El ébola
llega en patera



El padre Miguel Pajares, repatriado desde Liberia tras verse afectado por el virus del ébola, ha fallecido el 12 de agosto en el Hospital Carlos III de Madrid. Mil medidas precautorias se han tomado para no infectar a nadie. El cuerpo ha sido incinerado. La habitación, desinfectada. Los médicos y enfermeras se hallan bajo control de temperatura durante 21 días. A uno de ellos se le ha practicado la prueba del ébola...

Los controles en los aeropuertos para vuelos que arriban desde los países afectados por la epidemia consisten en comprobar la temperatura corporal y la sudoración irregular de los viajeros. Aunque pueden estar en período de incubación de la enfermedad, y no detectarse síntomas del virus. Pero algo es algo. Se da por supuesto que quienes tienen pasaporte y dinero para volar no son vulnerables al contagio de una enfermedad que se ceba en la chusma.

Enlacemos otra noticia: el aluvión de inmigrantes en patera y saltando las vallas de seguridad de las ciudades autónomas españolas en África alcanza cotas nunca vistas. En un solo día, 920 alcanzaron las playas de Cádiz en al menos 84 lanchas hinchables. Otros 80, de los 750 que lo intentaron, lograron saltar la valla de Melilla. Policías e inmigrantes aseguran que no hay vigilancia en las costas de Marruecos, cuyo gobierno deja pasar las pateras sin impedimentos hacia España. Es la mayor oleada de sin papeles en un solo día de la historia de la inmigración española. Nadie se explica la causa.

¡Qué bien desinforman los medios! Nadie se explica la causa...

Pues la causa está clara: El aluvión de inmigrantes se debe a que huyen de la epidemia de ébola declarada en sus países respectivos: Sierra Leona, Liberia, Nigeria, Guinea...

Y nada impide que, entre esos inmigrantes, lleguen algunos infectados. Nada. El período de incubación es de 21 días. Sin embargo, nadie toma precauciones por estar en contacto con esos inmigrantes a los que nadie pone en cuarentena. Nadie es eficiente en el funcionariado de España, no vaya a quebrarse de trabajar o se le fundan las pocas neuronas vivas que le quedan en el cerebro. Los inmigrantes son trasladados en autocar a centros de internamiento en todos los rincones de España. Todos juntos y revueltos con conductores y guardias españoles.

La irresponsabilidad del Gobierno es absoluta. La primera noticia de las consecuencias de esa irresponsabilidad la tendremos más pronto que tarde.

ÁCRATAS


NOTA:  Lo más probable es que el ébola no constituya realmente ninguna amenaza para la humanidad, sino que sea sólo otro gran negocio de la industria del miedo.

Entendiendo por humanidad los casi 7.000 millones de personas que respiran en el planeta, al ébola le queda mucho camino por recorrer para constituir una amenaza para la misma. Para que el ébola constituya una amenaza para nuestra familia, basta con que exista. Porque el sentimiento de tal amenaza es parecido al que siente el que juega a la lotería: piensa que es posible que le toque, "porque a alguien le toca siempre". Y es diferente del sentimiento de tranquilidad que nos embarga cuando salimos en automóvil y no se nos ocurre que, aunque la probabilidad de que un accidente acabe con nuestras vida es mucho mayor que la de que nos toque la lotería, no es una amenaza real, porque podemos hacer algo para contrarrestarla, que es conducir bien, en vez de encomendarnos a San Cristóbal (o hacer ambas cosas).

Pues bien, contra la amenaza de que contraigamos el ébola también podemos aplicarnos. Primero, como país occidental que constituimos, organizado con un sistema sanitario adecuado para ello. Segundo, como colectivo municipal, tomando las medidas necesarias. Tercero, como grupo familiar, estando bien informados, lejos de la histeria colectiva que puedan tratar de desatar los medios a sueldo de las farmacéuticas y siendo higiénicamente cautos. Y cuarto, como personas, haciendo gala del sentido común necesario para obrar de acuerdo con la probabilidad real que en cada momento haya de que el ébola sea un problema real. Recordando las crisis de las fiebres aviar (neutralizada en origen por los chinos) y porcina, que fue un verdadero timo.



Revolución total
¿Podemos o no podemos?



Los dos grandes problemas de la sociedad humana contemporánea son el capitalismo —tanto financiero como productivo— y el estado. Ambos son gigantescos acumuladores de poder al control de cuyos mandos un líder adquiere la capacidad de alterar la forma del pensamiento, el modo de vida y hasta de muerte de los individuos, convirtiéndolos en consumidores y esclavos. El siglo XXI arrancó con un enfrentamiento entre ambos acumuladores de poder propiciado por el fenómeno de la globalización.

Globalizar es eludir a los estados y sus normas en la explotación de los individuos mediante las libres transferencias de capital. Por eso, el discurso cotidiano es que los estados, vencidos, en decadencia, se han puesto ahora al servicio del capital. La realidad es que el capital hace siglos que prospera en el negocio de erosionar a los estados, enfrentándolos a muerte unos con otros, para lo cual debe anotarse que financia y encumbra a los líderes más beligerantes y tiránicos. Tras el arrasamiento de Irak o Libia, y su entrega a la sinrazón de sendos estados islámicos, ni una brizna de hierba se mueve en el mundo sin financiación del capital. Pues si alguna osara hacerlo, sería arrasada de inmediato.

El capitalismo es consciente del peligro que las masas radicalizadas representan para sus intereses. Su experiencia le indica que cuando las masas enfurecidas son utilizadas contra el exceso de poder acumulado por el estado, sobreviene el caos y la barbarie. Ello es la consecuencia inevitable del continuado esfuerzo común del capitalismo y del estatalismo para embrutecer y materializar a los pueblos a base de venderles el bienestar económico como la única fuente de felicidad. Sin ética, el pueblo debe ser controlado férreamente, opinan los que explotan. Para ello, el capital ha desarrollado diversas formas de estado a su conveniencia, utilizando para ello herramientas de control social basadas en la mediática.

La democracia, entendida como representación del pueblo a través de profesionales de la política, es una de esas herramientas. Las ovejas eligen a sus pastores y se dejan trasquilar ordenadamente por los dueños del rebaño. Para que los pueblos acepten las democracias burguesas deben primero ser lobotomizados hasta arrancarles del cerebro todo rastro de ética que esté ligado a la inteligencia. Se admite, eso sí, la ética no inteligente, la religión; lo mismo que se admite la inteligencia amoral, el materialismo. Pero se persigue toda forma inteligente de reorganización ética basada en principios meta-revolucionarios.

Los pueblos del mundo han comprendido, a estas alturas, la falacia de la democracia occidental burguesa. Como consecuencia, los moralistas han reinstaurado estados fundamentalistas religiosos para los descerebrados, tanto en oriente como en occidente. y los materialistas han reactivado los fascismos, como sucede en EEUU o Ucrania; y los sistemas de explotación estatal de los pueblos, como pasa en China. Ambas tendencias van en la misma dirección, que es la permanencia y preeminencia del sistema de acumulación de poder del capitalismo financiero multinacional en progresivo detrimento del poder del funcionariado estatal, mera correa de transmisión de riqueza de las bases populares a las élites.

En este continuo estado de degradación de la situación mundial, España es seguramente el país occidental que sufre la más grave crisis económica y de peores consecuencias sociales, equiparable solamente a la de Grecia. En España, la problemática descrita más arriba se exhibe en toda su desnudez. El enfrentamiento entre globalistas y estatalistas se ha resuelto con la rendición de los segundos y su sometimiento a los primeros. Es un efecto antiguo que se ha ido acelerando desde la llegada del PSOE al poder, allá por 1982, hasta la crispación social actual regida por la estancia mayoritaria de la derecha liberal católica en parlamentos y gobiernos. El PPSOE, como se le nombra coloquialmente, y su sistema de satélites y bisagras partitocráticos autonómicos, se ha entregado al capitalismo financiero y se afana en el expolio de los pueblos de España para engordar a las castas privilegiadas a cambio de comisiones, que pone luego a buen recaudo en cuentas privadas de paraísos fiscales.

Ante el colapso de la fe popular en la democracia y en el estado, los poderes fácticos españoles están procediendo con todo descaro a su recauchutado y lavado de cara. Así deben entenderse medidas como la abdicación del corruptísimo Juan Carlos en su hijo Felipe VI "El Preparao" y la creación de nuevas formas de acumulación de la energía política del pueblo indignado.

Para evitar una revolución sangrienta se ha encumbrado al cénit de la popularidad la plataforma politico-ciudadana Podemos, cuyas raíces se anclan en el 15M y en el asamblearismo comunal. Buen fondo, por lo tanto, en principio. Un fondo que obliga a plantearse el estudio crítico de la plataforma con el fin de impedir que se transforme en otra forma de prolongación del régimen de partidos que tan bien le ha venido al capitalismo financiero. Un régimen que está ya agotado, exhalando sus últimos estertores.

Aclararé que acratas.net apoya y apoyará siempre las legítimas aspiraciones del pueblo a ampliar sus libertades, pero jamás amparará ninguna manipulación de esas aspiraciones, tendente a abortar el espíritu revolucionario de los posibles futuros votantes de Podemos. Los líderes de Podemos —el gran líder rodeado de una docena de apóstoles— se muestran manifiestamente ambiguos en ciertos asuntos que son clave para nosotros. Se dice que se trata de una ambigüedad calculada, para no asustar a las viejas, pero las viejas ya están asustadas: el apoyo explícito de Iglesias al chavismo no tiene precisamente un efecto relajante para su tensión arterial.

Así que la transparencia es crucial para que no se produzca una nueva estafa al pueblo. La primera cuestión es ser claros con el abrumador apoyo que los medios de prensa y televisión han prestado a la plataforma, mucho más allá de lo esperable, teniendo en cuenta que se trata de un grupo que está supuestamente dispuesto a perpetrar una revolución en España, y que esos medios dependen directamente del capitalismo financiero español e internacional. Dicho de otro modo, de haber sido Podemos ninguneado en la televisión, nadie habría sabido quiénes eran, ni los habría distinguido de otros partidos y coaliciones que se presentaron a las elecciones europeas sin ningún éxito.

Opino que Pablo Iglesias es, después de ver varias entrevistas concedidas por él a los medios, un mediocre incapaz de otra cosa que de repetir memes populares elaborados y edulcorados para su fácil digestión. Que sea un mediocre no sólo no nos importa, sino que nos parece que es bueno. No es conveniente que exista un Mesías salvador, sino que aparezcan miles de líderes en asambleas locales capaces de discursos mucho más radicales y elaborados, férreamente respaldados por sus asamblearios tras una votación democrática. Arguye Iglesias que los políticos existentes no nos representan, pero no aporta otra solución que cambiar de representantes, sin señalar que es el mecanismo representativo el que fracasa; habla de la crisis en que están inmersos los españoles, pero no señala que son Europa y la pertenencia a la moneda única los causantes, ni preconiza la salida inmediata de la zona Euro; lamenta la pérdida de derechos sociales de los españoles, pero no explica que China es el enemigo a batir por los empresarios, y que sin eliminar la explotación como sistema de competencia no hay derechos de ninguna clase, ni laborales, ni sociales, ni políticos ni personales. Podemos me recuerda al PSOE de 1980, con la UCD y el restofranquismo fachista en el poder aún. Y sus ambiguas promesas. Como aquella tan falaz del "OTAN, de entrada no".

Bien, no quiero seguir la crítica a Podemos sin antes aclarar que lo que trato es de, tras señalarlos, ponerle remedio a sus defectos y marcar el camino para convertir la plataforma en una alternativa revolucionaria viable. Para eso, la primera labor es hacer ver a sus votantes que todo movimiento que surge espontáneamente de las bases populares es acrático por naturaleza.

En efecto, mientras que el conformismo es monocorde, el descontento es variopinto. Los votantes de Podemos piensan de manera diversa, tienen problemas distintos, niveles educativos diferentes. Unos vienen de votar a la izquierda radical. Otros, a IU. Muchísimos, al PSOE. Algunos, a la derecha. Bastantes, llegan de la abstención. No se puede hacer un potaje ideológico con semejantes ingredientes. De ahí la ambigüedad y la dialéctica de los eslóganes que caracteriza a Podemos. Buena prueba de ello es que, cuando hablas con cualquiera de sus simpatizantes, y le señalas alguna idea que te parece imprescindible, te responde siempre:

—"Eso ya lo dice Pablo Iglesias".

—"Sin embargo —le contestas—, he leído el programa de Podemos y allí no está".

—"Bueno, eso es para no asustar a los conservadores".

Lo mismo que se decía en los primeros 80 del PSOE. Esperemos que no con la misma decepción que sintieron los que, al ganar el felipismo las elecciones en el 82, decían:

—"Se acabó el pagar el alquiler".

Así que la solución para acratas.net está clara. Acudir a las asambleas de Podemos y transformarlas en un nido revolucionario donde las cosas se digan y se pongan por escrito. Y luego se hagan circular horizontalmente. Y si Iglesias quiere, que las lea. Y si no, que le den por culo.

Se trata de exponer a las asambleas el concepto de "revolución total o integral" y dejar por escrito nuestras propuestas.

Y la primera cosa que debe quedar escrita en esas asambleas es que la política debe ser una actividad transitoria, amateur y únicamente remunerada por cada asamblea, cuando ello sea preciso, y que el fundamento territorial de la democracia asamblearia es el municipio. Y al que no le guste eso, que se dedique a otra cosa.

Y la segunda cosa que debe quedar escrita es que el trabajo asalariado debe desaparecer, siendo sustituido progresivamente por el cooperativo. Que la explotación es la fuente de toda indignidad y debe ser erradicada voluntariamente.

Y la tercera, que la emisión de dinero no puede ser un negocio privado, por lo que la banca debe ser un servicio público, cooperativo y local.

Y la cuarta, que toda injerencia de los estados extranjeros en España debe desaparecer. Que no puede haber bases militares de los USA/OTAN aquí, porque son un peligro para nuestra libertad, además de convertirnos en cómplices de genocidio. Y que, para ello, el pueblo debe tener inmediato acceso a las armas suficientes para defenderse y defender a sus familias.

Y la quinta, que la educación y la cultura son la base de toda ética. Que un pueblo inculto es un pueblo manipulable y degradable hasta el vómito.

Y la sexta, que la Ley debe ser poca y comprensible para todos, del más listo al más tonto. Quizás no algo tan breve como los diez mandamientos, pero tampoco mucho más largo que el Código de Hammurabi.

Y la séptima, que la propiedad privada se reduce al uso de las tierras por parte de quien las trabaja y de su familia, naturalmente heredable, pero no omnímodo, pues los seres humanos, cuando morimos, no nos llevamos nuestras propiedades a la tumba como los faraones, sino que somos enterrados en la tierra, que nos recicla. Es la tierra la que acaba por poseernos a nosotros, y no al revés.

Y la octava, que la vida no es consumo, sino la busca de la felicidad. Que la economía debe encogerse hasta llegar a la dimensión del hombre, y no al contrario.

Y la novena, que el estado no es nada más que una situación transitoria, cooperativa entre los pueblos para impedir que otros estados lleguen y nos esclavicen. Que el funcionario carece de sentido cuando no existe el monstruo que todo lo devora.

Y la décima que el hombre debe ser libre de pensamiento, palabra y acción, sin otro límite que la conculcación de las libertades ajenas, pues la permanente búsqueda de la libertad es lo que lo distingue del animal y le da arrestos para desuncirse de cualquier yugo.

Estas y mil ideas más deben machacarse una y otra vez en esas asambleas. Se acabaron los cheques en blanco para que otros nos saquen las castañas del fuego. Hay que participar y hacerlo todo por nosotros mismos. Y jamás dejarse reducir por el posibilismo, por el consenso, por el acuerdo con el enemigo. Hay que hablar alto y claro a los demás hasta que nos entiendan. Si les gusta, bien. Y si nos les gusta, que nos echen. Esta es una guerra total, y no se tomarán prisioneros. Así que muy pronto vamos a ver si Podemos o si no podemos.

ÁCRATAS



La libertad menguante en
Catalunya



Se ve en las caras de todos, sobre todo en las de los catalanes de pura cepa, esos de ocho apellidos. Se mastica en el ambiente. La vergüenza que ha producido la confesión de Jordi Pujol, reconociendo que su familia y su partido han estado robando a Catalunya desde el principio de los tiempos, ha triturado toda fuerza moral del poble català para reclamar nada: ni independencia ni muchísimo menos ninguna clase de control sobre la Hacienda Pública de los catalanes, que CiU ha estado saqueando sin misericordia siempre y en todo lugar en que ha ostentado el poder, metiendo la mano en el calaix. CiU es —siempre ha sido y ahora salta a la vista, con sus 15 casos de corrupción abiertos en los tribunales de Justicia— una banda organizada de ladrones. Por eso, días antes de la confesión del Capo di capi y Molt Honorable Alí Babà, Durán i Lleida se puso de perfil y dimitió irrevocablemente de su cargo como Secretari General de la pandilla, como representante de los sagrados intereses de las 300 Famílies del Pinyol, que son los que fagocitan los Presupuestos Generales desde siempre.

Ácratas ha venido denunciando la corrupción galopante en Catalunya desde su aparición como diario digital. Pasqual Maragall la corroboró en 2006 en sede parlamentaria. El Cap de l'Oposició de entonces, el hoy President de la Generalitat, Artur Mas, le exigió silencio "o no hi hauria Estatut" (¿qué clase de amenaza era esa? No. No era una amenaza, sino una advertencia: "Como tire yo también de la manta de tu 5% en el Ajuntament de Barcelona nos van a correr a todos a gorrazos".)

"Otra vez el mismo guión de opereta. Un advenedizo como Artur Mas, en una histérica e innecesaria huida hacia adelante, impulsada por el acoso de Hacienda a su patrimonio familiar (se le descubrieron cuentas en Suiza con saldo superior a los 137 millones de euros), ha roto el equilibrio de poder entre las derechas española y catalana y, con su reto soberanista (poniendo el aparato de la Generalitat a trabajar en manifestaciones multitudinarias, como la de los 500.000 catalanes haciendo la ola desde Figueras a Tortosa) ha arriesgado el patrimonio de todos los militantes de su partido. La primera consecuencia ha sido la ruina de la familia Pujol. Y como el Molt Honorable Jordi Pujol es un símbolo de Cataluña, la de toda la burguesía catalana que ha vivido siempre parasitando los Presupuestos Públicos (con Alfonso XIII, con Primo de Rivera, con la República, con Franco y, sobre todo, con este Régimen Transicional de Reparto autonómico.
El hundimiento del catalanismo soberanista de derechas (CiU) tendrá consecuencias graves en Cataluña. De momento, ha desmoralizado a la población catalana de centro e izquierda. A la de derechas no se la puede desmoralizar porque nunca ha tenido moral; siempre supo lo que se cocía en el Palau de la Generalitat. Por esa razón, los botiflers solo hablan de "refundar CiU" y de "recuperar el centro". O sea, dicen y quieren hacer exactamente lo mismo que dijeron e hicieron en su día UCD y Alianza Popular. A uno le salió mal. Al otro, bien. No hay nada peor para los ilusos que la destrucción de sus símbolos, el desmoronamiento de sus mitos, para la volatilización de sus irracionales quimeras.
Una gran parte de los votos de CiU emigrarán hacia menos evidentes pudrideros. Una parte importante, a ERC, que girará aún más a la derecha de lo que ya ha girado apoyando a Mas. Y otra parte, la más conservadora, al PPC.
Si en Cataluña hubiera habido en estos momentos un partido independentista de extrema derecha (no digo Nazi, nada de socialismo, sino uno como Alianza Popular en su día, un partido lepenista), CiU habría desaparecido de un plumazo en las próximas elecciones. Como no es así, habrá que ver el nuevo proyecto político del charnego José Antonio Durán Lérida, que es el listo de la clase, un verdadero animal político que siempre se opuso a las veleidades soberanistas de Artur Mas."

Habrá que esperar. Pero lo que está sucediendo hace bueno todo lo dicho por MESS desde siempre:

A pesar del martilleo a que ha sido sometida la maleable conciencia política de los españoles desde 1978, y que fue diseñado durante la Transición por los jefes de la futura Oligarquía de Partidos, aún quedan testigos que nos recuerdan lo que fue en realidad: una Gran Estafa democrática. Hay aún personas, como Antonio García-Trevijano que la vivieron y participaron en el proceso político post-franquista, que siguen recalcando que “la verdadera libertad política no instituye ni otorga las libertades y derechos civiles, sino que solamente, los reconoce como tesoro privado, los defiende como bien general y los promueve como ocupación de lo público.” Esta bella frase debiera ser reconocida como cierta incluso en un lugar tan reluctante a toda renovación y a todo reconocimiento de la realidad, como es Cataluña. Pero el nacionalismo catalán —que conozco hasta la náusea— restringe las libertades personales generales en aras de la supuesta libertad política de un exclusivo colectivo soberanista, y finge desconocer que, sin respeto a las libertades personales, toda “libertad política” es un fraude.

El independentismo catalán —no es la patria la que exige el sacrificio de la libertad, sino los “patriotas”—, y también el nacionalismo moderado, explican las aspiraciones a su propia libertad política colectiva como un sentimiento íntimo de pertenecer a un pueblo reprimido por un invasor extranjero, que es España. Se trata de una obsoleta reiteración de las soflamas de los tiempos en que el Dictador, conchabado con los mismos que hoy se dicen nacionalistas de derechas, reprimía los confusos sentimientos antifranquistas, de clase, de lengua y onanista-exclusivistas, de un reducidísimo colectivo informe —no masa—de curas rojos, terroristas de salón y locos de baba. Eran tiempos en los que se confundían —tal como sucede aún ahora en el País Vasco tutelado por la ETA—las ambiciones nacionalistas con las de igualdad social. Todas esas aspiraciones fueron canalizadas hacia el imperio de las oligarquías locales por la vía del “consenso” y la transacción del Estado de las Autonomías.

Consecuentemente, la Generalitat de Cataluña se ha amparado en la falsedad de que los derechos individuales privados son libertades de orden público, y ha legislado a lo largo de estos treinta años según su inspiración soberanista; y, con ello, ha ido limitando cada vez más la libertad de los catalanes, empujándolos a la servidumbre voluntaria o al exilio. La clase política catalana ha perdido de vista la realidad, que es que la libertad de cualquier ciudadano empieza y termina donde las de todos los demás, y es posible gracias a la libertad colectiva. En lugar de esto, que es tan obvio, los legisladores catalanes se han acogido al viejo aforismo de que “la libertad de uno acaba donde empieza la de los demás”, y lo ha reinterpretado torticeramente como que “las obligaciones legales como catalanes se aumentan a partir de donde acaban las que tienen como españoles”. Vivir conforme a las leyes catalanas —además de a las españolas— es no ser libre, pues no tenemos otro derecho que el de cumplir con nuestras obligaciones legales. Aquí no queda más ámbito para la Libertad que el de no cumplir la Ley, sea siendo un anarquista, un okupa, un tira-bolsos o un simple inmigrante que no habla ni entiende el catalán; o peor aún: ser alguien que, como yo mismo, no cumple su obligación estatutaria de contribuir con su esfuerzo a la construcción de la Nación Catalana, tenido por una “víctima del auto-odio”, tachado de ser un españolista.

Imitando al tardo-franquismo —y a todas las demás dictaduras en declive— el nacionalismo catalán compensa la restricción de la Libertad con la “tolerancia” ante el incumplimiento de la Ley. Así, aunque podría, no castiga al que no entiende el catalán, sino que sólo tolera que se lo margine socialmente y se lo empobrezca materialmente. Esa tolerancia, claro está, alcanza a otras áreas del delito: por eso se evidencia la flexibilidad en la represión de la ocupación de viviendas, la puesta en libertad inmediata de rateros y terroristas callejeros; o —como siempre— la impunidad para los delitos de corrupción política. Son los síntomas inconfundibles de la decadencia de la dictadura nacionalista.

Ni un solo partido catalán —ni siquiera Ciudadanos— parece ser consciente de que la libertad política, como libertad colectiva que es, no es una libertad más de entre las personales o de clase, sino la libertad de la que dimana el poder estatal, a causa de cuya ausencia en nuestra Partitocracia el Estado y la Sociedad son cada vez más irreconciliables, a pesar de los esfuerzos por corromper el uno —siempre al servicio del poder económico— a la otra mediante bienestares sociales y corrupciones educativas que la empobrecen culturalmente y que la preparan para que pueda ser estafada en sus derechos políticos. La Sociedad, por esas razones, no ve al Estado como algo que le es propio, sino como a un delegado del Poder Real que, amparándose en el exclusivo ejercicio de la fuerza, lo esquilma a cambio de cierta protección.

Como la Libertad siempre se adquiere o se aumenta en detrimento del Poder, la Libertad en Cataluña sólo se alcanzará restringiendo el poder nacionalista. Pero es que el poder de la Generalitat es delegado del poder del Estado Español, que es el cómplice necesario del complot para esta Gran Estafa en la que vivimos inmersos los españoles residentes en Cataluña. Por lo tanto, la Libertad de los catalanes sólo se conquistará cambiando el Estado Partitocrático por una Democracia verdadera en toda España. Y en eso estamos todos los españoles conscientes de la realidad. Pero sabed vosotros, compañeros de lucha del resto del Estado, que, u os dais prisa, o lo que encontraréis en Cataluña serán los huesos de los que, desde aquí, somos los mayores sacrificados por el Régimen desde la Transición.

¿Sueñan los feixistes con ovejas cuatribarradas?

Los partidos catalanes pro-independencia, igual que el 'millón y medio'(1) de manifestantes por la independencia, se olvidan de que el derecho a decidir de las naciones ——las naciones las constituyen personas—— no incluye la soberanía sobre los territorios que ocupan cuando éstos son compartidos con otra naciones. Tales disputas sobre la riqueza natural y la geografía se resuelven prácticamente siempre a tiros, como en Ucrania.

Mientras el proceso ilusorio sigue, desde Cataluña yo me pregunto: ¿Saben los fachas que lo son?(2) El Govern, que dicen que no descarta la proclamación de un Estado propio tras las elecciones; y el Gobierno, cuyos predecesores han creado el monstruo a base de investiduras bastardas, ¿qué harán con nosotros, los que somos catalanes por razón del mero empadronamiento en Cataluña? ¿Nos largará el Estado Español un pasaporte a cada uno para residir en el extranjero, protegidos al menos por una embajada y por el Derecho Internacional? ¿O venderá nuestros derechos y nuestros pellejos, como siempre ha hecho, para que nos añadan dos barras rojas a las dos que ya llevamos en el lomo? ¿Acabaremos como nacionales catalanes por imperativo legal? ¿Acaso puede haber un catalán independizado que piense en español o que sea un manifiesto desafecto al 'hecho diferencial'? ¿Sueñan acaso los fachosos catalanes con ovejas cuatribarradas?

Sin otra justificación que el fachismo evidente del gobierno de Rajoy en ideas, iniciativas y modos, se ha abierto el melón del fascismo autóctono catalán(3). El conflicto, cuya mayor manifestación social se produjo el 11 de septiembre en Barcelona, no es más que un enfrentamiento entre fuerzas oligárquicas catalanas y del resto de España. Lo peor es que los españoles residentes en Cataluña creen que todo esto no va con ellos, que es 'cosa de catalanes' (y cosa de burgueses, añado yo). Así que a nadie sorprenda el resultado de un referéndum pro-independencia en Cataluña. Igual que en el referéndum para la aprobación del Estatut de 2006 (que sólo ratificó uno de cada tres catalanes), puede haber baja participación y apoyo mayoritario de los concurrentes a la independencia.

MESS, 2007

NOTA:
(1) Es muy dudoso que la cifra superase la de la manifestación contra la guerra Irak del año 2003, con más de 550.000 personas. Muy, muy dudoso.

(2) Fascismo es la ideología cuyos adeptos, a pesar de ser minoría, se sienten con derecho a dirigir el destino de todos por razón del carácter indeleble que da un hecho diferencial, producto de una iluminación interior que les permite saber que han sido elegidos por los dioses para ello. De los 7 millones de habitantes de Cataluña hay sólo 800.000 almas con uno o los dos apellidos catalanes.

(3) Mas, que estuvo muy bien en su rueda de prensa tras la entrevista con el nefasto Rajoy, dejó claro que el camino a la independencia requería de un apoyo popular muy mayoritario. No explicó si se refería al referéndum o al apoyo parlamentario. Espero que a lo primero. Lo segundo sería una decisión ilegítima. El resto de partidos, excepción hecha de ICV son fachas absolutos, lo sepan o no sus militantes.




Sionismo fascista:
Tausendjährige Reich
Netanyahu imita y supera a Hitler








El primer ministro turco, Erdogan, ha acusado a Netanyahu de ser capaz de una barbarie que supera a la de Hitler. Tras denunciar los millares de muertos civiles asesinados por el ejército israelí en este último raid, ha acusado al país pirata de ejercer una fuerza desproporcionada contra los habitantes de la Franja. Nada nuevo, lo sabemos: Israel ha masacrado palestinos impunemente desde su formación como estado en 1948. Ya este diario acusó al régimen del estado genocida de Israel de ser claramente fascista (por más que el pueblo judío siguiera cobrando compensaciones del régimen democrático de Alemania por los daños físicos y morales sufridos por los judíos a causa del fascismo nazi). Y no lo dijimos como un mero insulto, sino que lo demostramos políticamente en este artículo de MESS, que republicamos ahora, por su oportunidad.

Desde el punto de vista ideológico, los fascismos históricos fueron variaciones sobre una idea revolucionaria que sellaba el eterno y firme compromiso, avalado por su propia sangre si era necesario, de unas élites de épicos hombres nuevos moralmente superiores conjurados para lograr la movilización de las masas y su encuadramiento total con el objetivo común de superar para siempre la crisis de valores, la decadencia moral, social y económica que sufrían sus naciones respectivas, poniendo énfasis en su repudio a la lucha de clases marxista. Apelaban al ultra-nacionalismo o identificación absoluta entre pueblo y estado; y propugnaban el autoritarismo y la democracia corporativa como alternativa a la corrupta e inoperante democracia burguesa.

Como ideal y como sistema organizativo para la superación de la gran crisis de entreguerras, el fascismo parece una ideología eficaz e irreprochable. Pero el proceso de materialización de cualquier ideal se llama corrupción, y se inicia justificando los medios para alcanzar el fin —que es lo modélico— y se consolida cuando se instaura el nuevo orden. Y siempre que se instaura un orden, se instaura al tiempo el proceso de corrupción del mismo. Por lo tanto, no perdiendo de vista el "supremo ideal fascista", lo que hay que observar son los procedimientos reales aplicados por los fascismos, sus acciones. Combinando los puntos de vista idealista, estratégico y táctico, el hecho histórico se ve de otra manera:

El fascismo fue un movimiento político totalitario que, igual que el comunismo, surgió en el mundo al calor de la necesidad, como reacción contra el liberalismo-burgués, contra la democracia de partidos y contra la usura de la sinarquía financiera internacional, a los que hacía responsables de la degradación moral y social del pueblo, humillado por la terrible crisis económica que desencadeno la I Guerra Mundial, agravada más tarde por la Gran Depresión del 29. Con fuertes raíces en la ideología ultra-nacionalista, en el sindicalismo revolucionario y en la izquierda no marxista, antepuso el fascismo la acción a la razón, usando la simbología del superhombre valeroso y cruel; y delegó el poder absoluto en un líder carismático —Duce, Führer o Generalísimo— que decidiría, apoyado por los cuadros del partido único, el destino universal del pueblo.

Para llegar al poder, en dura competencia con el internacionalismo comunista revolucionario, no dudó el fascismo en justificar los medios para alcanzar el fin —el modelo ultra-nacionalista—, en utilizar la confrontación violenta, el enaltecimiento de la raza o la añoranza de gloriosos pasados nacionales revisando la Historia, el victimismo, la denuncia y el acoso, la revuelta callejera y la demagogia, pues se dirigía el fascismo a los instintos del hombre, a sus sentimientos amparados por una nueva moral, no a su inteligencia.

El fascismo, al llegar al poder, fuera por la vía democrática, tras una marcha sobre la capital o mediante un sanguinario golpe de estado, se consolidó estableciendo su nuevo orden. Se situó por encima de las leyes internacionales e, identificando pueblo y estado, aun respetando la propiedad privada, tomó para sí la banca de la nación y la industria estratégica, ilegalizó los partidos políticos, utilizó la propaganda y la represión político-policial para encuadrar, mediante una democracia orgánica corporativista, a todos sus ciudadanos, obreros e industriales, en la consecución del bien común, que se definió en los objetivos del Estado. El fascismo fue un régimen militarizado, que se orientó hacia la anexión territorial, a la expansión colonialista y al imperialismo.

Todo ello conllevó rápidas mejoras económicas y sociales, pero degeneró en una corrupción institucional entre el poder empresarial-industrial y la administración de partido único. Aunque se prometían imperios que iban a durar mil años, los fascismos, por su propio carácter contingente, han desaparecido con la muerte del personaje carismático (u oportunista) que los lideró.

Los fascismos no pueden confundirse con las dictaduras militares impuestas por los EEUU en el mundo como forma de lucha contra el comunismo, pues éstas no tienen ideología, se limitan a servir a quien financió su asalto al poder. De hecho, el régimen español perduró tras la caída del Eje porque Franco no era fascista, sino un militar que usó la fuerza moral y la ideología nacional-sindicalista de Falange Española y las JONS para alcanzar el poder mediante un golpe de estado que se convirtió en una larga y crudelísima guerra civil; y, como buen estratega profesional —él era el general Franco, no los mediocres cabos Hitler y Mussolini—, rindió España al servicio de los norteamericanos y fue Jefe del Estado Español hasta su natural fallecimiento.

Pero "fascismos hay muchos", decía Ramiro Ledesma Ramos, verdadero ideólogo del Nacional-Sindicalismo español. Y opiniones sobre el fascismo, también —añado yo—. Y la mía es que el fascismo sigue existiendo en la actualidad. Y no me refiero al fascismo de los nostálgicos coleccionistas de esvásticas y bayonetas oxidadas, adictos a un fascismo menos sacrificado que verborreico. Tampoco a las miles de personas y asociaciones a las que es poder omnímodo e impune falsamente acusa de fascismo en cuanto se oponen a sus designios y se movilizan en las calles para manifestar su descontento. Todo eso son cortinas de humo. Yo me refiero al sionismo, que es una sofisticada y peligrosa variedad del fascismo. El último fascismo que habrá en la historia, posiblemente. Porque esta vez perdurará, por las razones que expongo.

¿Por qué insisto en que el sionismo sigue un modelo fascista, en vez de ser el contubernio internacional judeo-masónico, que señalaba el general Franco? Pues porque, a pesar de carecer del idealismo de los fascismos históricos, sus acciones reales encajan con las de estos'como las púas de dos peines idénticos'.

Para verlo claramente, hay que observar al sionismo en el lugar donde cristalizan sus esfuerzos, que es en el estado de Israel: El sionismo es allí racista no sólo con los árabes, sino que existe el racismo de judíos askenazíes respecto a hebreos; es un régimen totalitario, ultra-nacionalista, osado, espiritual, más sentimental que razonable, despectivo con las leyes internacionales a cuyo mandato se declara insumiso. Israel es un estado policial, militarizado, siempre en pie de guerra, cruel y victimista, mentiroso hasta la desfachatez, que mantiene al pueblo polarizado hacia el objetivo de expansión nacional, soez manipulador de la Historia, pues el fin justifica todos los medios.

Aunque el sionismo no se diga a sí mismo fascista, se comporta como los fascismos históricos lo hicieron en la práctica. Por eso en Israel se han alzado desde hace muchos años importantes voces que califican al régimen de judeo-nazi, como en 1948 hizo Einstein. El odio hacia la minoría árabe crece, y también el odio hacia el pueblo palestino ocupado que se asfixia en Gaza y Cisjordania, dos mayúsculos guetos-prisión mucho peores que el gueto judío de Varsovia. Los partidos que se alían por el poder parecen representantes de un remedo del corporativismo nacional sindicalista: el tercio ortodoxo, el tercio empresarial y el tercio sindical. Gran parte de los habitantes de su territorio actual no tiene derecho al voto, son considerados extranjeros en su propia tierra. La minoría musulmana con derecho a voto está "exenta del sericio militar", exactamente lo mismo que hizo Hitler con los judíos en cuanto llegó al poder: expulsarlos del ejército. El régimen democrático israelí está siempre en crisis, sólo han existido gobiernos de coalición, es decir, por acuerdo de intereses corporativos, orgánicos. Pero todo eso no es óbice para que todos los israelíes se sientan encuadrados en la causa común de la destrucción de los regímenes musulmanes vecinos, cuyos territorios ocuparán en su debido momento. El culto de la fuerza bruta se impone ante la seguridad de ser el pueblo elegido, profundamente arraigada en los israelitas. Diversas personalidades políticas han denunciado el fascismo sionista abiertamente:  el irano Ahmadineyad, desde hace muchos años, o el turco Erdogan este pasado marzo.

Sin embargo, cuando se observa el sionismo fuera de Israel, no es tan fácil detectar que se trata de una variación del fascismo. El lenguaje no es típicamente fascista, como el que se puede constatar en la prensa israelita. Es más, el aparato sionista mundial se ha apropiado del término 'fascista' para usarlo como arma arrojadiza contra cualquiera de sus oponentes como sinónimo de peligroso, violento e intolerante. La perplejidad ante esta doble imagen del sionismo, dentro y fuera de Israel, se esfuma en cuanto se comprende la razón: para el sionismo, Israel es el Estado y el resto del mundo son sus colonias.

El sionismo, al diferencia de los fascismos europeos, ha colonizado primero el mundo y, en el momento oportuno, tras la destrucción definitiva, absoluta de todos sus enemigos, ha recuperado su propio estado. Y como no puede haber fascismos sin estado, es a partir de 1948, con la creación de Israel, cediendo el Consejo Judío Mundial su papel al presidente de la República,  cuando se concreta el sionismo como un fascismo. Se materializa entonces la identidad del pueblo y el estado; y se sellan los sagrados vínculos de la unidad de todos los judíos para la consecución de un común objetivo: La expansión de su pequeño estado hasta el tamaño del Gran Israel bíblico, riquísimo en recursos y de incalculable valor estratégico. Y lo gestionarán los 8 millones de judíos israelitas apoyándose en su propia maquinaria de guerra y alquilando la ajena con el propio dinero del arrendador.

Esta inversión factual ha sido posible porque el sionismo se fundamenta en la rapacidad y el parasitismo presente siempre en los colonos. Los judíos de la Diáspora dominan el planeta. Ostentan la mayor parte de los cargos del alto funcionariado de los gobiernos occidentales y controlan el mundo financiero global gracias a su monopolio de emisión de la moneda norteamericana, y al secuestro de la banca internacional, la FED, el BCE, el BIS, el FMI, el Banco Mundial, etcétera. Pero ninguno de todos esos importantes judíos osa poner en duda que su patria es Israel, aunque algunos ostenten pasaporte nacional de la colonia que explotan. Y basta una leve indicación del Mossad para que cualquiera de ellos se ponga al servicio inmediato de Sión.

El fascismo sionista no es evidente ni aparatoso fuera de Israel. Es discreto, taimado, inteligente. No nace con un manifiesto pergeñado al calor de una gran crisis social, como el nacional-sindicalismo de Maurras-Sorel. Es un ultra-nacionalismo fascista calculador cuyos partidarios actúan coordinadamente siguiendo una agenda. Los reconocidamente falsos "Protocolos de los Sabios de Sión" parecen ser su manual de procedimiento. Por sus sorprendentes aciertos, su autor fue un visionario.

Siendo los sionistas gente osada y brillante, han sabido aprender de la historia de los demás fascismos y de la de sus adversarios, el liberalismo burgués y el comunismo. Dado el incalculable valor de esas experiencias previas, los conspiranoicos llegan a imaginarse que todos esos regímenes fueron financiados por el mismo Sión —mientras su propio fascismo hibernaba esperando su tiempo— como si se hubiera tratado de sesudos ensayos de laboratorio. Pero no es así: Sión se limita a sacar tajada de todo, pues se siente el amo en sus colonias.

El sionismo es un fascismo que no pretende salvar el mundo, sino dar el poder absoluto a los que considera auténticos seres humanos, un 4 por mil de la población del planeta, sobre el resto, meros sirvientes, animales con forma humana. Por lo tanto, en vez de encuadrar a la población del mundo hacia el bien común, aprovecha el caos, el terror, la guerra, la muerte y la miseria como herramientas en apoyo de su agenda, del mismo modo que los otros fascismos instigaban las riñas tribales para imponerse en sus colonias.

El sionismo es un fascismo que no necesita destruir la democracia inorgánica de partidos en sus colonias, sino que utiliza su innata corrupción en favor de sus intereses. Decide lo que deben legislar sus parlamentos corrompiendo a las cúpulas de los partidos que se alternan en el poder con su mismo dinero, que fabrica y administra el lobby judío. Y cuando se resisten a sus pretensiones, no duda en organizar un atentado de falsa bandera que sirva como detonante para instar a la acción, imitando el incendio del Reichstag de 1933, pero a lo grande, en directo en la televisión, con Hollywood asesorando la parte ficcionada del espectáculo.

El sionismo es un fascismo que utiliza la propaganda mediática global, pues controla la casi totalidad de los medios occidentales, prensa, radio y televisión, y la máquina de los sueños que es Hollywood. Sólo así es posible mantener vivo el mito del Holocausto, su talón de Aquiles —mito en el que adoctrinan también a sus jóvenes al llegar a la edad militar llevándolos de visita al parque temático de Auschwitz—, o el del 11-S, imposibles físicos ambos. El sionismo se la juega si cayera el mito holocáustico, pues es el símbolo que le permite pasar de verdugo a víctima impunemente y la razón por la que domina Europa; y por eso obliga a los parlamentos del mundo occidental a legislar contra la mera duda del mito, y prohibir su investigación histórica, lo nunca visto. No hay intelectual que resista esa apisonadora que todo lo aplasta, apoyada cuando falta hace por el linchamiento económico, moral y físico de sus opositores.

El sionismo es un fascismo que no se dirige a los instintos básicos de sus militantes, que son gente acomodada, sino a sus creencias, a su racismo innato, a su inteligencia y a su conveniencia. Pero ello no les resta fuerza moral para sentirse hombres individualmente superiores, imbatibles como colectivo, merced a su creencia de ser el pueblo elegido por designio divino. Sión cultiva, en cambio, los más primitivos instintos del populacho colonial planetario, al que esclaviza mientras lo empuja a la molicie, el hedonismo, la perversión moral y la miseria intelectual.

Pero la diferencia capital entre el sionismo y el resto de los fascismos que ha visto el mundo, la que hará que el fascismo sionista triunfe tarde o temprano, es que el sionismo es una forma del fascismo que no puede morir con su líder —Ben-Gurión, Dayan, Begin, Meir, Sharon, Netanyahu—. Porque el líder carismático del Sionismo se llama Jehová y no es mortal, sino un dios terrible, exigente y eterno.

MESS




Artículos anteriores

Clásicos más leídos de todos los tiempos