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RECESIÓN, MATEMÁTICAS Y CAFÉ PARA TODOS

Siguiendo con la inveterada costumbre de escribir sobre aquello de lo que no sé nada (bien, si queréis, lo dejamos en casi nada), me propongo escribir un artículo, o cualquier cosa que esto sea, de Economía. ¿Por qué motivos? Por dos: el primero es porque muchos lectores del mejor periódico digital de los que pululan por la red de redes, es decir éste, sé que andan por ahí diciendo que sólo me ocupo de cosas tan poco pegadas a la realidad, como la ciencia-ficción o parecidas fantasías. La segunda es más... ¿como diría?, prosaica, o tal vez egoísta. Sí: mi intención es hacer méritos para que, en la próxima “remodelación” ministerial, don José Luís me nombre Ministro de Economía.
Sí, sí, ya sé que os he provocado la mas desternillante hilaridad, lo cual tampoco está mal en los tiempos que corren, pero... ¿por qué no?.

Mi idea es que si nuestro ínclito y Excmo. Sr. Presidente, ha nombrado Ministra de la Guerra, llámese como se llame ahora al susodicho Ministerio, a una ilustre y afamada pacifista; si nombró Ministra de Igualdad, a una casi jovencita treintañera -que eso sí está bien-, cuyo principal mérito conocido era su cargo en una entidad andaluza de promoción del flamenco; si la Excma. Sra. Ministra de Fomento, doña Magdalena Alvarez, tenía parecidos méritos para serlo que yo para ser arzobispo de Canterbury, ¿por qué no? . Claro que para ello, al menos, y para ser honesto merecedor, creo que debo añadir a mi currículum de méritos ocuparme de la cosa económica mediante la publicación de artículos sobre el “tema”. Pues nada, he aquí lo que sigue:

“Algunos andan diciendo que estamos entrando en una crisis. Incluso hay quien dice que nos espera una recesión a la vuelta de la esquina. Eso es mentira. Nada mas alejado de la realidad”.

La cita no es literal (salvo el último párrafo que sí lo es), pero muy aproximada a lo que decía en febrero pasado, en plena campaña electoral, el ministro Solbes en el famoso debate sostenido con el candidato del PP, Sr. Pizarro, debate que según los “finos” analistas políticos oficiales u oficialistas, tanto da, ganó ampliamente el “solbente” Ministro de Economía del Gobierno.

Lo acabo de oír esta misma mañana, (31-12-2008) en una emisora de radio. Pero ¿qué es lo que ahora, menos de diez meses después, dice o reconoce el otrora “victorioso” Ministro de Economía? Desde hace meses, al menos cuatro, que sí, que estamos en crisis; luego, que estamos ante la más profunda crisis de que tiene memoria; y ahora, por fin, que estamos entrando en recesión.

¿Desde cuando se hablaba en Ácratas, o como antes se llamara éste mismo blog, de lo que iba a ocurrir y efectivamente está ocurriendo? Unos dos años aproximadamente. ¿Eran adivinos los economistas - quizá ni siquiera eran economistas- que lo pronosticaban? No. Pero decían la verdad de lo que percibían, analizando con libertad, sin cortapisas ni conveniencias partitocráticas, la realidad circundante. ¿Decía la verdad, según su percepción de la realidad, el Excmo. Sr. Ministro de Economía, cuando en febrero pasado, y con más de doce años de experiencia en el cargo, contando los mandatos anteriores con el ex presidente González, sostenía lo que se dice en la cita con que comenzamos? No. Trataba de engañar a los electores por conveniencias de partido, para ganar unas elecciones que estaban muy próximas. Y si para ello tenía que mentir, o al menos no decir la verdad, que él, con más y mejores datos que nadie conocía mejor que la inmensa mayoría, pues mentía u ocultaba la verdad. Y aquí estamos, inmersos no ya en una crisis más o menos profunda, sino en la mas profunda recesión de la que los jóvenes y menos jóvenes españolitos de infantería tengan memoria.

Y en éstas, cuando ante la preocupante situación del país, se requeriría la actuación decidida de un Gobierno que gobierne, con medidas posiblemente duras y hasta impopulares, de unos rectores económicos solventes y a ser posible, no “solbentes”, ¿qué es lo que tenemos? Una comunidad autónoma que se dice “nación”, Cataluña, que reclama más, más y más competencias, que, en realidad, significa reclamar más y más dinero al Estado, con el consabido argumento de que da mucho más de lo que recibe. Y aquí tenemos a nuestro ínclito Presidente, negociando bilateralmente (la “trilateralidad”, con participación de Chaves, era una mera cuestión estética, así no resultaba tan “feo”), en principio, con nuestro “President”, el Honorable Sr. Montilla, para cumplir una Ley Orgánica, el Estatut, que así lo dispone. Y él, el Presidente, se comprometió a aceptar tal y como fuera aprobado por el “Parlament” catalán.

Pero una vez negociado y acordado con Montilla “lo suyo”, pues todas las declaraciones actuales de disconformidad más o menos parcial de éste no son mas que “carnaza” para alimentar a sus nacionalistas más recalcitrantes, cumplido el trámite de negociación bilateral, nada le impedía a don José Luís Rodríguez, reunirse para “conquistar” y contentar a todos los demás presidentes de las demás grandes, pequeñas o medianas taifas patrias, negociando con todos y cada uno la parte del pastel económico que quieren que les corresponda.

Y cual moderno Mesías salvador y milagroso, el Presidente multiplica los panes y los peces. Dice y promete a cada uno, comenzando por la Presidenta de Madrid, Aguirre, lo que cada uno quiere para su Comunidad. Todos encantados, provisionalmente al menos. ¿Cómo es posible ésto, con unos ingresos estatales que se presumen cada vez más escasos, con un “crecimiento” negativo? Las Matemáticas, aplicadas a la Economía actual, no cuadran. Diecisiete trozos de una tarta nacional, previsiblemente mas pequeña, dan como resultado asimismo, trozos más pequeños. Pues no, incrédulo lector; eso era con las Matemáticas clásicas. Pero con las modernas que maneja y aplica don José Luís, los diecisiete trozos se pueden hacer más grandes de dos formas: primero, “adelgazando” económicamente el Estado hasta el punto de no disponer éste más que un diez por ciento de todos los ingresos, mientras el noventa por ciento restante llegarán a administrarlo las Comunidades Autónomas en un futuro mas próximo que lejano; y en segundo lugar, endeudándose hasta las cejas circunflejas, con una deuda que ya pagarán las generaciones futuras además de mañana mismo (el próximo año, el otro, el siguiente, o todos ellos), la nuestra, la presente.

Es decir, cuando para tratar de resolver una grave o gravísima situación, que si Dios no lo remedia (y no lo remediará, pues no creo que, caso de andar por ahí, se ocupe de éstas cosas), nos llevará dentro de no mucho tiempo a la espeluznante cifra de más de cuatro millones de parados (que jamás hemos conocido tampoco). Y cuando lo que se necesita es un Estado con más competencias con unos gobernantes más competentes, el Gobierno actual, en lugar de fortalecerlo, va enajenando incluso la “herencia” de nuestros hijos y nietos, arrojándolo a trozos a los voraces nacionalismos piraña-termiteros que tratan por todos medios de engullirlo y destruirlo.

“Después de mí, el Diluvio”, parecen pensar algunos de nuestros gobernantes. Hojeo un libro escrito hace ya varios años por el periodista Eduardo Álvarez-Puga, que tituló "Maldito mercado". No se por qué asociación de ideas, me vienen a la mente otras dos palabras parecidas: "¡Malditas taifas!”

PATALETE

LA IDENTIDAD POR TODA POLÍTICA. XIV: Por una psicosociología del nacionalismo en España

Bueno, que no es para tanto, no os asustéis. Simplemente voy a comentar lo que sería una adecuada comprensión del fenómeno del nacionalismo en España, sí, ese que tanto entusiasma al Abate Marchena, considerado en toda la extensión de la palabra, y desde los tres puntos de vista adecuados que creo yo que hay que considerar aquí.

El nacionalismo en España, para empezar, muchos lo entienden sólo como el nacionalismo de las periferias, digamos así, el del País Vasco y Cataluña. El de Galicia digamos que es algo así como lo que habría sido el nacionalismo periférico en España sin movimientos migratorios interiores: un nacionalismo romántico, de reivindicación lingüística, de morriña y de saudade. Según la teoría nacionalista que vengo glosando en esta serie, Galicia habría “disfrutado” de nacionalismo del fuerte si, y solo si, allí hubieran recalado maketos y charnegos (a saber el nombre que se hubieran llevado entonces). Pero como no fue así, pues su nacionalismo quedó como lo que quedó: una morriña.

El nacionalismo en País Vasco y Cataluña es otra cosa porque allí hay advenedizos en grandes cantidades con los que se practicó la exclusión pura y dura. Y el advenedizo es el pobrecito español de otras partes de España, incluidos, y en bastante cantidad, galleguiños. Pero fijémonos, también, y esto sólo es un recordatorio de mi teoría general del nacionalismo en España , que en el País Vasco y en Cataluña el nacionalismo no empieza en el Ampurdán o en el Roncal, pongamos por caso, zonas acendradamente indígenas y santo y seña de la catalanidad o de la vasquidad, no, no, el nacionalismo empieza justamente en las zonas más urbanizadas, industrializadas y atacadas por la invasión española de esos territorios, Bilbao capital y Barcelona capital y alrededores: claro, como que esos nacionalismos, el catalán y el vasco, tienen en el contacto nativo-inmigrado español su verdadera seña de identidad.

¿Y qué decir del nacionalismo español, ese que tanto arroba al Abate Marchena? Pues que así como algunos teóricos del constitucionalismo dicen que surge con la Constitución de 1812, yo sostengo que sólo surge como tal, con cierta conciencia popular y con ciertas ganas de regeneración con el Desastre del 98 y con la aparición de los nacionalismos periféricos. El nacionalismo español moderno, digamos así, no lo de Lepanto y Pavía, que no es más que imperialismo católico, el nacionalismo como tal en España, digo, sólo surge a la defensiva, para defenderse de la disgregación que plantean los nacionalismos periféricos.

Y dicho esto, que ya es bastante, apenas me quedan un par de párrafos para desarrollar lo que me proponía en esta entrega, la psicosociología del nacionalismo en España. Es muy sencillo. Aquí hay tres actores colectivos: unos son los nacionalistas irredentos, los que quieren la independencia de sus territorios respectivos (de estos, sus dirigentes y voces cantantes son normalmente nativos, lo que pasa que con el tiempo se han incorporado inmigrados españoles que son muy agresivos, a veces violentos, y que son los que le dan verdadera fuerza de número sobre el resto de sus poblaciones respectivas, si no de qué); otros son los españoles propiamente dichos, los que viven en el resto de España, que tienen su propia forma de ver el problema, como diremos; y, por último, los otros son los inmigrantes españoles, tanto en País Vasco como en Cataluña, los que mayoritariamente votan partidos españolistas y que están ahí, como testigos mudos de lo que está pasando.

Y ahora el juego que se establece entre esos tres componentes para explicar la psicosociología nacional en España:

1. Los nacionalistas vascos y catalanes a lo suyo, a reivindicar todo lo que venga bien para sus territorios respectivos, sea en el municipio, en la autonomía o en las propias cortes españolas, todo se acepta si es bueno para el convento, ellos van a lo suyo con el raca raca.

2. Los españoles del resto de España, este es el grupo más interesante, no se crean, ellos quieren llevarse bien con los nacionalistas; piensan que tanto vascos como catalanes son, en el fondo, unos españoles un tanto descarriados y que dándoles todo lo que piden, al final, permanecerán en el redil; son unos cándidos de mucho cuidado, y no se dan cuenta que por el camino que llevan País Vasco y Cataluña serán independientes irremisiblemente, es sólo cuestión de tiempo. Cuando quieran sacar los dientes para impedirlo, ya será tarde. Nadie en España lo ha sabido interpretar adecuadamente.

Cánovas lo intentó, pero no le dio tiempo ya que se lo cargaron, sólo Franco lo hizo, a lo burro naturalmente, y pasó lo que pasó, que luego les dio una baza independentista a País Vasco y Cataluña como jamás habrían soñado. Me río yo de los que temen a los nacionalistas españoles hoy en día. ¿Dónde están? Los nacionalistas españoles son unos agilipollados integrales que no quieren aceptar que ser nacionalista español es ignorar a los nacionalistas periféricos y hacer causa común con los españoles (maketos y charnegos), que son muchísimos, y con los españolistas de esos territorios, que también los hay, para ningunear a los independentistas, es lo que hacen en Francia y les va bien. Esto es política pura, nada de violencia, esto es hacer lo que tendrían que hacer sin complejos, de ser consecuentes, y no hacen sencillamente porque no se sabe lo que es ser nacionalista español: siempre tendrán el fantasma de Franco detrás, porque este tipejo se cargó, literalmente, el orgullo español de por vida, se cargó España, en una palabra.

3. Los inmigrantes españoles que viven en País Vasco y Cataluña, los maketos y charnegos de mi discurso. La mitad larga de esos territorios. Estos son (somos) unos pobres infelices que saben ya, perfectamente, que nadie les hace ni puto caso: los españoles del resto de España porque no se enteran, los nacionalistas de dentro porque sólo les quieren abducir para su causa. La única vía que les queda, la que sus descendientes y los mestizos de nativo e inmigrante español practican hace unas décadas es la que ya sabemos: hacerse nacionalistas de segunda, que en su versión más integrada da en montillistas en Cataluña, o en lopecistas en Euskadi, pero que con el tiempo y si nada lo remedia, serán también parte integrante de Catalunya lliure y Euskalerria askatuta.

Saludos maketos.

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