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Democracia
(...no lo es, no lo es...)



Democracia es el régimen cuya doctrina política establece un sistema de gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía, o sea, la autoridad suprema del poder público sobre un territorio y sus habitantes, mediante la elección libre de sus dirigentes. La Democracia requiere un régimen que establezca la independencia estricta de los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial; separados por el pueblo soberano para evitar que la concurrencia de tales poderes en las mismas personas corrompa el régimen y devenga éste en una oligocracia encubierta(1). La independencia estricta de los poderes del Estado sólo se logra mediante la elección libre por el pueblo, en procedimientos electorales distintos (lo que se expresa frecuentemente como "en urnas separadas"), de los representantes de cada uno de esos poderes; y se mantiene mediante la celosa vigilancia de cada poder sobre los otros en defensa de su propio ámbito competencial; y mediante el establecimiento de los procedimientos de control, por parte del pueblo, sobre el comportamiento de sus representantes: Desde el punto de vista de la legalidad, es el Poder Judicial, cuerpo funcionarial, el que impondrá el imperio de la Ley emanada del Parlamento al cuerpo político; y desde el punto de vista de la eficiencia, es el propio pueblo representado el que decide mediante el mandato imperativo de cada representante y un ágil procedimiento de destitución (o impeachment) en caso de corrupción manifiesta. Es precisamente ese control el que obliga al régimen a permitir al ciudadano identificar a un diputado concreto como propio representante en el Poder Legislativo.

Una vez comprendido lo anterior, llamar democracia a lo que organiza políticamente la España actual es malintencionado; y sería sin duda delictivo, si hubiera una verdadera Ley promulgada por el pueblo, en vez de por los partidos políticos(2).

En Ácratas, nadie pone en duda la legitimidad de la existencia de los partidos políticos, sino su pertinaz y avaricioso acaparamiento del ámbito de la política toda; de manera que, en España, ningún ciudadano puede ejercer sus derechos políticos si no es a través del filtro ideológico de un partido político. A veces, los partidarios llegan a mofarse del español que desea opinar políticamente diciéndole que si no le gusta lo que hay, constituya un partido político propio, a sabiendas, no sólo de la dificultad económica que ello conlleva, sino de la perversión que supone que la forma de pensar de un individuo deba homologarse con la de miles de otros individuos para constituir un cuerpo común partidario. La misma Constitución de 1978 bendice la exclusiva, el acaparamiento del ámbito de lo político, de los partidos y lo expresa taxativamente al pontificar que la libertad política de los españoles se manifiesta a través de estos. Y ello con todas sus consecuencias.

La consecuencia es que un ciudadano que desee expresar su opinión política, y no comulgue con las supuestas ideologías de los partidos que existen, no tiene posibilidad de ser representado. Es decir, que el régimen margina a sabiendas a todos los españoles que no se homologuen gregarios alrededor de un partido político concreto. Así, quien piense que en España, por ejemplo, deben construirse nuevas centrales nucleares, pero que debe prohibirse el despido libre, no tiene nadie que lo represente. Y, en general, suele ir a votar como mal menor (o sea, para evitar lo peor); o simplemente no va a votar, y se desentiende de la política.

El español medio se desentiende de la política porque sabe que no tiene voz (y que su voto está corrompido, pues da carta blanca al partido votado para que haga con él lo que le venga en gana, aún traicionando las opiniones de los votantes y hasta los propios programas electorales). El español medio se desentiende (como cualquier humano inteligente) de todo aquello que no puede controlar y resulta socialmente perjudicial: de los terremotos, de los tsunamis, de las epidemias y de los partidos políticos. Y se limita a lamentar las consecuencias de tales desgracias incontrolables: e igual que lamenta que Dios no controle las catástrofes de la Naturaleza, lamenta también no controlar su destino social por no tener verdaderos representantes políticos.

El español no tiene representantes políticos en los diputados electos, ni aunque sean del partido de sus preferencias dentro del arco parlamentario, porque los diputados a quien representan exclusivamente es a su partido, que les ordena (a mano alzada, con los dedos, el jefe de filas, lo que deben votar en cada ley o propuesta en el Congreso y el Senado). Y es el partido el que (supuestamente) representa a sus votantes, porque la plebe no puede votar personas, sino siglas partidarias; y es la cúpula de la ejecutiva del partido la que interpreta lo que sus votantes desean (es decir, hace encuestas para conocer la caída en la intención de voto cada cierto período de desmanes en la gestión política, económica y social) mediante las herramientas del márquetin de masas. Porque la representación política, como la de cualquier otro tipo, requiere la garantía del control permanente del representado a su representante. Si no, es otra cosa, aunque se intente engañar al ciudadano con palabrería formal. Nadie puede representar a otro en ninguna gestión concreta (como la del voto en una ley) si la opinión de ese otro no es primero escuchada por el representante. Eso, que es obvio cuando pagamos la minuta a un representante en algún negocio o gestión (un abogado, un arquitecto, un intermediario, etc), no se verifica en el sistema político español.

El sistema político español está a caballo entre la dictadura de la que proviene sin ruptura (fue acuerdo, transición, pacto, consenso, conceptos todos no democráticos, sino oligárquicos) y la verdadera democracia. De manera que llamar al Régimen monárquico-parlamentario español DEMOCRACIA es tan inexacto y tan injusto como calificarlo de DICTADURA. Cualquiera que haya leído esto, y se sienta sorprendido o incluso insultado, y desee comprobar la veracidad de nuestro aserto, limítese a asomarse al otro lado de lo Pirineos (esos montes que siempre nos han separado de Europa) y eche un vistazo en Francia a lo que es una ciudadanía organizada, orgullosa de sí misma, de su historia y de sus conquistas.

Cualquier país que vive más de 70 años seguidos en el oprobio de la dictadura franquista y del apaño postfranquista transicional cocotero NO TIENE CIUDADANÍA, sino habitantes: pueblo y casta dirigente; explotados y mangantes; corderos y perros pastores; votantes y mafias organizadas de corruptos. La ausencia de toda reacción popular ante la crisis actual, que está destruyendo todo progreso acumulado en los últimos 30 años, demuestra lo que escribo, lo que todos aquí sabemos.

MESS

NOTAS: (1) Que es exactamente lo que sucede en el Régimen español, donde el Legislativo elige al Ejecutivo y al Judicial y donde los tres poderes del Estado se ponen luego a disposición del Presidente del Gobierno, que puede actuar como un dictador, haciendo o deshaciendo leyes, sin más necesidad que la de mantener el apoyo parlamentario durante la legislatura, lo que consigue repartiendo dinero, cargos y prebendas entre sus acólitos.

(2) La corrupción salvaje consigue que la oligocracia, ávida de dinero fácil y sin control judicial (que participa del pastel), se ponga al servicio del poder económico (banca, multinacionales y los gobiernos de terceros países interesados en la posición geo-estratégica de España. Por lo que, resumiendo, España es, en fin, una Plutocracia (el poder es de los ricos, que dictan las leyes a su antojo) que maneja, como un ventrílocuo, los hilos de un muñeco, de un títere que es una Oligocracia de partidos, que se finge a su vez una Democracia, gracias al apoyo interesado los medios de comunicación, que pertenecen a los plutócratas. Y el círculo se cierra alrededor de los cuellos (y de los cojones) de los españoles, que lo toleramos.




La libertad menguante en
Catalunya



Se ve en las caras de todos, sobre todo en las de los catalanes de pura cepa, esos de ocho apellidos. Se mastica en el ambiente. La vergüenza que ha producido la confesión de Jordi Pujol, reconociendo que su familia y su partido han estado robando a Catalunya desde el principio de los tiempos, ha triturado toda fuerza moral del poble català para reclamar nada: ni independencia ni muchísimo menos ninguna clase de control sobre la Hacienda Pública de los catalanes, que CiU ha estado saqueando sin misericordia siempre y en todo lugar en que ha ostentado el poder, metiendo la mano en el calaix. CiU es —siempre ha sido y ahora salta a la vista, con sus 15 casos de corrupción abiertos en los tribunales de Justicia— una banda organizada de ladrones. Por eso, días antes de la confesión del Capo di capi y Molt Honorable Alí Babà, Durán i Lleida se puso de perfil y dimitió irrevocablemente de su cargo como Secretari General de la pandilla, como representante de los sagrados intereses de las 300 Famílies del Pinyol, que son los que fagocitan los Presupuestos Generales desde siempre.

Ácratas ha venido denunciando la corrupción galopante en Catalunya desde su aparición como diario digital. Pasqual Maragall la corroboró en 2006 en sede parlamentaria. El Cap de l'Oposició de entonces, el hoy President de la Generalitat, Artur Mas, le exigió silencio "o no hi hauria Estatut" (¿qué clase de amenaza era esa? No. No era una amenaza, sino una advertencia: "Como tire yo también de la manta de tu 5% en el Ajuntament de Barcelona nos van a correr a todos a gorrazos".)

"Otra vez el mismo guión de opereta. Un advenedizo como Artur Mas, en una histérica e innecesaria huida hacia adelante, impulsada por el acoso de Hacienda a su patrimonio familiar (se le descubrieron cuentas en Suiza con saldo superior a los 137 millones de euros), ha roto el equilibrio de poder entre las derechas española y catalana y, con su reto soberanista (poniendo el aparato de la Generalitat a trabajar en manifestaciones multitudinarias, como la de los 500.000 catalanes haciendo la ola desde Figueras a Tortosa) ha arriesgado el patrimonio de todos los militantes de su partido. La primera consecuencia ha sido la ruina de la familia Pujol. Y como el Molt Honorable Jordi Pujol es un símbolo de Cataluña, la de toda la burguesía catalana que ha vivido siempre parasitando los Presupuestos Públicos (con Alfonso XIII, con Primo de Rivera, con la República, con Franco y, sobre todo, con este Régimen Transicional de Reparto autonómico.
El hundimiento del catalanismo soberanista de derechas (CiU) tendrá consecuencias graves en Cataluña. De momento, ha desmoralizado a la población catalana de centro e izquierda. A la de derechas no se la puede desmoralizar porque nunca ha tenido moral; siempre supo lo que se cocía en el Palau de la Generalitat. Por esa razón, los botiflers solo hablan de "refundar CiU" y de "recuperar el centro". O sea, dicen y quieren hacer exactamente lo mismo que dijeron e hicieron en su día UCD y Alianza Popular. A uno le salió mal. Al otro, bien. No hay nada peor para los ilusos que la destrucción de sus símbolos, el desmoronamiento de sus mitos, para la volatilización de sus irracionales quimeras.
Una gran parte de los votos de CiU emigrarán hacia menos evidentes pudrideros. Una parte importante, a ERC, que girará aún más a la derecha de lo que ya ha girado apoyando a Mas. Y otra parte, la más conservadora, al PPC.
Si en Cataluña hubiera habido en estos momentos un partido independentista de extrema derecha (no digo Nazi, nada de socialismo, sino uno como Alianza Popular en su día, un partido lepenista), CiU habría desaparecido de un plumazo en las próximas elecciones. Como no es así, habrá que ver el nuevo proyecto político del charnego José Antonio Durán Lérida, que es el listo de la clase, un verdadero animal político que siempre se opuso a las veleidades soberanistas de Artur Mas."

Habrá que esperar. Pero lo que está sucediendo hace bueno todo lo dicho por MESS desde siempre:

A pesar del martilleo a que ha sido sometida la maleable conciencia política de los españoles desde 1978, y que fue diseñado durante la Transición por los jefes de la futura Oligarquía de Partidos, aún quedan testigos que nos recuerdan lo que fue en realidad: una Gran Estafa democrática. Hay aún personas, como Antonio García-Trevijano que la vivieron y participaron en el proceso político post-franquista, que siguen recalcando que “la verdadera libertad política no instituye ni otorga las libertades y derechos civiles, sino que solamente, los reconoce como tesoro privado, los defiende como bien general y los promueve como ocupación de lo público.” Esta bella frase debiera ser reconocida como cierta incluso en un lugar tan reluctante a toda renovación y a todo reconocimiento de la realidad, como es Cataluña. Pero el nacionalismo catalán —que conozco hasta la náusea— restringe las libertades personales generales en aras de la supuesta libertad política de un exclusivo colectivo soberanista, y finge desconocer que, sin respeto a las libertades personales, toda “libertad política” es un fraude.

El independentismo catalán —no es la patria la que exige el sacrificio de la libertad, sino los “patriotas”—, y también el nacionalismo moderado, explican las aspiraciones a su propia libertad política colectiva como un sentimiento íntimo de pertenecer a un pueblo reprimido por un invasor extranjero, que es España. Se trata de una obsoleta reiteración de las soflamas de los tiempos en que el Dictador, conchabado con los mismos que hoy se dicen nacionalistas de derechas, reprimía los confusos sentimientos antifranquistas, de clase, de lengua y onanista-exclusivistas, de un reducidísimo colectivo informe —no masa—de curas rojos, terroristas de salón y locos de baba. Eran tiempos en los que se confundían —tal como sucede aún ahora en el País Vasco tutelado por la ETA—las ambiciones nacionalistas con las de igualdad social. Todas esas aspiraciones fueron canalizadas hacia el imperio de las oligarquías locales por la vía del “consenso” y la transacción del Estado de las Autonomías.

Consecuentemente, la Generalitat de Cataluña se ha amparado en la falsedad de que los derechos individuales privados son libertades de orden público, y ha legislado a lo largo de estos treinta años según su inspiración soberanista; y, con ello, ha ido limitando cada vez más la libertad de los catalanes, empujándolos a la servidumbre voluntaria o al exilio. La clase política catalana ha perdido de vista la realidad, que es que la libertad de cualquier ciudadano empieza y termina donde las de todos los demás, y es posible gracias a la libertad colectiva. En lugar de esto, que es tan obvio, los legisladores catalanes se han acogido al viejo aforismo de que “la libertad de uno acaba donde empieza la de los demás”, y lo ha reinterpretado torticeramente como que “las obligaciones legales como catalanes se aumentan a partir de donde acaban las que tienen como españoles”. Vivir conforme a las leyes catalanas —además de a las españolas— es no ser libre, pues no tenemos otro derecho que el de cumplir con nuestras obligaciones legales. Aquí no queda más ámbito para la Libertad que el de no cumplir la Ley, sea siendo un anarquista, un okupa, un tira-bolsos o un simple inmigrante que no habla ni entiende el catalán; o peor aún: ser alguien que, como yo mismo, no cumple su obligación estatutaria de contribuir con su esfuerzo a la construcción de la Nación Catalana, tenido por una “víctima del auto-odio”, tachado de ser un españolista.

Imitando al tardo-franquismo —y a todas las demás dictaduras en declive— el nacionalismo catalán compensa la restricción de la Libertad con la “tolerancia” ante el incumplimiento de la Ley. Así, aunque podría, no castiga al que no entiende el catalán, sino que sólo tolera que se lo margine socialmente y se lo empobrezca materialmente. Esa tolerancia, claro está, alcanza a otras áreas del delito: por eso se evidencia la flexibilidad en la represión de la ocupación de viviendas, la puesta en libertad inmediata de rateros y terroristas callejeros; o —como siempre— la impunidad para los delitos de corrupción política. Son los síntomas inconfundibles de la decadencia de la dictadura nacionalista.

Ni un solo partido catalán —ni siquiera Ciudadanos— parece ser consciente de que la libertad política, como libertad colectiva que es, no es una libertad más de entre las personales o de clase, sino la libertad de la que dimana el poder estatal, a causa de cuya ausencia en nuestra Partitocracia el Estado y la Sociedad son cada vez más irreconciliables, a pesar de los esfuerzos por corromper el uno —siempre al servicio del poder económico— a la otra mediante bienestares sociales y corrupciones educativas que la empobrecen culturalmente y que la preparan para que pueda ser estafada en sus derechos políticos. La Sociedad, por esas razones, no ve al Estado como algo que le es propio, sino como a un delegado del Poder Real que, amparándose en el exclusivo ejercicio de la fuerza, lo esquilma a cambio de cierta protección.

Como la Libertad siempre se adquiere o se aumenta en detrimento del Poder, la Libertad en Cataluña sólo se alcanzará restringiendo el poder nacionalista. Pero es que el poder de la Generalitat es delegado del poder del Estado Español, que es el cómplice necesario del complot para esta Gran Estafa en la que vivimos inmersos los españoles residentes en Cataluña. Por lo tanto, la Libertad de los catalanes sólo se conquistará cambiando el Estado Partitocrático por una Democracia verdadera en toda España. Y en eso estamos todos los españoles conscientes de la realidad. Pero sabed vosotros, compañeros de lucha del resto del Estado, que, u os dais prisa, o lo que encontraréis en Cataluña serán los huesos de los que, desde aquí, somos los mayores sacrificados por el Régimen desde la Transición.

¿Sueñan los feixistes con ovejas cuatribarradas?

Los partidos catalanes pro-independencia, igual que el 'millón y medio'(1) de manifestantes por la independencia, se olvidan de que el derecho a decidir de las naciones ——las naciones las constituyen personas—— no incluye la soberanía sobre los territorios que ocupan cuando éstos son compartidos con otra naciones. Tales disputas sobre la riqueza natural y la geografía se resuelven prácticamente siempre a tiros, como en Ucrania.

Mientras el proceso ilusorio sigue, desde Cataluña yo me pregunto: ¿Saben los fachas que lo son?(2) El Govern, que dicen que no descarta la proclamación de un Estado propio tras las elecciones; y el Gobierno, cuyos predecesores han creado el monstruo a base de investiduras bastardas, ¿qué harán con nosotros, los que somos catalanes por razón del mero empadronamiento en Cataluña? ¿Nos largará el Estado Español un pasaporte a cada uno para residir en el extranjero, protegidos al menos por una embajada y por el Derecho Internacional? ¿O venderá nuestros derechos y nuestros pellejos, como siempre ha hecho, para que nos añadan dos barras rojas a las dos que ya llevamos en el lomo? ¿Acabaremos como nacionales catalanes por imperativo legal? ¿Acaso puede haber un catalán independizado que piense en español o que sea un manifiesto desafecto al 'hecho diferencial'? ¿Sueñan acaso los fachosos catalanes con ovejas cuatribarradas?

Sin otra justificación que el fachismo evidente del gobierno de Rajoy en ideas, iniciativas y modos, se ha abierto el melón del fascismo autóctono catalán(3). El conflicto, cuya mayor manifestación social se produjo el 11 de septiembre en Barcelona, no es más que un enfrentamiento entre fuerzas oligárquicas catalanas y del resto de España. Lo peor es que los españoles residentes en Cataluña creen que todo esto no va con ellos, que es 'cosa de catalanes' (y cosa de burgueses, añado yo). Así que a nadie sorprenda el resultado de un referéndum pro-independencia en Cataluña. Igual que en el referéndum para la aprobación del Estatut de 2006 (que sólo ratificó uno de cada tres catalanes), puede haber baja participación y apoyo mayoritario de los concurrentes a la independencia.

MESS, 2007

NOTA:
(1) Es muy dudoso que la cifra superase la de la manifestación contra la guerra Irak del año 2003, con más de 550.000 personas. Muy, muy dudoso.

(2) Fascismo es la ideología cuyos adeptos, a pesar de ser minoría, se sienten con derecho a dirigir el destino de todos por razón del carácter indeleble que da un hecho diferencial, producto de una iluminación interior que les permite saber que han sido elegidos por los dioses para ello. De los 7 millones de habitantes de Cataluña hay sólo 800.000 almas con uno o los dos apellidos catalanes.

(3) Mas, que estuvo muy bien en su rueda de prensa tras la entrevista con el nefasto Rajoy, dejó claro que el camino a la independencia requería de un apoyo popular muy mayoritario. No explicó si se refería al referéndum o al apoyo parlamentario. Espero que a lo primero. Lo segundo sería una decisión ilegítima. El resto de partidos, excepción hecha de ICV son fachas absolutos, lo sepan o no sus militantes.




Sionismo fascista:
Tausendjährige Reich
Netanyahu imita y supera a Hitler








El primer ministro turco, Erdogan, ha acusado a Netanyahu de ser capaz de una barbarie que supera a la de Hitler. Tras denunciar los millares de muertos civiles asesinados por el ejército israelí en este último raid, ha acusado al país pirata de ejercer una fuerza desproporcionada contra los habitantes de la Franja. Nada nuevo, lo sabemos: Israel ha masacrado palestinos impunemente desde su formación como estado en 1948. Ya este diario acusó al régimen del estado genocida de Israel de ser claramente fascista (por más que el pueblo judío siguiera cobrando compensaciones del régimen democrático de Alemania por los daños físicos y morales sufridos por los judíos a causa del fascismo nazi). Y no lo dijimos como un mero insulto, sino que lo demostramos políticamente en este artículo de MESS, que republicamos ahora, por su oportunidad.

Desde el punto de vista ideológico, los fascismos históricos fueron variaciones sobre una idea revolucionaria que sellaba el eterno y firme compromiso, avalado por su propia sangre si era necesario, de unas élites de épicos hombres nuevos moralmente superiores conjurados para lograr la movilización de las masas y su encuadramiento total con el objetivo común de superar para siempre la crisis de valores, la decadencia moral, social y económica que sufrían sus naciones respectivas, poniendo énfasis en su repudio a la lucha de clases marxista. Apelaban al ultra-nacionalismo o identificación absoluta entre pueblo y estado; y propugnaban el autoritarismo y la democracia corporativa como alternativa a la corrupta e inoperante democracia burguesa.

Como ideal y como sistema organizativo para la superación de la gran crisis de entreguerras, el fascismo parece una ideología eficaz e irreprochable. Pero el proceso de materialización de cualquier ideal se llama corrupción, y se inicia justificando los medios para alcanzar el fin —que es lo modélico— y se consolida cuando se instaura el nuevo orden. Y siempre que se instaura un orden, se instaura al tiempo el proceso de corrupción del mismo. Por lo tanto, no perdiendo de vista el "supremo ideal fascista", lo que hay que observar son los procedimientos reales aplicados por los fascismos, sus acciones. Combinando los puntos de vista idealista, estratégico y táctico, el hecho histórico se ve de otra manera:

El fascismo fue un movimiento político totalitario que, igual que el comunismo, surgió en el mundo al calor de la necesidad, como reacción contra el liberalismo-burgués, contra la democracia de partidos y contra la usura de la sinarquía financiera internacional, a los que hacía responsables de la degradación moral y social del pueblo, humillado por la terrible crisis económica que desencadeno la I Guerra Mundial, agravada más tarde por la Gran Depresión del 29. Con fuertes raíces en la ideología ultra-nacionalista, en el sindicalismo revolucionario y en la izquierda no marxista, antepuso el fascismo la acción a la razón, usando la simbología del superhombre valeroso y cruel; y delegó el poder absoluto en un líder carismático —Duce, Führer o Generalísimo— que decidiría, apoyado por los cuadros del partido único, el destino universal del pueblo.

Para llegar al poder, en dura competencia con el internacionalismo comunista revolucionario, no dudó el fascismo en justificar los medios para alcanzar el fin —el modelo ultra-nacionalista—, en utilizar la confrontación violenta, el enaltecimiento de la raza o la añoranza de gloriosos pasados nacionales revisando la Historia, el victimismo, la denuncia y el acoso, la revuelta callejera y la demagogia, pues se dirigía el fascismo a los instintos del hombre, a sus sentimientos amparados por una nueva moral, no a su inteligencia.

El fascismo, al llegar al poder, fuera por la vía democrática, tras una marcha sobre la capital o mediante un sanguinario golpe de estado, se consolidó estableciendo su nuevo orden. Se situó por encima de las leyes internacionales e, identificando pueblo y estado, aun respetando la propiedad privada, tomó para sí la banca de la nación y la industria estratégica, ilegalizó los partidos políticos, utilizó la propaganda y la represión político-policial para encuadrar, mediante una democracia orgánica corporativista, a todos sus ciudadanos, obreros e industriales, en la consecución del bien común, que se definió en los objetivos del Estado. El fascismo fue un régimen militarizado, que se orientó hacia la anexión territorial, a la expansión colonialista y al imperialismo.

Todo ello conllevó rápidas mejoras económicas y sociales, pero degeneró en una corrupción institucional entre el poder empresarial-industrial y la administración de partido único. Aunque se prometían imperios que iban a durar mil años, los fascismos, por su propio carácter contingente, han desaparecido con la muerte del personaje carismático (u oportunista) que los lideró.

Los fascismos no pueden confundirse con las dictaduras militares impuestas por los EEUU en el mundo como forma de lucha contra el comunismo, pues éstas no tienen ideología, se limitan a servir a quien financió su asalto al poder. De hecho, el régimen español perduró tras la caída del Eje porque Franco no era fascista, sino un militar que usó la fuerza moral y la ideología nacional-sindicalista de Falange Española y las JONS para alcanzar el poder mediante un golpe de estado que se convirtió en una larga y crudelísima guerra civil; y, como buen estratega profesional —él era el general Franco, no los mediocres cabos Hitler y Mussolini—, rindió España al servicio de los norteamericanos y fue Jefe del Estado Español hasta su natural fallecimiento.

Pero "fascismos hay muchos", decía Ramiro Ledesma Ramos, verdadero ideólogo del Nacional-Sindicalismo español. Y opiniones sobre el fascismo, también —añado yo—. Y la mía es que el fascismo sigue existiendo en la actualidad. Y no me refiero al fascismo de los nostálgicos coleccionistas de esvásticas y bayonetas oxidadas, adictos a un fascismo menos sacrificado que verborreico. Tampoco a las miles de personas y asociaciones a las que es poder omnímodo e impune falsamente acusa de fascismo en cuanto se oponen a sus designios y se movilizan en las calles para manifestar su descontento. Todo eso son cortinas de humo. Yo me refiero al sionismo, que es una sofisticada y peligrosa variedad del fascismo. El último fascismo que habrá en la historia, posiblemente. Porque esta vez perdurará, por las razones que expongo.

¿Por qué insisto en que el sionismo sigue un modelo fascista, en vez de ser el contubernio internacional judeo-masónico, que señalaba el general Franco? Pues porque, a pesar de carecer del idealismo de los fascismos históricos, sus acciones reales encajan con las de estos'como las púas de dos peines idénticos'.

Para verlo claramente, hay que observar al sionismo en el lugar donde cristalizan sus esfuerzos, que es en el estado de Israel: El sionismo es allí racista no sólo con los árabes, sino que existe el racismo de judíos askenazíes respecto a hebreos; es un régimen totalitario, ultra-nacionalista, osado, espiritual, más sentimental que razonable, despectivo con las leyes internacionales a cuyo mandato se declara insumiso. Israel es un estado policial, militarizado, siempre en pie de guerra, cruel y victimista, mentiroso hasta la desfachatez, que mantiene al pueblo polarizado hacia el objetivo de expansión nacional, soez manipulador de la Historia, pues el fin justifica todos los medios.

Aunque el sionismo no se diga a sí mismo fascista, se comporta como los fascismos históricos lo hicieron en la práctica. Por eso en Israel se han alzado desde hace muchos años importantes voces que califican al régimen de judeo-nazi, como en 1948 hizo Einstein. El odio hacia la minoría árabe crece, y también el odio hacia el pueblo palestino ocupado que se asfixia en Gaza y Cisjordania, dos mayúsculos guetos-prisión mucho peores que el gueto judío de Varsovia. Los partidos que se alían por el poder parecen representantes de un remedo del corporativismo nacional sindicalista: el tercio ortodoxo, el tercio empresarial y el tercio sindical. Gran parte de los habitantes de su territorio actual no tiene derecho al voto, son considerados extranjeros en su propia tierra. La minoría musulmana con derecho a voto está "exenta del sericio militar", exactamente lo mismo que hizo Hitler con los judíos en cuanto llegó al poder: expulsarlos del ejército. El régimen democrático israelí está siempre en crisis, sólo han existido gobiernos de coalición, es decir, por acuerdo de intereses corporativos, orgánicos. Pero todo eso no es óbice para que todos los israelíes se sientan encuadrados en la causa común de la destrucción de los regímenes musulmanes vecinos, cuyos territorios ocuparán en su debido momento. El culto de la fuerza bruta se impone ante la seguridad de ser el pueblo elegido, profundamente arraigada en los israelitas. Diversas personalidades políticas han denunciado el fascismo sionista abiertamente:  el irano Ahmadineyad, desde hace muchos años, o el turco Erdogan este pasado marzo.

Sin embargo, cuando se observa el sionismo fuera de Israel, no es tan fácil detectar que se trata de una variación del fascismo. El lenguaje no es típicamente fascista, como el que se puede constatar en la prensa israelita. Es más, el aparato sionista mundial se ha apropiado del término 'fascista' para usarlo como arma arrojadiza contra cualquiera de sus oponentes como sinónimo de peligroso, violento e intolerante. La perplejidad ante esta doble imagen del sionismo, dentro y fuera de Israel, se esfuma en cuanto se comprende la razón: para el sionismo, Israel es el Estado y el resto del mundo son sus colonias.

El sionismo, al diferencia de los fascismos europeos, ha colonizado primero el mundo y, en el momento oportuno, tras la destrucción definitiva, absoluta de todos sus enemigos, ha recuperado su propio estado. Y como no puede haber fascismos sin estado, es a partir de 1948, con la creación de Israel, cediendo el Consejo Judío Mundial su papel al presidente de la República,  cuando se concreta el sionismo como un fascismo. Se materializa entonces la identidad del pueblo y el estado; y se sellan los sagrados vínculos de la unidad de todos los judíos para la consecución de un común objetivo: La expansión de su pequeño estado hasta el tamaño del Gran Israel bíblico, riquísimo en recursos y de incalculable valor estratégico. Y lo gestionarán los 8 millones de judíos israelitas apoyándose en su propia maquinaria de guerra y alquilando la ajena con el propio dinero del arrendador.

Esta inversión factual ha sido posible porque el sionismo se fundamenta en la rapacidad y el parasitismo presente siempre en los colonos. Los judíos de la Diáspora dominan el planeta. Ostentan la mayor parte de los cargos del alto funcionariado de los gobiernos occidentales y controlan el mundo financiero global gracias a su monopolio de emisión de la moneda norteamericana, y al secuestro de la banca internacional, la FED, el BCE, el BIS, el FMI, el Banco Mundial, etcétera. Pero ninguno de todos esos importantes judíos osa poner en duda que su patria es Israel, aunque algunos ostenten pasaporte nacional de la colonia que explotan. Y basta una leve indicación del Mossad para que cualquiera de ellos se ponga al servicio inmediato de Sión.

El fascismo sionista no es evidente ni aparatoso fuera de Israel. Es discreto, taimado, inteligente. No nace con un manifiesto pergeñado al calor de una gran crisis social, como el nacional-sindicalismo de Maurras-Sorel. Es un ultra-nacionalismo fascista calculador cuyos partidarios actúan coordinadamente siguiendo una agenda. Los reconocidamente falsos "Protocolos de los Sabios de Sión" parecen ser su manual de procedimiento. Por sus sorprendentes aciertos, su autor fue un visionario.

Siendo los sionistas gente osada y brillante, han sabido aprender de la historia de los demás fascismos y de la de sus adversarios, el liberalismo burgués y el comunismo. Dado el incalculable valor de esas experiencias previas, los conspiranoicos llegan a imaginarse que todos esos regímenes fueron financiados por el mismo Sión —mientras su propio fascismo hibernaba esperando su tiempo— como si se hubiera tratado de sesudos ensayos de laboratorio. Pero no es así: Sión se limita a sacar tajada de todo, pues se siente el amo en sus colonias.

El sionismo es un fascismo que no pretende salvar el mundo, sino dar el poder absoluto a los que considera auténticos seres humanos, un 4 por mil de la población del planeta, sobre el resto, meros sirvientes, animales con forma humana. Por lo tanto, en vez de encuadrar a la población del mundo hacia el bien común, aprovecha el caos, el terror, la guerra, la muerte y la miseria como herramientas en apoyo de su agenda, del mismo modo que los otros fascismos instigaban las riñas tribales para imponerse en sus colonias.

El sionismo es un fascismo que no necesita destruir la democracia inorgánica de partidos en sus colonias, sino que utiliza su innata corrupción en favor de sus intereses. Decide lo que deben legislar sus parlamentos corrompiendo a las cúpulas de los partidos que se alternan en el poder con su mismo dinero, que fabrica y administra el lobby judío. Y cuando se resisten a sus pretensiones, no duda en organizar un atentado de falsa bandera que sirva como detonante para instar a la acción, imitando el incendio del Reichstag de 1933, pero a lo grande, en directo en la televisión, con Hollywood asesorando la parte ficcionada del espectáculo.

El sionismo es un fascismo que utiliza la propaganda mediática global, pues controla la casi totalidad de los medios occidentales, prensa, radio y televisión, y la máquina de los sueños que es Hollywood. Sólo así es posible mantener vivo el mito del Holocausto, su talón de Aquiles —mito en el que adoctrinan también a sus jóvenes al llegar a la edad militar llevándolos de visita al parque temático de Auschwitz—, o el del 11-S, imposibles físicos ambos. El sionismo se la juega si cayera el mito holocáustico, pues es el símbolo que le permite pasar de verdugo a víctima impunemente y la razón por la que domina Europa; y por eso obliga a los parlamentos del mundo occidental a legislar contra la mera duda del mito, y prohibir su investigación histórica, lo nunca visto. No hay intelectual que resista esa apisonadora que todo lo aplasta, apoyada cuando falta hace por el linchamiento económico, moral y físico de sus opositores.

El sionismo es un fascismo que no se dirige a los instintos básicos de sus militantes, que son gente acomodada, sino a sus creencias, a su racismo innato, a su inteligencia y a su conveniencia. Pero ello no les resta fuerza moral para sentirse hombres individualmente superiores, imbatibles como colectivo, merced a su creencia de ser el pueblo elegido por designio divino. Sión cultiva, en cambio, los más primitivos instintos del populacho colonial planetario, al que esclaviza mientras lo empuja a la molicie, el hedonismo, la perversión moral y la miseria intelectual.

Pero la diferencia capital entre el sionismo y el resto de los fascismos que ha visto el mundo, la que hará que el fascismo sionista triunfe tarde o temprano, es que el sionismo es una forma del fascismo que no puede morir con su líder —Ben-Gurión, Dayan, Begin, Meir, Sharon, Netanyahu—. Porque el líder carismático del Sionismo se llama Jehová y no es mortal, sino un dios terrible, exigente y eterno.

MESS




III República
¡Es la hora de la legitimidad!
¡Referéndum o revolución!



Más de 60 manifestaciones en las plazas de toda España. En Sol, decenas de miles de ciudadanos reclaman el advenimiento de la III República Española y un referéndum Monarquía/República.

Hoy, el Rey Juan Carlos I ha hecho pública su intención de abdicar en su hijo Felipe, que pretende ser coronado, por lo tanto, rey de España como Felipe VI. 

La causa mediática, el detonante final de la dejación del poder Ejecutivo por parte del Rey, es el deterioro de la imagen de la Casa Real, que comparece en todos los medios como una de las más corruptas del mundo, junto a las de Arabia Saudí y Marruecos. Otras causas de la abdicación podrían ser el mal disimulado cáncer de pulmón de Juan Carlos y quizás una aparente estupidez congénita que le hace creer que la puta real, Corinna "zu Sayn-Wittgenstein", va a seguir succionando su ex-real morcilla tras la abdicación.

La causa estratégica es otra. Porque el Rey ha sido obligado a abdicar. Desde hace más de un año se le conmina desde los poderes fácticos a ello. Pero él, agarrado al trono como un molusco, nunca ha estado dispuesto a irse más que en un ataúd de madera de cedro, como todos los reyes españoles antes que él. Sabiendo esto, se entiende el acoso mediático y judicial a los que la Casa Real ha estado sometida estos últimos meses. La a todas luces soslayable imputación de la Infanta Cristina en el caso Noos es el colofón de esa política de acoso, en el que participa el CNI filtrando noticias. ¿O de dónde creéis que ha sacado los cojones el juez Castro para imputar a una Infanta de la Casa Real Española, cuando jueces como Gómez de Liaño, Garzón o Silva han perdido la carrera por imputar a otros peces gordos, por cuantías infinitamente mayores?

Visto lo anterior, vamos a razonar por qué se obliga al Rey a abdicar.

Imaginad que la noticia de hoy hubiera sido: "Fallece el Jefe del Estado, Juan Carlos I de Borbón".

Las posibilidades de que Felipe de Borbón fuera rey serían bajísimas. No tiene carisma ni raigambre en el pueblo español. Ni siquiera se le puede atribuir gratuitamente, como a su padre, ningún mérito por acabar con el régimen nacional-católico de Franco. En cambio, abdicando, Juan Carlos seguirá vigilante el ascenso al poder de su hijo, prestando su "prestigio mediático" (esa falsificación que lo muestra como un demócrata encubierto que consintió ser nombrado por Franco como sucesor por el bien del pueblo; o como defensor de la democracia ante el golpe de estado del 23F; o como rey campechano, accesible y algo torpe) al sieso de su hijo. Por eso abdica, porque es lo mismo a lo que nos tienen acostumbrados todos los politicastros españoles, lo que hicieron Aznar y Chaves: dimitir designando al sucesor.

Pero todo eso nos da igual. Como nos da igual que la sombra de la duda, con graves acusaciones de fratricidio —mató de un tiro en un ojo a su hermano Alfonso, el Pequeño Cicerón, elegido por don Juan como heredero e incluso de crímenes sexuales —el asesinato por defenestración de una amante preñada, la jovencísima Sandra Mozarowski— graviten sobre la figura de Juan Carlos I. Sobre lo que no hay sombras de duda es que su fortuna es de 2.300 millones de dólares, según el NY Times, y la ha amasado desde 1975, pues llegó a la Jefatura del Estado con una mano detrás y otra delante. Al lado de eso, lo de Urdangarín da risa.

Porque Felipe de Borbón y Grecia no se ha ganado de ninguna manera ser rey de España.

No ha hecho nada que merite acaudillar a los españoles: no ha ganado batallas, no ha sido impuesto por un dictador a punta de bayoneta, no ha procurado mejoras de ninguna clase para el pueblo. Su único mérito: ser hijo y heredero del rey saliente, que es un felón(*) que ha faltado a su palabra en todas las ocasiones en que su mantenimiento podía resultar perjudicial para sus intereses: la dada a su padre don Juan de reconocer su legitimidad como verdadero heredero; la comprometida con el dictador Franco, su valedor, de respetar las leyes del Movimiento; y la jurada a la partitocracia, el día en que se prestó a la maniobra del golpe de estado del 23-F.  

La imposición de Felipe VI es social y legítimamente imposible, por más leyes orgánicas que la legalicen. 

Juan Carlos se ha resistido tanto como ha podido a soltar las riendas del poder, ése que tanto dinero en representaciones le ha dejado. Ha tardado demasiado en irse, lo mismo que hizo Franco. Y la última oportunidad de una "digna" retirada es ésta: o abdica, o la monarquía muere con él. La cosa está clara y la ocasión la pintan calva: el PP tiene mayoría absoluta y el PSOE, muy débil, heredero de la Falange tardofranquista, ha sido monárquico desde hace décadas, renunciando a todas y cada una de las creencias e ideas que lo hacían reconocible. Así que votarán la Ley Orgánica de Abdicación a hurtadillas y a piñón traicionero, sin debate, como hicieron con la reforma constitucional del 2 de septiembre de 2011, que dejó a los españoles en manos de la usura internacional. Pero ambos partidos se han hundido en las Elecciones Europeas, en las que la abstención ha sido mayoritaria, a pesar de la agitación política en la que se han empeñado los partidos: a pesar de la exacerbación de los artificiales independentismos y de la proliferación de oportunistas partidos bisagra que llevaran a votar a los incautos.

Así que la hora de acabar con el anacronismo de la monarquía española, de instaurar la III República Española ha llegado. 

Vendrá luego el momento de convertir esa III República Española en una verdadera democracia con independencia de poderes desde las urnas y acceso del Pueblo Español a la democracia directa. Pero ahora, lo que toca es descabezar al Monstruo de la anti-democrática Transición.  

La III República Española hay que exigirla ya. En las calles y en todo foro decente, como siempre ha pretendido ser éste.

MESS

(*) Felón es quien comete felonía, aquél que es desleal o falta a la palabra dada.

Sionismo fascista:
Tausendjährige Reich




Desde el punto de vista ideológico, los fascismos históricos fueron variaciones sobre una idea revolucionaria que sellaba el eterno y firme compromiso, avalado por su propia sangre si era necesario, de unas élites de épicos hombres nuevos moralmente superiores conjurados para lograr la movilización de las masas y su encuadramiento total con el objetivo común de superar para siempre la crisis de valores, la decadencia moral, social y económica que sufrían sus naciones respectivas, poniendo énfasis en su repudio a la lucha de clases marxista. Apelaban al ultra-nacionalismo o identificación absoluta entre pueblo y estado; y propugnaban el autoritarismo y la democracia corporativa como alternativa a la corrupta e inoperante democracia burguesa.

Como ideal y como sistema organizativo para la superación de la gran crisis de entreguerras, el fascismo parece una ideología eficaz e irreprochable. Pero el proceso de materialización de cualquier ideal se llama corrupción, y se inicia justificando los medios para alcanzar el fin —que es lo modélico— y se consolida cuando se instaura el nuevo orden. Y siempre que se instaura un orden, se instaura al tiempo el proceso de corrupción del mismo. Por lo tanto, no perdiendo de vista el "supremo ideal fascista", lo que hay que observar son los procedimientos reales aplicados por los fascismos, sus acciones. Combinando los puntos de vista idealista, estratégico y táctico, el hecho histórico se ve de otra manera:

El fascismo fue un movimiento político totalitario que, igual que el comunismo, surgió en el mundo al calor de la necesidad, como reacción contra el liberalismo-burgués, contra la democracia de partidos y contra la usura de la sinarquía financiera internacional, a los que hacía responsables de la degradación moral y social del pueblo, humillado por la terrible crisis económica que desencadeno la I Guerra Mundial, agravada más tarde por la Gran Depresión del 29. Con fuertes raíces en la ideología ultra-nacionalista, en el sindicalismo revolucionario y en la izquierda no marxista, antepuso el fascismo la acción a la razón, usando la simbología del superhombre valeroso y cruel; y delegó el poder absoluto en un líder carismático —Duce, Führer o Generalísimo— que decidiría, apoyado por los cuadros del partido único, el destino universal del pueblo.

Para llegar al poder, en dura competencia con el internacionalismo comunista revolucionario, no dudó el fascismo en justificar los medios para alcanzar el fin —el modelo ultra-nacionalista—, en utilizar la confrontación violenta, el enaltecimiento de la raza o la añoranza de gloriosos pasados nacionales revisando la Historia, el victimismo, la denuncia y el acoso, la revuelta callejera y la demagogia, pues se dirigía el fascismo a los instintos del hombre, a sus sentimientos amparados por una nueva moral, no a su inteligencia.

El fascismo, al llegar al poder, fuera por la vía democrática, tras una marcha sobre la capital o mediante un sanguinario golpe de estado, se consolidó estableciendo su nuevo orden. Se situó por encima de las leyes internacionales e, identificando pueblo y estado, aun respetando la propiedad privada, tomó para sí la banca de la nación y la industria estratégica, ilegalizó los partidos políticos, utilizó la propaganda y la represión político-policial para encuadrar, mediante una democracia orgánica corporativista, a todos sus ciudadanos, obreros e industriales, en la consecución del bien común, que se definió en los objetivos del Estado. El fascismo fue un régimen militarizado, que se orientó hacia la anexión territorial, a la expansión colonialista y al imperialismo.

Todo ello conllevó rápidas mejoras económicas y sociales, pero degeneró en una corrupción institucional entre el poder empresarial-industrial y la administración de partido único. Aunque se prometían imperios que iban a durar mil años, los fascismos, por su propio carácter contingente, han desaparecido con la muerte del personaje carismático (u oportunista) que los lideró.

Los fascismos no pueden confundirse con las dictaduras militares impuestas por los EEUU en el mundo como forma de lucha contra el comunismo, pues éstas no tienen ideología, se limitan a servir a quien financió su asalto al poder. De hecho, el régimen español perduró tras la caída del Eje porque Franco no era fascista, sino un militar que usó la fuerza moral y la ideología nacional-sindicalista de Falange Española y las JONS para alcanzar el poder mediante un golpe de estado que se convirtió en una larga y crudelísima guerra civil; y, como buen estratega profesional —él era el general Franco, no los mediocres cabos Hitler y Mussolini—, rindió España al servicio de los norteamericanos y fue Jefe del Estado Español hasta su natural fallecimiento.

Pero "fascismos hay muchos", decía Ramiro Ledesma Ramos, verdadero ideólogo del Nacional-Sindicalismo español. Y opiniones sobre el fascismo, también —añado yo—. Y la mía es que el fascismo sigue existiendo en la actualidad. Y no me refiero al fascismo de los nostálgicos coleccionistas de esvásticas y bayonetas oxidadas, adictos a un fascismo menos sacrificado que verborreico. Tampoco a las miles de personas y asociaciones a las que es poder omnímodo e impune falsamente acusa de fascismo en cuanto se oponen a sus designios y se movilizan en las calles para manifestar su descontento. Todo eso son cortinas de humo. Yo me refiero al sionismo, que es una sofisticada y peligrosa variedad del fascismo. El último fascismo que habrá en la historia, posiblemente. Porque esta vez perdurará, por las razones que expongo.

¿Por qué insisto en que el sionismo sigue un modelo fascista, en vez de ser el contubernio internacional judeo-masónico, que señalaba el general Franco? Pues porque, a pesar de carecer del idealismo de los fascismos históricos, sus acciones reales encajan con las de estos'como las púas de dos peines idénticos'.

Para verlo claramente, hay que observar al sionismo en el lugar donde cristalizan sus esfuerzos, que es en el estado de Israel: El sionismo es allí racista no sólo con los árabes, sino que existe el racismo de judíos askenazíes respecto a hebreos; es un régimen totalitario, ultra-nacionalista, osado, espiritual, más sentimental que razonable, despectivo con las leyes internacionales a cuyo mandato se declara insumiso. Israel es un estado policial, militarizado, siempre en pie de guerra, cruel y victimista, mentiroso hasta la desfachatez, que mantiene al pueblo polarizado hacia el objetivo de expansión nacional, soez manipulador de la Historia, pues el fin justifica todos los medios.

Aunque el sionismo no se diga a sí mismo fascista, se comporta como los fascismos históricos lo hicieron en la práctica. Por eso en Israel se han alzado desde hace muchos años importantes voces que califican al régimen de judeo-nazi, como en 1948 hizo Einstein. El odio hacia la minoría árabe crece, y también el odio hacia el pueblo palestino ocupado que se asfixia en Gaza y Cisjordania, dos mayúsculos guetos-prisión mucho peores que el gueto judío de Varsovia. Los partidos que se alían por el poder parecen representantes de un remedo del corporativismo nacional sindicalista: el tercio ortodoxo, el tercio empresarial y el tercio sindical. Gran parte de los habitantes de su territorio actual no tiene derecho al voto, son considerados extranjeros en su propia tierra. La minoría musulmana con derecho a voto está "exenta del sericio militar", exactamente lo mismo que hizo Hitler con los judíos en cuanto llegó al poder: expulsarlos del ejército. El régimen democrático israelí está siempre en crisis, sólo han existido gobiernos de coalición, es decir, por acuerdo de intereses corporativos, orgánicos. Pero todo eso no es óbice para que todos los israelíes se sientan encuadrados en la causa común de la destrucción de los regímenes musulmanes vecinos, cuyos territorios ocuparán en su debido momento. El culto de la fuerza bruta se impone ante la seguridad de ser el pueblo elegido, profundamente arraigada en los israelitas. Diversas personalidades políticas han denunciado el fascismo sionista abiertamente:  el irano Ahmadineyad, desde hace muchos años, o el turco Erdogan este pasado marzo.

Sin embargo, cuando se observa el sionismo fuera de Israel, no es tan fácil detectar que se trata de una variación del fascismo. El lenguaje no es típicamente fascista, como el que se puede constatar en la prensa israelita. Es más, el aparato sionista mundial se ha apropiado del término 'fascista' para usarlo como arma arrojadiza contra cualquiera de sus oponentes como sinónimo de peligroso, violento e intolerante. La perplejidad ante esta doble imagen del sionismo, dentro y fuera de Israel, se esfuma en cuanto se comprende la razón: para el sionismo, Israel es el Estado y el resto del mundo son sus colonias.

El sionismo, al diferencia de los fascismos europeos, ha colonizado primero el mundo y, en el momento oportuno, tras la destrucción definitiva, absoluta de todos sus enemigos, ha recuperado su propio estado. Y como no puede haber fascismos sin estado, es a partir de 1948, con la creación de Israel, cediendo el Consejo Judío Mundial su papel al presidente de la República,  cuando se concreta el sionismo como un fascismo. Se materializa entonces la identidad del pueblo y el estado; y se sellan los sagrados vínculos de la unidad de todos los judíos para la consecución de un común objetivo: La expansión de su pequeño estado hasta el tamaño del Gran Israel bíblico, riquísimo en recursos y de incalculable valor estratégico. Y lo gestionarán los 8 millones de judíos israelitas apoyándose en su propia maquinaria de guerra y alquilando la ajena con el propio dinero del arrendador.

Esta inversión factual ha sido posible porque el sionismo se fundamenta en la rapacidad y el parasitismo presente siempre en los colonos. Los judíos de la Diáspora dominan el planeta. Ostentan la mayor parte de los cargos del alto funcionariado de los gobiernos occidentales y controlan el mundo financiero global gracias a su monopolio de emisión de la moneda norteamericana, y al secuestro de la banca internacional, la FED, el BCE, el BIS, el FMI, el Banco Mundial, etcétera. Pero ninguno de todos esos importantes judíos osa poner en duda que su patria es Israel, aunque algunos ostenten pasaporte nacional de la colonia que explotan. Y basta una leve indicación del Mossad para que cualquiera de ellos se ponga al servicio inmediato de Sión.

El fascismo sionista no es evidente ni aparatoso fuera de Israel. Es discreto, taimado, inteligente. No nace con un manifiesto pergeñado al calor de una gran crisis social, como el nacional-sindicalismo de Maurras-Sorel. Es un ultra-nacionalismo fascista calculador cuyos partidarios actúan coordinadamente siguiendo una agenda. Los reconocidamente falsos "Protocolos de los Sabios de Sión" parecen ser su manual de procedimiento. Por sus sorprendentes aciertos, su autor fue un visionario.

Siendo los sionistas gente osada y brillante, han sabido aprender de la historia de los demás fascismos y de la de sus adversarios, el liberalismo burgués y el comunismo. Dado el incalculable valor de esas experiencias previas, los conspiranoicos llegan a imaginarse que todos esos regímenes fueron financiados por el mismo Sión —mientras su propio fascismo hibernaba esperando su tiempo— como si se hubiera tratado de sesudos ensayos de laboratorio. Pero no es así: Sión se limita a sacar tajada de todo, pues se siente el amo en sus colonias.

El sionismo es un fascismo que no pretende salvar el mundo, sino dar el poder absoluto a los que considera auténticos seres humanos, un 4 por mil de la población del planeta, sobre el resto, meros sirvientes, animales con forma humana. Por lo tanto, en vez de encuadrar a la población del mundo hacia el bien común, aprovecha el caos, el terror, la guerra, la muerte y la miseria como herramientas en apoyo de su agenda, del mismo modo que los otros fascismos instigaban las riñas tribales para imponerse en sus colonias.

El sionismo es un fascismo que no necesita destruir la democracia inorgánica de partidos en sus colonias, sino que utiliza su innata corrupción en favor de sus intereses. Decide lo que deben legislar sus parlamentos corrompiendo a las cúpulas de los partidos que se alternan en el poder con su mismo dinero, que fabrica y administra el lobby judío. Y cuando se resisten a sus pretensiones, no duda en organizar un atentado de falsa bandera que sirva como detonante para instar a la acción, imitando el incendio del Reichstag de 1933, pero a lo grande, en directo en la televisión, con Hollywood asesorando la parte ficcionada del espectáculo.

El sionismo es un fascismo que utiliza la propaganda mediática global, pues controla la casi totalidad de los medios occidentales, prensa, radio y televisión, y la máquina de los sueños que es Hollywood. Sólo así es posible mantener vivo el mito del Holocausto, su talón de Aquiles —mito en el que adoctrinan también a sus jóvenes al llegar a la edad militar llevándolos de visita al parque temático de Auschwitz—, o el del 11-S, imposibles físicos ambos. El sionismo se la juega si cayera el mito holocáustico, pues es el símbolo que le permite pasar de verdugo a víctima impunemente y la razón por la que domina Europa; y por eso obliga a los parlamentos del mundo occidental a legislar contra la mera duda del mito, y prohibir su investigación histórica, lo nunca visto. No hay intelectual que resista esa apisonadora que todo lo aplasta, apoyada cuando falta hace por el linchamiento económico, moral y físico de sus opositores.

El sionismo es un fascismo que no se dirige a los instintos básicos de sus militantes, que son gente acomodada, sino a sus creencias, a su racismo innato, a su inteligencia y a su conveniencia. Pero ello no les resta fuerza moral para sentirse hombres individualmente superiores, imbatibles como colectivo, merced a su creencia de ser el pueblo elegido por designio divino. Sión cultiva, en cambio, los más primitivos instintos del populacho colonial planetario, al que esclaviza mientras lo empuja a la molicie, el hedonismo, la perversión moral y la miseria intelectual.

Pero la diferencia capital entre el sionismo y el resto de los fascismos que ha visto el mundo, la que hará que el fascismo sionista triunfe tarde o temprano, es que el sionismo es una forma del fascismo que no puede morir con su líder —Ben-Gurión, Dayan, Begin, Meir, Sharon, Netanyahu—. Porque el líder carismático del Sionismo se llama Jehová y no es mortal, sino un dios terrible, exigente y eterno.

MESS




Cataluña, fiel reflejo de España:
Farsantes, cleptómanos e ineptos
al asalto del Govern


институциональной клептомании:
Quatribarrada feta amb xoriços i fons de monedes d'or.





Mas sigue mintiendo en todo y a todos. No ha aprendido ninguna lección este 25N. Persiste tratando de embaucar idiotas, pero estos son cada vez menos en la región catalana. ¿Alguien puede creerse que Arturín busque un gobierno de coalición? ¿A otro partido para compartir los beneficios de su nacionalismo de prevaricaciones, comisioneo en las contratas y saqueo de las arcas públicas que históricamente han fundamentado su poder entre la burguesía catalana?

El colmo de la desfachatez se produce cuando define a su socio --o socios--: “El partido --o partidos-- que asuma la lucha contra la crisis y por el estado del bienestar (¿de los que ya son muy ricos?) y el soberanismo independentista (referéndum)”. Y cita como ejemplo a ERC, que dice comparte ambos objetivos, ¡y también al PSC! A nadie que conozca el Principat se le escapa que recortes de derechos y soberanismo son dos conceptos sin relación alguna entre sí. Hay soberanistas de izquierdas y de derechas... y también antisoberanistas de izquierdas y de derechas. Si no fuera un mentiroso compulsivo, Mas debiera decir que no defenderá otro derecho social que el "derecho a decidir". El resto, sanidad, educación, ayudas sociales, inversiones, deben ser sacrificados en el ara de la independencia.

Pero siendo serios:

ERC no puede avalar políticas de recortes, que es lo que habrá a partir de enero por valor de 4.000 millones de euros. Se han traspasado a 2013 miles de facturas que se deben aún a proveedores y contratistas. Y el gobierno central no financiará a la Generalitat si no recorta más que el Sastrecillo Valiente. Es, por lo tanto, una mentira insostenible que ERC pueda ser un socio de gobierno de CiU. Si ERC aceptara, su potencial electoral se dilapidaría en menos de un año.

Y peor es la distancia de CiU al PSC, partido que le ha robado la Generalitat durante 7 largos años (conchabado con ERC, por cierto). El PSC, en efecto, recortaría derechos sociales y laborales sin pesarle la conciencia. Ya demostró de qué pasta estaba hecho avalando los recortes de Zapatero de la última época, asesinando civiles en Trípoli y votando con el PP que España perdiera su inmunidad soberana ante los acreedores del reino el 3 de septiembre de 2011. Pero el PSC no puede ni siquiera fingir el nacionalismo necesario para avalar un referéndum. Porque si se posicionara a favor de la independencia, el PSC perdería toda su base electoral y, lo que es peor, hundiría al PSOE para siempre en España.

De modo que Mas miente. Y miente doblemente, porque lo hace también por lo que oculta: un pacto de gobernabilidad económica neoliberal insoslayable, histórico, con el Partido Popular (¿de Cataluña?). Las derechas tienen siempre intereses comunes, más allá de las declaraciones y las mentiras. El PPC apoyará en el Parlament todas las medidas de recorte decretadas por el Govern de la Generalitat. Es la ineluctable consecuencia de que el Parlament tenga una ajustada mayoría absoluta de derechas.

CiU gobernará en minoría. Es posible que Mas sea investido en primera vuelta por los diputados de ERC --no porque se tomen en serio su soberanismo de boquilla, sino a cambio de alcaldías y cargos institucionales menores para los parásitos del partido. Si no, lo investirían los diputados de CiU en solitario, en segunda vuelta, por mayoría simple.

Haga el teatro que haga Artur Mas, la política del Govern seguirá siendo neoliberal, y se apoyará en el PP en todas las cuestiones económicas y de recortes sociales. Y también continuará con su fascio-nacionalismo amparándose en ERC para las martingalas lingüísticas e identitarias, que agitará ante las narices de Rajoy en cuanto no se salga con la suya en algo. Pero el PP sabe que la baza de una convocatoria de elecciones anticipadas ya no es posible: si Mas repite tal barbaridad, CiU quedará relegada a segunda fuerza política en Cataluña, lo que no ha sucedido nunca. Así que mejor huir hacia delante. Y que el corruptódromo catalán redoble su rendimiento. Quizás sea la última ocasión para robar en muchos años.

Lo que no se entiende es cómo Convergencia Democrática, y sobre todo Unión Democrática, mantienen a un incompetente pagado de sí mismo como Artur Mas al frente de la Generalitat, en vez de sustituirlo por alguien creíble, como por ejemplo al democristiano Josep Antoni Duran i Lleida. A menos que sea por su ascendiente charnegazo, por haber nacido en Huesca como José Antonio Durán y Lérida. Y por su desarraigo entre las 300 famílies del pinyol. Sí, es eso. Claro.

MESS






25N: Cataluña, sin referéndum
¡Y CiU seguirá con los recortes!


MACBA (Barcelona): Quatribarrada feta amb xoriços i fons de monedes d'or.





Mas, con su nacionalismo de distribución de chollos y desvalijamiento de las arcas públicas, que históricamente ha fundamentado su provinciano poder, y ante la travesía del desierto que a su bisagrismo obligaba la mayoría absoluta del PP en el Estado, se echó al monte tras la manifestación del 11S y convocó unas alocadas elecciones anticipadas en el ecuador de la legislatura. ¿Para qué? Pues para conseguir cuatro años más al timón de la sistémica corrupción  que impera en Cataluña y seguir atendiendo la insaciable voracidad de dinero de las 300 famílies del pinyol català.

A nadie que conozca el Principat se le escapa que las elecciones catalanas de 2012 pivotaban sobre dos ejes sin relación alguna entre sí: los recortes sociales y la independencia. Desde estos dos puntos de vista los resultados no pueden ser más claros, aunque los medios de comunicación, tributarios todos de intereses financieros espurios, los oculten, y cuenten absurdidades infumables.

El claro análisis de los resultados electorales de cada partido, según estos dos ejes, es el siguiente:

Los 50 diputados de CiU son absolutamente de derechas, pero su independentismo es solamente aparente. Su razón de ser es el robo, y la independencia no garantiza poder afanar más.

Los 21 diputados de ERC son de izquierdas y absolutamente independentistas.

Los 20 diputados del PSC son de izquierdas pero nada independentistas.

Los 19 diputados del PP son neoliberales de derechas y absolutamente centralistas.

Los 13 diputados de IC son de izquierdas y neutros en cuanto a independentismo.

Los 9 diputados de Ciutadans son de centro y absolutamente anti-independentistas.

Y los 3 diputados de la CUP son absolutamente de izquierdas y totalmente independentistas.

De modo que el nuevo Parlament es ligeramente de derechas y no independentista. Se mantiene lo que ya era, aunque en peores condiciones que antes de las elecciones, con 11 diputados que sustenten las políticas de recortes menos (69 recortando contra 66 protestando). En cuanto al independentismo, no lo sustentaría ni la mitad de los diputados. ¡Y menos tras este fracaso electoral abrumador de CiU!

Diga lo que diga el mentiroso de Mas, su política al frente de la Generalitat será:

1.- Seguir recortando derechos. Se apoyará en el PP, como cada vez que ello ha sido posible. La derecha catalana siempre ha sido más derecha que soberanista.

2.- Olvidarse del independentismo, cuyo fingimiento en campaña tan caro ha costado a su coalición. Se limitará a seguir con el victimismo botifler ante Madrid, puro teatro, tal como acostumbra su casta de depredadores de los Pressupostos Generals.

Y no hay más que hablar. CiU gobernará en minoría. Es posible que el sinvergüenza de  Mas --que, siguiendo el abominable modelo zapaterino, ni se plantea la dimisión ante su fracaso político-- sea investido en primera vuelta por los pringados de ERC  --no porque se tome en serio su chalaneo verbal, sino a cambio de alcaldías y cargos menores. Si no, lo investirá su propio partido en segunda vuelta por mayoría simple.

Su política seguirá siendo neoliberal, y se apoyará en el PP en todas las cuestiones económicas. Y también continuará con su fascio-nacionalismo amparándose en ERC para las cuestiones lingüísticas e identitarias. Y el resto de fuerzas políticas, a rabiar y a denunciar la realidad del corruptódromo catalán porque no les dan participación.

La misma martingala de siempre.

MESS



Mas: ¿Catalunya Independent?
No le cree nadie


Senyera oficial de Conveniència i Usurpació

Una instantánea para la historia. Éxito del fascismo catalán: la niña llora aterrorizada. ¡Victoria de la estelada catalana frente a la estelada de la niña, cuya camisetita lleva una estrella también (de campeona del mundo de fútbol)!. Visca Catalunya lliure de nenes amb samarreta de la Selecció Espanyola!

MACBA (Barcelona): Quatribarrada feta amb xoriços i fons de monedes d'or.




Como el 25 de noviembre está ya aquí mismo, tengo que hacerlo, pero éste es uno de los artículos que más pereza me da escribir. Hablar otra vez más sobre el nacionalismo catalán, ¡qué aburrimiento! Tomármelo tan en serio como para juntar más de mil palabras, cuando tengo claro que no es otra cosa que un sonajero de la burguesía catalana —las denominadas 300 famílies del Pinyol—, apoyada por la derechona pepera desde Madrid, para engañar a un rebaño de crédulos botarates que ignoran que no hay ni ha habido nunca un nacionalismo, y menos independentista, sin un fascismo violento detrás que lo sustente. Y en Cataluña, ese fascismo existe, pero es débil como el soplido de un tísico. Lo representan los cuatro maricones que asustaron a la desconsolada niña de la foto, con su camisetita de la Selección Española de fútbol, tras golpear y humillar a su padre y a su hermano por la grave afrenta al Principat de haberse tomado en serio el cuento del independentismo catalán y portar una bandera española para ir manifestarse contra él, en la Plaza de Cataluña, el 12 de octubre.

¿Es razonable siquiera que estos idiotas traten de imitar la asonada de Ibarretxe rechazada por el Congreso Español en 2005? Absurdo. Cataluña no es el País Vasco en ningún sentido. Los vascos son mayoría suficiente frente a los maquetos, mientras que los catalanes de pura cepa son una proporción ridícula frente a los charnegos. Terra Lliure fue a ETA como un gatito a un tigre de Bengala y desapareció maullando en 1991, con sólo un muerto —por infarto— en su haber. La Izquierda Abertzale tiene los arrestos que ERC no tendrá jamás. Y hasta el PNV roba a los vascos cien veces menos que CiU a los catalanes. ¡Y ni siquiera los vascos lograron otra cosa que la ilegalización de HB y la llegada al poder de Patxi Nadie, de la mano del nacional-sindicalismo del PPSOE!

Cuando veo los carteles electorales de CiU, con Mas, de brazos abiertos, apropiándose de toda “la voluntat d'un poble” como un nuevo Moisés, se me crujen los higadillos de la risa. El sinvergüenza promete un referéndum que jamás se convocará. Los catalanes que lo apoyan, que están en el ajo, lo saben perfectamente. De hecho, tal referéndum es innecesario y redundante. Durante estos últimos años se han venido realizando consultas en diversos municipios catalanes que, si bien no han servido para averiguar cuál es “la voluntat d'un poble”, sí han sido útiles, por lo menos, para estimar por la vía casi censataria cuántos independentistas hay en Cataluña. Y, resultados cantan, son menos de un 20% de los catalanes. Quizás no lleguen ni a un 15%, tomando en cuenta que se han evitado tales consultas en las populosas ciudades dormitorio de la clase obrera, como Hospitalet, Badalona o Cornellá, por ejemplo. Los resultados de los susodichos referenda demostraron únicamente que los catalanes no independentistas rehúsan obstinadamente manifestarse en aplecs para lunáticos y fundamentalistas de la espardenya y la barretina. De hecho, los españoles residentes en Cataluña se abstienen de votar en las elecciones autonómicas como si el resultado no fuera con ellos , como si eso de la autonomía fuera sólo cosa de catalanes y como si ellos —diga lo que diga el Estatut— no lo fueran o así no se sintieran. Tal absentismo ante la raja de la urna influye en los programas electorales. Y es lógico, pues, que todos los partidos, incluyendo al socialista PSC, se vuelquen en las autonómicas aparentando tanto nacionalismo catalán como puedan. Al frente del Govern, fueron los socialistas unos voluntariosos continuadores del pujolismo; y ahora, en campaña electoral, oponen a la independencia de boquilla botiflera un no menos flatulento federalismo.

Imaginemos, para no aburrirnos del todo, una Catalunya independiente en forma de república —a menos que se prefiriera convertir a la dinastía Pujol en una nueva línea monárquica constitucional—. Conste que de la organización del Estat Català ni se ha hablado en la campaña electoral. ¿Para qué molestarse, si jamás va a existir? Adivinemos, de todas maneras, el primer Poder Executiu de la quimérica flamante República Catalana, teniendo en cuenta el señoreo que las famílies del pinyol ostentan en Cataluña:

El President de la República Catalana, sin dudarlo ni un instante, pues la experiencia es imprescindible al dar los primeros pasos de la balbuciente Nació Sobirana, sería el octogenario Jordi Pujol i Soley, uno de los creadores de Banca Catalana —entidad financiera a la que desfalcó después a conciencia—; y eficiente inventor y gestor durante 23 años del famosísimo Tres per Cent, que era la comisión institucionalizada que las empresas habían de apartar para el partido en todas las adjudicaciones, grandes o chicas, de obras o servicios de la Generalitat. La familia Pujol ha evadido capitales por cientos de millones a Suiza y otros paraísos fiscales mientras Jordi fue President de la Generalitat.

President del Govern, repitiendo cargo, Artur Mas i Gavarró, tipejo cuya familia posee en Suiza cuentas opacas por un monto de más de 137 millones de euros.

Secretario general del Govern, Germà Gordó i Aubarell, mano derecha de Mas e imputado en el caso del Palau de la Música Catalana.

Ministre d'Economia i Finances, cargo que ya ostentó en 1989, Maciá Alavedra i Moner —relacionado con el extorsionador juez Lluís Pascual Estivill—, que afanó cuanto pudo a Javier de la Rosa, empresario al frente de la sociedad Grand Tibidabo, tras concederle avales de la Generalitat por 60 millones de euros, y estar incurso en el Caso Pretoria. En 2009 estuvo en prisión incondicional a una orden del juez Garzón, por uno de sus muchos asuntos turbios.

Ministre de la Presidència, Oriol Pujol i Ferrusola, incurso en la trama de corrupción denominada “Caso ITV” y otros cuantos delitos más.

Ministre de Foment i Territori, Lluis Prenafeta i Garrusta, implicado en la corrupción urbanística del Caso de Pretoria, salpicando también a la Fundació Catalunya Oberta.

Ministre d'Interior, Felip Puig i Godes, consejero de Interior, uno de los principales implicados en el expolio del Palau de la Música Catalana.

Por su extraordinaria capacidad de organización en el caso del Palau de la Música Catalana, Ministre de Cultura, Fèlix Millet i Tussell, descendiente del fundador del Orfeó Català, Lluis Millet. Para Fèlix solicitan 6 años de prisión por apropiación indebida por el caso del Hotel del Palau y otras docenas de delitos más, como el desvío de 4 millones de euros para arreglarse su pisito.

Y finalmente, para agradecer el apoyo de los independentistas de ERC a la causa patria, Ministre d'Afers Exteriors, el experto en fronteras Jordi Ausàs i Coll, ex-conseller d'Interior, recientemente afamado por su demostrada actividad delictiva como contrabandista de tabaco desde Andorra a la Seo d'Urgell, lugar que le vio nacer y medrar.

Para los ministeris d'Agricultura, Ramaderia i Pesca, Salut i Benestar Social, Indústria, Ensenyament y Defensa, vale la pena rebuscar en la lista de implicados en el Caso Banca Catalana, aparte de Jordi Pujol i Soley, pues de ellos podrían extraerse un buen puñado de hábiles ministres para el primer Govern Lliure de Catalunya. Obsérvese la raigambre pinyolera de los apellidos: Jaume Carner i Suñol, Francesc Cabana i Vancells (cuñado de Pujol), Andreu Ribera i Rovira, Oleguer Soldevila Godó, Víctor Sagi i Vallmitjana, Josep Lluís Vilaseca i Guasch, Joan Baptista Cendrós i Carbonell, Joan Martí i Mercadal, Martí Rosell Ballester, Manuel Ingla Torra, Delfi Mateu i Sayos, Francesc Constans Ros, Esteve Renom Pulit, Joan Casablancas i Bertran, Salvador Casanovas i Martí, Antoni de Moragas i Gallissà, Joan Millet Tusell (hermano de Fèlix Millet), Ramón Miquel Ballart, Lluís Montserrat Navarro, Ferran Aleu Pascual, Antoni Armengol Arnan, Pere Messeguer Miranda i Ramon Monforte i Navalón. Varios de ellos tienen la Creu de Sant Jordi. Es el colectivo más condecorado por la Generalitat de Cataluña.

Con un Govern así, nada cambiará en Cataluña, desde luego, excepto en que el primer Consell de Ministres aprobará el indulto de todos los catalanes piñoneros pillados en actos delictivos por la Justicia Española. Y todos esos delincuentes serán galardonados con la Creu de Sant Jordi por haber luchado contra el Drac Espanyol a base de meter mano en sus arcas públicas sin guantes de seguridad como los de las carniceras. Las families del pinyol, que se han adaptado como camaleonas a todo régimen, sin frenar sus actividades depredadoras —han sido monárquicos con Alfonso XIII, republicanos con Azaña, falangistas católicos con Franco y autonomistas estos 30 años pasados, y serán nacionals catalans, si toca, pero sin dejar de apropiarse de lo público, sin dejar escapar ni una pela nunca— seguirán fungiendo de poders fàctics. Lo único que cambiará es que malversaciones, saqueos y pillajes irán más deprisa. El expolio al poble català marchará como una máquina bien engrasada y Cataluña acabará exhausta en menos de un lustro, y llamando a las puertas de España (o de Francia, de donde proceden la mayoría de ellos; que a estos botiflers igual les da Juana que su hermana) cuando todo el  dinero robado esté seguro en paraísos fiscales del mundo entero.

¡Qué ridículo, qué absurdo resulta todo ya! Recuerdo otros tiempos, cuando los catalanes no necesitaban manifestarse por cientos de miles en apoyo de la independencia para ejercer su arrogante prepotencia nepotista. Entonces, agazapados tras un fachismo sin base ideológica, fundamentado únicamente en el reparto de chollos y liquidación de presupuestos, me parecían mucho más peligrosos y dañinos para los seis millones de españoles inmigrados que residen en Cataluña. Ahora, a finales de 2012, ya no me lo parecen. Cataluña es un bluf, una de las regiones menos creativas de España. Un reducto del provincianismo saqueador a ultranza. ¡Y qué aburridos resultan los catalanes, con su creciente número de senyeras y su menguante dotación de seny!

En fin, ya digo, aquí no va a pasar nada de nada, excepto que Mas ganará un par de años más en su sillón de la Plaça de Sant Jaume para seguir despojando a los catalanes de su riqueza desde la Generalitat. Lo de siempre. Por eso, al llegar al último renglón de texto, me ratifico: éste ha sido uno de los artículos que con más desgana he escrito en estos últimos seis años.

MESS


NOTAS DE CAMPAÑA:
Preguntado Artur Mas sobre el ejército de su nueva Nació Catalana Sobirana, contestó que contrataría los servicios de Blackwater (fuerzas armadas mercenarias internacionales famosas por su actuación en Irak y resto de conflictos en Oriente Medio, que colabora ahora mismo en Pakistán con la CIA). No dude nadie de que quien pone en manos particulares la defensa de su territorio, privatizaría también la sanidad, la enseñanza, las pensiones y el sistema carcelario. Lo mismo que ha hecho ya EEUU.



La solución existe
Y es ésta


Lo sorprendente de este estado de cosas es que la solución a tanto despropósito político existe, es evidente (cuando se conoce) y tremendamente fácil de poner en marcha. Para ello hay que seguir una receta básica: En primer lugar, saber qué es y en qué consiste la libertad política, comprender lo que es una Democracia formal; en segundo, exigir el derecho a esa libertad siempre, y no admitir para esa libertad ningún sucedáneo, componenda, o subterfugio (como el del “voto útil”, por ejemplo).

La confusión a la que, interesadamente, nos someten los partidos, con sus querellas de cortas miras, es intencionada; y dirigida a evitar que conozcamos y entendamos que la verdad existe; y que no está en venta, que es incorruptible y que es irrenunciable. Podrán los políticos con esa estrategia retrasar la libertad política, pero su advenimiento es inexorable. Porque sus falsedades, sus disimulos y sus espectáculos no pueden evitar el sentimiento ciudadano generalizado de estafa, de mentira y de corrupción; el de frustración política, el de imposibilidad de adscripción a ninguna de las facciones partidarias; el de que la política está en manos de los partidos, que viven de espaldas a la ciudadanía; el de que la opinión pública no existe, sino que se crea, se inventa en centros de análisis, diseño y elaboración de opinión; el de que los intereses partidarios han sustituido a los ideales.

Y es que, detrás de los criterios para la distribución de la riqueza que presentan las ideologías partidarias (izquierdas y derechas), que nos excitan los ánimos y nos hacen reñir entre españoles, se nos escamotea la verdad: que no gozamos de libertad política porque es imprescindible, para que ésta exista, que las reglas del juego político la permitan. Serán los vencedores de un juego político limpio los que dispongan de la oportunidad, durante un tiempo limitado, para desarrollar su modelo de justicia social. Pero la justicia social, el reparto de la riqueza en sí mismo, no es la Democracia, sino sólo una cortina de humo de (todos) los partidos para que los ciudadanos nunca la imaginemos, la entendamos y podamos exigirla.

La noción clave para que todo ciudadano alcance la libertad política es que conozca y comprenda qué es la Democracia. Existen diferentes formas de juego político. Pero para que el juego político sea una Democracia tiene que cumplir ciertos requisitos formales, o es otra cosa. Para entender el significado de la Democracia, hay que separar el concepto de derechos y libertades de lo que es el mecanismo que permite que la propia Democracia exista. Puede haber libertades y no haber democracia, aunque no al revés. El juego político (limpio) democrático se basa en: 1º. Todos los ciudadanos pueden participar en el juego político en condiciones de igualdad. 2º. El juego se desarrolla en el campo de la sociedad política. 3º. Las decisiones se toman por votación de mayorías y minorías. Y las reglas del juego son: La representación de la Sociedad y la separación e independencia de los Poderes en el Estado.

Todos entendemos que una Dictadura elimina la competencia por el poder, o sea, la libertad política. Pero es más difícil entender en qué falla esta pseudodemocracia española que es la monarquía partitocrática, venida de la mano de la Transición: por miedo a la libertad política, se redujo el juego a una competición entre partidos políticamente correctos (contra el presupuesto 1º); los partidos fueron integrados en el Estado, que los financia (contra el 2º) y las decisiones se tomaron en un consenso (contra el 3º). Para evitar el control de los electores, se adoptó el sistema proporcional de listas. Y para garantizarse el imperio de la corrupción, no se separaron e independizaron los poderes del Estado.

La representación del ciudadano en política no es la mera adscripción de ese ciudadano a una ideología de partido. La representación política de la sociedad debe seguir las reglas de cualquier otra representación social o particular: el representante recibe un mandato imperativo del representado, quien, en caso de incumplimiento, puede cesar al representante. Eso, que es evidente si se manda a alguien a realizar cualquier gestión en tu nombre, no lo es en política, si no suceden dos cosas: que se conoce quién es tu representante político concreto (que te debe su cargo, porque le has elegido a él y le pagas con tus impuestos); y que los electores pueden cesarlo cuando lo consideren oportuno, no en las siguientes elecciones, cada cuatro años. El único modo de saber cuál es tu representante político, de que sea el preferido por la mayoría de los electores y de poder cesarlo cuando los electores quieran, es su elección en circunscripción unipersonal, a doble vuelta y creando una Comisión de Seguimiento del Diputado. Esto cumple los 3 supuestos y la primera regla.

Según quién sea y el momento en el que se separen los Poderes del Estado, el resultado cambia: Si los separa un solo hombre cuando le viene en gana es una Dictadura; si los separa el Parlamento tras las elecciones legislativas, una Oligarquía de Partidos; si los separa el ciudadano, desde el momento del voto, una Democracia. En efecto, la independencia de Poderes del Estado no se cumple sólo cuando, simplemente, hay tres poderes diferentes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial (también el Estado Franquista los tenía); se cumple cuando cada ciudadano delega su derecho inalienable a legislar y ejecutar directamente las leyes en esos tres poderes de forma separada, independiente, es decir, en elecciones diferentes. Una para el Ejecutivo, otra para el Legislativo y otra para el Judicial. Para que cumpla las tres condiciones y las dos reglas, la elección del Presidente responsable de la formación y control del Poder Ejecutivo se elige en circunscripción única estatal por todos los ciudadanos del Estado en igualdad de voto y a dos vueltas (así, ese Presidente tendrá la máxima representatividad de la sociedad). En una Democracia, es el ciudadano el que separa los poderes del estado, no el Estado mismo, ni el Parlamento, ni los partidos. La sustitución actual de este mecanismo por la elección del Presidente por el Legislativo es una corrupción del sistema político que conlleva, indefectiblemente, la corrupción de los representantes de la ciudadanía.

Lo descrito es el fundamento sistémico de la Democracia(*). Pero queda la parte mas ardua : ¿Cómo conseguir que a la ciudadanía se le reconozcan sus derechos políticos? No se debe confiar en que nadie nos regale nada. La partitocracia nos fue otorgada y ha resultado ser una estafa. En 1978 muchos españoles, que optaban por la “ruptura democrática”, fueron engañados por los incipientes partidos de izquierdas y derechas que pactaron la Transición de la Dictadura a la Monarquía Autonómista y Parlamentaria. Polybio diagnosticó la salida de las transiciones: las dictaduras degeneran en oligarquías, y éstas, en democracias.

El único modo de que esta oligarquía pase a ser una Democracia es exigirla. Sólo hay dos maneras: la pasiva y la activa. La pasiva se consigue mediante el rechazo de todo engaño, y la exigencia de que el juego político cumpla las reglas de la Democracia. Si no las cumple, no es Democracia, y así debe denunciarse, y no participar en el juego político, porque no merece la pena hacerlo en un juego trucado. En primer lugar, porque alimentamos el juego fraudulento y retrasamos su mutación en una verdadera democracia; en segundo, porque seremos estafados sin ningún género de dudas, y será un fraude del que seremos responsables.

La vía activa no implica violencia, sino participación en la transformación: organizando la resistencia ciudadana, la rebelión cívica, expandiendo las ideas y formando foros y grupos de opinión que obliguen a que los medios se ocupen de esos movimientos nacientes. El creciente número de programas de televisión y artículos en diarios y revistas desde que el MCRC (y sólo es un movimiento entre muchos) está en marcha, así lo demuestra. No estamos solos. Existe una porción de la sociedad mucho más amplia de lo que cabría pensar —denominada tercio laocrático— que siempre piensa por sí misma, no sigue consignas y es capaz, mediante su potencia, de arrastrar al tercio amorfo tras él. El otro tercio es puramente oportunista, y asume lo que sea con tal de seguir medrando.

MESS
Publicado el 19 de marzo de 2007

(*) Más o menos perfecta cuanto más pueda decidir el ciudadano/pueblo cada medida a tomar por el Parlamento. Por eso Ácratas aboga por:

--la Democracia Directa, Asamblearia

--el mandato imperativo de cada Asamblea a su diputado representante

--las circunscripciones municipales (o de distrito/barrio, en grandes municipios), otorgando al voto de cada diputado en el Parlamento (institución que no forma parte del Estado) el peso exacto de su cuerpo electoral local, no siendo por tanto los votos de los diferentes diputados iguales

--la abolición de toda administración que no sea la municipal y central (síntesis de la municipalidad), especialmente las fraudulentas y despilfarradoras autonomías

--la minimización del Estado para que pase de ser el principal explotador del ciudadano a un mero servidor del mismo, lo cual depende únicamente de su tamaño y competencias

Estas aclaraciones se hacen para expresar nuestro compromiso con la democracia estricta, por más que, llegado el caso, apoyáramos sin dudar un instante la República Constitucional invocada por Antonio García-Trevijano, pues se trata de una democracia real, a años luz de la partitocracia monárquico-cocotera que parasita a los españoles desde hace más de 30 años.

Aunque haya sido desgranada durante todos estos años en acratas.net, sintetizaremos en un próximo artículo nuestra propuesta concreta, que está en sintonía con la acracia asamblearia, mutualista y cooperativa, nunca en contradicción con la libertad individual y, a nuestro entender, compatible con una república constitucional.

25 de noviembre de 2011: el último Consejo de Ministros del gobierno Zapatero aprobó el indulto al consejero delegado del Banco Santander, Alfredo Sáenz
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