¿SE HA ROTO EL MALEFICIO?

Tras el partido España-Italia, con victoria de nuestra selección sobre la italiana a los penaltis, preguntado sobre qué opinaba del partido, a la salida de los vestuarios de la Selección Española, el Rey Juan Carlos I , entre lugares comunes, profirió:

—Se ha roto el maleficio—. Y se refería el ungido ente a que, tras varias derrotas de la Selección Española en fecha 22 de junio —en el Mundial de 2002, a los penaltis, en la Eurocopa de 1996 y en el Mundial del 86, también a los penaltis—, al fin España había vencido en esa fecha fatal.

Este articulista considera poco seria la respuesta para todo un jefe del Estado, que no contestó lo oportuno; cree que debiera haber respondido otra cosa menos rabanera. Figuremos que se le hubiera preguntado lo mismo, en las mismas circunstancias, al Presidente de la III República Constitucional Española, en vez de al Rey de esta monarquía cocotera. El Señor Presidente, sin dudarlo un instante, estamos seguros, habría contestado:

—La victoria de España sobre Italia este 22 de junio demuestra que los maleficios no existen, sino que son el trabajo, el esfuerzo y la determinación en la consecución de la victoria, además de una pequeña cierta componente del azar a favor, las que determinan el éxito de un trabajo colectivo. España no cree en maleficios. Los españoles no admiten que haya desgracias inevitables. Nuestros ciudadanos saben que el éxito depende en un 99% de la honestidad, de la sensatez y del empeño.

Pero en esta nuestra España no tenemos todavía un Presidente de la III República, de modo que los españoles tenemos que conformarnos y pensar de otra manera: Si nos echan del curro, es cosa de un maleficio; si nos embargan el piso, es cosa de la fatalidad; si nos encuerna nuestra parienta, es cosa de nigromancia.

¿Para qué estudiar o trabajar duro, ganarnos la estima de nuestra gente, si todo está ya escrito en las estrellas, en la hedentina de la vesícula de un ave o en el aspecto de una broza de té? Sirva como muestra a los españoles la trayectoria vital del propio Juan Carlos. ¿Qué ha hecho él para ganarse su corona, su cetro y su armiño? Fue el destino, que Franco lo escogiera a él como sucesor al frente del Glorioso Movimiento, en vez de a Alfonso, su yerno. Fue cosa de la fortuna que el 23F saliera como salió, en vez de al revés, y hayamos gozado de un rey contemporizador, en vez de un absolutista. Ha sido, en fin, la fatalidad la que ha mantenido al Rey Juan Carlos en el poder estos últimos 33 años. Por eso, por los maleficios, ya ves. Y porque hay maleficios firmes e indestructibles como un cerrojo de acero al titanio, que no se deshacen por más que se repita cada año, tercamente, un 22 de junio.

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