UN ESTADO A LA MEDIDA DE UN PRESIDENTE, O EL DINAMITERO DE LA MONCLOA.

Le preguntaron a de Gaulle: "¿Qué es un hombre de estado?"; y respondió: "Es un hombre capaz de asumir riesgos." ¡Qué gran hombre de estado debe ser entonces Zapatero!, pienso yo en consecuencia. Porque no sé de otro presidente español de la etapa actual que haya asumido más riesgos que él, con excepción del presidente Suárez, que asumió incluso el de perder la vida. Y sí, en efecto, fue un gran hombre de estado.

Luego aclaraba de Gaulle, “el mayor peligro de un gobernante es tener una idea clara y precisa, porque creer es siempre elegir un bando y, por ello, perder votos”. Ya no cabe duda. Porque nuestro Presidente está perdiendo votos a espuertas. ¡Qué gran hombre de estado debe ser entonces Zapatero!, vuelvo a pensar yo en consecuencia. Aunque –lo digo por ponerle algún pero, y que no se advierta mi afinidad socialista- quizá eso de la ‘idea clara y precisa’ no sea algo tan seguro. ¿Tiene Zapatero una idea concreta de España? Lo ignoro y sólo deseo que no lo ignore él, a estas alturas.

”Hombre de estado es el que sirve de instrumento y da satisfacción a esa ley natural en fuerza de la cual se forman y crean los estados, que es la misma que crea las especies”. La frase es de Alberdi, un reputado periodista ya fallecido. Supongámosla cierta. Entonces, me digo, ¿a qué especie pertenerá el Estat Català, de inminente formación? Algún insolente responderá que a la misma especie que las rémoras, esos pequeños peces que acompañan a los tiburones debajo de su panza y viven de lo que éste desecha, o de sus excrementos. Yo no lo veo así, porque España no es precisamente comparable a un tiburón. Puede que sí a un besugo, lo digo por la coherencia del discurso de Zapatero, o de sus diálogos con unos y otros. Y quizá porque a los besugos no los acompañan rémoras sea por lo que Cataluña prefiera nadar por su cuenta en la océana mar de la política. Es una idea, aunque estoy seguro de que las hay mejores.

Cataluña, en las actuales circunstancias, se me parece, más que a una rémora que nada bajo la panza, a un Alien; a un espécimen que vive parasitariamente dentro del Nostromo-España hasta que un día, de pronto, abra a dentelladas el pecho de su huésped y corra a esconderse debajo de algún mueble para acabar, al final, por devorarnos a la tripulación del Nostromo entera. Eso es: Cataluña es una especie de Alien: monstruosa, cruel, voraz; de esas que se salen con la suya al final, vamos.

Pero, volviendo al tema: ¿es o no es Zapatero un hombre de estado? No lo sé con certeza, pero me temo que no. Será porque tal concepto se corresponde en mi imaginario con el de un hombre oportuno, con una idea clara del país que gobierna y cuyo futuro tiene previsto. Alguien que se esfuerza para que ese estado sea cada vez más justo, libre y respetado en el mundo: un patriota, vamos. Alguien al que los politólogos calificaran como “un hombre para el pueblo”, o “un hombre a la medida de las circunstancias”.

A mí Zapatero no me parece un gobernante a la medida del pueblo español o de sus circunstancias, sino un irresponsable que está creando las circunstancias para que el pueblo español se busque otro gobernante. Y eso me parece inaudito y me deja, también a mí, en un estado de perplejidad como el que dice tener de continuo el registrador Rajoy (es raro, porque Rajoy no ha compartido puntos de vista conmigo hasta la fecha: ni sereno, ni borracho).

Pero puede que no se trate de eso, quizá lo que pase sea que Zapatero -modesto él- comprenda que no tiene conocimiento suficiente, que no controla ni lidera España como es debido; puede que se crea incapaz de gobernar un estado tan problemático o complejo, y piense que reduciéndolo en cierta medida en extensión y competencias (cediendo algunos territorios a los nacionalistas), se le va a quedar una España más manejable y adecuada para sus capacidades y méritos. ¿Podría ser Zapatero entonces un hombre de estado, aunque fuera de uno más pequeño? Pues no señor, porque así no se comportan los hombres de estado, ni siquiera aunque partan de las circunstancias difíciles de las que arrancó el Presidente el 14 de marzo de 2004.

Yo creo que Zapatero, endiosado por los pelotilleros que lo rodean, ignora que es o se comporta como un cretino; y también creo que confía en exceso en unas intuiciones y tácticas políticas mal adquiridas y pobremente asimiladas. E insinúo que está convencido -más atento a lo contingente que a lo sustancial- de que la dinamita que los sectarios hijos del Corán detonaron en los trenes de Madrid (la misma que lo llevó a la Presidencia del Gobierno de España) es un talismán y también una señal o mensaje de la diosa Fortuna. Y, encegado, se dispone a dinamitar el Estado Español entero para asegurarse el cargo por mucho tiempo.

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