
No nos engañemos, queridos amigos. En España, con la crisis del 98, se vino abajo la posibilidad de una colectividad de ciudadanos responsables, virtuosos y cívicos y lo que surgió fue una especie de patio de Monipodio donde cada uno va a lo suyo, y en algunos territorios, como Cataluña y el País Vasco, colectivos enteros que van “a lo nuestro”.
Las operaciones de ingeniería política que se están proponiendo por aquí, muy loables y muy a tener en cuenta, sólo faltaba, no acaban de darse cuenta que el problema principal que tenemos en España, lo siento, no es de libertad política, sino previo a ese: de sentimiento colectivo de vivir todos en una patria común, en la que todos tenemos que arrimar el hombro cívico para sacar adelante lo que nos incumbe. En lugar de eso, lo que tenemos son los intentos de colectivos enteros para ir arramplando cada vez mayores cuotas de poder con el fin, único y exclusivo, de desvincularse del resto como sea.
El poder político español, si hay algo que se pueda denominar así y que abarque lo que conocemos por Estado español en su totalidad, no ha entendido el problema desde el principio, porque se ha creído el cuento de los nacionalismos, de que necesitaban más libertad, de que se sentían constreñidos en sus libertades nacionales por vivir en un Estado llamado España. Y entonces, ese mismo poder político español, absolutamente ignorante de lo que le estaban pidiendo e irresponsable con las consecuencias que podían acarrear esas peticiones, una vez tenidas en cuenta, ha colaborado generosamente con dichos nacionalismos para ir desmontando el andamiaje de la estructura política estatal que podía permitir hablar de una colectividad de ciudadanos solidarios. En su lugar está surgiendo un reino de taifas de colectividades egoístas y desentendidas del porvenir común del Estado, porque el ejemplo insolidario de Cataluña y País Vasco lo están siguiendo hoy mismo todas las demás llamadas comunidades autónomas españolas. En fin, un auténtico desastre.
Y todo, queridos amigos, no me cansaré de decirlo, empezó con la discriminación por parte de unos vascos y unos catalanes, que por eso mismo se convirtieron a partir de entonces en nacionalistas, hacia unas gentes, los inmigrantes de otras partes de España, que llegaban a sus territorios en oleadas, desde finales del XIX, y luego sobre todo a mediados del XX (como los que aparecen en la foto de arriba) en busca de un porvenir mejor para ellos y para sus familias. Ahí está todo el origen de los nacionalismos en España, sea en el País Vasco, sea en Cataluña: “L’autèntica transformació del catalanisme en un nacionalisme amb tots els ets i uts va tenir lloc en els anys del tombant de segle, entre 1898 i 1901” (28); “El que importa únicament als catalanistes és l’afirmació que hi ha una nació catalana i això vol dir demostrar que els catalans no són espanyols, és a dir, que són radicalment diferents dels «castellans». Més ben dit, diferents no: exactament oposats.” (205) “Com en tots els racismes, en aquest també la pretesa explicació objectiva de les diferències entre dos grups humans per motius racials era un pobre intent de racionalitzar i dignificar una mica l’expressió i l’explotació d’una aversió irracional i, com sol passar en aquests casos, tendia a degenerar-hi ràpidament. Es passava de seguida de la «ciència» a la injúria...” (205) “En això, el catalanisme no se separa de la pauta marcada per tots els altres nacionalismes finiseculars. El racisme els impregna tots, com impregna tota la cultura de l’època...” (196) Estas notas están obtenidas del libro de Joan-Lluis Marfany: La cultura del catalanisme, Barcelona, Empúries, 1996.
Saludos maketos.



