La senda del Infierno



Desde hace años vengo insistiendo, empujando como recluta en chocho de puta, en la necesidad imperiosa de conquistar la verdadera democracia. Y pensáis, como los borregos obedientes en que os habéis convertido, felices como submarinos en el agua, que lo que predico es un lujo aristocrático, un delirio filosófico, el innecesario capricho de la mente senil de un pichafloja. Pues lamento daros esta mala noticia: de lo que se trata, con la recuperación de la democracia, es de luchar simplemente por la supervivencia. Os voy a contar lo que nos depara inexorablemente el futuro, sin un control político y económico del poder omnímodo de los pastores por parte de sus ovejas, el sobrevalorado Pueblo Soberano; más allá de toda sospecha de bolacristalismo, os diré que la que nos va a caer encima es como lluvia de chuzos,  si no controlamos a todos esos hijos de furcia que venden esta decadente piel de toro a la Banca de la Sinagoga y a las transnacionales, con nuestras prepuciales bufandas incluídas en el lote. El futuro se resume en un exterminio de una buena parte de nosotros a manos de los amos del mundo, sólo para garantizarse ellos mismos la buena vida. Así que dejad de haceros el soldado desconocido, y sed unos nervios ópticos.



Si hay algo claro como consomé de asilo, en este mundo económico global, es la Teoría de Olduvai, esclafada por el ingeniero Richard Duncan, que establece la dependencia entre el crecimiento poblacional del mundo y su consumo de energía. Por si no os habíais molestando en averiguarlo, en el planeta Tierra, la población ha crecido al compás de la producción de energía, especialmente, en la de los hidrocarburos, el petróleo. Así de obvio es el asunto, más fácil de entender que el mecanismo de un abrelatas: Mientras la produción mantuvo un crecimiento exponencial, lo hizo también exponencialmente la población. El crecimiento exponencial de la producción mundial de energía acabó en 1970, punto de máximo índice de fertilidad(1) occidental, o baby-boom. Hace poco se alcanzó, tal y como os he contado hace pocos días, el peak-oil, o máximo de producción diaria de barriles de crudo; y simultáneamente, como por ensalmo, Occidente se desvive por alcanzar el equilibrio poblacional con una drástica reducción de la natalidad, que parece que nuestras hembras tengan el chocho de yeso. No ha sucedido lo mismo en África, Asia, Oriente Medio, en el mundo musulmán en especial, porque el Islam no sabe de proporciones y ecuaciones estadísticas, empeñado en ganar la guerra de civilizaciones no mediante la productividad de sus factorías, sus rebaños o sus campos, sino a través de la de los úteros de sus mujeres; y, claro, inversamente proporcional al aumento de población, el mundo islámico ha reducido su nivel de vida hasta cotas tribales, de básica y elemental supervivencia. Una vez alcanzado el peak-oil, y eso sucedió exactamente en 2007 —¿y qué otra cosa pasó ese mismo año?(2)—, la producción energética mundial empezó a decrecer de manera paulatina e inexorable como polla de recién follado. Y el factor "e", energía per cápita, cociente entre energía y población, cae ya estrepitosamente. Esa ley empírica parece —porque lo es, qué cojones— irrefutable.



Algunos autores hablan de un inminente retroceso medieval en la civilización, con hambrunas de perro de afilador debidas a la carestía del transporte de alimentos. Y no les falta razón. Pero adolecen todos, para llegar a ajustar predicciones, de un exceso de mentalidad uniformadora que no les deja ver la realidad, así que no pueden adivinar lo que de una manera ineluctable va a suceder —está sucediendo ya ahora mismo—. Porque tal linealidad entre producción energética y población no es la misma para todos los países del mundo, evidentemente: Así, el consumo en barriles de petróleo per cápita de EEUU es de 60, mientras que el resto del mundo es 10 (y el promedio del mundo es casi ese mismo 10, porque los americanos son sólo 310 millones de privilegiados y la población mundial es de 6.800 millones de personas). Y la Garganta de Olduvai está ahí, contemplándonos, manifiesta como rebosante regla adolescente sobre braga blanca. Y también están ahí las consecuencias letales para los humanos.



Y voy deciros por qué ese desequilibrio en el consumo será letal: Porque EEUU, que disipa el 25% de la energía total del planeta, es una potencia militar imbatible que posee armamento nuclear para arrasar el mundo entero decenas de veces, sin dejar ni una amapola, ni una cucaracha, ni dos piedras una sobre otra. Y, con ese potencial, los yanquis serán los últimos en pagar las consecuencias de sus propios excesos. Ahora mirad la primera gráfica de la derecha, que debéis estudiar con mucha atención, porque es la base de todo lo que os revelaré a continuación. En ella veréis tres curvas: la de producción energética mundial, la de población y la de su cociente, e. Observad la caída a partir de 2010 en producción energética y entenderéis la supuesta crisis "financiera" monumental que nos asuela actualmente. Y esto no ha hecho más que empezar, como le dijo el marinero con seis meses de abstinencia, y  la polla dura aún como el cuello de un cantaor, a la puta después del cuarto polvo. Lo que sigue es una clase de crisis jamás vista en el mundo, porque, por primera vez, lo que sobra —siempre para el actual sistema económico mundial, el capitalismo; es decir, si no pactamos otra gráfica— es la tercera parte de la gente. Y sobra porque, sin capacidad ni tiempo para cambiar de modelo energético-productivo, ni de hábitos sociales (¿os imagináis sin vuestro móvil, sin coche, sin pisito, sin Internet, sin vacaciones en Timbuctú?), si no desaparece ese tercio rápidamente, los que van a palmar son dos tercios por desabastecimiento de alimentos y combustibles, por ruina de la industria y por la práctica obsolescencia energética de la tecnología vigente. Porque, efectivamente, EEUU, ese Gran Hermano que nos quiere como a primos, hará todo lo que sea necesario para sostener sustancialmente su "e" de 60 barriles per cápita —aparte de que siga aumentando la producción y el consumo de carbón en sus centrales térmicas, con su contaminación ambiental (¿a quién coño le importa un poco de humo, si la alternativa es no comer?); porque la construcción de centrales nucleares no es ni será nunca rentable, pues consume mucha más energía en su construcción y puesta en marcha, en el refino de materiales radiactivos, de la que se recupera en los siguientes 20 años de actividad: mala inversión para quienes están apurados, con mucha prisa, en las últimas, porque se les acaba el crudo hasta para el mechero—. Así que todo el sostén del tren de vida americano será a costa de un descenso poblacional planetario delirante y de la apropiación de los recursos energéticos de los ausentes. No hay más, y al que no le guste, que no mire. Otra salida, sin cambiar drásticamente el sistema capitalista, sería una quimera: ¿Cómo pretender que los norteamericanos se conciencien por la puta cara de que son unos parásitos del resto de la Humanidad, de que deben reducir su consumo energético a la media mundial? Imposible, entre otras cosas, porque los cambios de modelo, como todas las costumbres arraigadas en la sociedad, tienen una inercia imparable. Sólo una guerra monstruosa con millones de bajas cambia los hábitos de manera rápida, en tres o cuatro años (como les pasó a los alemanes y a los japoneses, tras la II Guerra Mundial). Pero tal modelo de guerra no es hoy día posible, porque (como ya os he razonado reiteradamente) a la guerra van los jóvenes; y aquí, en Occidente, no nos sobran los jóvenes. Los que sobramos de verdad somos los viejos. Pero los viejos no vamos a la guerra, sino que estamos felizmente jubilados, y pretendemos que nos paguéis el ocio durante los próximos treinta años, mientras viajamos y vemos mundo; o caemos enfermos, y encima exigimos que nos cambiéis los pañales cagados un par de veces al día.



En las curvas que os he puesto, más puntuales que la regla de las Walkirias, queda patente que, en los próximos 20 años, la población habrá de volver a ser la de 1980. Es decir, que de 6.800 millones de humanos que pululamos por el planeta, hemos de pasar a ser 4.400. No importa cómo, si a través de guerras, hambrunas, enfermedades o abducciones de extraterrestres, tienen que desaparecer de la faz de la Tierra unos 2.400 millones de personas —120 millones de personas menos cada año, diferencial entre nacimientos y decesos, que la profesión del futuro es la de funerario—. Y como el Poder Global de la B'naï B'rith y sus acólitos —de la Trilateral, Bilderberg, los Skull and Bones y las mil sectas templarias-salomónicas— han decidido ya quiénes vamos a ser esos seres humanos (los que ellos consideran precisamente no humanos, sino borregos pascuales sacrificables a Jehová), la agenda de acontecimientos venideros será, con menos margen de error que el de un reloj de cuco suizo, la siguiente:



En 2013, estallará una guerra, iniciada por Israel —que plantará un hongo radiactivo sobre Teherán—, entre Occidente e Irán (nación ésta última que será apoyada por el resto de países musulmanes a piñón fijo). Morirán en ella, en los tres años siguientes, 200 millones de seres humanos, entre víctimas directas de los bombardeos nucleares y víctimas inducidas por el hambre y el desabastecimiento. Gracias a esta guerra, EEUU mantendrá su tren de vida básico, si bien reducirá su consumo de 60 barriles de crudo per cápita a 45-50. El absoluto cierre de fronteras permitirá mantener a la población norteamericana, aún orgullosa de su patria por la cuenta que le trae, relativamente aislada de la realidad, arropada por los desinformativos de los media judíos, y bien abastecida de crudo expropiado a los vencidos. Como el resto del mundo sí que verá la evidente y desproporcionada masacre, el dólar caerá estrepitoso como meada de yegua; y el carbón alcanzará su pico de producción. El control de natalidad será un hecho incuestionado por todos, un asunto de comodidad y de mantenimiento del buen nivel de vida. Será el fin —joder, por fin se han salido con la suya— de la escala cristiana de valores y de la adopción de la escala "humanista-socialista", con su obamática cobertura médica universal (a instancias de los laboratorios farmacéuticos que financiaron el encumbramiento del presidente de USA y que, a causa de esta perruna crisis, no venden ni una aspirina desde hace tiempo, porque nadie aparenta mayor salud que el pobre solemne, que no puede permitirse tirar su poco dinero en pastillas, sino que lo gastará en pan y en vino; y, si acaso le sobra, en algún chumino), cobertura farmacológica que permitirá a los opulentos cofrades de la sinagoga envenenar, o infectar, a quien se les antoje, cuando les salga de sus descapulladas pollas. Pero tendrán que darse prisa matando gente, porque llevarán para entonces mucho,



mucho retraso en la implementación de su solución final.



En 2016 (no antes, pues la fallida infección terrorista de los laboratorios Baxter de 2009, contaminando 75.000 vacunas de gripe estacional con gripe aviar, fue descubierta, y sería un gran riesgo para los genocidas repetirla antes de que la amnésica basca pase de ella), una gripe sintética de letales efectos respiratorios exterminará a 40 millones de ancianos y enfermos occidentales (los que de verdad tocan los ovales al sistema), a 10 millones de niños —a ver si las lunáticas chocholocos dejan de parir de una puta vez—, y a 350 millones de personas médicamente desamparadas o desnutridas del resto del mundo, refugiados la mayor parte. EEUU mantendra su tren de vida tranquilos como pollos de sal, igual que —en menor medida— Europa y el resto de Occidente. Se hablará de establecer un Gobierno Mundial que pare la guerra y resuelva la alarma médica, y de una moneda única como salida a las sucesivas crisis políticas y económicas. La gripe se repetirá, con oportunas y malignas variantes, los cinco años siguientes, si bien cada vez con menor mortandad —que a todo se acostumbra uno y que la gente empezará a relacionar las vacunas con la enfermedad—, pero aniquilará a otros 400 millones de seres. EEUU bajará su consumo de crudo a los 40 barriles per cápita en honor de todos sus jubilados muertos. Todo un gesto. China exterminará, a su vez, mediante alguna enfermedad respiratoria, un SARS galopante, a otros 500 millones de seres, entre sus propios súbditos y los indios, porque sobran a espuertas, que, calientes siempre como palos de churrero, no dejan de follar ni durante las monumentales riadas que los ahogan por millares. El Gobierno Mundial será una amenazante promesa inminente.



A partir de 2020, la guerra por los recursos energéticos será franca y abierta. ¿A qué fingir más? Todos los países productores de petróleo, incluída Venezuela, serán invadidos por el tándem USA-OTAN. Ni un barril será exportado a países no colaboradores de Occidente. África será un cementerio, mientras Rusia habrá permanecido todos estos años impasible como un ojo de vidrio ante el expolio occidental, sosteniéndose de sus propias fuentes energéticas aparentemente inagotables; esperando la ocasión para afianzarse como líder mundial, con todos sus misiles apuntando a Europa y USA, armándose hasta los dientes; y enterrando a sus muertos por tanta enfermedad contagiosa, con un mosqueo como el de una mierda reciente en un muladar. EEUU se descompondrá probablemente en dos bloques, cada uno con un área más rica, especuladora, bonvivant y cosmopolita (ambas costas) y otra campesina (una dividida zona interior, continental, un granero, vamos). La muerte ya indisimulable de 900 millones de seres en esos diez años, por más que sea obviada por todos los informativos del mundo, hará que buena parte de la población reaccione con violencia, pero será masacrada y calificada como terrorista, y se le imputarán guerrillas, atentados e infecciones intencionadas de aguas y alimentos. Y el Gobierno Mundial de Salvación será un hecho, igual que la moneda única. Todo ello no significará que los decesos no continúen, porque seguirá sobrando muchísima gente aún. Pero ya hablaremos, si aun vivimos, que no lo creo. Porque para entonces, Occidente, sus ciudadanos, habran sido víctimas (como los que más) del satrapismo de las clases dirigentes, crueles, duras y dictatoriales como prensas hidráulicas. La democracia será el simple recuerdo, un cuento para niños, de una edad dorada de abundancia y plenitud, irrecuperable para siempre, como una Arcadia.



Claro que, para todo esta inminente crisis humanitaria, para este sindiós, hay otra solución. Pero como en España no quedan gónadas para implementarla, que andáis de ellas más escasos que una comparsa de transexuales, ni energía, ni dignidad, ni ganas de esforzaros; como preferís dejaros morir en algún rincón, comiendo basura y meneándoosla, en vez de luchar, no vale la pena hablar de ella... Es la solución en la que insistiré hasta que me corten el abrigo de madera —perro porfiado saca mendrugo— mientras medito, ayuno y espero(3): recuperar la verdadera democracia, establecer un régimen basado en la municipalidad ancestral, la explotación comunal de tierras y fábricas, la equitativa distribución de los alimentos, la explotación de la proximidad y la coordinación de todos estos municipios mediante unos diputados electos que nos representen en un estado soberano con independencia de poderes, para nuestra defensa común. Y constituir una gran nación de guerrilleros irreductibles, capaces de dar su vida por sus familias, por sus compatriotas, de aplicar una dura Ley de Hierro a quien haga falta; y que, al llegar al final de la senda del Infierno, deshechos por la metralla, se planten ante el mismo Diablo, y le espeten: "¿Tú sabes por qué estoy yo aquí? ¡Porque fusilé a la propia Muerte a quemarropa!"(4)



MALDITO HIJO DE PERRA





(1) Se denomina índice de fertilidad al promedio de hijas que pare la mujer a lo largo de su vida. En España, actualmente, es de 0,6, lo que significa que la población tiende a encogerse de manera brutal.



(2) En 2007 estallaron tres crisis simultáneamente: la financiera, con la acumulación de dinero creado más grande de la historia; la de la energía y la del envejecimiento poblacional insostenible, pues el número de jubilados anuales superaba el de nuevos trabajadores.



(3) Decir de Siddharta, de Hermann Hesse.



(4) Jorge Luis Borges.



GRÁFICAS PARA GENTE LÚCIDA Y BIEN EDUCADA:





¿Imagináis el tiempo que tomaría mudarse a las energías alternativas ahora mismo, dependiendo como depende el 85% de la energía consumida por el mundo de los combustibles fósiles?



La recta que une USA con España pasa también por el origen. Lo que quiere decir que somos igual de manirrotos que ellos, que despilfarramos como premiados en la lotería. Ambos lejos de Japón, el paradigma (casi único) a seguir. Pero es que los japoneses son conceptuales, educados y estoicos. Así que consumen sólo 6 kW/ persona, mientras que EEUU derrocha 11,4.



NOTAS: MHDP

Artículos anteriores

Clásicos más leídos de todos los tiempos