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¿SERÁ EL PRINCIPIO DEL FIN? (II)

II

Todo comenzó algunos años atrás, en el largo y lúgubre invierno de 2008-2009. Las dificultades económicas del último Gobierno de J.L. R. Zapatero, habían comenzado bastante tiempo atrás aunque eran negadas sistemática y falazmente por todos los miembros del gabinete. La no-crisis, según la teoría oficialista del Gobierno y voceros afines, dio pronto paso a una crisis auténtica con el rápido desplome del Imperio del Ladrillo como se dio en llamar en España, al pinchazo de la burbuja inmobiliaria tras la especulación galopante y rápido enriquecimiento de una clase empresarial poco o nada preocupada de la creación de empresas sólidas y productivas que generaran verdadera riqueza. Por el contrario en todo el ámbito de los países occidentales, agudizado en España, fueron las oscuras y sofisticadas maniobras de unos voraces vampiro-especuladores financieros al frente de las grandes corporaciones y enormes imperios bancarios de todo el mundo, los que se apoderaron de la riqueza de los paises mediante turbias maniobras de ingeniería financiera que nada tenían que ver con la creación de riqueza económico-empresarial.

Durante el otoño de 2008, la crisis comenzó a comenzó a hacerse tan evidente, que los voceros gubernamentales, ya no tuvieron mas remedio que reconocerla. Y como en un movimiento pendular, los mismos que poco antes la habían negado comenzaron una labor de amedrentamiento de la ciudadanía, hablando ahora descaradamente no sólo de crisis si no de la "inevitable" recesión. Y así aquel malhadado año de 2008, terminó en España con crecimiento negativo. He ahí otro eufemismo semántico de lo políticamente correcto, mejor dicho, de la corrupción imperante incluso en el lenguaje: para referirse a la contracción, retroceso, pérdida o disminución de la actividad económica de un país, se hablaba de "crecimiento" negativo. Al igual que algunos militares en guerra se referían al "repliegue estratégico sobre la retaguardia" cuando sus tropas derrotadas en batalla huían en desbandada.

La victoria del candidato Barack Obama a la Presidencia de los EE.UU en noviembre de aquel año, hizo concebir ciertas esperanzas de que las cosas podían comenzar a cambiar. Si su Gobierno, que comenzaba su andadura en enero siguiente, emprendía rápidamente y sin dejar reaccionar a los especuladores, una reforma profunda de las instituciones económicas y financieras del país mas poderoso y rico del Planeta, auténtico rector del "Imperio de Occidente" ; los demás no tendrían mas remedio que seguirle. Las cosas podían comenzar a cambiar.

Previamente, habían comenzado a reunirse en "cumbres" con diversos nombres los mandatarios de los países con mayor capacidad de decisión. La cumbre de los 20 en noviembre; luego algunas otras reuniones de mayor o menor nivel en diciembre. Pero si los que se reunían, eran precisamente los principales líderes políticos que habían hecho posible el desaforado crecimiento artificial de una economía financiera que ahora se revelaba en toda su crudeza como un globo enormemente hinchado de aire a punto de explosionar, ¿qué podía esperarse de ellos?. Nada. Palabrería, declaraciones, buenas intenciones plasmadas en comunicados, que no obligaban a nadie. Medidas, medidas, y mas medidas con propuestas sobre el papel, pero nada más. No hubo uno o varios líderes capaces de "coger el toro" de la economía por los cuernos, y llevar a cabo de forma coordinada las reformas necesarias. ¿Qué capacidad de liderazgo podía esperarse de un Bush agonizando políticamente y totalmente desprestigiaado en su propio país y en todo el munco. Había que esperar a Obama.

Y Obama comenzó su gobernación del "Imperio" a principios de 2009. Eligió un potente equipo de Gobierno dando entrada a auténticos "pesos pesados" de entre los políticos de su país, sin importarle que hubieran sido sus anteriores rivales, -caso de Hilary Clinton.-, o que fueran –algunos-, miembros del partido de la oposición, el Republicano. Ciertamente parecía querer llevar a cabo, una especie de "revolución" en el sistema económico de su país. Quiso volver a la ortodoxia del mercado propia de los Padres Fundadores del capitalismo. Implantar de nuevo el patrón oro.Poner en marcha una serie de leyes durísimas, contra los especuladores y "vendedores de humo" que habían llevado a todo el sistema económico a las fronteras del desastre mundial. Con tales disposiciones y muchas otras de parecida factura, de haberse puesto en vigor, hubiera significado posiblemente el fin a un capitalismo voraz que llevaba a la ruina, al hambre y al desastre a la inmensa mayoría de habitantes del planeta en beneficio de una minoría sin escrúpulos. Pero no pudo ser.

No llego a completarse el primer trimestre de su mandato, cuando el primer Presidente negro de los EE.UU. voló... a los cielos, victima del enésimo atentado y muerte de un Presidente de aquel país. Su automóvil, fue destrozado con él mismo por la terrible explosión a su paso, de centenares de kilos de dinamita. Y entonces...

Llego el Apocalipsis, el desastre mundial. Fue algo no previsto ni imaginado por nadie. Se ha hablado muchas veces, en literatura de ficción e incuso científica, de las posibles causas más o menos probables sobre el fin del mundo, referido sobre todo a la posible extinción de la vida o la civilización tal como la conocemos en nuestro Planeta. Una guerra mundial con empleo masivo de armas nucleares; un meteorito de cierto tamaño como según parece hace unos 65 millones de años, provocó la extinción de los dinosaurios; un virus mutante que se escapa de las pruebas de laboratorio, el discutido pero posible calentamiento global provocado por el empleo irracional de los recursos energéticos a escala planetaria....; pero no, no fue nada de ello.
A la muerte del Presidente-Emperador, las bolsas mundiales, se hundieron en un crack masivo, generalizado; toda actividad económica se paralizó; los bancos cerraron sus puertas a cal y canto, los créditos dejaron de existir, los impositores quisieron extraer el dinero de sus cuentas y pudieron comprobar que éstas eran puro "humo": se hizo realidad aquello tantas veces pronosticado por los nada agoreros economistas y analistas de Acratas. Cada dólar, libra, euro, existente, tenía cincuenta dueños distintos, lo que equivalía a que en realidad no era de nadie o peor aún, sólo era de los banqueros que los tenían teóricamente en depósito. Se destaparon a lo largo de escasa semanas, casos similares cuando no idénticos, al del gigante de las estafas financieras Madoff, Grandes corporaciones financieras, banqueros de prestigio, resultaron ser estafadores de la peor especie, a los que nadie perseguía, ya que los poderes, tanto legislativo , ejecutivo y judicial, según se reveló a las claras, estaban a su servicio . Toda la confianza de los ciudadanos gobernados en sus dirigentes, cayó estrepitosamente.

Las empresas cerraron, nadie tenía trabajo, nadie pagaba las antes llamadas nóminas... Todo el sistema económico mundial, se hundió en una gigantesca implosión a escala planetaria. Aquello fue un auténtico "black hole" supermasivo a escala económica ahora si, verdaderamente mundial

Una especie de virus social colectivo mil veces peor que todos los virus biológicos co nocidos, se apoderó de los desheredados de la Tierra. Verdaderos ejércitos de desempleados, hambrientos, sin esperanza ni horizonte vital alguno, se dedicaron a una tarea sistemática de pillaje y destrucción. Primero fue en el corazón del Imperio, Nueva York, pero rápidamente el "virus" de la destrucción, prendió en todas las ciudades importantes de los EE.UU, luego en todo núcleo de población. Gigantescos incendios las asolaron, primero en los más emblemáticos edificios, en los emporios del capitalismo financiero y empresarial; luego continuaron en cualquier tipo de edificaciones importantes, empresas, puertos y aeropuertos, edificios gubernamentales....En los primeros momentos, el Gobierno Federal comenzó a dictar leyes y disposiciones durísimas con el empleo masivo de las fuerzas policiales y militares, pero..., de nada sirvieron. Los policías y soldados, tampoco recibían emolumento alguno por sus servicios, por lo que terminaron uniéndose a los "destroyer".

Con todas las empresas cerradas o destruídas, Las fábricas de moneda o bancos, destruidos, incendiados o saqueados, las fuerzas militares y policiales, dejaron de obedecer órdenes de sus mandos y por el contrario se sumaron a la tarea de destrucción de manera mucho mas eficiente y metódica, mas "reglamentada" . Así, las instituciones gubernamentales también fueron poco a poco languideciendo hasta desaparecer prácticamente . El petróleo dejó de fluir de los pozos incendiados, las comunicaciones quedaron interrumpidas primero, luego destruidas. La "telaraña mundial" o world wide web, comenzó a "rasgarse" y luego poco a poco fue también dejando de existir. Todo tipo de máquina, vehículo y artilugio mecánico, eléctrico o electrónico, quedó paralizado e inservible. No había combustible o energía para hacerlos funcionar.

La hambruna primero, dio luego paso a epidemias o pandemias terribles a las que ni siquiera se les podía hacer frente con los medios de la medicina moderna que también habian colapsado. La vida en las ciudades se hizo imposible, por lo que grandes masas de población trataron de refugiarse en los campos a los que tampoco estaban acostumbrados. Carecián de los mas elementales medios siquiera fuera de supervivencia por lo que la mortalidad fue algo terrible y nunca antes conocido en la historia de la Humanidad.

Al principio, Europa, la vieja y resabiada Europa, contempló horrorizada y con estupor, preocupación y pánico, lo que ocurría al otro lado del Atlántico. Luego, cuando pocos meses después, dejaron de recibirse noticias de América, ante el definitivo colapso de sus comunicaciones, el "virus social" , prendió violenta y terroríficamente también aquí. Fue primero en la "City" londinense, donde los "ejércitos" de desarrapados comenzaron su labor. En pocos días no quedó a salvo de la furia destructora, ningún edificio, ni institución de importancia. De forma casi mimética a lo que había ocurrido en los EE.UU y luego en toda América, la vieja Europa fue arrasada hasta en los cimientos de su milenaria civilización. Vinieron luego, hambrunas, pestes, enfermedades desconocidas; las ciudades dejaron de existir. Sus habitantes trataron sobrevivir refugiándose en los campos, pero ya no estaban acostumbrados a defenderse en régimen de mera supervivencia que era a lo más que se podía aspirar. El frio, el calor, las enfermedades, la casi total carencia de alimentos... No podemos decir que los diezmó, en el sentido que se le solía dar al término, cual era perecer uno de cada diez, aunque tal vez fuera apropiado emplearlo de forma inversa: quizá sólo podía salvarse uno en vez de nueve.

Luego, el "virus", fue extendiéndose por todo el orbe mundial, prendiendo con su furia destructora en toda ciudad importante de Asia, Africa, llegando finalmente a Australia y todas las islas de Oceanía. Nada ni nadie estaba a salvo de la destrucción a escala planetaria.

El sistema económico y financiero que quedó como único "realmente existente" tras el derrumbe de la Unión Soviética y su sistema de economía pseudo-socialista en 1989,
la "economía de mercado" capitalista, se reveló como una gigantesca falacia, capaz de acabar no solo con una forma de relación económica entre los habitantes del planeta, si no con toda forma de civilización; no solo ello, quizá también de acabar con la misma existencia humana sobre la Tierra. La desaforada especulación, el afán de lucro desmesurado e irracional asentado sobre bases falsas de inexistente riqueza, llevó a la miseria, el hambre, la enfermedad y la desesperación a ingentes masas de población que ahora en el paroxismo de su espantosa tragedia, se llevaba por delante sin excepciones a todo aquel sistema y a todos aquellos que provocaron el desastre.

Los conceptos "rico" o "pobre", dejaron de tener sentido. De nada les servían ahora a los especuladores financieros, todos los "bienes" "posesiones" o "propiedades" acumulados, cuando aquellos conceptos habían devenido asimismo en "humo" e irrealidad. El "agujero negro" provocado, los engullía a ellos mismos en primerísimo lugar. Era el final.

Todavía no sabemos, si el final de una era, de una civilización o el final de la especie humana sobre la Tierra. Quizá tal especie, sea en si misma una excrecencia, un peligroso virus mortal para las demás especies, que al igual que millones de ellas ya desaparecidas, tal como los dinosaurios que dominaron el Planeta durante mas de doscientos millones de años, también está condenada a desaparecer incluso en mucho menos tiempo que aquellos. O tal vez tan peligroso virus para la vida de las demás, esté condenado por "Gaia", que se quiere librar de él a toda costa. Aun no lo sabemos.

¿SERÁ EL PRINCIPIO DEL FIN?

I

El viejo hortelano, sucio, cansado y sudoroso, dejó caer al suelo la azada que llevaba sobre el hombro, se echó de barriga sobre el suelo, a la orilla del “pozo redondo” lleno hasta el borde de clarísima agua de manantial, y metiendo la boca y cara en el agua, bebió como un animal sediento. Aquella forma primitiva y natural, tan poco habitual en “personas civilizadas”, le encantaba. Y lo había venido haciendo en aquel mismo pozo de la pequeña huerta familiar, luego suya y ahora de nadie o de todos, desde hacía... unos sesenta años con un larguísimo paréntesis de “urbanita”, que había durado otros cuarenta.

Luego se incorporó y se sentó a descansar bajo un sombrajo hecho con largas cañas colocadas horizontalmente, entre las ramas de un viejo granado y un melocotonero situados enfrente, a orillas del pozo. Sobre las cañas, un tupido techo vegetal de parra, de la que colgaban varios racimos de uva blanca todavía poco hecha, proporcionaba un húmedo y maravilloso frescor en el tórrido verano extremeño, (o de Bellotilandia, como solía llamar irónica y cariñosamente a su tierra).

Se sentó junto al borde, tomó una lechuga de una cesta de mimbre llena de hortalizas que había cogido antes, y deshojándola parsimoniosamente, fue lavando las hojas en el agua, comiéndolas lentamente con delectación. Dio luego un silbido, y llamó a voces: “David, ven aquí, joío enano” . A su llamada, su nieto, de unos ocho años, se descolgó de las ramas de una higuera cercana junto a la linde de otra huerta y acudió presuroso.

—”¿Que quieres, avi?” —rezongó el pequeño, sonriendo aviesamente, pues sabía lo que venía después—.
—“Abuelo, te lo he dicho un millón de veces, quiero que dejes ya el “avi”, joío catalanino, creo que es la única palabra que recuerdas del catalán y sólo la dices para incordiar, cacho renacuajo”.
—“ Si abuelo, no me´n recordo casi nada del catalán ni de Cataluña, pero es que me has dicho que tenía poco más de tres años cuando nos vinimos a Ex..., digo a Bellotilandia, ¡ja, ja,ja!” —terminó riendo el pequeñajo.

—“Venga, deja ya de comer higos calientes, que te vas a “ir de varilla” . Te he dicho que, a estas horas y con “Lorenzo” calentándolos todo el día, no se pueden comer”.
—“ Vale abuelo, como tu digas”.
—“ Bueno, vamos a regar el cantero (1) que nos queda en esta vega y luego recogemos, aparejamos, y nos vamos p´al pueblo que ya está el sol muy bajo, no quiero que se nos haga de noche” .

El niño, cogió la azada y se dirigió a una porción de tierra rectangular, surcada , de unos 200 metros cuadrados, sembrada de judías verdes que trepaban sobre palos de caña, en la que poco antes habían estado cogiendo una cesta de frejones (2) . El abuelo colgó un cubo viejo de cinc de la vara de un cigüeñal (3) junto al pozo, y comenzó a extraer agua dando rápidos y certeros impulsos a la vasija . Vertía el líquido en un ancho surco que, poco después, llegaba a la tierra sembrada donde el pequeño abría el surco con su azada hasta tenerlo lleno. Luego, abría el siguiente, cerrando el caudal de agua al que ya se había llenado. Así durante una media hora, al cabo de la cual, abuelo y nieto dieron por terminada la labor de riego.

Acto seguido, el viejo P. se dirigió adonde tenía atado un burro que pastaba atado con soga a un olivo, le puso el cabezal y cogiendo la albarda, que tenía recostaba sobre una higuera, la echó sobre el lomo de la bestia. Luego rodeó con una cincha de cuero el aparejo, la apretó con fuerza clavando sobre el mismo una rodilla, mientras tiraba con fuerza del cuero con una mano apretando con la otra. Finalmente, lo anudó en una anilla de hierro. Colocó sobre la albarda unos viejísimos “argaíllos” (4) de esparto muy remendados y fue metiendo en ellos cuatro cestas de mimbre llenas de diversas hortalizas y fruta: melocotones, higos, tomates, pimientos verdes, berenjenas y judias o frejones verdes y tiernos, lechugas y unas pocas fresas. Las judías eran el orgullo del hortelano, pues estaba convencido de que en su huerta, era donde mejor “se daban” de todo el mundo.
—“Los mejores frejones del mundo” —fantaseaba contándolo a David.
—“Sí, abuelo, sí. Y y tú, a los veinte años, campeón del mundo de sacar agua del pozo con cubo y cigüeñal , ja, ja, ja...” —reía el joío muchachino en tono zumbón. ¡Había oído tantas veces aquellas batallitas!

Salieron de la huerta por una vereda y, montando sobre el viejo “Pistolero”, que había sido de un tío del hortelano y ahora no era de nadie o de todos (luego diremos por qué, transitaban otros campesinos de regreso al pueblo. Algunos, a pie; los menos, a lomos de burro o caballo; incluso un viejo remolque metálico, tirado por una yunta de bueyes. Finalmente, a un kilómetro del pueblo, se llegaba a una carretera que antes llamaban “autonómica”, por la que cinco años antes no hubieran podido transitar las bestias domésticas, sino únicamente rápidos vehículos de motor, de los que ahora no circulaba ni uno solo.

A ambos lados, y en las cunetas, podían verse a lo largo del trecho por el que llegaban al pueblo varios automóviles, algunas motocicletas e incluso un par de camiones algo oxidados y abandonados. Poco antes de la entrada al pueblo, había una explanada que hacía muchos años había sido una era donde se trillaban las mieses de trigo, cebada, centeno y avena. Ahora era un “cementerio” lleno de vehículos de motor: automóviles, furgonetas, camiones, tractores, maquinaria de obras y agrícola. Todos aparcados con cierto desorden y abandonados, ni uno solo en uso. Nadie ni nada circulaba por las dos carreteras que confluían a la entrada del pueblo. Ni por cualquier otra. Ni se oían los aviones surcando el cielo o cualquier sonido mecánico que denotara actividad de cualquier tipo de maquinaria a motor. Tan sólo los ruidos de la naturaleza: El canto de pájaros, el chirrido de las cigarras, el croar de algunas ranas en una charca de agua, donde años antes hubo una piscina.

¿ Que había ocurrido?

II

Todo comenzó algunos años atrás, en el largo y lúgubre invierno de 2008-2009. Las dificultades económicas del último Gobierno de J. L. R. Zapatero habían comenzado bastante tiempo atrás, aunque eran negadas sistemática y falazmente por todos los miembros del gabinete.

(Continuará)

PATALETE

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