo el sol. El mundo del arte está tan corrompido por el dinero como el mundo político que le sirve de refugio y sostén. Mientras, China arrasa el mercado del verdadero arte con sus falsificaciones, réplicas de tan buena factura como los originales de los que proceden. Dignos de verse los documentales sobre esas factorías de producción en cadena.

Salud.


UN ÁCRATA METAMODERNO,
(COMO TODOS LOS ÁCRATAS
HABIDOS Y POR HABER)


NOTAS: (1) Eso mismo sucede en política: Antonio García-Trevijano es permanentemente combatido por el Sistema. No se le tolera el acceso a los medios de comunicación de la misma manera que Arturo Rivera no consigue espacio para exponer sus extraordinarias pinturas en Méjico.

LIBRO RECOMENDADO: "El fraude del arte contemporáneo", de Avelina Lésper.




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