TOMATE EN LA CUMBRE

Acabamos de saber del público enfrentamiento, en la Cumbre Iberoamericana, entre Hugo Chávez, apodado "El Mono Rojo", y Juan Carlos I, que ejerce como titular de nuestra Monarquía Garbanciforme Federozoica. Lo hemos visto en la televisión y ha resultado un espectáculo algo vergonzoso y asaz patético. ¡Y yo que pensaba que el show de la señora Teruel no podía empeorarse!

Hugo Chávez quiso dejar claro en la Cumbre que se la tiene jurada a nuestro legúmino ex-Presidente, Aznar, y que lo considera un fascista, y así mismo lo soltó. No lo dijo porque sí, sino porque está seguro de que en su Gobierno apoyó la asonada de Pedro Carmona en Caracas, en abril de 2002.

Zapatero, muy en su línea, ha intentado representar uno de sus apocados discursos conciliadores, que tanto gustan a la izquierda española:

—No te digo que no sea un fascista, Hugo, colega mío en el socialismo anti-norteamericano, que los dos sabemos que lo es —ha intentado decir—; pero has de tener en cuenta que lo eligieron los indocumentados españoles, y hay que aguantarse. Son cosas de la partitocracia española... Pero, entiéndeme, yo vivo del mismo momio partitocrático, y me toca hacer este papelón.

Pero Hugo no ha parado de interrumpirlo groseramente (es muy difícil interrumpir educadamente y, además, no está entre las habilidades del antropoide.) En un auténtico galimatías, ZP y Chávez, que está claro que aprenden Dialéctica de los tertulianos de Tele5, o en "El Tomate", se han interrumpido mutuamente hasta conseguir que sus peroratas resultaran ininteligibles para todos. En un momento dado, las coronadas canas de Juan Carlos I se han encrespado, se le ha cargado la boca y ha escupido, con majestuoso fuego, otra grosería del nivel de las del Mono Rojo:

—¿Por qué no te callas?— a lo que sólo le ha faltado añadir “¡Pedazo de payaso!”.

Resumiendo: Juan Carlos ha tuteado al Presidente electo de la República Bolivariana de Venezuela y le ha venido a llamar bocazas, que lo es. Pero, aunque lo sea, no parece conveniente un comportamiento así por parte de nuestro primer diplomático nacional. Luego, a causa de otras palabras de Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua, que ha acusado a España de entrometerse en los asuntos de las repúblicas libres de América, nuestro poco calmo Rey ha abandonado la sala de la reunión.

El monarca no ha sabido ser dueño de sus silencios ni de sus mocasines, por lo que todos los españoles seremos esclavos de sus palabras y de sus pasos. El agravio tendrá consecuencias nefastas para todas las empresas españolas que operan en Venezuela y países satélites (como Nicaragua), que son muchos. Y el desplante no lo va a poder arreglar Moratinos, que ha sido el único que se ha comportado como un impertérrito diplomático; porque sabe que la mierda flota y que lo mejor es que no hablen de uno. Así que sigue tan rico en silencios, que pronto será un mudo Tío Gilito.

Supongo, espero y deseo, que todo sea un amaño, una especie de sainete; que todo forme parte del espectáculo a que nos tiene acostumbrados la partitocracia española, que cada vez ha de exagerar más para llamar nuestra atención y para que acabemos por ir a votar a algún partido político, sea el que sea; da igual, con tal de que siga el tinglado.

Y no pasa nada; que, con todo este escándalo, el Rey saldrá reforzado. Los españoles, que más que una nación conformamos un público, lo vamos a aplaudir mucho. Educados por una decena de ediciones de Gran Hermano, donde todos se pelean y se dicen cosas como las que hemos oído en la Cumbre, los españoles tomaremos nuestros móviles y mandaremos un SMS cada uno. Y nominaremos a Hugo Chávez y Daniel Ortega para que sean expulsados de la Cumbre.

Y el Rey será el seguro ganador del Gran Garbanzo, edición 2007, como lo ha sido de las treinta y tantas anteriores.

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