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El politeísmo
como paradigma de civilización


Destrucción a cañonazos de los budas afganos de Bamiyán, en 2001

La noción de un dios único es algo antinatural para un occidental. No para el alienado occidental actual, claro, sino para el heredero de las civilizaciones griega y romana. No olvidemos que la Grecia politeísta creó la democracia y que el colosal imperio romano cayó a causa del monoteísmo impuesto por la Iglesia y tolerado por un Constantino, quien, asqueado, dividió el imperio y se trasladó a regir el de Oriente.

El monoteísmo es una creación de los egipcios, del faraón Akenatón. Vino a decir que no hay más que un solo dios, que es el Sol. La historia dio buena cuenta de Akenatón. Su cartucho real fue borrado de cada piedra en Egipto. De ello se encargaron los sacerdotes de las distintas deidades, apoyados por el politeísta pueblo egipcio, probablemente. La Historia suele vendernos a Akenatón como un visionario que intuyó el advenimiento de Yahweh. En realidad, fue un faraón que tomó todo el poder para sí, despojando de él a los sacerdotes. Le costó caro, se supone que murió envenenado.

Se dice que los esclavizados judíos copiaron el monoteísmo de los egipcios. También copiaron la circuncisión como rito sacrificial sexual a Yahweh, a cambio de su protección como pueblo elegido. Los judíos han evolucionado poco desde entonces. Siguen circuncidando a sus neonatos varones y, sintiéndose el pueblo elegido, se consideran habilitados por Yahweh para hacer y deshacer a su antojo en el planeta. Eso les convierte en una secta político-religiosa de unos 25 millones de personas peligrosa para la Humanidad en su conjunto. Una secta capaz de cualquier crueldad con los no judíos. Lo que es coherente, si se tiene en cuenta cómo se tratan a sí mismos desde el mismo principio de su vida. Los judíos tomaron de Akenaton otra cosa más: la prohibición de representar a Yahweh. Eso, que parece baladí, tiene consecuencias muy importantes, como la falta de habilidad de los judíos para dibujar con realismo, especialmente el cuerpo humano, cuya consecuencia visible es la degeneración actual del arte. Si alguien se asombra por lo que acabo de escribir, que se limite a leer al filósofo Roger Scruton; o al judío Israel Shamir, quien asegura que la torpeza de los artistas judíos para el dibujo erradicó éste como valor artístico a partir de que el negocio fuera tomado por asalto por artistas, marchantes y galeristas hebreos. Sírvanos de consuelo que al publicista judío Charles Saatchi, que tiene la mayor colección de basura artística del mundo, le ha costado buena parte de su fortuna. Claro que, en arte, las obras no se rigen por su valor estético, sino por su precio de mercado. Y la manipulación de los mercados sí es un arte que dominan los judíos.

Sinónimos de politeísmo, según el diccionario, son paganismo y gentilidad. Los gentiles --forma occidental de nombrar a los goyim-- somos, al menos para los judíos, paganos politeístas. Un punto a favor.

La primera derivación de la fe judía es la cristiana. Ligeramente más moderna, no circuncida a sus infantes y representa a dios en todas las posiciones y actitudes, humanizándolo descaradamente. Los cristianos son herederos de la civilización helena, de ahí que Dios empiece por tener un hijo mortal, el Christos. De modo que el politeísmo subyace en los cristianos. Como consecuencia, el cristianismo está cuajado de personajes secundarios que son como deidades menores. Si Dios equivale a Zeus, la Virgen es una combinación de Cibeles y Afrodita. Los santos se corresponden con las deidades menores y con los héroes griegos. Por eso tantos santos se sacrificaron a Dios, despedazados, quemados, violados, tal como Heracles se sacrificó a su padre Zeus, suicidándose. Esto no es una hipótesis: el sincretismo religioso cristiano lo demuestra. Así, para implantar la religión cristiana entre los esclavos negros en Cuba y otras colonias hispanas, se identificaron deidades con santos: Changó es Santa Bárbara, Obatalá es la Virgen de las Mercedes, Eleguá es el Santo Niño de Atocha, Ochún es la Virgen de la Caridad del Cobre, Yemayá es La Virgen de Regla... De hecho,¿qué significa que existan tantas vírgenes diferentes, unas blancas y otras negras? ¿Son la misma persona o no?

Hay muchos paralelismos entre el actual cristianismo católico y el paganismo griego. Pero no podemos dejar de señalar que la cristiana es una religión feudataria de la judía. Su dios se supone el mismo, el que comparece en la Biblia, libro que los cristianos llaman Antiguo Testamento. Sin embargo, entre Dios y su Hijo existe un abismo moral insalvable.

La segunda derivación de la fe hebrea es la musulmana. Nada moderna, casi medieval, pero menos cruel que la judía, circuncida a sus varones cuando se convierten en hombres, pero no a sus neonatos --al menos les permite decidir si quieren perder el placer sexual para siempre, una vez ya lo conocen; los musulmanes son como los ciegos por accidente que recuerdan lo que era ver; no ciegos de nacimiento, como los judíos--, y tampoco puede representar a su dios. Los musulmanes árabes son semitas, en lo absoluto herederos de la civilización helena. De modo que durante su ocupación de las tierras del antiguo Egipto, destruyeron símbolos y templos. Tan sólo respetaron aquello que la arena enterró. El Profeta lo es todo, lo piensa todo, lo sabe todo, lo regula todo. El Islam es una religión que se entromete no sólo en la vida social de sus creyentes, sino también en la política. Exactamente igual que la religión hebrea, en ese sentido. Lo mismo que la papista de los Estados Vaticanos. El caso de la Iglesia Anglicana recuerda al monoteísmo egipcio: Enrique VIII fue una especie de Akenatón que se autoerigió en su líder único de su Iglesia, uniendo religión y estado. En todas partes cuecen habas.

Pero, para sorpresa de adictos a la televisión occidental, existen otras religiones en el mundo con cientos de millones de creyentes: el sintoísmo o el hinduismo, por ejemplo. Y ambas son politeístas. Así que el politeísmo no es un vestigio del pasado, sino algo absolutamente actual.

Características del monoteísmo son su crueldad y su intolerancia. Aún permanecen en nuestras retinas las imágenes de la destrucción de los budas afganos de Bamiyán de 2001. O, más actualmente, la de monumentos religiosos en Siria por parte del Estado Islámico. Pero los sacerdotes cristianos hicieron lo mismo en América, arrasando los archivos de las civilizaciones inca, azteca y maya, cuya historia desapareció para siempre.

Hoy en día existe una enemistad nada velada entre las tres religiones del Libro. De hecho, a ello se atribuyen las campañas contra el terrorismo internacional que mantienen nuestras libertades civiles bajo férreo secuestro. Si existe tal enemistad irreconciliable, ¿cómo puede sostenerse que Yahweh, Alah y Dios/Cristo puedan ser el mismo personaje? De ahí a que la civilización planetaria reconozca el politeísmo como el cauce para la resolución de problemas entre pueblos y culturas no hay más que un paso. Un paso inteligente que promocionará los derechos civiles de los seres humanos frente a la barbarie religiosa.

Cesen de una vez judíos, musulmanes y cristianos su competición para poseer al mismo dios en exclusiva; reconozcan que sus dioses son distintos y que todos son respetables. Olvídense del sincretismo como solución, pues las matanzas no lo avalan, algunas, tan próximas como la de Yugoslavia, a finales del siglo XX. Aquí se trata de respetar los derechos de los seres humanos vivos, no de los mitos. La procura debe ser politeísmo y separación de los ámbitos político y religioso. Estados Unidos es el paradigma de país con respeto hacia todas las religiones, al menos sobre el papel. Los estados confesionales son la otra cara de la moneda. La negación de la civilización, incompatible con la cultura y con la tecnología actual. Un mundo que establece las comunicaciones fáciles entre personas separadas decenas de miles de kilómetros, que les permite relacionarse mediante los traductores automáticos en línea, no puede permitirse la confesionalidad de los ejércitos armados.

Los hombre libres debemos atajar la sangría mediante el sencillo procedimiento de adoptar el politeísmo. Y el verdadero respeto a las deidades ajenas, que no consiste en asimilarlas mediante falacias sincréticas, sino en añadir tales deidades a nuestro imaginario politeísta. No se tata de tolerar que existan las sinagogas y las mezquitas, sino de que entremos en ellas a venerar a Yahweh y a Alah, lo mismo que a Dios en una catedral. Existan Dios, Alah, Yahweh junto a todas las deidades hinduístas o sintoístas. Cohabiten la Virgen María y Amaterasu, la diosa sintoísta. El politeísmo es respeto. El monoteísmo es imposición. El politeísmo es tolerancia y paz y el monoteísmo es la guerra permanente.

Los únicos humanos capaces de recuperar el politeísmo en occidente somos los europeos. No condenemos a nadie por creer en su dios concreto. Incorporemos ese dios a nuestra panoplia de deidades. Conviva Alah con Thor y con Cristo. Conviva María con Yamí, hermana y esposa del dios Iama, sin otra limitación que el escrupuloso respeto a la Carta de los Derechos del Hombre: nada de amputaciones genitales obligatorias. Nada de barbarie amparada en la moral. El politeísmo diluye el poder de los sacerdotes, de los rabinos y de los imanes. No se trata de tolerar otras religiones, sino de, como buenos herederos del imperio romano, permitamos que las nuevas deidades se incorporen al culto de todos nosotros.

O nos convertimos en politeístas o iremos a la guerra definitiva de la mano de los intolerantes. Esta es mi declaración formal: Creo en Dios y en todos los dioses, no menos de cien, ojalá fueran miles, que proporcionan consuelo o animan el espíritu de los seres humanos de todo el mundo --hombres a los que considero mis hermanos en lo espiritual--. Cada deidad me parece tan respetable como cualquier otra. Cuando veo a cualquier Virgen en su cueva, sé que veo a su lado a Gea, la diosa de la Tierra. Por eso, y sobre todo, todas las deidades me parecen iguales, con los mismos privilegios, el mismo derecho a existir y a ser adoradas por sus fieles. Este concepto que introduzco bien pudiera denominarse democracia teocrática. Y cualquiera que trate de imponer a uno de sus dioses sobre los demás es un enemigo de la Humanidad, un criminal intolerante, un genocida de facto o en potencia. El mundo debe deshacerse de él por monoteísta, y aplicársele leyes inflexibles contra el derecho al credo de los demás.

España, crisol otrora de diversas creencias religiosas en pacífica convivencia, debe ser el mejor modelo del nuevo pensamiento politeísta: jamás distingamos entre judíos y musulmanes por razones de credo: permitamos que Yahweh y Alah estrechen sus manos, si es que las tienen. Que Jesucristo convierta el agua en vino para celebrar la efeméride, y que sean todos ellos transportados a lomos de Ganesh, el dios-elefante de los hindúes.

Esto es civilización. Integrar a un inmigrante no es darle trabajo o subvenciones, sino eso: acoger a sus dioses en nuestro Olimpo y exigirle a cambio que se civilice, que respete los dioses ajenos. Todo inmigrante deberá entender y respetar, tal vez incluso adoptar, el politeísmo de Occidente. Pues somos herederos de la genialidad de Grecia y Roma, no monoteístas especuladores, ansiosos de poder, adoradores de sanguinarios trasuntos de Atón.

MIGUEL UÑA DE QUINTANA



Muere la inocencia
Fallece el poeta ácrata Jesús Lizano







A los 84 años se ha ido. No al cielo, pues no era creyente, ni al infierno, pues era un ser bondadoso e inocente, sino a fundirse con la naturaleza, a la que tanto amaba. Nos quedamos un poco más solos, pues nadie tomará el testigo de su exigentísima honestidad.

Os copiamos uno de sus mejores poemas.


LA CONQUISTA DE LA INOCENCIA
Resulta que soy un niño, 
que todo 
ha ido haciéndome un niño, 
que el sufrimiento y la alegría me han hecho un niño, 
que como un niño 
todo lo he ido transformando en sueños, 
jugando con mis sueños y con mis versos, 
resistiendo con ellos, 
que contemplar todos los mundos me ha hecho un niño, 
que yo iba como todos para ser un hombre 
y las fronteras me han hecho un niño, 
los fingimientos y los límites: 
todo me ha hecho un niño; 
que la locura me he hecho un niño, 
verla, palparla, 
a través de todos los disfraces y de todas las máscaras, 
que el asalto de la razón a todo lo que vive 
me ha hecho un niño, 
que sorprenderme por todo me ha hecho un niño, 
desear un vivir que sobretodo fuera una aventura, 
que me ha hecho un niño 
el engaño de cuantos han crecido, 
que les hacían hombres 
las trampas de los dominantes, 
que dejas de ser niño cuando te conviertes en dominante, 
que el dominio de las abstracciones me ha hecho un niño, 
¡plaga de abstracciones!, 
que el someter las vidas alas ideas me ha hecho un niño, 
que al parecer eso es ser hombre, 
que he preferido ser un niño 
para salvar todo lo creativo, 
que mi mundo 
no es de este reino perdido, 
para dar a los sentidos lo que es de los sentidos, 
al instinto lo que es del instinto, 
que los sueños me han hecho un niño, 
que no podía vivir si no era un niño, 
que me ahogaban las órdenes y las leyes. 
Resulta que muchos de los que se hicieron hombres 
y no buscaron la inocencia, 
al final de sus vidas 
recuerdan con nostalgia lo que tuvieron de niño, 
porque a ser hombre llaman 
vivir en un mundo de dominantes 
y sometidos, 
que la soledad me ha hecho un niño, 
que el darlo todo y el haberlo perdido 
me ha hecho un niño, 
que he sido un poeta maldito porque soy un niño, 
que me ha hecho un niño 
ver que lo único importante 
es buscar la inocencia entre la astucia, 
que cuando he amado 
me he convertido en un niño, 
que comprender que hay víctimas pero no culpables 
me ha hecho un niño, 
que por ser un niño 
mantengo la ilusión a pesar de los desencantos 
y de la sangre derramada 
entre las trampas y los mitos, 
que ver cómo caemos todos en las innumerables trampas 
me ha hecho un niño, 
y que de no ser un niño 
nunca hubiera nacido en mí la rebeldía, 
que es preciso 
comenzar a rebelarse a uno mismo, 
no seguir la consigna de ser un hombre, 
que soy poeta porque conquisto la inocencia 
cada vez que abro los ojos y contemplo las cosas, 
que a ser niño 
es lo único que he aprendido 
y porque observo que todos los seres 
con el mismo destino: 
nacer para la muerte, 
no dejan de ser niños: 
que un pájaro siempre es un niño, 
que un árbol siempre es un niño, 
que un perro siempre es un niño. 
Y porque pienso qué es un hombre 
si deja de ser niño, 
que se equivocan las escuelas 
que intentan hacernos hombres 
prometiéndonos falsos paraísos, 
que la anarquía sólo será posible 
cuando todos fuéramos niños, 
cuando todos partamos 
a la conquista de la inocencia, 
que escribo este poema 
porque resulta que soy un niño…
JESÚS LIZANO
Lizanote de la Acracia
 

POTNIA


Aniquilación
del arte y devastación del hombre


"La fuente", de Marcel Duchamp


El libro “Intelectuales de consumo. Literatura y cultura de Estado en España (1982-2009)”, de José Antonio Fortes, es valioso como denuncia fundamentada. Describe con realismo a los intelectuales, ellas y ellos, de la izquierda tras el triunfo electoral de ésta en 1982. Les tilda de “intocables. Insaciables. Como dioses”, en una situación en que “nadie se atreve ni siquiera a rechistar” contra tal estado de cosas, por el poder inmenso que acumulan y la manera brutal como lo usan. Son los “intelectuales de Estado” que han ido segregando “una cultura de Estado” plenamente monetizada y mercantilizada, “una cultura dirigida”, sin libertad y contra la libertad.

Fortes señala a los personajes de la izquierda cultural, aupados al poder, el dinero y la fama, Joaquín Sabina(1), Luis García Montero(2), Pedro Almodóvar, Fernando Savater (primero anarquista y luego de derechas), Carmen Maura, Camilo José Cela(3), Almudena Grandes, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero, José Antonio Marina, Felipe Benítez Reyes, Luis Antonio de Villena, Elvira Lindo, Miguel García Posada, Luis Alberto de Cuenca, Maruja Torres, Javier Cercas, entre otros, promovidos por el diario El País, la cadena Ser y las televisiones ligadas a Prisa(4), los medios adoctrinadores por excelencia del progresismo en los últimos 40 años, actuar que se explica, también, porque entre los accionistas de dicho diario están, en la actualidad, el financiero G. Soros y el Banco de Santander.

Les denomina la “progresía”, “el rojerío”, unos virtuosos en “el arte de las subvenciones”, en atrapar sinecuras, galardones, regalías, premios, fielatos, ayudas, franquicias, inmunidades y momios procedentes de la Unión Europea, el gobierno central, las autonomías, los ayuntamientos, las Fundaciones de las grandes empresas, el aparato académico, ciertas embajadas, etc., etc. Por tanto, son los hacedores de una cultura inmunda, que se vende, que se prostituye.

Tienen “una ideología estatal capitalista” añade Fortes, “a sueldo o nómina del Estado para una cultura estatal, de Arte y Estado”, cuya meta es “el negocio fácil y rápido”. Fustiga a “las mafias intelectuales”, a “la mafia roja”, devenida “mafia de la ceja”, en los tiempos de Zapatero, que se apropia de la considerable masa monetaria que la entidad estatal dedica a elaborar subproductos culturales y estéticos para consumo de la plebe, mera “quincallería”.

Examina el caso de las revistas subvencionadas, tan abundantes en recursos pecuniarios como escasas de calidad y de lectores. Se mofa de la retórica de los intelectuales “comprometidos”, cuya meta era y es llevar una vida parasitaria y hedonista, frívola e irresponsable, explotadora y derrochadora, una nueva burguesía de Estado que acumula capital en la industria cultural, pues “la cultura de Estado” ha llegado a ser un “negocio redondo”. Su enumeración sólo de los premios con que se lucran los estetócratas al servicio del parlamentarismo actual, pasma e incluso marea, debido a su número y variedad pero, sobre todo, a lo suculento de sus dotaciones.

El “pago por los servicios prestados” al Estado -por tanto a la patronal- ha constituido una burguesía cultural “roja” multimillonaria. Sus integrantes están “todos colocados”, en plantilla como “funcionarios e intelectuales orgánicos del sistema culturalista de Estado” creado desde y con la Constitución de 1978, obra sobre todo de la izquierda, el texto político-jurídico hoy vigente.

Se detiene en el análisis del Centro Lorca, abierto en Granada por la casta pedantocrática para rentabilizar crematistamente la memoria del autor de “Romancero gitano”, mostrando las crecidas sumas que maneja. De paso, propina un varapalo a Rafael Alberti, cuya obra tiene por “basura y miseria intelectuales”, y otro al propio Lorca, al denostar “el pensamiento reaccionario lorquiano”.

Todo ese mundo es calificado por Fortes de “rojerío de consumo”, consagrado al “negocio legal culturalista”, al “timo cultural”(5).

Un logrado momento del libro es cuando describe la conexión izquierda- derecha en el terreno de la subcultura institucional, señalando que J.M. Aznar fue enfático lector de “Habitaciones separadas”, poemario del vate rojo por excelencia, Luis García Montero. Muestra, pues, a derechas e izquierdas como lo que son, análogas e iguales en lo que importa y sólo diferenciadas en la retórica y el palabreo. Dando un paso más, cuantifica los considerables fondos otorgados a “los progres y rojos” por el gobierno neocón aznarista del PP. Esto coincide con otro dato, el mantenimiento por aquél de la legislación promulgada por la izquierda, lo que se ha vuelto a repetir con Rajoy.

No sólo son unos trincones sino que las y los integrantes de la intelectualidad izquierdistas se caracterizan, según Fortes, por “la ignorancia supina, la inlectura, la indocumentación, el vacío de cualquier ¿estudio? de la literatura, de toda investigación histórica y literaria”, siendo muy pobres sus obras en logros estéticos. Centra sus dicterios en Almudena Grandes, la novelista principal de la izquierda cuya obra es, ciertamente, ignominiosa.

Lo que expone Fortes no es, con todo, nuevo, aunque sí lo es por el vigor de la denuncia, la valentía con que está formulado y el uso de un lenguaje ajustado, innovador. Manuel García Viñó, en varios de sus libros, sobre todo en “El País, la cultura como negocio”, desarrolla formulaciones similares sobre la casta estetócrata progre, citando los mismos nombres y apellidos. Más recientemente, Gregorio Morán, en “El cura y los mandarines. Cultura y política en España, 1962- 1996”(6), investiga a la intelectualidad izquierdista que se hace con una parte sustantiva del poder de adoctrinar y catequizar al ser instaurados el parlamentarismo y la Constitución de 1978, y que lo mantiene hasta hoy.

Dedicado también a escrutar las desventuras de la cultura actual está “La mala puta. Réquiem por la literatura española”, de Miguel Dalmau y Román Piña. Merece la pena reproducir una frase del primero, “nuestro país ha bajado el listón en todo, salvo en incultura, grosería, frivolidad, falta de ética y estupidez”.

Fijémonos en lo de la “falta de ética”. Dado que la intelectualidad de la izquierda arguye que aquélla es “burguesa” la inmoralidad debe ser... ¿qué?, ¿quizá “proletaria”? De ese modo han universalizado y empeorado la fobia hacia la ética propia del burgués, del empresario, del dominador, del torturador, del escuadrista. Así, la izquierda nos está transportando desde la sociedad capitalista a la hiper- capitalista, su genuina meta estratégica. La inmoralidad en arte y cultura contribuye, conviene repetirlo, a hacer de éstos un ejercicio de prostitución continuada.

Ello ha resultado de la obvia hegemonía política, cultural, ideológica y académica de la izquierda, mantenida durante muchos años, al haber sido constituida al final del franquismo, en 1974-1978, y preservada hasta hoy por los poderes fácticos, estatales y empresariales. Su letalidad, sumada a la del régimen de Franco, ha producido una sociedad sin cultura, sin saberes, sin valores, sin arte, sin estética, sin ética, sin creatividad, sin calidad del sujeto, una formación social aberrante, con un futuro muy problemático. Por eso en el presente no existe el arte, salvo de manera excepcional y en la semi-clandestinidad. Nos queda el arte del pasado, cada dia más dificultosamente comprendido, y poco más.

EL MARCO POLITICO E IDEOLÓGICO

La izquierda nos ha destruido como sociedad y como seres humanos. Lo ha hecho para salvaguardar a los intereses de los poderes económicos, de la burguesía, de la gran empresa, a quien sirve como heredera y continuadora del franquismo en lo que es más primordial, como fuerza anti-revolucionaria y pro-capitalista fundamental.

José Antonio Fortes, en su obra, se declara adscrito ideológicamente, al parecer, a una combinación de marxismo y anarquismo, y cita favorablemente a Gramsci. Esto es chocante pues los intelectuales que con tanto vigor denuncia son, en una buena parte, afiliados al PCE (hoy IU), partido que se llama marxista y que suele reclamarse de aquél. También se muestra partidario de la “poesía social” y el “arte social”, aunque no cita la denominada “cultura proletaria”, en boga en los años 30 del siglo pasado.

El marxismo concibe el arte como propaganda, como una sección de su aparato de propaganda. Lo reduce a medio e instrumento, negando su centralidad y valía. En consecuencia desestima la calidad en el arte, no aprecia los recursos estilísticos, no exhorta al artista a que domine su oficio y desdeña la estética.

El marxismo ignora que el ser humano tiene necesidades espirituales, en el asunto concreto que nos ocupa necesidad apremiante de trascendencia, de emocionalidad, de belleza, de conocimiento, de sublimidad. Niega que aquél es, o puede ser, causa consciente de sí en buena medida, y no solamente efecto de las condiciones económicas y sociales, lo que le lleva a desentenderse de una de las grandes tareas existenciales, autoconstruirse a sí mismo. El anarquismo suele compartir lo medular de tales formulaciones.

El “arte social” se ocupa de las luchas reivindicativas y de las metas finales económico-sociales supuestamente emancipadoras, las utopías sociales, en realidad distopías. Vale decir, se concentra en la demanda de más dinero, más consumo, más servicios estatales, mayor nivel de vida, etc. Sólo lo que es tangible, material, consumible y provechoso le motiva, por lo que deja a un lado las demandas espirituales tanto como al sujeto que necesita autoedificarse, también en lo estético, emocional, sensible, pasional y espiritual. Dicha concepción del arte 5 convierte la parte en el todo y yerra en su interpretación de la condición humana, desespiritualiza y cercena componentes decisivos de la persona. Eso explica que no haya logrado crear apenas nada valioso en cultura y arte.

Lo expuesto permite comprender por qué Fortes aunque realiza una crítica atinada y, en cierto sentido, magistral de la burguesía cultural izquierdista actual no logra penetrar en las causas últimas de lo que impugna ni, mucho menos ofrecer una propuesta alternativa superadora, útil para ir construyendo una estética renovada y un arte revolucionario para el siglo XXI, que sean la negación práctica de lo que las instituciones y la burguesía promueven, financian e imponen.

La crítica, por ajustada y acerada que sea, es insuficiente(7).

El autor citado empeora su capacidad para formular una propuesta cultural y estética transformadora al adscribirse a unos sistemas de creencias que operan de manera axiomática, el marxismo y también el anarquismo. Quienes se guían por éstos extraen deductivamente de dichas doctrinas, concebidas como principios o dogmas, las pretendidas respuestas a los diversos asuntos y situaciones del hoy, proceder que está en contradicción con el estudio aideológico de la realidad, de la experiencia, y con la determinación de la verdad concreta-finita desde ese estudio.

Sin realidad ateórica y experiencialmente aprehendida no hay verdad. Sin verdad no hay propuestas transformadoras, no hay estrategia ni líneas de acción. En lo tratado, la literatura y las artes, no puede haber proposiciones estéticas renovadoras si se parte de sistemas dogmáticos, de “ismos”, máxime cuando tales doctrinarismos han proporcionado resultados muy negativos en las experiencias históricas en que han sido protagonistas, por ejemplo, la guerra civil. No hay sistemas de ideas válidos al margen de la experiencia, de sus logros experienciales positivos o de la ausencia de ellos. No existen verdades sustantivas a priori.

Otrosí, Fortes, consecuente con el aparato doctrinal del marxismo, ignora la noción más necesaria para situarse fuera y enfrente del orden vigente, la de revolución. El marxismo, como es sabido, dejando de lado algunas frases endisonancia con lo primordial de su corpus teórico y propuestas, evita y margina de facto la idea de revolución, es socialdemócrata. Por eso resulta ser, a fin de cuentas, una acalorada loa del capitalismo so capa de criticarlo, o más exactamente, una afirmación idealizadora de un mega-capitalismo “perfecto” en el futuro sustentada en la negación del capitalismo imperfecto realmente existente en el presente.

La noción de revolución, en tanto que inmensa mutación integral que abarca el orden social, al sujeto y la cosmovisión, se hace imprescindible para enunciar, proponer y realizar el gran cambio estético necesario si se desea derrotar y superar a la cultura y arte institucionales. Cuando esa percepción y voluntad de transformación global no existe (y en Fortes, en efecto, no existe), todo lo que puede hacerse es denostar las pillerías de la estetocracia dominante, sin avance ni creación de lo nuevo. Ello equivale a estancarse en la crítica, a agotarse en ella.

La interpretación economicista y politicista de la vida social y del individuo, propia de las ideologías proletaristas decimonónicas (sobre todo el marxismo) no permite ser creativos sobre la vida inmaterial de los seres humanos. Por eso aquéllas no han proporcionado, según se dijo, apenas nada valioso en el dominio de la cultura, de la literatura y el arte, comenzando porque no admiten la autonomía y centralidad de estas prácticas que, según se expuso, rebajan a modos de propaganda y adoctrinamiento.

El análisis del libro de Fortes tampoco investiga por qué la intelectualidad de la izquierda, una vez establecido el régimen parlamentarista actual, se hace en bloque burguesía de Estado y se concentra en, por un lado, degradar la cultura hasta extremos escalofriantes y, por otro, enriquecerse y acumular capital. Aquél, por falta de espíritu revolucionario, no es contrario (o no lo es en el libro escrutado) al régimen parlamentario, de manera que falla en comprender que lo que denuncia no proviene solamente de la amoralidad y arribismo de dicha intelectualidad en tanto que grupo social sino de las condiciones políticas estatuidas.

Fortes, en su enfoque no-revolucionario de los asuntos que toca, ni siquiera señala como causa de mal, de mal cultural y estético también, a la Constitución de 1978, que estructura un orden de dictadura del ente estatal y la clase empresarial. Dicha dictadura fue primero constituida y luego vehementemente apoyada, en alianza con la derecha, por los partidos de la izquierda, PCE (luego IU), PSOE, grupos de la extrema izquierda y una parte notoria del anarquismo, formaciones a las que pertenecen los pedantócratas denostados por él, los cuales son firmes paladines de dicha dictadura.

Agotado el franquismo, las elites políticas, militares, académicas y económicas desde 1965 o incluso desde un poco antes, necesitaban un nuevo 7 aparato de dominación política. Para lograrlo ultiman un pacto con el PSOE y PCE por el cual éstos se reafirman en su línea institucional pro-capitalista, concretándola a las condiciones del momento, y los poderes de facto les premian, a partir de 1974- 1976, con una notable presencia institucional, considerables empleos estatales, sabrosas parcelas de poder y dinero, mucho dinero. La izquierda toda se hace de esa forma, en sus cuadros y notables, burguesía de Estado.

En ese marco se sitúa la acción de la estetocracia izquierdista, a la que el Estado y la banca confieren unos privilegios desmesurados, los descritos por Fortes e incluso bastantes más. Como contraprestación aquélla debía llevar a efecto una triple tarea, arruinar la cultura, devastar la literatura y el arte y embrutecer a las clases populares, todo ello para la creación más eficiente de seres nada.

La historia cultural de los últimos 40 años en lo que llaman España es el cumplimiento de ese proyecto o programa pactado. Llama la atención que la intelectualidad de izquierda esté realizando las mismas tareas que las efectuadas por la pedantocracia falangista y franquista en la etapa anterior. Cela fue, como se expuso, el nexo de unión entre ésta y aquélla, al ser él mismo falangista/franquista y de izquierda sucesivamente.

Por tanto, sin un enfoque revolucionario de los asuntos políticos no es posible establecer los fundamentos de una revolución estética, cultural, de la sensibilidad y las emociones, de las metas inmateriales y de los modos integrales de estar el ser humano en el mundo en tanto que realidad que trasciende la zoología y la economía. Y viceversa.

HACIA UNA REVOLUCIONARIZACIÓN DE LAS PRÁCTICAS ESTÉTICAS

Aunque Fortes no les cita explícitamente, leyendo su libro entre líneas se adivina el eco de las formulaciones realizadas por las vanguardias artísticas, con su pretensión de “aniquilar” el arte burgués. La realidad de aquéllas, del dadaísmo, surrealismo, constructivismo, etc., resultó ser bastante diferente, dado que fueron instrumentos para el quebranto del arte, la desintegración de la estética y el envilecimiento de la sensibilidad conforme a los intereses del capitalismo, que para aquellas fechas dio un paso adelante en la laminación proyectada de la esencia concreta humana.

El furor de tales “ismos”, sobre todo en sus pedestres Manifiestos(8), aparentemente contra el arte burgués, es parte de la cruzada para perpetrar la devastación general de la experiencia estética, para crear una sociedad sin cultura ni espiritualidad, para expandir la barbarie en nombre de una supuesta “lucha” contra el capitalismo, hipócrita y bufa por cuanto la gran mayoría de los mandamases de dichas vanguardias se enriquecían más intensamente cuanto más peroraban contra la burguesía. El arte burgués ha de ser rechazado y superado, sin duda, pero en esa operación hay que salvar lo que tiene de arte, de elaboración sobre el destino y la condición humana, de belleza y emoción.

Las vanguardias, especialmente las primeras de ellas, sostuvieron que cualquiera puede ser artista y cualquier producto puede ser arte. Es cierto el primer aserto, con la condición de que quien desee producir arte ha de esforzarse, es más, ha de autoconstruirse con voluntad firme como sujeto idóneo para la creación estética. De otro modo no es verdad. Y algo similar puede decirse de un producto determinado, que sólo será arte si suscita emoción estética.

Ciertamente, cualquiera puede cultivar un huerto pero sólo lo hace quien se esfuerza en aprender, se afana y suda la azada. Y no todo son hortalizas, un cardo no lo es, de la misma manera que cualquier cosa no es arte. La demagogia de las vanguardias, su culto por lo fácil y chapucero, su fobia al esfuerzo autoimpuesto, niega a la gente común las precondiciones para apropiarse del quehacer estético arrebatándoselo a la burguesía. Un siglo después constatamos lo estéril y aciago de todo ello. Al frivolizar problemas muy complejos las vanguardias se hacen instrumentos intelectuales de la burguesía.

Los caminos fáciles no llevan lejos. Crear una estética revolucionaria y un sujeto a la altura de esta tarea es quehacer de una complejidad formidable, lo que no puede ser eludido con formulaciones pueriles. Los seres nada no producen arte, ni siquiera lo aprecian o añoran. Sin auto-realizar su tránsito a seres humanos, lo que significa una revolución interior que afecte a lo nuclear del yo, la recuperación de la estética y el arte no es realizable.

En dependencia con las vanguardias está la formulación sobre “la muerte del arte”, o “el final del arte”, de moda hace unos decenios. El enfoque fue celebrar el “agotamiento” del arte burgués para, de facto, exacerbar los componentes politicistas, deshumanizadores, adoctrinadores, mercantilistas y banalizadores de las prácticas artísticas y literarias, en vez de formular como estrategia la tarea de ir constituyendo una estética revolucionaria integral, situada más allá de lo coyuntural, demagógico y agitativo, que confiera densidad, calidad y elevación al agonizante sujeto de la modernidad.

Parece de sentido común argüir que si la sociedad burguesa está extinguiendo el arte la única tarea revolucionaria es recuperarlo, limpiándolo de las adherencias institucionales que lo rebajan, instrumentalizan e incluso impiden existir. Pasemos a establecer los criterios que pueden orientar un renacimiento de la literatura y el arte.

El más importante reside en la concepción misma del ser humano, que no debe ser entendido como “homo oeconomicus” en ningún sentido, ni como empresario ni como proletario o asalariado ni como consumidor ni como contribuyente al fisco ni como, en general, criatura que se realiza desde la abundancia material, desde la plétora de las cosas. Eso es reduccionista, y por tanto inexacto, pues la economía es sólo parte y, además, principalmente medio al servicio de metas no-económicas. El ser humano existe en la forma de ente integral o ser de la completitud que, de manera natural, necesita realizar su todo finito a partir de su propio pensar, sentir y actuar. En él lo espiritual y material se equilibran y entrelazan sin dejar de estar en oposición.

En consecuencia, cualquier definición de lo humano desde la parte y lo parcial debe ser objetada. La persona es todo y totalidad, no porción. Es sujeto integral, no criatura mutilada. Necesita del todo y tiende a ello. Es total-finito en sí.

Desautorizado todo reduccionismo se ha de establecer como verdad experiencial la co-centralidad de las exigencias espirituales, por tanto, de las necesidades estéticas como parte o porción de aquéllas. La función del arte es satisfacerlas haciendo que el sujeto se edifique a sí mismo también en el proceso de consumarlo.

El arte no puede ser propaganda. Dado que en modo alguno es un quehacer vicario y subordinado no sirve a un fin externo a sí mismo salvo que lo haga en el proceso de ser él mismo, como parte necesaria de su afirmarse. A la vez, al liberarse de las ataduras que le impiden afianzarse en su autonomía y grandeza consustanciales demanda una sociedad sin fuerzas liberticidas, sin elites del poder, sin el imperio del capital ni la potestad del ente estatal. Necesita de la libertad, para ejercerla con responsabilidad.

La contribución a la realización integral de lo humano por medio de la práctica estética es el sentido, el todo, del arte, al expresar, realizar y multiplicar la vida emocional, pasional, cognoscitiva e imaginativa, la intensidad de la belleza, la grandeza de espíritu y la sublimidad psíquica. Así pues, ha de terminar el tiempo del supuesto arte frívolo e insignificante, banal y extravagante, vacío y meramente chirriante, que se agota en ocurrencias fáciles y “genialidades” epatantes, con su falsa rebeldía, en realidad una forma elaborada de servilismo ante el poder constituido. La trascendencia, la intensidad emocional y la seriedad han de ser algunos de los criterios organizadores del quehacer estético.

Eso significa devolver al arte la dignidad, el respeto y el autorrespeto, en oposición a quienes ahora lo envilecen con realizaciones supuestamente “transgresoras”, “provocadoras” e “irreverentes”(9), una de las más chocarreras herencias de las vanguardias artísticas, que expresan el conformismo, ininteligencia, ausencia de decoro y falta de substancia emocional de quienes las efectúan, además de su afán de enriquecerse y medrar.

Hacer de la creación artística una experiencia transcendente equivale a dotarla de una sólida y permanente seriedad. Así puede producir obras que sobrecojan por su excelsitud, arrebaten por su intensidad y estremezcan por su fuerza expresiva, que nos hagan conocer las más genuinas emociones, pasiones y pulsiones espirituales. Éstas, manifestándose de ese modo, se hacen también estados corporales, lo que es excelente(10).

El quehacer artístico y literario, en consecuencia, tiene que dejar de ser descuidado y liviano obrar que busca lo fácil, lo más rentable en el mercado, para transformarse en esfuerzo meticuloso y persistente, en un entregarse y darse sin esperar o desear nada a cambio salvo el triunfo de la excelencia en la obra de arte. La belleza y la sublimidad son metas en sí mismas, que se justifican exclusivamente con su propia grandeza, valía y significación.

Es la obra, mucho más que el artista, lo que cuenta. La obra como don y no como mercancía. El artista en tanto que sujeto que se pone al servicio, no como “genio” o déspota que pone todo y a todos a su servicio. La meta final es la reconstitución de los valores estéticos y la restitución de la trascendencia conforme a las necesidades espirituales del ahora.

El objetivo es preservar la literatura y el arte de su destrucción programada con el fin de salvar al ser humano de su definitiva degradación a ser nada. Esta formulación contribuye a purgar el arte de frivolidad, al situarlo como quehacer y tarea decisiva, que recupera y afirma la esencia concreta humana en unas circunstancias cada día más inquietantes, cuando nos adentramos en la era de la posthumanidad, de general disolución y liquidación de lo humano.

El arte tiene que dar expresión a los atributos que hoy están en trance de extinción, a lo más nuclear de la condición humana en desintegración. Para crear y recrear a la persona como ser sintiente, emocional, pasional, entusiasta, generoso, afectuoso y vivencial está obligado a valerse de los mejores y más depurados procedimientos estilísticos. La busca de la excelencia, en oposición a la mentalidad chapucera, fácil y extravagante dominante, ha de ser una expresión de creatividad y vitalidad, de innovación permanente y voluntad de trascendencia.

El sujeto reafirmado de ese modo, y lo humano constituido, son los ingredientes esenciales de la revolución por hacer, que para elevarse a integral necesariamente ha de ser también una revolución estética, cultural y artística. La política es sólo parte, y la economía es únicamente otra parte, por lo que si todo se pone al servicio de ellas lo humano sufre y la revolución no encuentra quienes la realicen, las y los revolucionarios.

El capitalismo es muchísimo más que economía, y el Estado es muchísimo más que política. Uno y otro, para existir y expandirse, constituyen seres crecientemente subhumanos, conforme a su naturaleza y necesidades, lo que es una labor no-reduccionista e hiper-compleja que debe ser contrarrestado y combatido desde estos mismos postulados.

La revolución tiene que ser concebida como un crecimiento múltiple de lo humano que, al alcanzar un nivel en su ascensión y expansión, provoca una implosión social general que barre y supera el actual orden de dominación, empresarial, partitocrático, clerical, académico, militar, estatal. El arte tiene, así pues, que tratar las grandes cuestiones, hoy olvidadas o dadas de lado, los valores más primordiales, los estados psíquicos medulares, las metas verdaderamente decisivas, en suma, los fundamentos mismos de nuestra condición.

Frente a las pretendidas literatura y arte que degradan, mutilan y depravan(11) hay que construir otras que edifiquen y establezcan, que fundamenten, incrementen y amplíen. Tales, son incompatibles con el actual sistema de dominación.

Esa producción estética tiene que coincidir, como es lógico, con una política revolucionaria, aunque sin perder su autonomía, valía y mismidad, porque la reducción del arte a política es funesta, para el arte y para la política, si ésta es revolucionaria pero no socialdemócrata. El arte debe poseer un espacio propio, al lado de la política pero diferente de ella, existiendo por sí. El artista ha de ser poliédrico, diverso y multifacético, por tanto, revolucionario en lo político, sin dejar de ser sujeto entregado a la realización de la belleza, la emoción, el apasionamiento, el conocimiento y la grandeza de espíritu.

Estetizar la vida es llenarla de esplendor, hacerla un existir cualitativo y exultante, que incorpore belleza y grandiosidad a cada realización u obra humana, sea ésta solemne o cotidiana(12). Todo ha de tener su vertiente elegante, exaltante, hermosa, amorosa, fuerte y elevada, hasta lo más humilde, usual y mínimo. Así la humanidad viviría en una apoteosis -finita- de la magnificencia y la sublimidad.

Necesitamos de, al menos, la belleza del lenguaje, la belleza de las formas, la belleza de los contenidos, la belleza de las cosas, la belleza de las relaciones, la belleza del conocimiento, la belleza de la naturaleza y la belleza de los seres humanos(13). Rousseau se aproxima a lo verdadero cuando expone que “si quitáis de nuestros corazones el amor a lo bello nos quitáis el encanto de vivir”, aunque dicho amor sirve para mucho más que para una existencia con encanto pues, exactamente, nos permite hacernos cualitativamente mejores y superiores.

Al mismo tiempo hay que recordar que el arte, además de belleza, ha de tener ese otro atributo indefinible al que Kant denomina “espíritu”, una sutil facultad de penetrar en lo hondo de nuestra psique para hacer vibrar sus potencias y atributos primordiales. Porque no basta con la belleza. En ésta no reside el todo del arte y en muchas ocasiones ni siquiera lo más importante, además de ser concreta e histórica en vez de abstracta e intemporal, por tanto mudable y diversa. Para que aquél exista ha de darse un más allá, a fin de cuentas indefinible e inefable aunque decisivo e imprescindible.

Para nombrar eso, en sí mismo inaprehensible e incluso indecible, nos valemos de un vocablo: sublime. Lo bello y lo sublime forman el par necesario para que el arte sea erigido desde unos cimientos bien trabados. Hoy, en lo que llaman arte, la belleza suele estar excluida pero todavía lo está más la sublimidad(14). Kant acierta al aducir que “la emoción producida por lo sublime es más fuerte que la producida por lo bello”. En consecuencia, dado que maximizar la vida emocional es una de las metas de lo artístico la categoría de sublime tiene que ocupar un lugar central en toda experiencia estética. Podría decirse que si la belleza nos seduce y conmueve la sublimidad nos estremece, exalta y engrandece.

Ésta se alcanza en homérica contienda con la mediocridad, la cobardía, la debilidad, el egotismo y el hedonismo, con la falta de sensibilidad, el vacío pasional y la irreflexión experiencial. Es sublime quien se propone metas sublimes y se empeña en realizarlas, admitiendo los riesgos y aceptando padecer por ellos. Únicamente el que se autocrea como sublime puede expresar estéticamente la sublimidad. Kant apunta que lo sublime es “fuerza del espíritu”, o dicho de otro modo, voluntad de ser con grandeza de miras desde el brío, el atrevimiento y el vigor.

De ahí que estetizar la vida sea mucho más que hacer bellas a las cosas y a los seres. Demanda constituir una totalidad compleja y dinámica de la pasión, la fuerza, la emoción, el entusiasmo, el coraje, la sabiduría y la fogosidad que sea el espacio de la existencia social e individual de los seres humanos y que constituya en lo sublime múltiple. Eso se ha de hacer a través de una gran autoexigencia, tensión espiritual y lograda maestría en la utilización de los recursos estilísticos. Con ello las facultades del espíritu serán elevadas a su expresión máxima, quedando el sujeto recuperado, revolucionarizado, rehumanizado.

Para obrar a favor de una gran transformación en el arte es preceptivo, según se ha expuesto, adoptar una posición revolucionaria ante el conjunto de lo real, incluida la propia existencia. Eso implica lanzar una mirada nueva al mundo y a las cosas, para dejar a un lado lo institucional e ir creando metas trascendentes, emociones seminales, categorías estéticas, estados de conciencia y percepciones de la vida espiritual toda que sean distintas y contrarias a las que hoy prevalecen. No es viable una nueva estética sin una nueva cosmovisión, y ésta sólo es posible de formular y realizar desde la noción de revolución.

No sólo la sociedad ha de ser percibida de una manera nueva sino uno mismo. Revolucionarizar el propio yo para hacer de él realidad activa y magnífica, que sea causa y no sólo efecto, es concebirse como creador de nuevas expresiones espirituales y físicas, como ser apto para la emoción y la excelencia. El artista no puede reducirse a especialista en producir arte sino elevarse a ser integral que promueve el todo-finito de su universo personal hasta el límite de sus posibilidades, e incluso más. En ese marco, además, hace arte.

Cuando el lúgubre aparato literario y estético institucional se va hundiendo en la rutina, la mediocridad, la repetición, la superficialidad, el espectáculo, el culto por lo establecido, la fealdad, la estatización y la esterilidad el problema de la creatividad, sobre todo individual pero también colectiva, se eleva a cuestión de primera importancia. Crear no es manufacturar ocurrencias y extravagancias para el mercado-Estado sino tratar las grandes cuestiones de lo humano en el tiempo presente según las reglas estéticas y conforme a la propia intuición. Porque hay creación y pseudo-creación. La precondición es dominar el oficio para desde ahí inducir una revolución psíquica valiéndose de los signos y códigos propios de lo artístico.

Ser innovador es ir autoconstruyéndose una nueva sensibilidad y un nuevo sistema emocional que sean pilares de una estética transformadora. Eso exige libertad, decisivo bien cada día más menguante. Si la libertad exterior está siendo anulada por los mega-poderes en activo hay que acudir a la libertad interior, sin por ello dejar de bregar en pro de aquélla. Una rica, o muy rica, vida psíquica es hoy imprescindible al creador, al artista, dado que lo externo está caracterizado por la pobreza mental, la uniformidad, la censura, el conformismo, la crisis de la innovación, el sistema educativo y el cerco de los seres nada.

Esa vida espiritual en lo profundo del yo, para ser real, tiene que surgir de la ruptura con los estados anímicos, disvalores, modos de no-ser y procedimientos estéticos usuales. Ha de consistir en un situarse fuera y más allá. Ser soberanos de nuestro yo en un tiempo en que todo está siendo absorbido y nulificado por las estructuras de poder es un logro tan considerable como imprescindible.

Las vanguardias y el arte extravagante han creado lo que se ha llamado el “espectador-víctima”, un deplorable personaje que, por mor de ser “culto”, padece las malfetrías del negocio literario institucional y el arte extravagante. Estetizar la existencia requiere que lo estético no sea vivido como espectáculo sino como creación, como quehacer regular de todos y cada uno. Ese sujeto que produce y no que meramente contempla ha de ser el mayor logro de una revolución estética.

Todo ello ha de hacerse no sólo con ideas e ideales sino con hábitos, esto es, con rutinas trufadas de épica y esfuerzo. Así resultaran personalidades poderosas y autónomas, con iniciativa, creatividad y sentido de la responsabilidad, un sujeto letal para el orden de fealdad, banalidad, incultura, grosería y sordidez imperante.

La cuestión, a fin de cuentas, sigue siendo la que planteó David Sylvester en 1958, “¿Es el arte todavía posible, o ya es demasiado tarde?”

FÉLIX RODRIGO MORA
Historiador y Filósofo


NOTAS:
 

1 A finales de 2014 adeudaba a Hacienda más de tres millones de euros en impuestos por sus ingresos de los últimos años. Lo abultado de la suma cuantifica lo rentable que es ser artista progresista y de izquierdas hoy.

2 Fortes hace chacota, entre otros muchos despropósitos pseudo-estéticos, de su poema “Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi”, un atentado al buen gusto, al arte poético, al amor y al erotismo al mismo tiempo. Con ello García contribuye a la fabricación de los seres nada que el capitalismo necesita.

3 Su novela, “La familia de Pascual Duarte”, 1942, que bastantes urbanitas tienen por un tratamiento “realista” de la sociedad rural tradicional, e incluso como una “denuncia” de las supuestas atrocidades consustanciales a ella, es airosamente tildada por Fortes de “panfleto de propaganda nacionalsindicalista”. Cela, durante muchos años franquista militante, recibió en 1989 el premio Nobel de literatura, “comprado” para él por el gobierno del PSOE. Su chabacano fisiologismo, su reducción del ser humano a simple zoología, es a la vez la ideología del fascismo español y la de la izquierda, el “partido del estómago”. Por eso, sin dejar de ser quien era, pasó de intelectual nacionalsindicalista a primer espada de la nueva burguesía estetócrata multi-subsidiada de la izquierda. Dado que ésta ha mantenido el 99% de la obra del franquismo, Cela, el falangista entregado en su dia a oscuras actividades represivas, se encontró a sus anchas bajo el régimen constitucional instaurado en 1978.

4 Sobre el diario de la progresía y la izquierda desde hace tantos años, un análisis irreverente es “Polanco, el Señor de El País”, Enrique González Duro. La alianza, es más, la fusión entre un capitalismo cerradamente volcado en el beneficio empresarial, el de la familia Polanco, y la izquierda “anticapitalista” (PSOE, PCE-IU y extrema izquierda) materializada en la línea de aquel diario, descubre lo que es realmente ésta, el instrumento político, ideológico y cultural de aquél.

5 Si Fortes tilda de “timo” a lo hecho por la progresía española, Avelina Lésper califica de “farsa” al arte contemporáneo y J.J. Esparza de “impostura”. El primero se ocupa de la literatura, la segunda de las artes visuales y el tercero de lo estético en general pero los tres coinciden en el diagnóstico. La investigación ha de dirigirse a averiguar por qué, cómo y para qué (para quién) se ha constituido una sociedad que, en lo principal, carece de arte y literatura dignos de tal nombre y no puede satisfacer las necesidades emocionales, cognoscitivas, pasionales y de la sensibilidad del ser humano por procedimientos estéticos. Una sociedad así, espacio del no-arte y el anti-arte, es un inframundo en que lo humano se está extinguiendo. Un dato que hace más preocupante el asunto es que, aunque en el pasado la gran mayoría de los literatos y artistas estaban en régimen de mecenazgo a cargo de diversos poderes y elites hacían arte mientras que hoy la estetocracia actual, de izquierda, de derecha o apolítica, estando tan subvencionada y multipremiada como lo está no es capaz de hacerlo, salvo de manera mínima y excepcional. Algo extraordinariamente grave ha sucedido en la sociedad contemporánea para que la creatividad estética se haya reducido de manera dramática.

6 Este estudio concluye que el rasgo definitorio de la intelectualidad de la izquierda es la “mediocridad”, junto con su descomunal avidez por el dinero, lo que hace de sus integrantes sujetos “comprables”. Los juicios que realiza acerca de la obra de Antonio Muñoz Molina, Camilo J. Cela, Juan Benet o Almudena Grandes son demoledores. Morán, acertadamente, no se deja llevar al hiper-criticismo, por lo que aquí y allá, en su libro, cita a algunos escritores actuales que, a su juicio, ofrecen creaciones de mérito, aunque ha de admitir que son pocos y, sobre todo, muy poco conocidos. Su aserción sobre que el paso del franquismo al parlamentarismo “no trajo ningún cambio a la cultura” es una lapidaria confirmación de la continuidad que hay (en este asunto y en todos los importantes) entre el régimen de Franco y el de la izquierda, triunfante entre 1974-1982. Ésta perpetúa y valida lo sustancial de aquél en esos años, al mismo tiempo que se dice “antifascista”. La izquierda, en los hechos, es la expresión más eficaz de la derecha, hoy el instrumento político principal del orden burgués, por delante de la derecha.

7 Esto se observa asimismo en Manuel García Viñó, antes citado. Si en varios de sus escritos realiza una disección audaz del mundo literario español contemporáneo, aunque excesivamente volcada hacia el exabrupto, cuando llega el momento de ofrecer propuestas superadoras, constructivas, se reduce a la idealización de la novela realista europea de la segunda mitad del siglo XIX; consultar su “Teoría de la novela”. García, igual que Fortes, busca en el pasado (en fórmulas, además, experiencialmente desautorizadas del ayer, bastante más las del segundo que la del primero) el remedio a los problemas actuales de la estética, lo que manifiesta falta de creatividad y escaso espíritu revolucionario. El pasado enseña pero no resuelve. Los asuntos y problemas del presente y el futuro han de recibir solución a través de un ejercicio continuado de creatividad e innovación.

8 El Manifiesto Dada de 1918, obra maestra de la estolidez y la frivolidad, tiene 19 páginas. El primer Manifiesto surrealista, de 1924, queda concluido en 40. No se trata de escribir una “Estética” que, similar en el fárrago y el alboroto palabrero a la de Hegel, supere las mil páginas pero sí de proporcionar textos con más enjundia. Cuando domina la pereza mental y el culto por lo fácil eso es imposible, más 8 todavía si de lo que verdaderamente se trata es de dar cobertura verbal “radical” a la tarea de demolición del arte (y de todas las funciones del espíritu) que ya estaba realizando la burguesía en aquellas fechas.

9 Una versión tardía de estas anticuadas formulaciones en “Transgresiones. El arte como provocación”, Anthony Julius. Este texto, en su parte última, da por acabado al “arte transgresor”, que “se ha agotado a sí mismo”, a la vez que “el proyecto vanguardista se ha venido abajo”, lo que no es exacto, ni mucho menos, pues la industria de la “transgresión” institucionalizada es más activa que nunca antes, con numerosas instituciones estatales y empresariales proporcionando recursos monetarios. Según Ch. Ofili “transgresión más cobertura de los medios igual a dinero a raudales”.

10 La centralidad tumultuosa y magnífica de lo corporal, que no cabe oponer a lo espiritual, queda expuesta en mi artículo “Luis Meléndez pintor de la materialidad”, y en mi libro sobre arte medieval, “Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural”, en éste argumentado filosóficamente y concebido estética y estilísticamente.

11 Éstas concitan el rechazo popular. Así lo admite J. Baudrillard, en “El complot del arte”, “ese público cada vez más vasto al que primero se conquistó políticamente y ahora se pretende conquistar e integrar culturalmente, pues bien, ese público opone resistencia. Resistencia al progreso, a las Luces, a la educación, a la modernidad, etcétera”. Para vencer esa oposición, difusa y poco visible pero real, el sistema de dominación español usa a la intelectualidad de la izquierda, hoy más apta para llevar a las clases subalternas los disvalores del progresismo, la Ilustración, la escuela estatal y demás chirimbolos del sistema de dominación. Ahora bien, dicha oposición popular es muy insuficiente, tiene que elevarse a consciente y adoptar, también, la forma de contraofensiva estética.

12 Como expresión concreta de la estetización de lo necesario para el día a día de la existencia se pueden citar varias de las obras del arquitecto gallego Antonio Palacios Romilo (1876-1945) en Madrid, en particular el Hospital de Jornaleros de Maudes, de 1916, uno de los monumentos más originales e intensos emocionalmente de la ciudad, y el Palacio de Comunicaciones de la plaza de Cibeles, inaugurado en 1919. También se ocupó de proporcionar significación estética a las estaciones de metro. Fusionar la belleza con la utilidad es una de las metas del programa de la revolución integral para el rescate de lo humano. Antonio Palacios aprende de los canteros de su pueblo natal, O Porriño (Pontevedra), investiga la arquitectura de su tiempo y, además, se inspira en lo mejor del pasado, en San Juan de los Reyes (Toledo), edificio gótico de finales del siglo XV, cuya impronta se detecta en la segunda de las realizaciones citadas. Es cualquier cosa menos un hiper-moderno o un nihilista. En el pasado la combinación de lo bello y lo útil era una norma que se cumplía incluso en las más modestas obras humanas. Hoy, por el contrario, casi todo estremece por su fealdad, por su bajeza, por su ramplonería. Verbigracia, las barriadas de pisos y bloques de las grandes ciudades, todas igualmente deplorables, monótonas y deshumanizadas, lúgubres y repulsivas, no-lugares en los que el espíritu enferma y fenece.

13 Un libro que busca justificar, aunque al final matiza sus posiciones, la renuncia del supuesto arte contemporáneo a la belleza es “El abuso de la belleza. La estética y el concepto del arte”, Arthur C. Danto. No es el arte sino la sociedad actual, y el sujeto medio que la habita, los que son incapaces de 13 belleza pues su existencia es consustancialmente horrible y repulsiva. Por tanto, los que niegan que la belleza, en sus muchas y variadas concreciones, tiene que ser una de las partes del arte (y de la vida), se están reduciendo a justificar y, con ello, mantener la fealdad irremediable de nuestro mundo, que por su propia naturaleza no puede ser de otro modo. Eso hace hoy de lo bello-concreto una categoría subversiva. Lo que en el presente existe es abuso de lo feo, desagradable y repulsivo, no de la belleza. Téngase en cuenta que ésta es cualitativa mientras que el dinero existe como realidad cuantitativa, lo mismo que el poder (tantos militares, tantos policías, tantos altos funcionarios, tantos intelectuales subsidiados, tanta partitocracia, tantos ingresos fiscales, etc.). En el mundo de la cantidad no tiene sitio la calidad. Considerando que todas las funciones del espíritu existen como cualidad y calidad, la desespiritualización se hace una consecuencia ineluctable en dichas condiciones. El ser humano necesita de lo cualitativo y lo cuantitativo pero la sociedad actual, que sólo se ocupa de lo segundo (crecimiento del PIB, incremento del consumo per cápita, aumento de las prestaciones del Estado de bienestar, mejoras salariales, etc.) daña e incluso liquida lo primero, que es lo específicamente humano. El proyecto de revolución integral se propone realizar lo cualitativo sin desatender lo cuantitativo, haciendo máximo lo primero y mínimo lo segundo. Al respecto, mi libro “¿Decrecimiento o revolución integral? Controversia con Serge Latouche”.

14 Leer, en mi blog, el comentario al texto de Longino, autor griego del siglo I, “Sobre lo sublime”. El designio es que los seres humanos sean sublimes, no sólo la oratoria y el arte, que es lo que Longino preconiza. Cada ser humano ha de construirse por y para la belleza, la trascendencia y la excelsitud, esto es, ha de hacer de sí mismo una obra de arte que ofrecer al otro desinteresadamente, desde la voluntad de servir y amar tanto como de resistir y combatir por el bien y la virtud. Una sociedad en que los seres humanos se conciban a sí mismos como arte autocreado, cuerpo y espíritu, no como criaturas de lo sórdido, zafio y degradado, forzadas a venderse por un salario y a pagar impuestos, será la de ruptura definitiva con el capitalismo. Eso significa, en última instancia, la fórmula estetizar la vida.

La corrupción
y cómo combatirla con realismo



El proceso de realizar en lo terreno cualquier ideal se llama corrupción. Todos los actos son hijos de la corrupción; lo único incorruptible es lo irreal(1). La corrupción es imparable, pues es consecuencia de la entropía creciente universal. El rechazo de la corrupción se denomina inocencia y su manifestación es el inconformismo. Las formas más evidentes de corrupción son la enfermedad y la muerte. Menos evidentes, aunque causa frecuente de las anteriores, son la fuerza bruta y el dinero, las dos maneras de nombrar el poder.

El capital es corrupto por naturaleza y corrompe cuanto toca; el dinero compra las más férreas voluntades. El poderoso de vara de mando o sable es siempre sobornado por el capital para que prevarique en su beneficio. De hecho, todo humano que tiene poder sobre otros se corrompe: desde el Rey al último funcionario, cada uno por un precio en proporción al poder que acumula.

Toda forma de poder procede del engaño o del robo; todo poder deviene estafa, está condenado a defraudar al final. Por lo tanto, el enemigo es siempre el poderoso. El corolario es que no contribuyamos a establecer poderes; no edifiquemos con nuestro apoyo césares ni cúpulas. Nadie nos salvará a cambio de oír sus mítines y echar su papeleta en una urna; sólo nosotros mismos, con mucho esfuerzo personal. En estos tiempos en que los poderes político y económico, hermanos siameses, se derrumban ante nuestros ojos, no hay que olvidar la lección aprendida. No deleguemos, no edifiquemos nuevos poderes que sustituyan a los rotos. No hay líderes idealistas, pues todo líder es práctico, factor de hechos, acumulador de poder y, por lo tanto, corrupto.

La corrupción jamás se detiene. El único modo de ralentizarla es, en lo personal, la independencia económica; y, en lo colectivo, el régimen asambleario puro, sin delegaciones ni representaciones de ninguna clase. Y la peor forma de integrarse a la corrupción es lo contrario: el trabajo asalariado y el rechazo a conocer a tus semejantes.

No hay poder menos corruptible que el egoísta, el poder de uno sobre sí mismo y su familia, pues se fundamenta en el más puro y sano deseo de prevalecer. Constrúyete a ti mismo, endurece tu cuerpo, fortalece tu espíritu, pierde todo miedo. Colabora en pie de igualdad con quienes tienen exactamente tus mismos problemas. Sólo así conocerás el altruismo y el mutualismo, que se distinguen de la caridad porque son elaboradas formas de sano egoísmo. Recuerda que, al final, tú lo eres todo. La asamblea es una forma de cooperación que debe multiplicar más que sumar. Así que cuidado, que toda gerundiada tiene sus oyentes (2), y no hay más útil corrupción que la del rebaño. Si la asamblea te exige sacrificios mayores de los que realizas luchando tú solo, alguien trata de parasitar tu poder. Dilo en voz alta. Y si no te escuchan, debes irte. Ninguna asamblea puede obligarte a nada, pues la acracia no es coacción, sino libre asunción de criterios colectivos, tras el debate y el voto.

No te corrompas, jamás cedas tu poder, porque la peor de las corrupciones es la que se produce en tu interior, cuando prestas tu energía irracionalmente a otro. Nunca te la devolverá. Y te costará una nueva decepción y el esfuerzo de reconstruirte, si es que aún puedes. Recuerda que la vida es una lucha permanente contra la muerte y contra la creciente podredumbre que la precede. En esta lucha te va la vida. Lucha, pues, a muerte.

Saludos desde el tonel.

DIÓGENES SINÓPTICO


(1) y (2) Palabras más o menos exactas del becario Braulio.

Ni hembrismo ni feminazismo:
Es Misandria





Feminazismo es un neologismo torpe e inadecuado. El feminismo radical intolerante no es ni socialista ni nacionalista, sino simplemente estatalista; y, por lo tanto, subvencionable, como el resto las corrientes socialmente disgregadoras que no se oponen al Estado. Lo correcto para designar la ideología que Valerie Solanas expuso en su manifiesto SCUM (Society for Cutting Up Men, aunque scum también significa chusma, escoria, parásito y mugre) es misandria, del griego miseo "odiar" y andros "hombre", que es también un neologismo, pero preciso: el odio o aversión hacia los varones.

No tenemos nada contra Valerie Solanas, una artista lesbiana explotada por Warhol en su Factory que se hartó un buen día y tiroteó al "genio", que no era otra cosa que un mediocre publicista homosexual en pleno estallido del Gran Bienestar del Despilfarro norteamericano. Recomendamos ver la película "Yo disparé a Andy Warhol" de la directora Mary Harron. Valerie Solanas fue a la cárcel; diagnosticada de esquizofrenia, entró y salió varias veces de instituciones mentales y falleció en 1988 en una institución benéfica de San Francisco. Jamás vendió su obra. Todo esto no deja de hablar bien de ella, a nuestro juicio. Las personas valientes merecen respeto, al menos por esa cualidad.

Pero la herencia de su misandria ha llegado a España, ahora que el Estado, temeroso de que la gente se dé cuenta de que es un aliado del capitalismo, un parásito y un matón, apoya abiertamente toda división social posible, siempre que no discuta la preeminencia del Estado en el control de la vida de todos los ciudadanos españoles.

Publicamos aquí una aclaración publicada por el colectivo Febrero Feminista de Zaragoza, en el que un grupo de activistas del colectivo justifican su agresión contra el ácrata Félix Rodrigo Mora, indignadas por la presencia del conferenciante en uno de los que consideran sus espacios, a pesar de que se trataba de un local público y de que el filósofo había sido invitado a comer allí por personas próximas a dicho colectivo feminista.

Sin más, aquí está el texto y su enlace a Indymedia:

La verdad es que como mujeres y como feministas estamos tan, tan, tan hartas de tener que dar explicaciones de nuestros actos que cuando nos las exigen nos sale un “zas! en toda la boca”… Es cierto, es nuestro primer impulso al estar cabreadas. Pero el otro día no lo estábamos, estábamos reunidas, comiendo preparando nuestras jornadas que duran todo el año y si me apuras, toda la vida.

Estábamos en uno, de los que todas consideramos nuestros espacios comiendo, cuando apareció el denominado filósofo Félix Rodrigo Mora y se sentó en una de las mesas acompañado de personas cercanas a nuestras luchas. Lo cierto es que los nervios y la duda nos revolvieron el estómago recién alimentado. “¡Oh! ¡No, no puede ser verdad!” Comprobamos las imágenes y efectivamente era él. La voz de alerta que corrió como la pólvora en estos días estaba ahora en “nuestra” casa… ¿Qué hacemos? ¿Le decimos algo?… No queremos comprometer al espacio ni al resto de las personas que habían venido a comer ajenas a todo esto. Pero tampoco podemos seguir ahí cómo si nada estuviera pasando. En un intercambio rápido con las mujeres trabajadoras del espacio se decidió que no queríamos alimentarle, no queríamos “servirle”, ni que nos “honrara” con su presencia.

Sólo de pensar que en nuestro espacio se reprodujeran argumentos antifeministas a los que nos viene acostumbrando Félix Rodrigo Mora: que identifica el feminismo con el estado, “el estado policial feminista”, que nos acusa a las feministas de atacar la heterosexualidad y demonizar la maternidad, que todas recibimos subvenciones tanto estatales como de la fundación Rockefeller, a la vez defendemos el manifiesto (según él, fascista) Scum, que desde que existe la ley de violencia de género hay más mujeres asesinadas, defendiendo una supuesta revolución integral de las personas, que pone la verdadera esencia femenina de las mujeres con la maternidad en el centro… y así una joyica tras otra que nos reconcome, decidimos levantarnos pacíficamente y explicarle que estaba en un espacio feminista y que quién quiera escucharle e invitarle allá con sus errores o aciertos, pero en nuestros espacios no es bien recibido.

Suponemos que no es de agrado de nadie que le inviten a salir o le echen de un espacio público y que la situación en sí es violenta para ambas partes, en cuanto se piden explicaciones y argumentos tales como si hemos leído sus libros, o sus ensayos (que algunas si lo hemos hecho) y la contestación por su parte es la de insultarnos llamándonos “nazis, violentas”, que estamos manteniendo el feminismo institucional, que somos las culpables de sostener el heteropatriarcado… y dándonos una tarjeta invitándonos ¡¡¡a debatir sobre el tema!!!. ¿Qué tema? ¿Su antifeminismo? ¿Qué somos nazis y violentas?… con una presentación así esperamos que se entienda que no queremos debatir con él ni queremos alimentar su ego. Con sus insultos nos dio más que argumentos suficientes para echarlo del espacio.

No queremos demonizar ni a las personas, colectivos o entidades que dan o han dado cobijo a Félix Rodrigo Mora y sus argumentos, entendemos los procesos individuales y grupales de cada una. El nuestro como feministas es el de no dejar ninguna agresión sin respuesta y nuestra respuesta es desmontar el tinglado que tiene montado y que, seguramente encima le está dando de comer y viajar gratis por todo el ESTADO.

 FEBRERO FEMINISTA, Zaragoza
Publicado aquí por Indymedia


NOTAS: El estatalista anarquismo de salón se ha quedado acojonado... Y le ha retirado su invitación a Félix Rodrigo Mora para dar diversas charlas gratuitas. Eso es consecuencia del poder otorgado por el Estado al feminismo radical intolerante. El hecho es que, en cuanto pueden y tienen el poder necesario, agreden a personas y las expulsan de lugares. Mira, en eso sí que se parecen lejanamente a los nazis. En cuanto les dé por coger una cachiporra el parecido será mayor. Con protección policial incluida.

En fin, nada de esto tiene importancia. Tampoco para Félix Rodrigo Mora, que se ha hecho diez veces más famoso de lo que era.

A ver, mañas: ¿no hubiera sido mejor ningunearlo, y más si había sido invitado "a vuestro espacio" por gente próxima a vosotras? ¿Era necesario dar el cante que habéis dado? ¿Le hacéis algún favor a la mujer con esto?

Lo único que ha quedado claro es que sois capaces de dominar a los anarquistas de Zaragoza, que han desaparecido en la cloaca, aterrados ante vosotras. No quiero ni imaginar cómo correrán cuando se trate de enfrentarse con las fuerzas represivas.

Añadimos un comentario de un lector:

"El manifiesto SCUM, escrito por la lesbiana Valerie Solanas, habla del exterminio de los hombres.

Extraerles muestras de esperma y exterminarlos. Supongo que luego lanzar a los nacidos varones por el Monte Taigeto.

Un mundo con solo mujeres, altamente tecnificado, eso sí, para que la existencia de los hombres sea innecesaria.

Ignoro si harían lo mismo con el resto de las especies animales: exterminar a los caballos e inseminar a las yeguas, por ejemplo. No lo aclaran. O si llevarían su ansia feminazi hasta las especies vegetales sexuadas, cuyos miembros femeninos son los que muestran frutas, nueces o bayas.

En la actualidad, ya se exterminan los machos en ciertas especies vegetales. La marihuana, por ejemplo. Para evitar que se fecunden, pues las no fecundadas contienen más THC (Tetrahydrocannabinol).

Por cierto. La autora del Manifiesto SCUM intentó el asesinato a Andy Warhol en 1968. Pasó por la cárcel en una manifiesta represión machista y luego acabó en un manicomio, lo que hizo que a su manifiesto se adhirieran todas las locas con furor uterino del planeta, como esas del artículo de más arriba.

Esto es lo que estimula el ESTADO. Enfrentamientos así. Porque mientras hombres y mujeres se enzarzan en gilipolleces, el Estado domina y el capitalismo medra. ¡Y cómo se ríen de nosotros, nosotras y nosotr@s..."


España,
tierra de conejos



A nadie se le oculta que ésta es una de las peores épocas que está pasando España como país y como colectivo de paisanos. La marca España parece la marca de la Bestia, por eso todo el mundo le huye como a la peste. España es tierra de conejos, cada día más pobre y, como todo lo pobre, más putrefacta y descompuesta.

—¿Y eso? ¿Qué más le da todo eso a un ácrata? Mejor, ¿no?

Pues no. Seguramente, porque debe de haber ácratas de vocación y ácratas de necesidad. Como hay pobres de vocación —los franciscanos de Asís y tal— y pobres de necesidad. Y este que suscribe es ácrata de necesidad. Le gustaría ser demócrata, pero la democracia es un concepto imposible en soledad. Hacen falta otros demócratas. Y no es posible con gentes que no se respetan a sí mismas, como no se respetan a sí mismos los españoles.

Este ácrata es un español lúcido. Por eso es ácrata. Por eso sabe que eso del “pueblo español” es un concepto vacío. No es que le guste que se trate de un concepto vacío, sino que lo es, y así tiene reconocerlo.

Este ácrata, cada vez que oye a algún político nombrar al “pueblo español”, sabe que está ante un embaucador del “régimen”, y se lleva la mano a la sobaquera. Y, desgraciadamente, allí no tiene nada más que pelo. Pelo descargado, pelo de fogueo. Así que se rasca el sobaco con el dedo y sopla luego la uña.

Desde que los “anti-españoles”, los internacionalistas de extrema derecha, los rajoyes y las gallardonas, se han hecho con el poder por arte de birlibirloque —por arte del reiterativo anti-españolismo internacionalista del falso socialismo cleptómano—, en España no puede decirse la verdad, pues se corre el riesgo de ingresar en la cárcel. Pues España está, como siempre ha estado, bajo la égida de un dios extranjero, del dios del Antiguo Testamento, el que nos imponen los dueños de Hollywood, que son los mismos que imprimen el dinero; y de su Hijo, el dios del Nuevo Testamento, el que nos recomendaba poner la otra mejilla y llevar a Franco bajo palio. Y sigue España el modelo internacionalista de no existencia de ningún concepto parecido a “patria” o “destino común”, pues aquél que lo menciona es objeto de insultos y puede que incluso objetivo de juristas gallardones. Nuestro único destino común es con el resto de la humanidad de los pobres: morir como palestinos en un gueto o como sudamericanos en un vertedero, de hambre y de indignidad.

Curioso país, España, cuyos partidos hegemónicos son ambos internacionalistas, —no ya europeístas—. Por eso estuvieron de acuerdo como por arte de rayo el 2 de septiembre de 2011 para vender los resto de la patrimarca España al capital internacional, renunciando constitucionalmente a la inmunidad soberana. No ya hasta que saliera España de esta crisis, sino para siempre, como dando a entender que de esta crisis no saldrá España nunca.

Como en este país de incultos, a cualquiera que se alza contra el poder financiero internacional sionista, se le acusa de fascista —ya se sabe, no hay nada más fascista que oponerse a que te roben la cartera o el virgo de tu hija de diez años delante de tus narices—; como aquí no se distingue entre fascismo y extrema derecha, porque somos así de ignorantes y de tontucios, no nos queda más salida que regugiarnos ideológicamente en la Acracia.

Y la Acracia consiste en plantarle cara al ministro vendido a la Iglesia y al Sanedrín —que son lo mismo, sionistas, internacionalistas, pues ambos son administradores de las religiones del Libro, ambos representan los mismos intereses y ambos son enemigos declarados de la libertad de pensamiento—; plantarle cara no desde el patriotismo, sino desde el Pacifismo, la Cultura y la Ciencia (los tres escritos así, con mayúsculas, para que no se confundan con sus opuestos, que esta gente apenas sabe leer si no es en los renglones torcidos de Dios. Pues la violencia, la incultura y la ignorancia son síntomas de faschismo, en toda tierra de conejos.

—Oiga, ministro: Sepa que le tengo calado. Usted es miembro supernumerario del Opus Dei, de esa secta de fundamentalistas cristianos; y, consecuentemente, usted no tiene otro objetivo en la vida que ponernos a todos un cilicio en el capullo y acabar con las libertades fundamentales de los que estamos acreditados como españoles en el documento de identidad: arrasar nuestras libertades de pensamiento, de opinión, de reunión, de manifestación, y de todo lo que caiga al alcance de sus manazas. Ministro, es usted, en mi leal opinión, una basura humana que vive administrando la Injusticia, aunque funja como ministro de lo opuesto. Y le deseo que muera usted de un doloroso cáncer de colon, cagando tripas. Porque lo merece usted. De verdad. Y el día en que se muera, abriré una botella de cava vasco y me la tomaré feliz, antes de olvidarlo a usted para siempre.

UN ÁCRATA


Coños



El secreto esencial de la vida (la vida se me antoja llena de jeroglíficos, a pesar de que es transparente y está ahí, delante de mí todo el tiempo, porque soy un soñador, y entiendo de eso y puedo guiar a otros soñadores a través del laberinto), es eyacular lo suficiente —concepto aleatorio, inestable, que va según cada ser humano, (¿suficiente para qué?, quizás me refiero a lo necesariamente imprescindible para que las ideas fluyan al cerebro limpias del deseo que genera la glándula recargada) —los órganos piensan por uno—, y no se impongan en él, y acabe uno por violar a la primera hembra con la que se cruza— y, en todo caso, hacerlo por lo menos una vez en cada rotación de la Tierra alrededor de su eje, dentro de, o cabe, un coño —de poco sirven las manualidades guiadas por la imaginación, pues la imaginación, una vez excitada, galopa por sí misma creando un mundo alternativo en el que pueden perderse las horas del día y la vida entera con ellas generando ideas absurdas que lastran de imposibles expectativas (deseos insatisfechos)  el ideal—, o en sus aledaños (también valen sus aledaños, por si no lo he dejado claro antes, con mi añadido "o cabe", que significa "cerca de").

Una cosa que siempre recomiendo: A los coños no debe llamárselos nunca vaginas, como hacen los guionistas de Hollywood. Ellos los llaman así porque la palabra vagina les parece culta, viene del latín —significa vaina (pod, dirían los anglos)— y ellos, los guionistas, vienen del gueto donde se habla yiddish, y allí le llaman shmundie a la vagina. Pero nosotros, que somos hijos del latín, sabemos que es una palabra tan fea, que no debe ser utilizada jamás en presencia de una mujer (a menos que sea uno médico ginecólogo y la use para impersonalizar y transformar un “a ti, lo que es que te pica el chocho” en “tiene usted una prurito vaginal”), o se corre el riesgo de perpetrar una impotentia coeundi. Ningún hombre sano es capaz de introducir su polla en una vagina, como no la metería dentro de un calamar vivo.

No sé qué es lo que tiene un coño (los coños lo saben, pero no nos comunican sus secretos —los coños apenas hablan por señas o por olores, que son como las señales de humo de los indios americanos—, porque saben que todo aquello que es excesivamente interpretado y esclarecido pierde su magia; y ellos son brujos, y provocan erecciones a distancia, o sea, verdaderos milagros cada día, no como el sobrevalorado “Lázaro, levántate y anda” de Jesús de Nazaret, que lo hizo una sola vez y saltó a la fama), o qué no tiene (y eso nos lo dicen aún menos), pero es la solución definitiva para apaciguar las inquietudes físicas e intelectuales de un hombre: no existe filósofo bien follado. Ni criminal de guerra: tras la batalla, los vencedores violan urgentemente a todas las mujeres de los vencidos y luego, más sosegados, les perdonan la vida a casi todos, incluso (claro que hablo de otros tiempos, ahora se mata con bombas o con aviones de juguete, a distancia, mientras los militares se la pelan unos a otros, los que pueden y tienen algo que pelar. Los otros, se la frican). Ni ratero se puede ser siquiera, bien follado.

La próxima vez que tengáis un coño cerca, observadlo con atención y notaréis su enorme parecido con una imagen icónica de la Santísima Virgen María. Para mejor hacerme entender, os aporto la fotografía (no muy buena, la he tomado con un teléfono de 1998) de la imagen que tengo colgada en mi despacho, junto a mis títulos universitarios que son muchos, la mayoría de ellos, falsos. Observad el parecido, que no puede ser casual, porque no puede haber casualidades así. La segunda cosa que debéis observar es que la Virgen siempre se aparece en grutas, cuevas y espeluncas, que son metáforas del Gran Coño de la Tierra todas ellas. Por supuesto, es lo que estáis pensando: que la Virgen María es una representación metafórica de la diosa Gea: siempre fértil, siempre virgen, que lo mismo pare a Dios que al hombre. Y dejo constancia de que digo todo esto no para degradar al cristianismo, la segunda religión más importante del planeta, después del judaísmo por pujanza económica conjunta, no por número de creyentes, sino para enaltecer el valor de un coño. De cualquier coño. Toda mujer tiene un coño y ha sido virgen y casi todas, al final, paren algunos diosecillos.

En la presencia, la actitud y el rostro de un hombre se evidencia si tiene o carece de uso y disfrute de coño, nunca fallo en eso: “Todos estos de aquí no tienen” o “éste es feliz, tiene dos” o “éste es demasiado feliz y tiene purgaciones”. Pero a veces: “Ése debe un coño” o “aquél debe dos, está en ruina”. Porque no hay nada menos conveniente que disponer de un coño a la fía, a pagar en cuotas —si un coño está allí esperando alguna compensación por su sacrificio, más vale pagarle al finir la coyunda, al contado, pues sale más barato—, excepto no disponer de ninguno. En realidad no hay diferencia entre un coño prestado y uno tuyo. Porque ambos son prestados, y lo único que cambia es tu actitud ante ellos. ¿Te sientes en deuda? Es que le debes algo. ¿Te sientes a la par? Es que no debes nada. Pues todo en la vida es subjetivo, excepto la muerte. Por eso la muerte la certifica un médico, que es un científico, en vez de un cómico o un psicólogo, que somos artistas.

Los psicólogos sabemos bastante de coños o, por lo menos, de las incomodidades mentales que generan los coños y su mal uso. Bien. Ya lo he dicho: soy psicólogo de mamíferos homínidos. Y tengo un vaginigrado por la Universidad Pontificia de Medicinas Alternativas y Placebos Terapéuticos.

Ya os contaré más otro día. Y os vais a enterar.

EMILIO COMPOSTIZO



¡Machistas!

Y Fina, respondió:

"La irreverencia religiosa y el mal gusto son propiedades de esta web. Sois odiosos."

Fina tiene razón. Y yo voy a tratar de explicar en qué y por qué tiene razón. Y si no sois unos brutos, me entenderéis.

Yo, como todas las mujeres, me he mirado "el coño" con un espejo algunas veces. Y nunca lo he visto "bonito". El pene sí. El pene es (puede ser) bonito o feo, y grande o pequeño, y circunciso o incircunciso, y moreno o blanco. Pero no así la vulva, que es el nombre verdadero del "coño".

El "coño" es un emboscado pliegue de la piel, nada más. Por si fuera poco, sangra frecuentemente y duele (en el interior, en los ovarios), una vez al mes. Entonces, también huele mal. Luego, recupera "su atractivo" durante tres semanas, y su atractivo es no molestar ni cantar.

Podría deciros muchas más cosas: sobre cómo lo vestimos para que casi no exista y lo ocultamos para no se marque, sobre sus enfermedades siempre indeclarables, sobre cómo queda tras parir o sobre cómo lo adornan entonces las hemorro¡des. Pero da igual. Ya me habéis entendido. Las mujeres no nos sentimos especialmente bellas "por tener un coño".

Sin embargo, existe media raza humana que babea por nuestros "bellos coños". Sí, literalmente, pierde el sentido común por ellos y lo pierde en plural: todos y con todos.

Ante semejante falta de realismo, tanto por una parte como por la otra, la mujer decidió desde tiempos ancestrales adornar "su coño" con mitos. E inventamos los "coños de perdición", los "dulcísimos coños de las vírgenes" o hasta los "coños castradores". Pero el verdadero invento artístico ha sido y es que sea el coño el culmen de la belleza que lo rodea. Y ahi sí: tenemos pechos como tazones de leche y miel, caderas mareantes, vientres lisos o ligeramente abombados, nalgas respingonas, muslos de marfil, piernas largas, rectas y con forma perfecta, pies bellos y sin olores desactivantes, axilas depiladas y deliciosas, cuellos largos, ni un solo pelo en la cara y cabelleras cuidadas que son el oro del Rin o la caoba de los bosques africanos.

Y todo ese esfuerzo, porque es un esfuerzo el vestirse y cuidar la imagen, un esfuerzo al que los hombres solo respondéis bebiendo cerveza y "siendo naturales", un esfuerzo solo para que "el coño" figure y pueda llegar a ser el premio, el colofón, del magnífico acto de tomar posesión de tanta belleza. Ante todo eso, el hombre está indefenso. A veces lo manifiesta asesinando a la mujer que no puede seguir teniendo, desesperado el bruto matarife. Y otras veces, la mayoría, lo manifiesta mediante el machismo, que no es otra cosa que la protesta ante la Naturaleza por ser tan sucio, tan poco sofisticado, pero, al mismo tiempo, tan capaz de ver la belleza y de desear poseerla.

Y ahora llego a esta web.

Aquí hay mucha misoginia nada disimulada (el mal gusto que denuncia Fina). Aquí hay mucho divorciado, rejuntado o hacedor de solitarios, mucho consumidor de pornografía, que no hace más que mitificar la belleza femenina considerándola un mal pernicioso. Y también hay alguna gente que entiende perfectamente lo que es la mujer: un peligro y un remanso, una maldición y una bendición a un tiempo, por eso es atractiva para el hombre de verdad, porque al hombre de verdad no le gusta el llano ilimitado, sino que gusta de escalar cumbres.

Y aquí hay mucho ataque a la religión como si fuera una aliada de la mujer. Y eso no es verdad. La religión, y me refiero a todas, solo ha apoyado el papel maternal de la hembra y ningún otro papel ni erótico ni civil ni religioso. Así, son malas la Magdalena, Jezabel, Sara... Y buena, buena, apenas una: la Virgen María que es el símbolo del milagro: que la mujer no necesite vender ninguna mercancía a un macho penoso y maloliente para gozar de la maternidad. Y para eso ha tenido que preñarla el propio Dios.

Espero que no os enfadéis mucho conmigo.

MATER ET MAGISTRA



NOTA DEL EDITOR:
No sólo no nos enfadamos, sino que te publicamos la respuesta como si fuera una parte del artículo. Gracias, Mater.


 

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