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LA IDENTIDAD POR TODA POLÍTICA. XVII: Republicanismo cívico, libertad e identidad

Para no perder la perspectiva, queridos amigos de Acratas, os diré, y le diré a todo el mundo que lea esta entrada, que lo que hacemos aquí es simple y llanamente, aunque también nada más y nada menos, y espero por nuestro bien no equivocarme, republicanismo, republicanismo cívico, republicanismo del bueno, pero republicanismo a fin de cuentas. Y lo digo porque a veces pienso que corremos el riesgo de perder la perspectiva y dejarnos llevar por ciertas egolatrías y singularidades que de vez en cuando, pero de manera constante, se citan por aquí. Y conste que no está mal dejarse llevar por gente que piensa, eso no, pero que no perdamos la perspectiva, insisto, en cuanto a que hay mucha más gente que piensa en ese sentido mismo del que tratamos aquí y que quizás nos aporten perspectivas nuevas y, estoy completamente seguro, muy interesantes y aun necesarias para nuestras reflexiones.

Para no aburriros con una admonición o una sofisticada arenga sobre lo que el republicanismo cívico significa en cuanto a profundización en la libertad política, que es a fin de cuentas lo que más nos preocupa, os voy a relatar aquí un breve índice de autores, artículos y publicaciones relativamente recientes y escogidas, que tratan estos temas y que enfocan la cuestión en lo que ahora mismo hierve, intelectualmente hablando, en ciertos departamentos de filosofía política de la universidad española.

El pionero de todo esto, y perdonadme los fans, no es el que muchos por aquí soléis traer siempre a colación, sino Antoni Domènech, el de la foto de arriba (una de las escasísimas fotos que se pueden obtener en internet de este señor), y el libro de referencia es: “De la ética a la política : de la razón erótica a la razón inerte”, el año de edición es 1989, ahí es nada. Es el primero que habla en España de republicanismo en un sentido moderno, adelantándose a la entrada posterior de los republicanistas anglosajones como Skinner, Pocock y Pettit. Su último libro, que yo sepa, es “Las condiciones materiales de la libertad” (2007), escrito junto con Daniel Raventós, especialista en renta mínima, porque, a fin de cuentas, sin un mínimo de libertad económica no hay libertad política que valga (¿eh, abate Marchena, a que sí tengo razón en esto?). Domènech ha traducido al español a autores clave para entender las ciencias sociales y políticas en la actualidad, como Elster o el propio Rawls.

Publicaciones recientes que recogen artículos sobre republicanismo y, de paso, nos dan a conocer a los principales autores españoles al respecto:
* Nº 33 de la revista Isegoría (2005): del que entresaco algunas entradas:
La libertad de las repúblicas: ¿un tercer concepto de libertad?, por Quentin Skinner.
Republicanismo y neo-republicanismo, por Angel Rivero
Republicanismo: el lugar de la virtud, por Félix Ovejero Lucas
* Republicanismo y democracia (2005) volumen colectivo integrado, entre otros, por los siguientes trabajos:
La libertad republicana y su trascendencia constitucional, por Philip Pettit
Para forzar a los gobiernos a responder, por Andrés de Francisco
Ciudadanía republicana y virtud cívica, por Javier Peña

De estos trabajos, los interesados podrán obtener, además de las ideas fundamentales del republicanismo cívico en su reflexión en torno a la libertad política, referencias abundantes que remiten a las diferentes líneas de investigación al respecto. En fin, que os aproveche a todos.

Y como siempre, eso sí, saludos maketos, porque la identidad, queridos amigos, está debajo del republicanismo cívico en forma de patriotismo: os remito al libro de Maurizio Virolli, máximo especialista en Maquiavelo, titulado: “Por amor a la patria” , donde nos enseña a no confundir patriotismo con nacionalismo. Sin amor a la comunidad en la que vivimos y de la que formamos parte y donde luchamos por ser libres, no hay libertad que valga. Cuando no hay libertad, algunos preferimos refugiarnos en nuestra identidad porque, aunque nos quiten la libertad, la identidad, la nuestra, la íntima, la de verdad, la que estamos dispuestos a compartir con nuestros semejantes, pero no la impostada, no la forzada, no la obligada, esa nunca nos la podrán quitar. En fin, cosas mías.

PEDRO JOSÉ CHACÓN DELGADO
Dedicado a Tony Díaz

ESPAÑA

España no es Europa. Nunca lo ha sido. La Reconquista y lo que llegó después terminaron por separarnos del continente. La "vividura" del español -castellano, catalán, navarro...- se forja a partir del hueco dejado tras la expulsión de judíos y moriscos. La contrarreforma trentina hizo el resto.

El concepto nación, por supuesto, es del XIX, pero aquí, tres siglos atrás, ya se había prefigurado la característica básica de lo español y de lo ibérico. Mientras Descartes inventa la razón capaz de discernir lo que es vigilia y lo que es sueño; mientras el protestantismo glorifica el trabajo y las obras "en esta vida"; mientras Newton concibe una máquina a la que llama Naturaleza; en España Cervantes inventa a un hidalgo que nos sugiere que nada es real, que incluso nosotros, lectores, somos personajes de una gran novela; el cristiano viejo abomina del trabajo manual y del lucro por considerarlos propios de moros y judíos; los poetas y los pintores nos muestran una realidad difusa y engañosa, cuyo paradigma es la torre de Segismundo, la Torre de Juan Abad, el espejo de Velázquez, la "Fama" de Jorge Manrique.

Y esto ha sido así y siempre será así, por los siglos de los siglos, porque somos incapaces de asumirlo, de extraer oro -como diría Baudelaire- del barro más miserable.

Y esto es lo que siempre nos ha hermanado a castellanos, catalanes, navarros, portugueses... Le pese a quien le pese.

Y esto no tiene por qué ser malo. No tiene por qué ser un lastre.

Los del 98 dieron con la clave, pero eran unos pésimos pensadores políticos. Cuando Unamuno dice que inventen ellos, cuando critica las ansias orteguianas y republicanas de mirarnos en el espejo europeo, está dejando al descubierto una gran verdad. La única verdad del devenir hispánico: estamos perdidos y, si escogemos el camino de la luz, de la razón, de la Europa protestante, nos perderemos aún más.

Tristemente, Unamuno no supo ir más allá -hablaba de un Cristianismo español, diferente al romano, que podría ser nuestra aportación más luminosa al mundo-. No pudo, en realidad, ir más allá. El desastre de la Segunda República le dio el tiro de gracia.

Lo que España -Cataluña y País Vasco incluidos- necesita es asumir de una puta vez su historia. Dejarnos, de una puta vez, de revisiones memórico-históricas interesadas e identitarias.

Tenemos, por una puta vez, todas las claves. Somos españoles, le pese a quien le pese. No somos europeos, le fastidie a quien le fastidie. No creemos en la literalidad de la razón, le joda a quien le joda. Vemos gigantes donde hay molinos, le encabrone a quien le encabrone. Hemos mamado todos -¡todos!- de la misma ubre ibérica de castas irreconciliables pero íntimamente complementarias, le duela a quien le duela.

Pero -insisto- por vez primera, poseemos la fórmula política necesaria, única en el mundo, enteramente hispánica, ibérica: la República Constitucional.

Un saludo a todos,


AQUILES

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