Pero nada de eso es determinante para la ruina económica y pesonal que se le avecina (el hombre más rico de España ostenta todos esos pecados capitales, y nadie lo va a embargar.) Por otra parte, el mayor pecador puede ser perdonado, con un buen acto de contrición, de cualquiera de los siete pecados capitales. Claro que, si no reacciona y se arrepiente a tiempo, si muere en pecado mortal (porque habéis de saber, garrulos de la hostia, que los pecados capitales son todos mortales), del Infierno no le salva ni su Ángel de la Guarda.
Pero hay un octavo pecado capital del que los catecismos no dicen ni una palabra, porque a la Iglesia Católica —siempre en contubernio con el poder— no le conviene hablar de él. Ese octavo pecado capital, que es el que le va a desgraciar la vida de una gran parte de los españoles, es la ignorancia. Y lo peor que tiene este pecado capital, la ignorancia, es que no te lo perdona ni Dios.
Pondré un ejemplo para aclarar los conceptos: A causa de la crisis económica, financiera y ya social, los impagos se disparan y la morosidad empieza a devenir en embargos de pisos. Los españoles son embargados solamente por ser unos ignorantes. Por no saber que la Ley les protege frente a los embargos de pisos, y porque nadie se lo hace saber. Los abogados, al parecer, deben de estar en contubernio con los bancos, y no defienden los intereses de sus clientes... ¡Ladrones, hideputas: banqueros y leguleyos, contadles la verdad a los desheredados de la Tierra, u os condenaréis abrasados en los sulfurosos fuegos del Infierno!
Los pecadores de ignorancia españoles no saben que la Ley Concursal les favorece y que basta con presentar ante un Juez, antes de impagar, un concurso de acreedores para evitar la ruina. Si se hace correctamente, si no se peca de ignorancia, el deudor saldrá incluso beneficiado por la crisis: su deuda se rebajará por orden judicial mediante una quita (una rebaja de la deuda porque sí, vamos) de hasta un 50%.
Espero, cazuelos ignorantes, que, ya que no os habéis leído el Catecismo en vuestra puta y pecadora vida, os hayáis empapado de este artículo con mucha atención; con mucha, mucha, mucha atención. Porque Ácratas acaba de salvaros vuestra sucia, miserable y pecadora vida.
PEPE RATZINGER