¿Es o no es verdad que la hacienda pública es y se comporta como un depredador de las clases medias? Esto hay que precisarlo, hay mucha clase media extractiva que vive del dinero público. La clase media se paga sus propias prestaciones sociales y los ricos pagan las prestaciones sociales de los pobres. Ricos que no consumen servicios públicos -van a colegios, hospitales privados...- y pagan un dineral. Son sujetos fiscales por los que las haciendas públicas pelean, con razón. Gentes con mucha movilidad, que lo mismo viven aquí que en Suiza, Mónaco, Andorra o el País Vasco. Y a los que hay que cuidar y atraer si no se quiere descapitalizar un país. La lucha de clases de la sociedad moderna no es entre patrones y obreros, sino entre administradores y administrados. Dejemos ya disfrazar la envidia de ideología. A obreros y empresarios la administración les roba exactamente igual. En realidad, mucho más a los empresarios, por razones obvias.
La superclase: "Los votantes de izquierda son las clases medias ilustradas, no los obreros" Alberto Garzón Izquierda Unida, (El Mundo, entrevista 21 oct.2017)
Para calificar una sociedad necesitamos saber quién manda y para quién manda, pero lo cierto es que carecemos de una teoría y de un vocabulario que describan de forma fidedigna nuestra estructura social. Y así ¿cómo vamos a actualizarla?
El poder ha creado una madeja de palabrería descomunal que hace muy difícil desenmascararlo. Sin ir más lejos, la lucha de clases tiene tanta publicidad porque es inocua. Marx está siendo utilizado de forma tramposa. En Estados Unidos, por primera vez, en el año 1956, los empleados y funcionarios superaron en número a los trabajadores fabriles que realizaban trabajos repetitivos en una cadena de montaje. Fue la primera señal de que el sistema de producción estaba cambiando, de que estábamos pasando de una economía industrial basada en la mano de obra y las materías primas a otra basada en los servicios, el conocimiento y la creatividad.
La teoría marxista de las clases sociales, tan apropiada al comienzo de la industrialización, utiliza hoy conceptos obsoletos para radiografiar la sociedad. El análisis marxista aplicado a la sociedad actúal sirve para camuflar la realidad del poder. La sociedad española no está separada en proletarios y capitalistas –o ricos y pobre, que es lo que al final entiende la gente por clases- ya no es la posición dentro de la cadena de producción la que decide la pertenencia a una clase. La estratificiación actual no depende de los factores de producción (proletarios-empresarios, campesinado-terratenientes) sino del reparto del excedente. El enfrentamiento de hoy es el de siempre -desde que con la agricultura surgió el excedente y, con la gestión del excedente, la sociedad- el enfrentamiento entre extractivos y productivos. Pero no sabemos identificar a cada uno porque el poder juega al despiste para protegerse.
Actualmente es la proximidad y el acceso al dinero público, principal forma de distribución del excedente, lo que caracteriza los nuevos compartimentos sociales. Marx no profundizó en el papel de la burocracia como clase, pero está claro que en la actualidad, la administración y sus satélites han desplazado del poder a la clase que se definía por su posición de superioridad en la cadena de producción industrial, a los empresarios.
La oligarquía administrativa y sus satélites forman una clase social que nada tiene que ver con el proletariado ni el capital, una clase social invisible que parasita a ambos y a la que nadie denuncia. Y no son solo los funcionarios o las diversas formas que tiene la administración de relacionarse con quienes emplea, también entran en esta categoría los sindicatos o las ONG subvencionadas, los empresarios que tienen contratos garantizados con la administración o que disfrutan de sus concesiones o los directivos y tecnócratas de los grandes oligopolios estratégicos, empresas con sede en País Vasco y Cataluña, que compran su rentabilidad a golpe de influencia política, los proveedores estas empresas dependientes de la administración central y, por supuesto, las dos regiones donde tienen su domicilio fiscal financiando a los dos nacionalismos periféricos establecidos en estas dos regiones extractivas. La paradoja del centralismo español es que siempre ha significado privilegios para las provincias forales y Cataluña.
Vivimos, en rigor, en un nuevo feudalismo con una elite multiforme, un feudalismo en régimen de cooperativa obsesionado con la extracción de la plusvalía a través de los impuestos y el mantenimiento del statu quo de sus miembros. La lucha de clases de una sociedad moderna no es entre patrones y obreros, sino entre administradores y administrados. Esta es la gran diferencia social del siglo XXI. Hemos terminado reproduciendo la sociedad estamental, con el señor feudal sustituido por una hidra despersonalizada que se camufla para no ser desenmascarada.
La casta administrativa es una clase extractiva cuyo instrumento es el Estado. Un Estado extractivo explota con sus impuestos a toda la ciudadanía, lo hace de una manera más abusiva y entrometida que el más explotador de los empresarios. Y ni siquiera tiene la etiqueta de abusón. De hecho, tiene la paradójica etiqueta de generoso comunitarista. Es el engañabobos perfecto. Siempre han existido los gorrones, pero en estos tiempos los parásitos se disfrazan de idealistas. El sector público es un cortijo privado, cuando te dicen que es tuyo están insultando tu inteligencia. El mayor engaño es decir que lo público es del pueblo.¿Sientes que es tuyo? ¿Lo sientes tuyo cuando padeces la estatalización desenfrenada del día a día, cuando el Estado se entromete para controlar hasta los aspectos más insignificantes de tu vida con su caprichosa ingeniería social o étnica? ¿Cuando te tienen horas en una cola tras una ventanilla para pedirte un impreso irrelevante? ¿Cuando se inventan todo tipo de organizaciones paralelas donde colocar a sus afines, cuando te retienen tu sueldo para incrementar el presupuesto de cualquiera de sus ineficientes departamentos…?
A nuestros pícaros se les reconoce por proclamar en público su buena intención, su idealismo, su carácter altruista y su compromiso con el bien de los demás. Pero no son más que cortinas de humo para aprovecharse de la buena voluntad de los bienintencionados. Lo que siempre habíamos sabido, en el sistema social pijoprogre el buenismo es una forma de picaresca de lo trepas.
No existe mayor burla al marxismo que la de que unos tipos sin precariedad laboral, que viven sin la principal incertidumbre (saber de qué va a vivir uno pasado mañana), contratados de por vida, con un buen sueldo extractivo y unas condiciones laborales envidiables se autodenominen proletarios, sujetos de la historia y se nos presenten como la personificación de lo comunitario. Pero si hasta desarrollan los mismos vicios que los hijos de los millonarios y los rentistas: Se deprimen, se agarran bajas eternas, se vuelcan en sus aficiones que nada tienen que ver con su actividad diaria.
No todos lo son, pero hay mucho extractivo en la administración y en sus órbitas. Presupuestos desmesurados para organismos obsoletos e inoperantes como las mastodónticas televisiones públicas en las que alternan audiencias insignificantes con presentadores de sueldos infladísimos. Universidades Públicas donde hay demasiado profesor sin vocación enseñando programas anticuados porque no les da la gana reciclarse. Los sindicatos de profesores y la burocracia educativa bloquean cualquier innovación que los alumnos y el mercado propongan. Hacen perder el tiempo a los estudiantes que cuando se integran en el mercado de trabajo han de hacerlo como becarios para aprender de verdad lo que estos gandules no les han enseñado, con los enormes costes colectivos y de competitividad que esto supone. Además, sus métodos memorísticos, que buscan estandarizar los comportamientos demandandados por la ya prácticamente inexistente sociedad fabril, matan el talento y destruyen el factor más importante en la sociedad de la imaginación: la creatividad. La educativa es la institución más privilegiada, anquilosada y desincronizada con los tiempos de globalización. Eso sí, para mantener sus privilegios estamentales, señalar falsos culpables y jugar a revolucionarios engañando a lo más dócil de su alumnado se las pintan solos.
Mucho político comprando toda clase de medios de comunicación con propaganda institucional. Mucho organismo simbólico que vive de investigar y publicar insustancialidades, mucho personal robapañales en la sanidad, mucho médico trabajando también en la privada, mucho funcionario defensor de lo público que corre a Muface, un seguro médico privado… mucha “corrupción legal”, aunque no la llamemos así. Y ésta es la batalla y el mayor riesgo para la competitividad de nuestras empresas y del Estado del Bienestar.
En fin, que Marx está obsoleto, o lo está su simplificación, al menos. Porque en El Capital III también subrayó que la característica principal de todo sistema social, el factor decisivo depende siempre de las relaciones sociales reales, sobre todo por la forma de apropiación de la plusvalía del trabajo. Según él, la apropiación y reparto del producto excedente es lo que caracteriza a una sociedad y permite calificarla: “La forma económica específica en que se arranca al productor directo el trabajo sobrante no retribuido determina la relación de señorío y servidumbre tal como brota directamente de la producción y repercute, a su vez, de un modo determinante sobre ella. Y esto sirve luego de base a toda la estructura de la comunidad económica, derivada a su vez de las relaciones de producción y con ello, al mismo tiempo, su forma política específica.”
Ya no es el capitalista el que se apropia de la plusvalía, sino la administración con sus impuestos. Y esto es, según Marx, lo que caracteriza a una sociedad, la forma económica según la cual hay que definirla, lo que “determina la relación de señorío y servidumbre”. Y actualmente es la administración la que decide arbitrariamente por medio de favores y privilegios la creación de ciudadanos de primera, segunda o tercera pero, en rigor, no son clases sociales, son estamentos.
BENJAMINGRULLO
NOTAS: La gente no sabe lo que es la "sociedad estamental". Aquí se explicó, pero se olvida más deprisa que se aprende. La sociedad estamental es un concepto medieval y feudal. La sociedad estaba dividida en estamentos o grupos sociales a los que se accedía por razón de nacimiento. El clero y la nobleza eran estamentos. Los gremios de artesanos eran estamentos. Hoy día son estamentos los funcionarios, los militares, la casta política, la nobleza, el clero, los sindicatos, los partidos, las ONGs subvencionadas, LGTBI, el IBEX35, etc.
























