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Globalización:
¿Por qué no funciona el capitalismo?




A ver: o yo soy muy ignorante, o la cuadratura de las cuentas es imposible como lo es la del círculo, según cuentan las malas lenguas.

Para que se entienda, consideremos el capitalismo como un hecho global. Con el planeta Tierra como objeto de estudio, caja negra aislada de todo. Consideremos un período de un año completo en situación estable, sin crisis ni burbujas. Consideremos que los extraterrestres no existen, por lo que podemos descartar importaciones y exportaciones de bienes, servicios y capital con los marcianos, esas cosas que tanto les gustan a los gobiernos para cuadrar sus cuentas macroeconómicas. Ya digo, es el planeta entero.

Hay dos aproximaciones al PIB:
El PIB se mide sumando todas las demandas finales de bienes y servicios en un período dado.

PIB = C + G + I

que relaciona el consumo de las familias (C), el consumo del gobierno (G), la inversión en nuevo capital (I)

PIB = RL + RK + Rr + B + A + Ii - Sb

Donde RL representa los salarios procedentes del trabajo, RK las rentas procedentes del capital o la tierra, Rr los intereses financieros, B los beneficios, A las amortizaciones, Ii los impuestos indirectos, Sb los subsidios.

Esa es la teoría económica. Pero se puede expresar de una forma más simple.

Sea PIB el Producto Bruto del planeta entero, en dólares por ejemplo.

Sea S los sueldos de todos los trabajadores del mundo, incluyendo los sueldos de los grandes ejecutivos, que perciben para ser consumidos, también en dólares.

Sea I los impuestos que la producción paga a todos los estados del mundo, también en dólares

Y B el beneficio obtenido al producir P y venderlo para su consumo, beneficio que se considera ahorrado y que servirá para "futuras inversiones" y se va al banco a vegetar, también en dólares:

Entonces, a menos que quede PIB sin vender, y dando por hecho que los impuestos, de una u otra manera, se gastan en consumo y sirven para la redistribución de la riqueza:

(1) PIB = S + I + B

Consecuencias:

Sucede que para que se produzca la igualdad (1), S + I debe ser suficiente para consumir PIB. Pero entonces esa ecuación sólo es posible si B = 0

Sólo en un capitalismo sin beneficios puede consumirse el PIB mundial.

¿Cómo es posible, entonces, que haya beneficios?

Los beneficios sólo pueden provenir de la creación de nuevo dinero, nuevo dinero que en el ciclo siguiente aumentará precios, salarios e impuestos para todos. Conclusión: el capitalismo existe porque crea inflación.

¿Quién crea ese dinero nuevo? Los bancos privados y públicos en proporción 50 a 1.

No hay que dejarse despistar por falacias, como que la enorme población mundial es explotada y no consume, pero sí produce. Porque otro habrá de consumirlo y ganar dinero para hacerlo. Tampoco por las diferencias entre países, que hagan que unos exploten a otros, pagando en occidente más de lo que producen para consumir lo producido en otros países a bajo precio.

La ecuación (1) es en unidades monetarias homogéneas.

El PIB mundial es de unos 65 billones de dólares.

Para adquirir ese PIB hay que pagar sueldos e impuestos por valor de 65 billones de dólares o se acumularán stocks o tendrá que dedicarse todo el beneficio al consumo.

Quede claro que esto sucede en situaciones de equilibrio. Pero el capitalismo global es cíclico, con períodos expansivos seguidos de otros contractivos.

Durante las expansiones, los bancos crean dinero de la nada, dinero que se dedica a inversión. Las cuentas cuadran entonces. La ecuación (1) parece cumplirse, entonces. Porque los beneficios provienen de la expansión crediticia. Disimuladamente los economistas identifican Ahorro = Inversión. Es decir, aparece un nuevo sumando que cuadra la ecuación, que es el crédito (1):

PIB = S + I + B + C

Y cuando se está en un período contractivo es al revés, se produce desinversión, los bancos no prestan y la ecuación es incuadrable.

Si se tiene claro lo anterior, puede entenderse lo que sucede hoy en España y muchos otros países otrora ricos.

El paro y los bajos sueldos disminuyen el consumo y los impuestos. Como consecuencia, disminuye el PIB. Por eso, España se endeuda al ritmo de unos 5.000 millones de euros a la semana para que el Estado siga funcionando. El desequilibrio de la ecuación (1) es evidente. No sólo no es ya una igualdad, pues ha aparecido un nuevo sumando llamado deuda, D:

PIB = S + (I+D) + B

sino que S ha caído en picado y también B, que llega a volverse negativo, incluso. El PIB español declarado por el Gobierno es falso, porque tiene que serlo.

En definitiva, lo que sostiene el capitalismo global es la creación de dinero en fase expansiva y la generación de pérdidas y aumento de deudas impagables en la contractiva.

Ahora, hasta un niño entiende que el capitalismo es un atraco a las clases trabajadoras. Y que el planeta sólo puede ser sostenible sin capitalismo y sin bancos privados, en cuyo caso no habría ciclos económicos ni inflación ni créditos impagables ni nada de lo que nos atormenta hoy.

Pero claro, puede que esté equivocado y esta cuenta de la vieja sólo demuestre que soy un ignorante.

PEPITO GRILLO



¿Y el Gobierno?
Postrado ante la Troika y Merkel



El actual Gobierno español --como todos los gobiernos desde 1978 que puedo recordar después de echarme al coleto tres Jack Daniel's sin hielo-- tiene como objetivo manifiesto, por más que trate de ocultarlo, crear una nueva España con otra economía. Una economía en la que no quepa el estado del bienestar. La política de austeridad es como la caza con cimbel de palomos torcaces que, al amor del coño de la paloma cautiva, acuden directos a los cañones de las escopetas: La austeridad es un puto señuelo. Porque la austeridad no es para aumentar la eficacia de las administraciones, so pánfilos, sino para acabar con la cultura de la redistribución de la riqueza, de la subvenciones y de las ayudas; de la sanidad universal y de la educación forjadora de ciudadanos conscientes a partir de niños berrendos.

El BCE --en realidad, la Troika entera en concierto para tres ametralladoras Thompson-- tiene el mismo objetivo en toda Europa, objetivo que entona al ritmo de la copla "hay que controlar la inflación". Es la consecuencia del reaganismo y el thatcherismo de los 80, su perfeccionamiento al amparo de esta gran crisis económica inducida, artificial y demoledora. Esa ideología que, a día de hoy, representa Ángela Merkel, una señora que ha engordado mucho desde sus tiempos de comunista en la RDA.

Se dice --lo dicen los incensadores del poder-- que la creación del dinero-deuda de los bancos beneficia a la economía. Pero eso es más falso que el Rolex de plástico de un top manta: La creación de dinero mediante el crédito en cantidades ilimitadas de estos últimos años no ha hecho otra cosa que aumentar las diferencias entre los ricos y los pobres. El acceso al crédito de los quantitative easings es selectivo y proporcionado a la clase social, a la información privilegiada del solicitante: unos lo tienen muy barato, gratis, para especular y hacer negocios en la ruleta financiera, que es como la ruleta rusa, pero la cabeza la pones tú; y otros no lo encuentran más que de empresas usurarias como los cofidises, y lo utilizan para cubrir necesidades básicas para la supervivencia familiar, al 18% anual, como poco.

Cuando los grandes bancos internacionales como el Bundesbank exigen la devolución de sus empréstitos a los bancos españoles saben que van a hacerlos quebrar como colines torrados, a menos que el estado español convierta sus deudas privadas en nuestra deuda soberana. Es decir, que tapen los agujeros mediante créditos conseguidos por el Tesoro público y queden todos los españoles, pobres y ricos, gordos y flacos, deudores de otros estados hasta los pelos del perineo. E s entonces cuando sobrevienen las crisis de los estados, perfectamente previstas por la Troika, que tiene más mala leche que el que le ofreció al niño un polo de salfumán.

La única idea radical para resolver el problema es sodomizar a la banca retirándole el poder de crear dinero de la nada. Una iniciativa que Suiza someterá a referéndum por iniciativa del pueblo helvético. O sea, que la creación del dinero del aire es una realidad objetiva y conocida por la gente mínimamente culta: los bancos crean dinero cuyo contravalor es un simple agujero contable negativo, como el agujero que dejas en la playa cuando haces un castillo de arena. La suma de esos agujeros contables negativos alcanza una cifra que pone los pelos del cogote como púas de carpintero. Por eso, cuando las crisis golpean a las naciones, los bancos, sabiendo que no les van a pagar los créditos para tapar los agujeros del gruyere, le piden pasta a los gobiernos de sus países respectivos y a los bancos centrales. Pero cubrir tales pérdidas es injusto. Se trata de sociedades anónimas, de corporaciones multinacionales, que han gestionado peor que la que pagó para perder el virgo. Con agujeros contables tan mayúsculos, los bancos debieran hacerse pedazos como galletas marías en el bolsillo trasero. Pero son demasiado grandes para caer, lo que significa que si caen, lo arrastran todo consigo, los melones, el carro y los bueyes. En efecto, una vez los estados cometen el error de permitir que la banca cree el dinero de la nada, y tomando en cuenta que ese dinero creado nunca desaparece --me refiero a su parte positiva que es inyectada en la circulación monetaria--, los bancos debieran tomar préstamos de los bancos centrales para cubrir ese descuadre contable y pagar intereses por ellos, perdiendo además la capacidad de seguir creando dinero. Ladrón, como has robado te cortamos la mano.

Nadie es demasiado grande para caer. Lo explicó Newton muy claramente. Todo cristo con su crucifijo respectivo está sometido a la acción de la gravedad. La alternativa, evidente hasta para un niño, es permitir que los agujeros en la arena dejados por los que ya lo han perdido todo no los rellene nadie. Se esfumen porque no son nada, dinero ficticio. Eso sí, liberando a los deudores, después de que el banco pierda todos sus activos y sea nacionalizado por todos los españoles. O sea, que no hacen falta sacrificios de ninguna clase para romper con la creación de dinero por la banca y su señoreaje. ¿A que está más claro que el caldo de orfanato?

Es indignante que el BCE y las grandes instituciones europeas, excusándose con inflaciones y productos interiores falsos, pretendan arruinar a ciertos países, como España, Grecia, Portugal, Italia o Irlanda. Digo arruinar en el peor sentido: destruir la economía nacional, empobrecer a la población y debilitar al Estado para impedir que el pueblo pueda recuperar alguna vez su soberanía. España es ya una provincia pobre más del sacro imperio eurogermánico. Y sus jóvenes están condenados a la emigración o a la prostitución, a elegir, si no quieren convertirse en parados eternos o en trabajadores precarios, mal pagados e itinerantes como zíngaros.

Los reproches que los tecnócratas hacen a los PIGS, la supuesta mala gestión, son el colmo de la hipocresía. Bruselas dio luz verde a la entrada de Italia y el resto de los PIGS conociendo las manipulaciones concertadas con Goldman Sachs y la Troika para que todos esos países débiles cumplieran las condiciones de Maastrich y accedieran a la Unión Monetaria, porque en toda buena Misa Mayor hacen falta monaguillos que auxilien en el rito y luego tomen por culo en la sacristía (*).

Los PIGS se endeudaron y refinanciaron su deuda con crédito muy barato, lo que les permitió seguir endeudándose. Lo que importa no es lo que debes, sino lo que te cuestan los intereses de la deuda cada año, pues el principal se refinancia continuamente. Lo importante es lo que se denomina el servicio de la deuda. A partir del 2008, todos los especuladores apostaban a que las deudas públicas iban a estallar en cuanto subieran los tipos de interés. Era cosa más fácil que la letra del Lalalá.

Y todo esta martingala se organizó para servir intereses espurios de gente menos electa que unas purgaciones culeras, los negocios de plutócratas que acumulan fortunas de manera también ilimitada. Gente que ha diseñado un futuro económico semi-feudal, de señores con derecho de pernada y siervos.

El único camino es tomar el control de la deuda y de la banca desde un estado fuerte como un bate de béisbol, respaldado por el conjunto de la ciudadanía española. Para ello, es necesaria una capacidad de liderazgo y una ideología capaz de integrar a amplias capas de la sociedad española. No puede ser un gobierno para los pobres solamente, sino también para las clases medias y los pequeños y medianos empresarios, que son los que proporcionan empleo a la inmensa mayoría de los españoles que tienen la suerte de trabajar por un salario. Para que se me entienda, un liderazgo capaz de ganarse en las urnas a los actuales votantes del PSOE, Podemos y de Ciudadanos. ¿Es eso posible? ¿O convertiría a España en un estado antidemocrático y, por ende, objetivo de los bombarderos de la OTAN?

La Troika la conforman una élite de ladrones capaces de sisarle en el peso del pan a Cáritas. La Troika está dispuesta a hacer cualquier cosa, por inhumana que sea, a degollar niños como Herodes, para asegurarse que ningún país de la Comunidad Europea se atreva a elegir a un gobierno que cuestione sus órdenes. La inmoralidad de su funcionarios y el absoluto desinterés por las tragedias humanas que han provocado los hace extremadamente peligrosos para la supervivencia de los europeos de la periferia del Imperio. Podemos no alcanzará jamás La Moncloa. No sólo porque los españoles no tienen la dignidad de los griegos ni de lejos, sino porque la Troika lo impediría por todos los medios, como demostró con el ilegal corralito artificial con que achantó a Grecia tras el referéndum anti-usura de Tsipras y Varoufakis.

Lamentablemente, el Gobierno español es el que mejor le chupa la polla a la Troika, entregado en cuerpo y alma a la tarea de arrasar el futuro de todos los españoles, devenidos meros corderos listos para el sacrificio. De todos modos, no soñemos con la unidad de los españoles en torno a un líder carismático. ¿Dónde coño está ese líder? Ese líder no existe, pues sus objetivos políticos debieran ir más allá de conseguir poder, dinero y prebendas. Y no quedan españoles así. Al menos, no se me ocurre ninguno ahora mismo.

MALDITO HIJO DE PERRA

NOTA: (*) La razón fue desarmar a Italia de la herramienta de las devaluaciones hostiles frente a Alemania, para vender coches y electrodomésticos baratos. Al Eurostat le constaban las permutas de todos los PIGS con Goldman Sachs.



Jornada de reflexión, sí, pero...
Sobre la banca



Dejemos la cosa clara cuanto antes, por si vuelve a ganar las elecciones el PPSOE y no tenemos ocasión en el futuro:

Los bancos no pueden ser privados. A ver, lo digo con mayúsculas: LOS BANCOS NO PUEDEN SER PRIVADOS. A un banco privado no podemos concederle la prerrogativa de crear dinero, de aumentar la masa monetaria sin ningún respaldo porque luego pasa lo que pasa, que te roban hasta los calcetines. Crear dinero, aumentar la masa monetaria, solo debe poder hacerlo el Estado. Eso es una cosa muy diferente: Por lo menos, todos los españoles podemos ser políticos y llegar al parlamento del Estado. Pero intentad ser banqueros y vais a saber lo que es el ostracismo, porque para ser banquero no hay elecciones: o perteneces a la casta sionista o te comes los mocos.

El propio Emilio Botín, que en paz descansamos, se casó con la hija de un banquero sionista para que su descendencia fuera de la sangre de los elegidos por dios para ser banqueros. Y el rey felón la hizo marquesa en agradecimiento por prestar su chocho a las finanzas españolas. Así que Ana Patri es de la etnia elegida por dios para crear dinero de la nada. Y por eso, su yunta del alma, Pablo Iglesias, visita el Muro de las Lamentaciones y ofrece su prepucio al mejor postor.

Volvamos al asunto, que cada vez estoy más gagá: Permitir la actividad de la banca privada expoliadora es un delito de alta traición a los españoles. UNA PUTA ESTAFA. Los gobernantes son parte de esa estafa. Y todos los políticos del coro también son parte de esa estafa. Los políticos son individuos de muy baja estofa moral, con menos ética que los agentes funerarios, esos que, cuando entierras a tu padre, te dicen que compres un ataúd más caro porque tu padre "merece más" (si lo hubieran conocido alguna vez no se hubieran atrevido, un bidón vacío de CEPSA sin tapa es lo que merecía).

Pero ya estoy desvariando otra vez. Os voy a decir una cosa que os sorprenderá menos que la subida del IVA en cuanto pase el domingo y vuelva a gobernar el PP. Y es esto: Los políticos saben que van a venderse desde el mismo día que entran en política. Toda su verborrea ideológica y tratamiento de imagen es marketing que trata solo de optimizar el precio de la venta. Y en la estafa económica colaboran también muchos funcionarios corruptos, porque hay funcionarios que no solo sienten envidia de pene, sino también de bogavante y de criadilla.

España necesita un lavado de bajos. Un lavado de bajos urgente, porque se le está pudriendo hasta el chasis. Lamentablemente, el lavado será con sangre y se producirá en las calles, por más que los gobernantes se quieran cubrir las espaldas tildando de terroristas a los desesperados muertos de hambre. Eso no es más que otra canallada añadida. ¿Terrorista, el que reclama justicia y pan?

Volvamos al tajo: La banca debe ser pública. La banca privada solo ha de poder prestar su propio capital o el de inversores profesionales: es lo que se llama banca de negocios, nombre que debiera servir de aviso a los idiotas par que no se atrevan a entrar en ella.

Muchos dirán que nacionalizar la banca es imposible. A la gente le encanta decir que lo que propongo es imposible. Disfrutan con eso, se ve. Puede que nacionalizar la banca sea imposible. Pero no técnicamente, eso es sencillo. Porque todos los bancos están en quiebra permanente. A los bancos les deben mucho dinero, desde luego, pero esa deuda no tiene más respaldo que el aire y las ganas de pagar de los deudores. Los depósitos de los clientes no han podido prestarlos, porque la ley lo prohíbe. El dinero que los bancos prestan lo crean contablemente con dos apuntes -/+, uno negativo y otro positivo. Por lo tanto, los depósitos de todos nosotros están seguros sin necesidad de fondos de garantía interbancaria ni de zapateros que garanticen, con la solidez de un pedo de su culo, nuestros depósitos hasta 100.000 euros. (¡Zapatero, ten decencia y contrae un cáncer cuanto antes! Contigo no nos vale un Alzheimer, como con Suárez. Porque tú eres tonto perdido y no puedes empeorar si te vuelves loco).

Y regreso a la fragua: Lo que pone en peligro a los bancos es el agujero creado por sus préstamos. Pero eso es un problema del banco, no de los depositantes. Ahora os diré otra cosa que os hará correr a vuestro banco a sacar toda la pasta. Todo banco puede ser adquirido por un euro. Así de claro lo digo. Ningún banco vale más de un euro. Es el precio que el Banco de Sabadell pagó por la Caja de Ahorros del Mediterráneo, después de que el Estado la alicatase con azulejos nuevos por valor de 18 mil millones de euracos.

Por lo tanto, lo que hay que plantear y exigir como ciudadanos decentes es la NACIONALIZACIÓN ÍNTEGRA DE LA BANCA COMERCIAL. Sin complejos, toda ella. Cualquiera de nosotros que no tenga deudas es más solvente que el BBVA y el Santander juntos. ¿Y cómo cubriremos el Gran Agujero Bancario, suma de todos los créditos concedidos por la banca comercial? El Gran Agujero Bancario se llenará con dinero del Estado creado ad-hoc. Un dinero que será de todos los españoles y que no creará inflación, porque no se va a mover más que para garantizar los pagos y que irá desapareciendo conforme los créditos se amorticen. O sea, lo mismo que hace la banca sionista, pero esta vez en beneficio de España, no de Israel.

Y así se resuelven las crisis como esta o como la Gran Depresión: Nacionalizando, expulsando a los usureros sionistas del negocio y metiéndolos en la cárcel por graves delitos económicos contra el pueblo español. Claro que, si les dejamos reescribir la historia del asunto porque perdamos esta guerra como los paletos nazis, llamarán campos de exterminio a las cárceles, a lo mejor. Pero no conseguirán engañar a nadie. Porque pondremos cámaras web permanentes para que el mundo entero vea que viven como dios, con sus sinagogas llenas de rabinos y sus buenas comidas kosher, aunque luego, eso sí, tendrán que fregar los platos. Y el que se arrepienta de todo lo que ha robado, pida perdón públicamente al pueblo español, renuncie a la nacionalidad española y adquiera la israelí, será trasladado libremente a una cárcel en Israel, donde permanecerá exactamente un minuto, antes de que el Netanyahu de turno lo ponga en libertad como a un héroe nacional.

Pero, supongo que temblará el lector, "¿y si nos expulsan de Europa?" A mí esos miedos me hacen más gracia que un chiste de cornudos. Es como si alguien, sometido a una colonoscopia, dijera "¿y si me extirpan los pólipos?" Pues mejor, ¿no? Si nos expulsan del Euro, la ruina será para Europa. A España le va a afectar menos que las moscas a los muertos. Seguiremos fabricando con nuestras imprentas los euros que necesitemos hasta implantar una nueva moneda, la Pesota, nada de diminutivos.

 Esos euros recién impresos no servirán para pagar deudas internacionales, porque no los aceptarán los usureros europeos. Los usureros europeos saben que no valen ni como papel reciclado, lo mismo que no valen sus propios euros. No necesitamos que acepten nuestros euros. Todas las deudas contraídas con los eurobanksters se cancelarán en el acto. España suspenderá los pagos y pactará uno a uno con los acreedores de los bancos, que van a poner una cara como la de John Turturro cuando pide clemencia en "Muerte entre las flores".

España no debe nada, excepto la deuda pública que mantienen los particulares españoles. La deuda tomada por la banca española con dinero gratis del BCE desaparecerá con la nacionalización. Se convertirá en un cero como un dónut de chocolate.

Ya digo, no hay problemas técnicos. Los problemas son de otro tipo:

El problema será la OTAN, que es el musculoso clembuterolizado cobrador de los Rothschild y del resto de usureros, que, si no se lo impedimos, intervendrá con actos terroristas o con una invasión al estilo de la Libia. A eso hay que responder con honor y con pelotas. Y con inteligencia, si se tuviera disponible alguna, mediante un acuerdo inmediato con Rusia, cediendo bases a su flota en la costa mediterránea y atlántica.

Bien: todo esto es lo que ha estado a punto de suceder en Grecia. Si de Grecia conocierais algo más que su yogur, si hubieseis leído las noticias de los periódicos no solo eurosionistas, sino también rusos, es ce por be lo que proponía Varoufakis, incluyendo mi asombrosa previsión de ceder una base a Rusia en El Pireo: Nacionalización y salida blanda del euro, fabricando más euros y bloqueando las fronteras dinerarias.

Por supuesto, Varoufakis fue traicionado por su propio partido. Tsipras ha demostrado ser un agente de Sión, está dispuesto a matar de hambre a sus paisanos para ganar el aprecio de los eurobanksters. Como todos los anteriores presidentes griegos, que tienen menos vergüenza que una bachata de gatas en celo.

España debe aprender la lección: Nacionalización, cierre de fronteras y acuerdo con la Federación Rusa. Los norteamericanos deben estar todos vigilados, especialmente los funcionarios de la embajada y consulados. Muchos de ellos son terroristas profesionales, agentes de la CIA, colaboradores del atentado del 11M. Con Israel hay que romper relaciones de inmediato y expulsar a todos los sospechosos de pertenencia al Mossad, pues son los creadores, financiadores y agitadores del desnortado fundamentalismo musulmán.

Hay que establecer lazos sólidos con el mundo musulmán, especialmente con el país que le toca más los huevos al imperio anglosionista: Irán. Los musulmanes deben saber que aquí no se les persigue ni se les perseguirá, aunque se facilitará la emigración de los extranjeros hacia Europa. Aquí, el trabajo debe ser para los españoles. Ya sé que suena mal. Pero no lo digo bajo los efectos de un ataque de xenofobia, sino porque de eso va el concepto de estado: de proteger a los tuyos, a los nacionales de tu propio país, no de vaciarles los bolsillos y de putearlos hasta volverlos locos a todos, ¿oído, Rajoy de los putos cojones? Que luego te pegan hasta los niños y te quejas. ¿Por qué no dejas de ser tan soberbio? ¿O por qué no te vas a tomar por culo, que me han dicho que te gusta más que a la Hot Chueca?

Y finalmente, hay que poner en marcha una gran inversión en infraestructuras financiadas por el Estado. Y si alguien pregunta ¿con qué dinero? o tiene muy mala intención o es más tonto que ponerle fecha de caducidad al whisky. ¡Pues con el dinero creado por el Banco de España cuyo respaldo es esa infraestructura, gilipollas, que eres un gilipollas! Dinero que se irá haciendo desaparecer conforme la infraestructura sea amortizada por el uso.

Y como todo lo que digo es realista y posible, inmediatamente los agit-prop que inundan ácratas me acusarán de ser un peligroso nazi o, no sé si aún peor, de comunista come niños. Pero lo que soy es un absoluto republicano digno y medianamente lúcido, sobre todo para mi edad.

Salud y República.

MALDITO HIJO DE PERRA


El capitalismo,
eufemismo de usura terrorista,
morirá matando





I

Mediado el 2015, el capitalismo es ya un pestilente cadáver maquillado en su féretro(1) —por irresponsabilidad, corrupción, idiotez de los líderes políticos, o por la suma de las tres causas— a base de insuflarle dinero público para que no se le vean los gusanos.  La crisis mundial no es coyuntural, sino la consecuencia inexorable del capitalismo cuando éste se aplica sin impedimentos, a escala mundial. El capitalismo, en su ceguera por la obtención del beneficio, ha mutado en cada vez más perversas formas que sólo han acelerado su muerte. Los instrumentos financieros sin regulación (over the counter, sobre acciones, bonos, materias primas, swaps o derivados de crédito) han convertido las inversiones mundiales en una timba de apuestas en la que los bancos han sido los crupieres que han hecho jugar a los ahorradores sin saberlo (las viejecitas desconocen que su dinero está siendo apostado en hedge funds y que probablemente no lo recuperarán nunca).

No es posible que el capitalismo salga de ésta. Sólo en España, el pasivo financiero de la economía es de 11 billones de euros —11 veces el PIB anual—, de los cuales casi 6 billones yacen en los bancos en depósitos o valores diferentes de las acciones (bonos, letras), mientras, el drenaje de fondos bancarios de España hacia el extranjero supone unos 150.000 millones de euros al año, y acelerando. Eso representa la quiebra técnica del sistema financiero. Lo que vemos no es una aberración del sistema capitalista, sino el sistema capitalista funcionando a pleno rendimiento y matando el cuerpo al que depreda, que es el mundo. Antes hacía lo mismo, pero en países lejos de nuestra vista, en África o América del Sur. Ahora la estafa del capitalismo es global. La economía real del mundo en bienes y servicios —PIB mundial— es de 65 billones de dólares al año, mientras que los valores derivados OTC de acciones y divisas suman 1.650 billones ­—¡en una década!—. Si esos 1.650 billones reclamaran rentabilidad sólo al 5%, representarían 82,5 billones al año. Es decir: harían falta 1,26 veces el PIB mundial para pagar los intereses del dinero creado mediante la especulación. Como eso no es posible, el capitalismo crea cada año nuevo dinero para pagar los intereses del que anteriormente creó. Eso es lo que se denomina un “esquema de Ponzi” o estafa piramidal. Y como todos los esquemas de Ponzi (te recordamos, oh, Madoff), cuando es descubierto, arruina a todos los tenedores de los valores especulativos, que no valen nada. Entonces nadie acepta papel para cobrar intereses y lo que quiere es que le devuelvan su inversión. Pero ese dinero no existe. Fue creado de la nada usando como contravalor propiedades mobiliarias e inmobiliarias en el mundo entero, que sí valen los 1.650 billones de euros.

Como hemos hablado ya muy claro y lo bastante técnicamente como para que las mentes de nuestros lectores se pongan a pensar, veamos las consecuencias, a partir de ahora, de esta crisis que afecta a los fundamentos mismos del capitalismo. En vano el inhumano dinero creado de la nada —recordemos: 1.650 billones de dólares— tratará de especular con los alimentos. Estos representan una pequeña fracción del PIB mundial, y es mucho el dinero que desea invertirse en busca de rentabilidad. Tampoco puede hacerlo con las materias primas. El petróleo representa solamente 3,5 billones al año en valor total de extracción y venta al precio de mercado. El capital inventado no puede ni siquiera quedarse con países enteros en propiedad para explotarlos, pues los capitalistas no saben hacer nada útil. Sólo especular... Quizás el más afamado y salvaje especulador del mundo sea el CEO de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein. Ese hombre, que hunde estados y hace dinero a espuertas cada día, es un perfecto inútil si se le deja solo en una isla desierta. o al mando de una patrulla en un frente de guerra. o explotando una hectárea de huerto para sustentar a su familia. No sabe hacer nada más que crear sofisticados instrumentos de expolio con los que estafar incluso a sus propios clientes. Y como él, hay cientos de miles de especuladores que hacen sus fortunas trajinando y timando a sus congéneres.

¿Qué es lo que todo eso significa de modo obvio? Pues que el producto de su trajín de usureros, el dinero que obtienen, no tiene ningún valor. Por dos razones: porque no se puede comer... y porque hay tanto dinero creado que, en cuanto se sepa, no lo querrá nadie. No nos referimos, quede claro, a los 1.650 dólares que ingresa un asalariado, que puede intercambiar por comida, techo, educación, medicamentos u ocio. Sino a los 1.650 billones que no tienen nada que comprar, pues no existe nada que valga tanto. Ese dinero solamente es útil para inflar burbujas, para ganar más dinero y para satisfacer el ego de pichacortas siniestros como Blankfein.

Dice la gente sabia que el capitalismo es, en sí mismo, injusto e inhumano. Añadimos nosotros que es, además, estúpido, ineficiente y suicida. El capitalismo actual ha dejado en mantillas al colonialismo imperialista del siglo XX, pues, en su presión explotadora desde la Sinaquía Financiera Internacional a los estados y las empresas, induce la explotación extrema de los seres humanos, la desolación, el despilfarro y la degeneración de los recursos naturales y de los trabajadores de todo el planeta hasta el punto de poner en riesgo la dignidad humana y vida misma. La destrucción de todo lo colectivo, lo público. Y las multinacionales, presionadas por la Sinarquía Financiera Internacional (SFI), en una huida hacia delante, toman el dinero ilícitamente drenado a través de los instrumentos especulativos e invaden el mundo sin someterse a ley alguna, abriendo nuevos mercados en aras del beneficio de la misma manera que un cáncer de pulmón invade nuevos alvéolos en aras del progreso de la enfermedad. La voracidad del capitalismo, como la del cáncer, no tiene otro límite que la muerte del huésped. Necesita expandirse continuamente para subsistir. El capitalismo es, en sí mismo, un gran esquema de Ponzi.

II

Los ignorantes confunden el capitalismo con el libre mercado. No son lo mismo. De hecho, el capitalismo odia el libre mercado. Lo que hace el capitalismo es retorcer el libre mercado mediante la especulación, la corrupción de las autoridades y las burbujas. Cuando el capitalismo agota a un país, lleva a la ruina a su banca, y ésta exige inmediatamente que la sociedad corra con sus pérdidas. ¿Es privatizar los beneficios y socializar las pérdidas la alternativa que propone el capitalismo al comunismo soviético que derribó en 1991 a base de corrupción y desgaste bélico? El libre mercado nada más puede existir en un ambiente de competencia perfecta. Pero no puede haber tal cosa cuando el capital se concentra en tan pocas manos como las de los miembros de la Sinarquía Financiera Internacional. El dinero funciona en régimen de oligopolio, estableciendo precios y políticas sin otro objeto que la rentabilidad de él mismo.

Cuando estalló la gran burbuja de los instrumentos financieros derivados, los bancos empezaron a quebrar y, tras ellos, las compañías aseguradoras de las operaciones financieras. Entonces, los capitalistas demostraron de qué pasta están hechos: Los neoliberales seguidores de filosofías del egoísmo, de la búsqueda de la propia felicidad a cualquier precio, como la de la sionista rusa Ayn Rand, se echaron a llorar pidiendo la protección de sus estados respectivos. Pero ¿cómo osaron pedir dinero a los mismos estados a los que extorsionaron mediante el crédito usurario? Su argumento fue (y sigue siendo) que los bancos, como creadores del dinero requerido por todo el estado, deben ser preservados con leyes draconianas y rescatados con fondos públicos. Entonces, la corrupción política se puso en marcha...

Desde el estallido de la crisis se han venido produciendo masivas inyecciones de dinero, extraído por arte de birlibirloque de unos hipotéticos futuros impuestos de los contribuyentes. Pero, como el lector imagina, la capacidad de incremento impositivo del planeta es una fracción mínima, un 2-3% como máximo, de ese PIB de 65 billones de dólares. Y el agujero contable de los bancos no tiene fondo. Así que se trata de otra medida inútil, dinero tirado, ruina innecesaria. Para lo único que han servido las transfusiones dinerarias a la banca ha sido para arrasar el sistema de pensiones, el seguro de desempleo, la educación, la sanidad y los derechos fundamentales de los ciudadanos. Y todo ese dinero sólo ha servido para alimentar el agujero negro, cada vez más grande.

Pues la peor consecuencia de esta debacle financiera es la devastación de la economía productiva, que no puede trabajar en un ambiente en el que el dinero corre hacia donde husmea beneficio rápido, sin producir nada. El volumen de la economía especulativa es tan enorme, comparado con el de la economía productiva, que ésta es un escenario enano para mover tanto dinero. Y encima, si es más rentable quebrar una empresa y venderla en pedazos, se destruye. El capitalismo es el cáncer que clausura alvéolos pulmonares sanos aún, en vez de seguir respirando con ellos. La asfixia de la base productiva se produce mediante una tenaza inexorable: la mordaza de arriba es la regresión del crédito que implica despidos masivos; y la de abajo, el encogimiento del consumo, que bloquea las ventas. Cuanto más aprieta una mordaza, más lo hace la otra: Un ciclo continuo que se retroalimenta.

Pasaremos por alto la crisis en su vertiente ecológica. En estos momentos se trata de algo secundario cuando la vida de cientos de millones de seres humanos está en riesgo cada día. Se dice que los recursos naturales no son suficientes para mantener el actual estilo occidental de vida. Pero es que ese estilo de vida está acabado, no puede sostenerse. Ni el saqueo ecológico ni el calentamiento global son importantes ahora, aunque parezca increíble. El hecho de que ciertos foros (dirigidos a distancia por la SFI) los mencionen tanto es asaz sospechoso. El peak oil se alcanzó justamente el año en que estalló la crisis financiera. Y eso no puede ser casual —creer en tales casualidades es una forma de religión: la misma que sacraliza a los árboles o las focas en vez de a los niños que viven en los vertederos de medio mundo—.

En toda esta crisis espectacular que estamos protagonizando, mediática y sonora como ninguna, de dinero que busca inversion especulativa, no podemos dejar de destacar el papel de los EEUU de Norteamérica como instrumento destructor y genocida en manos de la Sinanquía Financiera Internacional (SFI). La guerra siempre fue, hasta ahora, la solución final de las crisis financieras de los imperios coloniales. La política de los EEUU en el mundo, asumiendo la orquestación del terrorismo internacional por el estado de Israel, e instrumentalizando las guerras locales, tiene sentido solamente analizándola desde el punto de vista de la devolución de la deuda financiera que tiene contraída con la SFI, que es del orden de 40 billones de dólares —15 billones son de deuda pública—. EEUU está empleando ingentes cantidades de tropas, armamento y munición, bajo la bandera de la libertad y la democracia para mayor desfachatez, en invadir países con importantes recursos naturales. El proyecto es claro: apoyo a sus multinacionales energéticas y constructoras por un lado. Pero por otro, el cobro a precios estratosféricos de su gasto de guerra hasta la última munición de uranio empobrecido. ¿A quién se le cobra? A los derrotados. ¿Cómo lo pagan? En primer lugar, con todo el oro, divisas y valores que poseen, que pasan directamente a las bóvedas de la SFI. Y en segundo lugar, en crudo y minerales que los EEUU cambian a las multinacionales por dinero, que es reintegrado a la SFI. Esta segunda parte es muy limitada. Ya dijimos que todo el crudo anual mueve solo 3,5 billones de dólares al año. Pero ¿Cuánto puede cobrarse en botín de guerra por una bomba de racimo? No, desde luego, su precio en una empresa de armas. No es lo mismo comprar una bomba que comprarla, dotar a un ejército con ella y arrojarla sobre “territorio amigo que ansía la democracia occidental”. Su valor puede multiplicarse por mil. En definitiva: así como otros países pagan a los usureros de la SFI mediante loterías o aeropuertos, EEUU paga a la banca sionista que instrumentaliza la FED convirtiendo en cash su armamento —bastante de él, obsoleto— y sus efectivos muertos, al tiempo que obtiene su beneplácito por estar ayudando a la confortable expansión del estado de Israel.

Pero no todo van a ser alegrías para el Sanedrín del dólar. También le han salido algunos países respondones. Uno: Los países emergentes —los BRICS— se están desdolarizando y exigiendo el reequilibrio del DEG —moneda sintética respaldada por una cesta de divisas para pagos internacionales— o alguna otra moneda creada por ellos mismos —atención: lo intentaron antes Saddam y Gaddafi y por eso terminaron el uno ahorcado y el otro muerto a palos—. La respuesta de la SFI ha sido la continua amenaza militar sobre Rusia desde todas sus fronteras europeas y mediorientales —el escarceo en Osetia, Georgia, llegó a producir bajas entre efectivos rusos y norteamericanos enfrentados—; y el control del suministro de Irán a China a través del oleoducto que atraviesa Afganistán. Dos: Los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas) están nacionalizando recursos naturales (REPSOL) y girando fuera de la órbita financiera internacional, sabedores de que todo país que cae en las garras de Fondo Monetario Internacional se arruina absolutamente con sus préstamos usurarios y pierde todos sus recursos en favor de las multinacionales controladas por la SFI. Tres: Rusia-China han puesto fin a la falacia de las “primaveras verdes” en los países productores de crudo, plantándose en Siria frente a la OTAN, y han dotado al gobierno socialista de Al Assad del más moderno armamento defensivo, especialmente de misiles anti aéreos que hacen demasiado arriesgada la misión de los bombarderos de la OTAN que trituraron Trípoli el año pasado, masacrando a decenas de miles de libios.

III

Y vamos ahora a exponer la verdadera solución a la crisis financiera, que se evidencia en cuanto se comprende la esencia del problema. El problema es el dinero. Sí. Pero no el dinero que sirve para comerciar y ahorrar dentro de la economía productiva, sino el otro: el inventado mediante los instrumentos financieros fraudulentos desregulados aposta mediante la Ley Clinton de 2000. Ése dinero masivo es letal, no sirve más que para destruir la economía productiva. ¿Puede resolverse el problema que representa en el planeta Tierra la anulación de ese dinero que contamina todo esfuerzo humano por superar la crisis? Por supuesto que sí. Mediante medidas fiscales extraordinarias. Justamente las contrarias a las que preconiza el PP a través de sus ministros Montoro y de Guindos. Nada de aministías fiscales, por otra parte injustas e ineficaces. No se trata de atraer dinero ilegitimo, sino de anularlo. Asignarle un valor exactamente cero. Cualquier capital procedente de un paraíso fiscal debe, en España, no valer nada. Conforme entra por las fronteras electrónicas debe ser requisado por el Estado y asignársele el valor nulo. Volatilizarlo. Si esto se hiciera en el mundo entero, todo el dinero creado especulativamente desaparecería. Se sigue luego la inspección de toda fortuna. Todo lo amasado mediante los instrumentos financieros de diseño para la estafa será requisado y puesto a valor cero.

Se me dirá que el resto del mundo, que no sufre nuestra crisis, no va a hacerlo. Y que España no puede salir de la crisis por sí sola. Pero se equivoca quien lo piense. El instrumento es entonces el cambio de moneda de la noche a la mañana, la salida del Euro, la nacionalización de la banca. Y entonces sí, de forma nacional, depurar responsabilidades de los especuladores y sus cómplices en la función pública. No se les arrebata nada que no hayan obtenido ellos de manera fraudulenta, violentando las leyes del libre mercado. Muchos de ellos acabarán en la cárcel por delitos como el fraude a la Hacienda Pública (no podrá Emilio Botín pulsar los mecanismos que le evitaron la cárcel en el caso de las cesiones de crédito de Banesto), pero todos ellos quedarán en ruina, sin el dinero que ganaron especulando. Da igual si han sido reyes del ladrillo, políticos mediáticos, comisionistas reales o financieros de bogavante y prostituta de lujo: la cárcel será su destino, si no optan por el exilio furtivo, al modo de Luis Roldán.

El mundo dominado por la SFI se revolverá contra nosotros, y nos atornillará en los mercados internacionales mientras lloriquea salmodias en yiddish. Así que habremos de tomar medidas adicionales, temporalmente autárquicas: nacionalización de empresas estratégicas, como de la energía, transportes, construcción pesada, industria básica (en vez de criticar a Argentina por nacionalizar REPSOL, hay que imitarla... aunque sólo sea por respeto a que ya pasó por el sendero que transitamos nosotros ahora).

Uno de los muchos tipos lúcidos que comentan por aquí, dijo: “La dialéctica explica que el miedo del Pueblo le auto-infunde valor, al revés que a sus “amos”, cuyo pánico crece en mayor proporción y medida, pero en sensu contrario, por razones atmosféricas absolutamente “naturales”; es decir, estricto y “matemático” cumplimiento de las leyes histórico-económico-políticas.” Y tiene razón: el caso de Islandia lo demuestra: un pueblo acogotado y exhausto se enfrentó con el poder político y financiero —la mafia Rothschild y la City de Londres— y triunfó, metiendo en la cárcel o reclamando busca y captura para quienes habían provocado la crisis de su patria. Siguiendo su receta, encontraremos la salida a esta crisis: Se llama, aunque suene fatal, nacionalismo económico. Y, para que no tenga veleidades fascistas, debe someterse a una democracia real, directa; con un control ciudadano de todas los procesos decisorios, empezando por la redacción y refrendo de una nueva constitución republicana de corte ácrata. Entendiendo por ello que no debe legislarse más que lo imprescindible, de manera clara, concisa, y siempre desde un parlamento con representantes sujetos al mandato imperativo de sus respectivas asambleas ciudadanas, un parlamento que nunca formará parte del Estado, al que dominará —o derrocará en un santiamén— mediante la Ley. Todo ciudadano útil será entrenado para un eventual conflicto con invasores mercenarios que vengan a cobrar las facturas de la Sinarquía Financiera Internacional, y dispondrá, como en Suiza, de una dotación de armas y equipamiento en lugares a su alcance.

Cuando se vive sin usura, aislado del mundo del terrorismo financiero, hay que defender lo que se tiene, que es la libertad. Con la propia sangre, si falta hace. Es entonces cuando tal ínsula Barataria insólita adquiere el carácter de Patria, con mayúscula. Porque la única patria posible es la que hace, sostiene y defiende uno mismo, por el bien de sus hijos, en igualitaria comunión con el resto de sus compatriotas. El resto son palabrería y soflamas. Banderas que apenas disimulan la podredumbre del cadáver que ocultan, que se llama capitalismo, que no es libre mercado, sino la extorsión del mismo mediante la especulación; que no es democracia, sino la putrefacción de ésta mediante la corrupción. El capitalismo es una enfermedad que huele mal y funciona como huele. Un mal que enciega al principio, que degrada después; y que muere matando a las sociedades a las que parasita, si no se inmunizan antes éstas con grandes dosis de pólvora y algún chasquido de pescuezo descoyuntado meciéndose al sol.

ÁCRATAS


NOTAS:  EEUU está al borde del colapso. La violencia callejera de colectivos de negros, provocada por la injusticia económica, las insurrecciones de grupos armados de blancos que se preparan contra las maniobras Jade Helm, no son más noticia en los medios porque sus propietarios, a las órdenes de la SFI, lo ocultan El Gobierno Federal se prepara para la guerra civil. Y el prestigio de EEUU se hunde en los mercados.


La corrupción
y cómo combatirla con realismo



El proceso de realizar en lo terreno cualquier ideal se llama corrupción. Todos los actos son hijos de la corrupción; lo único incorruptible es lo irreal(1). La corrupción es imparable, pues es consecuencia de la entropía creciente universal. El rechazo de la corrupción se denomina inocencia y su manifestación es el inconformismo. Las formas más evidentes de corrupción son la enfermedad y la muerte. Menos evidentes, aunque causa frecuente de las anteriores, son la fuerza bruta y el dinero, las dos maneras de nombrar el poder.

El capital es corrupto por naturaleza y corrompe cuanto toca; el dinero compra las más férreas voluntades. El poderoso de vara de mando o sable es siempre sobornado por el capital para que prevarique en su beneficio. De hecho, todo humano que tiene poder sobre otros se corrompe: desde el Rey al último funcionario, cada uno por un precio en proporción al poder que acumula.

Toda forma de poder procede del engaño o del robo; todo poder deviene estafa, está condenado a defraudar al final. Por lo tanto, el enemigo es siempre el poderoso. El corolario es que no contribuyamos a establecer poderes; no edifiquemos con nuestro apoyo césares ni cúpulas. Nadie nos salvará a cambio de oír sus mítines y echar su papeleta en una urna; sólo nosotros mismos, con mucho esfuerzo personal. En estos tiempos en que los poderes político y económico, hermanos siameses, se derrumban ante nuestros ojos, no hay que olvidar la lección aprendida. No deleguemos, no edifiquemos nuevos poderes que sustituyan a los rotos. No hay líderes idealistas, pues todo líder es práctico, factor de hechos, acumulador de poder y, por lo tanto, corrupto.

La corrupción jamás se detiene. El único modo de ralentizarla es, en lo personal, la independencia económica; y, en lo colectivo, el régimen asambleario puro, sin delegaciones ni representaciones de ninguna clase. Y la peor forma de integrarse a la corrupción es lo contrario: el trabajo asalariado y el rechazo a conocer a tus semejantes.

No hay poder menos corruptible que el egoísta, el poder de uno sobre sí mismo y su familia, pues se fundamenta en el más puro y sano deseo de prevalecer. Constrúyete a ti mismo, endurece tu cuerpo, fortalece tu espíritu, pierde todo miedo. Colabora en pie de igualdad con quienes tienen exactamente tus mismos problemas. Sólo así conocerás el altruismo y el mutualismo, que se distinguen de la caridad porque son elaboradas formas de sano egoísmo. Recuerda que, al final, tú lo eres todo. La asamblea es una forma de cooperación que debe multiplicar más que sumar. Así que cuidado, que toda gerundiada tiene sus oyentes (2), y no hay más útil corrupción que la del rebaño. Si la asamblea te exige sacrificios mayores de los que realizas luchando tú solo, alguien trata de parasitar tu poder. Dilo en voz alta. Y si no te escuchan, debes irte. Ninguna asamblea puede obligarte a nada, pues la acracia no es coacción, sino libre asunción de criterios colectivos, tras el debate y el voto.

No te corrompas, jamás cedas tu poder, porque la peor de las corrupciones es la que se produce en tu interior, cuando prestas tu energía irracionalmente a otro. Nunca te la devolverá. Y te costará una nueva decepción y el esfuerzo de reconstruirte, si es que aún puedes. Recuerda que la vida es una lucha permanente contra la muerte y contra la creciente podredumbre que la precede. En esta lucha te va la vida. Lucha, pues, a muerte.

Saludos desde el tonel.

DIÓGENES SINÓPTICO


(1) y (2) Palabras más o menos exactas del becario Braulio.

Reflexiones mientras vuelo
Desarticular
el orden económico vigente







Sólo quien disponga de grandes caudales de hipocresía, o lo que es lo mismo, de fórmulas criminales para burlarse de toda una sociedad, puede hoy aceptar las instituciones democrático-parlamentarias existentes. Hoy vemos cómo se ensalzan por las oligarquías desaforadas las ideas liberales y luego cómo se introducen con gesto solapado los recuerdos de la tiranía.

Para este tipo de regímenes, el robo no es más que una falta contra el gusto, con tal de que no haya escándalo: es algo que corta la estima sin desatar los intereses. En ningún partido se ponen dificultades en admitir a un ladrón, con tal de que tenga estómago y tragaderas.

La democracia parlamentaria da la preponderancia a los que saben hablar en lugar de dársela a los que saben actuar. La democracia política consiste en la elección de individuos pretendidamente capaces por individuos incapaces, lo que es totalmente absurdo. Pero, ¿en qué signos reconocerían estos menos capaces a los más dignos, ya que su espíritu de poco capaces no les permite representarse una capacidad más grande que la suya?.

La democracia parlamentaria es mala porque sólo puede llevar al poder falsas élites y demagogos. La falsa democracia es la corrupción. Toda democracia hoy conocida no es más que una oligarquía de empresarios poderosos unidos para satisfacer sus intereses individuales a expensas de los intereses de la nación, y su asamblea de intereses degenera rápidamente en asamblea de apetitos.

Es criminal presentar, como así fue, como una conquista revolucionaria el derecho a echar papeles en unas cajas, eligiendo a unos cuantos bribones previamente nombrados por las camarillas de los partidos. No hay, en efecto, nada más insólito y deprimente que ver hoy a las masas concediendo el mínimo crédito a esos reductos políticos de la democracia parlamentaria, cuya vigencia, además de corromper y desmoralizar , asegurará siempre la victoria a la burguesía, dueña del dinero y, por tanto, monopolizadora de la gran propaganda, de la prensa y de todos los resortes del triunfo electoral.

Quien se califique a gusto entre las derechas o las izquierdas no indica sino su carácter burgués, liberal y parlamentario. El electoralismo democrático, el liberalismo que sostiene que todas las opiniones valen lo mismo, han dado nacimiento a esas cosas que se llaman derecha e izquierda.

La fuente de las fechorías del capitalismo es, desde luego, el liberalismo y sus consecuencias. Remontémonos a la “revolución” de 1789. Al suprimir por una parte toda jerarquía de derecho, proclamando la igualdad de todos en el plano político, la revolución creó, por vez primera en la historia de Occidente, una sociedad que legalmente no tiene élite. Pero, al afirmar, por otra parte, el derecho absoluto a la propiedad sin preocupación alguna por su función social, instituía de hecho una élite que no tenía deberes legalmente. En el lugar de las jerarquías decapitadas, se instaló la única élite que subsistía, la de la fortuna. La revolución política se ha asociado así a la revolución económica para instalar la omnipotencia del dinero. La revolución ha liberado el poder económico, ha liberado de toda regla la potencia del capital y del capitalismo. Lo individual ha triunfado sobre lo colectivo. El capital, de instrumento que era se ha convertido en el dueño a causa de su proliferación desordenada y antisocial.

Beneficiarios de este desarrollo han sido los grandes monopolios, que mediante maniobras imperialistas dominan a los pueblos del mundo sometiéndolos a sus intereses.

España posee un capitalismo rudimentario —traidoramente rapaz— que rehúye todo riesgo y vive en absoluto al margen de toda idea de servicio a la economía nacional española. Nuestra economía no es libre, es decir, está impedida de aportar las formas y de seguir las rutas que más conviene a su propio avance y al bienestar general de todo el pueblo. Durante el período en que tuvo lugar la expansión económica imperialista, España no ha sido libre de orientar su economía y se vio obligada a servir las conveniencias de otros pueblos. El trabajador español, el campesino, el industrial, todo el pueblo, en fin, han laborado y lo siguen haciendo, en condiciones pésimas y han sufrido las consecuencias de la falta de libertad de España.

Una minoría de españoles, agazapada en la gran propiedad territorial, en los bancos y en los negocios industriales que se realizan con el amparo directo del Estado, ha obtenido grandes provechos, explotando la debilidad nacional y enriqueciéndose a costa de las anomalías y deficiencias sobre que está asentada nuestra organización económica entera. Gentes, pues, para las que el atraso mismo del país es un medio magnífico de lucro. Y sino que se lo pregunten a la Santísima Iglesia de Roma que nos tiene cogidos por las pelotas porque jamás nadie ha osado ponerlos “en la puta calle”.

No hay apenas grande ni pequeña industria. Nuestros campesinos, nuestra gran masa de labradores, sobre todo desde que se inició en las zonas rurales una fuerte demanda de mercancía de origen industrial, han sido explotados vilmente, usurpándoles el producto de sus cosechas a cambio de productos super valorizados, que ha hecho imposible en los campos todo proceso fecundo de capitalización.

Tenemos, pues, delante dos urgencias que sólo pueden ser logradas y obtenidas por medio de la liberación nacional: liberar la economía española del yugo extranjero, ordenándola con vistas exclusivas a su propio interés, y otra, desarticular el actual sistema económico y financiero, que funciona de hecho en beneficio de quienes se han adaptado, y hasta acogido con fruición, a nuestra debilidad.

No se puede eludir esta cuestión sin abordar de frente el problema social-económico que hace hoy de nosotros un pueblo casi colonial y esclavizado. Actitud distinta sería demasiado grotesca, a más de imposible y radicalmente estéril. Si se aspira a la honradez, y si se quiere de verdad hacer de España un país cuya base sea la libertad y el respeto, una de las primeras cosas por las que hay que luchar es la de desarticular el orden económico vigente, que sólo favorece, repetimos, a unas audaces minorías, con absoluta despreocupación por los intereses verdaderos de la nación entera.

Sólo una España vigorosa, enérgica y libre, sobre todo. puede disponerse en serio a la realización de tales propósitos. Los poderes económicos extranjeros que dirigen hoy toda nuestra producción y todo nuestro comercio exterior, impondrán siempre en otro caso su ley y su voracidad a una España dividida, fraccionada y débil.

JCP
Baal



Fundamentos de Anarquismo
(2) Iniciativa Legislativa Popular






El Pueblo ya sabe quién le trae la ruina, y es la clase financiera, asociación de delincuentes y genocidas que controlan a la clase política a través del crédito. El Pueblo, antes de recurrir a la violencia desatada contra sus opresores, intentará (y está intentando) utilizar las pocas vías civiles que le han dejado, por error, para solucionar por sí mismo lo que los políticos se niegan a solucionar. Una de estas vías, compleja y laboriosa, es la Iniciativa Legislativa Popular (ILP), recogida en el artículo 87.3 de la Constitución Española de 1978.

Un ejemplo de actualidad es la ILP de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que reclama la dación en pago con efecto retroactivo, la paralización de los desahucios cuando se trate de la vivienda habitual única ante una insolvencia sobrevenida --de buena fe--, y la implementación urgente de un parque de vivienda social en alquiler. Ha reunido más de un millón de firmas comprometidas y ha presentado su iniciativa al Parlamento.

Al fin, tras resistirse el Partido Popular cuanto ha podido para su admisión a trámite, se ha concedido audiencia a la PAH en una comisión especial. Reproducimos la comparecencia íntegra de Ada Colau, así como las impertinentes y despiadadas cuestiones de los diputados de la derecha y las contundentes respuestas de la señora Colau.

El doble vídeo es de visionado obligatorio. La señora Colau, no solo vale como persona cien veces más que todos los diputados de la comisión, presidente incluido, sino que habla armada con la Verdad, frente a unos gnomos que tratan de apartar el foco del problema real, divirtiendo la atención de los televidentes sobre formas o palabras mejor o peor usadas, sobre semántica a fin de cuentas. Una vergüenza nacional, si es que la nación española tuviera vergüenza.

ÁCRATAS



La verdadera cara del anarquismo


Jesús Lizano: "Soy anarquista poético: mi mundo no es de este reino"

Mi madre decía: a mi me gustan las personas rectas.
A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños, curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva;
el día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
dentro de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas;
vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas


JESÚS LIZANO





El anarquismo engloba actualmente demasiadas teorías políticas (algunas meras especulaciones idealistas), pero lo que lo ha caracterizado siempre es: 1) la socialización de los medios y bienes de producción y 2) la abolición del Estado (instrumento primordial del capitalismo). Es decir, el anarquismo ha consistido siempre en proponer el socialismo libre de los yugos de las estructuras del capitalismo, entre las que se cuentan el Estado y la democracia formal.

Después tendremos, a causa de las tendencias y características particulares, a anarquistas más o menos individualistas, más o menos colectivistas, tanto en sus planteamientos como en su programa ideológico, ya hablemos de socialismo utópico, comunismo libertario, humanismo ácrata, etc. Esto teniendo en cuenta que en absoluto resultan incompatibles las diversas posturas existentes.

Otro tema, y hay que reconocerlo bien complejo, es que en el año 2013 no puede negarse que el Estado social del siglo XX (mejor dicho, de su segunda mitad) hizo suyas algunas de las demandas del anarquismo, especialmente del socialismo utópico, por lo que, a día de hoy, resulta poco menos que una pose pedir la abolición total del Estado. El anarquismo debe adaptarse a los tiempos, o de lo contrario se queda en letra muerta, en verdad de fe. Por tanto, el movimiento anarquista orienta la lucha a forzar a que el Estado (a sabiendas de que, además, su abolición es inviable) resulte lo más "social" posible, es decir, que 1) los ciudadanos tomen parte activamente en la toma de decisiones políticas y económicas (asamblearismo) y 2) la riqueza se redistribuya de la forma más equitativa posible (según la propia creencia libertaria de "a cada uno lo suyo").

Como digo, la inviabilidad para tumbar al Estado en el globalizado siglo XXI es evidente. Pero ya antes lo era: y he aquí la mayor contradicción del movimiento anarquista: ¿qué camino tomar para la resistencia frente a la tiranía del capital? En este sentido, el activismo anarquista (incluido el armado) no puede ser condenado a la ligera, toda vez que no existía, más allá de la batalla sindical, otra forma de forjar un futuro distinto. No obstante las cesiones del capital desde 1945 hasta finales del siglo XX apaciguaron los ánimos revolucionarios, como es comprensible, una vez que parte de las demandas de las clases populares fueron satisfechas (en Occidente, claro está).

Hoy, cuando el capitalismo recobra su faz más depredadora, vuelve a plantearse con fuerza la alternativa anarquista. Pero ha de hacerse con sentido práctico, y sin dogmatismos: no es lo mismo la defensa del ideal anarquista en el 2013 que en el siglo XIX. En el siglo XIX no había sido ensayado un Estado que incluyera políticas sociales (logradas tiempo después gracias a una fiscalidad progresiva). Pedir hoy la abolición del Estado no nos diferenciaría demasiado de los "neoliberales", quienes pretenden reducirlo a un mero papel de celador del capital, es decir, que, sin abolirlo, no pretenden designarle más que un rol policial.

Hace 150 años (Estado policial al servicio del capital en todos los continentes, menor densidad demográfica, etc.), el planteamiento anarquista partía de la abolición de todas las instituciones coercitivas.

Hoy el contexto es distinto. Ello no niega la crítica al Estado, incluso la aspiración a superarlo, pero si se pretende algo más que empantanarse en la ciénaga de la especulación filosófica, debe comprenderse que la convivencia con algunas instituciones (por mínimas que fueren) es inevitable.

En cuanto a la estrategia a seguir para labrar el futuro del anarquismo, ni ayer ni en un próximo e hipotético futuro cabía o cabrá otra que la la revolución social. De lo contrario, todo logro, todo avance popular, resultaría fácilmente vulnerable frente a las agresiones y la predación no ya de las propias élites sometidas o abolidas, sino frente a las de otras naciones ávidas por someter a países instalados en el caos del desgobierno. Esto hay que plantearlo por un mínimo de pudor y coherencia intelectual.

Asumiendo estas evidencias, se podría proponer, no obstante, la alternativa ácrata marginal, es decir, el vivir al margen de la sociedad establecida, ya sea individualmente o en comunidad. Pero obsérvense por ejemplo las dificultades del pueblo gitano (que no está lejos de un anarquismo tribal) en el marco de la modernidad, y reflexiónese sobre la vulnerabilidad de toda disidencia no organizada en un contexto socio-político y económico como el presente.

El anarquismo, en definitiva, no incurrirá en ninguna contradicción de base siempre y cuando sus partidarios justifiquen la revolución social (pacífica o no), pues ése sería el camino lógico que tomar para derribar las estructuras de poder de la civilización capitalista, heredera de la feudal que algunos falsos anarquistas se dedican ahora a reivindicar, como si vivir en contacto con los pajaritos fuera incompatible con ser un esclavo (cosa que era la mayoría en la etapa pre-capitalista).

¿Estamos preparados para sumir la acracia? Algunos sí, la mayoría ni se lo plantea. Desde una postura ácrata o anarquista sólo así es defendible una sociedad sin Estado y sólo así es defendible el libre acuerdo. Es decir, sin elementos de coerción.

¿Resulta hoy viable la acracia? No. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, no hay cauces de lucha como los del siglo XIX (donde el capital corría peligro, mientras que hoy campa a sus anchas, incluso por encima del Estado-nación); y en segundo, porque el Estado tomó un cariz social innegable (en algunas de sus facetas) en muchos países (lo sigue conservando en los nórdicos), de tal modo que se convirtió en corrector de las desigualdades sociales y en árbitro de la economía (ahí tenemos los consejos de administración de empresa en Suecia, integrados, por cuota, por los trabajadores).

El pensamiento actual (neoliberal) persigue el adelgazamiento del Estado: es decir, su abandono de las políticas sociales y de inversión en bienes comunes y servicios básicos (vía privatizaciones) al tiempo que la conservación del rol policial (y de otros elementos represivos). Persigue, pues, volver al capitalismo puro (no "de rostro humano") tradicional. Esto, como ya vemos y de sobra es conocido, acrecienta las desigualdades sociales y favorece un mercado de explotadores y explotados (consolidándose los oligopolios) en nombre de la "libertad" (del capital, huelga decir).

Entre un Estado "democrático" cuya fiscalidad más o menos progresiva estaba garantizada y un Estado "tecnocrático" (como el del XIX), hacia el que vamos o en el que ya estamos, cuya fiscalidad no favorece más que la concentración de capital (y con ello, las "crisis"), obviamente me quedo con el primero por simple afán de supervivencia. Independientemente de nuestras aspiraciones particulares a superarlo, tampoco me parece coherente, al menos desde una perspectiva libertaria equiparar ambos modelos, puesto que uno, el primero, posibilitó el mayor grado de desarrollo socio-económico desde la antigua Roma mientras que el otro, el segundo, no desemboca más que en polarizaciones sociales brutales, que son las que caracterizan a los países latinoamericanos (de exquisitas constituciones "liberales") y no digamos ya africanos (donde el "anarco-capitalismo" hace estragos).

Por eso últimamente trato de que no puedan confundirme con esa tribu de los "anarco-capitalistas" (que además no tienen puñetera idea de lo que hablan) o con los posicionamientos monjiles, monacales, de ácratas etéreos que escupen palabras bonitas sin posibilidad de ejecución práctica (cuando no justifican el sufrimiento en aras de una supuesta autosuperación que la mayor parte de las veces resulta imposible si no tienes un puto duro).

Dicho todo esto, el rasgo identitario del anarquismo fue, es, y será, la socialización de los medios y bienes de producción (como en el socialismo) dentro de un marco de libre comercio auténtico, libre acuerdo total, y sin coacción de ningún tipo. En otras palabras, el anarquismo es un socialismo no vertical, que rechaza las trampas heredadas del capitalismo de Estado (en que cayó el comunismo soviético, lo mismo que Cuba o ese engendro llamado China).

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