DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DEL MCRC

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DEL MCRC


Tras los análisis y comentarios aquí realizados, el “Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional“ (MCRC), del que soy portavoz, hace esta declaración de principios y de valores:

I. Porque los seres humanos no nacen iguales en capacidad física y mental, ni en condición social, la Sociedad y el Estado deben garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades.

II. Porque existe un imperativo moral en todas las conciencias, es condenable el oportunismo personal, social y político.

III. Porque los individuos no pueden desarrollar sus vocaciones ni sus acciones fuera del contexto social, la lealtad es fundamento de todas las virtudes personales y sociales.

IV. Porque los españoles padecen temores derivados de su tradicional educación en el Estado autoritario, solo la valentía personal puede crear la fortaleza de la sociedad civil frente al Estado.

V. Porque durante siglos se ha sacrificado y despreciado la inteligencia y el espíritu creador, apartándolos de los centros de enseñanza, del Estado y de los Partidos, esas facultades individuales han de organizarse para tener presencia activa en la sociedad civil.

VI. Porque la decencia constituye el decoro de la civilización, la sociedad civil debe civilizar a los Partidos y Sindicatos, sacándolos del Estado.

VII. Porque entre el Estado de Partidos y la sociedad civil no existe una sociedad política intermedia, la parte más civilizada de aquella debe orientar la formación de ésta, sin el concurso del Estado.

VIII. Porque la política afecta al universo de gobernados, si el lenguaje de políticos y medios comunicativos no es directo, correcto y expresivo del sentido común, disimula una falsedad o esconde un fraude.

IX. Porque no son legítimas las razones ocultas del poder político, siempre será ilegitima la razón de Estado.

X. Porque a la razón de gobierno solo la legitima la libertad política de los que eligen el poder ejecutivo del Estado, son ilegítimos, aunque sean legales, todos los gobiernos que no son elegidos directamente por los gobernados y no pueden ser revocados por éstos.

XI. Porque la razón de la ley está en la prudencia de legisladores independientes, elegidos por los que han de obedecerlas, no son respetables, aunque se acaten, las leyes emanadas de Parlamentos dependientes del Gobierno.

XII. Porque la razón de la justicia legal está en el saber experto de una judicatura independiente del gobierno y del parlamento, no pueden ser justas ni dignas las resoluciones de una organización judicial dependiente de ambos poderes.

XIII. Porque la razón del elegido está en el mandato unipersonal, imperativo y revocable del elector, es fraudulento el sistema proporcional de listas, que solo representa a los jefes de partido.

XIV. Porque los medios de comunicación forman la opinión publica, no puede ser imparcial ni veraz la información controlada por un oligopolio de poderes económicos.

XV. Porque la corrupción es inherente a la no separación de los poderes estatales, solo la puede evitar, con su separación, el recelo y la desconfianza entre sus respectivas ambiciones.

XVI. Porque las Autonomías fomentan los nacionalismos discriminadores o independentistas, deben ser compensadas integrándolas en la forma presidencial de Gobierno.

XVII. Porque las Autonomías fomentan gastos públicos improductivos, sus competencias susceptibles de ser municipalizadas deben de ser transferidas a los Ayuntamientos.

XVIII. Porque la Monarquía de Partidos carece de autoridad para garantizar la unidad de la conciencia española, y ha sido foco de golpes de Estado y corrupciones, debe ser sustituida por una República Constitucional, que separe los poderes del Estado, represente a la sociedad civil y asiente el natural patriotismo en la forma presidencial de Gobierno.

XIX. Porque la única razón de la obediencia política reside en el libre consentimiento de los gobernados, éstos conservan su derecho a la desobediencia civil y resistencia pasiva, sin acudir a la violencia, frente a todo gobierno que abuse del poder o se corrompa.

XX. Porque el pasado no puede ser revivido, sin imponerlo la fuerza del Estado, no es posible la restauración pacífica de la II República, cuya forma de gobierno parlamentario tampoco era democrática.

XXI. Porque el sistema de poder de las naciones europeas, ideado para la guerra fría, no es democrático, los españoles están obligados a innovar su cultura política para llegar a la democracia como regla formal del juego político.

Por lealtad a la sociedad civil, los Partidos Políticos, Sindicatos y Organizaciones No Gubernamentales no pueden ser financiados por el Estado; y por lealtad a la conciencia personal de los integrantes de este Movimiento de Ciudadanos, el MCRC no se transformará en partido político, y se disolverá tan pronto como su acción se agote con el referéndum que ratifique la Constitución democrática de la III República Española.


Antonio García-Trevijano
Portavoz del MCRC

( Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional)
http://www.antoniogarciatrevijano.com/

EL CRIMEN COMO ESPECTÁCULO PREELECTORAL

Si no pensamos, por falta de costumbre o de tiempo, la monserga panfletaria y la pancarta sustituyen a la reflexión. Sin embargo, todo ciudadano tiene un límite último cuyo franqueamiento desata su reacción. En el ámbito de la conciencia hay convicciones inexpugnables, avaladas por el sentido común. Los políticos conocen ese límite, así que cuando el partido en el gobierno lo rebasa, y llega al crimen o a la negligencia criminal, sabe que acabará en la oposición (no en la cárcel); si bien contribuirá, paradójicamente, al sostén del sistema de oligarquía de partidos mediante el mecanismo de la alternancia en el poder.

Los partidos venden excrementos como si fueran trufas. El aspecto es parecido, pero si te acercas, hueles la diferencia. La abstención es la consecuencia de ese comercio adulterado, y es veneno letal para la partitocracia, su muerte por deslegitimación. Los partidos evitan la abstención con esas crisis preelectorales, espectáculos tragicómicos o aun criminales, que hacen replantearse el voto útil al ciudadano descreído.

El proceso electoral es entonces, encubiertamente, una Elección Presidencial a una sola vuelta, compelidos los electores a derribar al presidente actual, por razón de su crimen o su negligencia criminal. La elección del resto de los parásitos de las listas electorales que los jefes de los partidos arrastran tras de sí es una secuela. García-Trevijano demuestra que los líderes de los partidos, contando cada uno con su representación, sólo necesitan un café para discutir de los asuntos políticos y de sus cuotas de poder (que consensúen o discutan, se abracen o se saquen los hígados; y, ante el desacuerdo, a contar, como en el mus). La representación política está tan alejada del elector español, que en este sistema sobran diputados y senadores, impostores con sinecura, junto con el Rey.

Esas encubiertas elecciones presidenciales están viciadas de errores insalvables en una Democracia. El presidente, electo para que ejerza el Poder Ejecutivo, dispone a su antojo del Legislativo, aunque aparente lo contrario: que le debe su poder, como parte de la impostura.

Me espeluzna que el espectáculo criminal haya de ser cada vez más extremoso para movilizar al elector desencantado. Me avergüenza que cuando un gobierno manda enterrar en cal viva a unos detenidos a los que se ha torturado hasta morir, o tolera que unos desalmados vuelen varios trenes y oculta la verdad, contribuya al sostenimiento del sistema, aunque lleve a su partido a la oposición.

¿Cómo es posible la aberración que denuncio, del crimen como espectáculo preelectoral? Porque el Poder Judicial no tiene la independencia mínima para sustentar ningún límite último, como ése de las conciencias de los ciudadanos.

Me aterra pensar en el espectáculo criminal de la próxima campaña electoral.

EL GRAN FRAUDE DE REPRESENTATIVIDAD DE LOS POLÍTICOS CATALANES

La sociedad civil catalana es, de entre la de toda España, casi con total certeza, la peor representada por su clase política, la menos verdadera, por lo tanto, porque los representantes no salen del cuerpo electoral, sino de una selecta parte del mismo que es o representa a la pureza de sangre catalana. Como no me gusta hablar por hablar, os lo voy a demostrar.

El Instituto de Estadística catalán establece que los cien primeros apellidos más usuales en la población catalana -que representan a casi 1/3 de la población- son de origen catalán en un 13%, y el resto, el 87%, de origen del resto de España. Extrapolar estas frecuencias al resto de los apellidos es inmediato, a menos que se introdujeran hipótesis absurdas, como que los apellidos terminados en z, por ejemplo, tienen más tendencia a emigrar que otros apellidos españoles; y que, como consecuencia, los apellidos catalanes tuvieran mayor variedad que los españoles. Sin embargo, cuando comprobamos el 100% de los apellidos de los Diputats al Parlament de Catalunya, salidos de las urnas en 2003, el índice de apellidos catalanes asciende a 180 de los 270 apellidos (2 x 135) y, lo que es aún más asombroso, 74 diputats tienen AMBOS apellidos catalanes, es decir, son puros de sangre. Supongamos, para estar del lado de la seguridad en mi cálculo, que ese 13% de la población catalana que tiene alguno de los dos apellidos catalanes, tuviera el otro también catalán, para que el resultado que sigue no fuera aún más asombroso, por lo desvergonzado. Sé que no es cierto, pero seguid el razonamiento.

¿Tenéis idea de cuál es la probabilidad de obtener 74 bolas blancas y 61 negras en cualquier orden, en una extracción de 135 bolas de un saco que contuviera 689.929 bolas blancas puras catalanas y 4.617.221 bolas negras con algún apellido español, cifras que constituyen el cuerpo electoral de Cataluña por origen de apellidos (5.307.151 electores)? La respuesta es 1,07634E-31, número que, en ingeniería es CERO y en Matemáticas es lo más parecido que haya a un infinitésimo. Y ésta minúscula cifra es la estricta probabilidad de que el Parlament de Catalunya fuera exactamente representativo demográficamente del pueblo para el que legisla hoy en día. (1)







Si calculamos para todos los posibles resultados electorales, cuya suma de probabilidades es escrupulosamente 1, obtenemos un resultado clarificador que expresaré así: en unas elecciones realmente representativas en las que tener apellidos catalanes no fueran un mérito para ocupar un puesto preeminente en las listas, habría un 99,999% de posibilidades de que los diputados de apellidos españoles obtuvieran 100 actas de diputado o más de las 135 en liza, y sólo el resto hasta el 100%, el 0,001% sería la probabilidad de cualquier otro resultado electoral que adjudicara menos diputados que tuvieran algún apellido de origen del resto de España. Y la probabilidad máxima (casi de un 10%) se obtiene para 119 diputados con algún apellido español por tan solo 16 con ambos apellidos catalanes. El 95% de probabilidad acumulada es para un resultado comprendido entre 112 y 125 diputados con algún apellido resto español. Cuando digo que el cálculo está del lado de la seguridad me refiero a que si los apellidos catalanes son el 13%, y admitiendo mezclas de apellidos, los “puros” con dos apellidos catalanes serían aún menos y aún más escandaloso el resultado del Parlament de 74 diputats con ambos apellidos catalanes. Por más endógamos que los catalanes sean, los que tienen ambos apellidos catalanes no puede ser más de un 10 % de la población.

Esta aberración representativa democrática se consigue mediante dos procedimientos:

1. Primando el territorio, sobre la población. Es decir, que la ley electoral permita que conseguir un diputado cueste en la Cataluña interior la mitad de votos que en las áreas metropolitanas, que es donde viven mayoritariamente los castellanos inmigrados. Pero no basta con eso.

2. Primando a los candidatos de apellidos catalanes en las propias listas de todos los partidos y en todas las circunscripciones. Si no producen ambos fraudes no es posible el resultado.

No sé a qué nos conduciría aportar estos datos a un debate con los independentistas catalanes (cuyos apellidos se correlacionan, por cierto, con la muestra poblacional, no con la del Parlament), aparte de a soportar insultos y descalificaciones “ad hominem”. Quizá aducirían cuestiones como el mayor nivel cultural de unos apellidos frente a otros, o la falta de interés de los castellanos por representar al pueblo, o que hace mucho tiempo que los apellidos castellanos están integrados en Cataluña, de modo que es indiferente cuál sea el del electo (¿Y qué tendrá que ver el culo con las témporas?) o, incluso, a que uno de ellos tiene un amigo catedrático de Matemáticas que dice que mi cálculo está mal, sin sentirse por ello obligado a demostrar lo que vomita. Pero estarían faltando a la verdad todos ellos, y también a la esencia de la cuestión: la correspondencia de la muestra de los políticos catalanes respecto del colectivo social al que representan es prácticamente CERO.

Si alguno no se ha dormido y sigue ahí, sabrá que el catalanismo postizo o advenedizo, independentista o no, del que habla Atole en el Racó Català, tampoco tiene representación en el parlamento de la nación a la que entrega su fidelidad. Como dato anecdótico, añadiré que no he contabilizado a Josep Lluís Carod-Rovira como diputado con ambos apellidos catalanes, porque, como todo el mundo sabe, sus apellidos reales son Pérez Carod.

(1) Para el que quiera saber cómo se calcula la probabilidad, ésta sigue una función hipergeométrica, y hay 135!/(61!.74!) combinaciones diferentes y equiprobables de obtener ese resultado, y la probabilidad de cada una es 0,87E61 x 0,13E74, bajo la premisa de que el hecho de que haya o no reposición de las bolas al saco es irrelevante o nada significativa, dado el inmenso número de bolas de cada color en el saco y las pocas que se extraen. Y si alguien lo desea, le suministro la hoja de Excel con el cálculo completo para las probabilidades de todos los resultados electorales posibles y la lista de apellidos de los Diputats.

No recuerdo el nombre del compañero de Ciutadans de Catalunya que escribió algo similar sobre bolas blancas y negras en el Parlament. Lo he rehecho en espíritu, quizá; pero desde la perspectiva de los datos que proporcionan Idescat y los propios obtenidos de la propia web del Parlament de Catalunya.

ECOSISTEMAS POLÍTICOS

Dice garcía-Trevijano en los comentarios a su artículo "Reino de la Falsedad".

"Sin embargo, lo que sí he tenido presente en mi teoría, destructiva de la partitocracia y constructiva de la democracia, han sido las ideas de entropía física y de negantropía orgánica, pues la partitocracia se puede llamar entrópica y la democracia, negantrópica. Pero no le deis mas valor que el de una bella metáfora."

Resulta inspirador el comentario sobre la negantropía del señor García-Trevijano, así que insistiré en él.

Supongamos aplicable el concepto y todo el desarrollo anterior en el ámbito del estudio de los ecosistemas a los sistemas políticos. Al aplicar la fórmula de Prigogine, dS = deS + diS, a la Ecuación de Límites del Ecosistema aparecen dos singularidades o estados últimos de la evolución, en función de que el balance entre entropía y negantropía haya sido persistentemente negativo o positivo: son la monoespecie y la diversidad máxima. La primera situación límite es la metáfora de la dictadura de ideología única. La segunda, la de la democracia directa (o quizá, siendo rigurosos, también pudiera conducirnos a otra cosa parecida, como la Arcadia libertaria que preconizaron los sistemas políticos extremos en su evolución: el anarco-liberalismo y el comunismo libertario). No hay caso: Otra consecuencia inesperada es que ambos límites son inalcanzables, según la Ciencia, por lo que cualquier partido político que predique la anarquía final, miente. Tampoco sería posible la democracia directa absoluta.

Descarto el caso particular de que el balance entropía-negantropía sea nulo a lo largo de toda la evolución del sistema político, porque no es posible en los organismos vivos. Significa la muerte.
Seguiré el consejo de García-Trevijano, aunque sé que me va a costar esfuerzo: No le daré más valor que el de una bella metáfora.

TERMODINÁMICA SOCIAL.

Cuando un gas, formado por incontables moléculas, es confinado y se somete a un aumento de temperatura, aumenta su presión. Y si el confinamiento es cerrado, de volumen constante, ésta puede alcanzar un valor crítico que haga estallar el recipiente. Pero si, hábilmente, alguien ha preparado el confinamiento como un sistema de cilindro y pistón, al modo de una máquina de vapor, puede obtener trabajo útil para el propietario de la máquina. No para el gas.

No necesito decir que en esta metáfora termodinámica el mecanismo de vaivén del que hablo es la alternancia en el poder del bipartidismo vigente, máquina imperfecta y de bajísimo rendimiento, pero de alta rentabilidad, si ese rendimiento se reparte entre los pocos que poseen la máquina.

Afortunadamente, los humanos no somos moléculas de gas y no tenemos, por tanto, que comportarnos como tales, agitándonos al azar y empujando contra todas las paredes del recipiente que nos contiene. Podemos organizarnos. Si, dentro de esa máquina extractora, las moléculas decidieran dejar de empujar a la pared que es la cabeza del pistón, la máquina se detendría para estupefacción de sus propietarios.

Lo que Antonio García-Trevijano -y con él, el MCRC todo- propone es que el gas no empuje al pistón, sino que utilice toda su energía en apretar contra las paredes del cilindro hasta hacerlo estallar. El procedimiento básico para dejar de empujar al pistón parásito es no votar, aunque eso, por el momento, sólo signifique una merma del rendimiento de la máquina. Ésta sólo se detendría, con esta única estrategia, cuando el número de votantes fuera tal que estableciera el equilibrio con el rozamiento de la máquina.

Creo que hacer estallar el recipiente necesitará de otras estrategias adicionales, más drásticas que la abstención activa. Al diseño de éstas últimas, cuando llegue el momento, aportaré todas mis fuerzas.

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