Pero esos 4.500 se han leído, eso sí, buena parte de los 575 artículos publicados, con una media de 150 artículos por cabeza. O sea, que ellos solos representan una buena parte de las lecturas totales, que son, más o menos, un millón. ¡Y son unos tipos sólidos como rocas! Por lo tanto, seamos conscientes de que escribimos fundamentalmente para esos 4.500 hombres y mujeres —de entre 75.000 lectores en total— muy, muy especiales: una banda de marginales del intelecto cuya fe —en sí mismos y en la verdad— parece que fuera capaz de mover montañas.
Pero una cosa son los cojones y otra, muy diferente, dar trigo: una cosa es mover montañas y otra muy diferente mover a los españoles a hacer o pensar algo útil. Los españoles son como marranetes irresolutos habituados a hozar y engordar hasta la matanza, como cerdos blancos —no ibéricos pata negra, vamos— de esos que no comen bellota sueltos entre los encinares, sino de los que son cebados, con piensos y garbanzos, entre rejas, asomando sólo el hocico para alcanzar la pitanza. Piaras enteras hacinadas en chamizos pestilentes, al cuidado de sus amos, los avariciosos de la botinada, esa gentuza cuyo objetivo es convertirlos en jamones de cebo y en embutidos de dudosa calidad, en cuanto puedan.
Así que nuestros 4.500 lectores asiduos, jabalíes montaraces de colmillos como gumías, bravos y más peligrosos que el toro que mató a Manolete, no tienen nada que hacer, por más que, desde el exterior de las pocilgas, no cesen de avisar a sus compatriotas, hasta quedarse afónicos, de que van a ser sacrificados para San Martín.
La próxima cuesta de enero, que va a durar años, nos espera a todos para impartir su partitocrática justicia. De modo que, a partir de ahora, Ácratas debiera avisar mucho menos sobre lo que sucede y sucederá en los próximos meses al común, y dedicarse a organizar la lucha por la vida de esos 4.500 bravos, para que salven sus para nosotros preciadísimos pellejos y también los de sus familias directas. Ácratas debe dejar de ser, muy a su pesar, una página de culto para estetas de la verdad y aristócratas sin compromiso, y convertirse en un puto manual de supervivencia.
Muchas gracias a esos 4.500. Por existir.
ÁCRATAS
NOTA: Desconfiad de todos los que, por estas fechas, os deseen felices navidades y próspero año nuevo. O son unos soplapollas que no se enteran de nada o quieren robaros la cartera. La Navidad es la fiesta pagana del consumismo desaforado. Y el año nuevo no será próspero, sino el peor que os va a tocar vivir en toda vuestra vida. Afilaos los colmillos contra las rocas de piedra pómez.
ADENDA DE MESS: Este diario no se publicita en ninguna parte. Ni tiene capacidad para ello —más allá del esfuerzo personal que hagáis graciosamente vosotros, los lectores— porque no dispone de medios. Aquí no hay partido que nos sustente, sino bien al contrario: todos los partidos políticos son nuestros feroces enemigos, porque hemos desenmascarado su impostura, su adhesión inquebrantable a la Monarquía Cocotera, su corrupción intrínseca y su falta de democracia interna. Y los ácratas no vamos a crear ni un partido propio (¡anatema!) ni una asociación ciudadana que nos respalde. Escribimos para individuos capaces de aislarse socialmente, de quedarse solos en defensa de sus ideas, si hace falta. Escribimos para jodidos outsiders, marginales de la política y del orden establecido. Mal asunto para triunfar... ¿Eh?
Hace un mes os pedimos a todos ayuda. No se trataba de ayuda económica, que no nos hace puñetera la falta, porque todo lo que necesitamos es gratis (y los cojones vienen en el pack de la Vida), sino respaldo en la difusión de nuestro Diario Ácratas. El único banner "publicitario" que adorna la portada de Ácratas defiende lo propio, y habla claro. Pero los números cantan su salmodia irreverente: "No vais a ninguna parte, ácratas... ¡¡JAJAJAJAJAJA!!"
No pasa nada. No tiene importancia. Nuestros articulistas basan todo su esfuerzo en la puta generosidad: "Sé esto y os lo cuento. Haced con ello lo que en gana os venga."
Cuando el Régimen aprieta sus muñidoras tuercas, cuando el Sistema se hunde asfixiado en sus excrementos, cuando la ciudadanía no mueve un dedo para evitar su propio sacrificio, no nos queda más que afirmarnos en nuestras ideas y apretar los dientes.
A modo de quitapesares, recordad estas palabras de un gran poeta ácrata, Jesús Lizano: "El capitán no es el capitán. El capitán es el Mar." ¿No oís ya el rumor, no sentís bajo vuestros pies la vibración telúrica de la Gran Tormenta Ubicua que pondrá a cada uno en su lugar? ¡Aquí viene! ¡Viva la Acracia!