La rabieta del Molt Deshonorable
arruina Cataluña




El Procés no es más que un acto de defensa, con todos los hierros, del Molt Deshonorable Jordi Pujol i Soley, atrapado en las redes de su propia corrupción. En cuanto Pujol fue acometido por la Justicia, Artur Mas, su perro faldero, inició el Procés "descubriendo" en la manifestación del 11S de 2012 el profundo deseo de los catalanes de formar un estado independiente de España, que se materializó en el pseudo-referéndum del 9N del 2014, justificándose en un patético "España nos roba, y no Pujol" (3.200 millones de eurekas nos ha birlado el tío).

Esta vez, el acoso de la justicia empezó con sus hijos. Dos en la cárcel. Como de momento la competencia de prisiones depende del TSJC, están en casa con un tercer grado algo forzado. Pero los casos en los que Jordi y Oriol Pujol están envueltos son tantos, que la siguiente condena los confinará durante muchos años en cualquier celda cinco estrellas de Can Brians.

Por eso, porque esto es cosa personal de Pujol, y es lo sorprendente, ha sido la derecha catalana la que se ha echado al monte del carlismo independentista, no la izquierda (más que a rebufo, casi a regañadientes), destruyendo toda la economía de Cataluña a su paso. Y, lo que es aún peor, destruyendo la credibilidad de la derecha política catalana para muchos, muchos años.

Ya amenazó Pujol en su comparecencia en el Parlament: "Si vas segando la rama de un árbol, al final, cae una rama y todos los nidos que hay hasta caer el árbol entero". Se refería su advertencia al árbol de la corrupción española, cuya base era entonces el Rey Juan Carlos I, con el que Pujol había compartido pingües negocios con origen en Los Albertos.

El escenario que ha dejado la estrategia rupturista de Pujol es, hasta el momento, desolador: 12 políticos en la cárcel juzgados por golpistas, cinco fugados; ERC a punto de ganar las elecciones en Cataluña, ha sido el partido más votado en las generales y con el triple de diputados que la derecha catalana en el Congreso.

Y todo ello para que el "Caso Pujol" pase a segundo plano, nadie le meta mano al Capo di Capi, dadas las circunstancias, y sus delitos acaben por prescribir. Porque de eso se trata, señores. De salvar su culazo gordo.

Al pujolismo lo construyeron a conciencia Felipe González y José María Aznar, en vez de pactar un turnismo racional con abstenciones ad-hoc. Ambos conviertieron a Pujol en "un hombre de estado", en la bisagra del poder, cuando lo que era es el mayor sinvergüenza de España, y todos lo sabían. Las cesiones competenciales de Aznar fueron letales. El caso Banca Catalana no se resolvió nunca. Burón Barba, fiscal general, se la envainó por orden de González. Pero entonces Pujol acababa de ganar unas elecciones en Cataluña por mayoría absoluta. La diferencia es que es esta ocasión, Pujol no era ya president y no podía envolverse en la cuatribarrada como hizo en 1984. De modo que tuvo que jugarse un òrdago, tirando de dossieres de su CNI particular, y encender un fuego que sabía que ponía en riesgo no solo la autonomía catalana, sino la preeminencia catalana en la industria y los grandes negocios. Y a España entera. Ahora mismo no negocia con el "Seny Català" nadie. La imagen de los catalanes se ha perdido irremisiblemente. Para siempre. No son de fiar. El capital catalán está fuera del mundo de los negocios y el empresariado catalán queda en un estado lastimoso. Cataluña no ha podido aprovechar el repunte económico español de estos últimos años. Y ahora viene otra crisis.

Cataluña está en ruina política y económica. Pujol sonríe. Cataluña le importa un pebrot. Lo único que le interesa es su caso personal, su familia. Los catalanes debieran aprender la lección. 

ÁCRATAS


NOTA:
Para evidenciar la ausencia total del sentido de estado de la casta política, en especial, del PSOE, contemplemos el "intercambio de favores" que se ha producido estos días y que ningún medio cautivo (casi todos) relaciona: El PSOE, contra el dictamen de la Junta Electoral Central, ha empujado primero a la fiscalía y luego al TS para que permita presentarse a los fugitivos Puigdemont, Ponsatí y Comín como candidatos al Parlamento Europeo a cambio de que Torra y el Parlament golpista hagan senador a Iceta, condición indispensable para que éste acceda al cargo de presidente del Senado. Poco le importa al PSOE que la imagen de España sufra como consecuencia de ello. "¿España? ¿Qué es eso?"

Y luego, los anarquistas destructores de estados somos nosotros...




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