Al feixisme català
se le revientan las almorranas









Decir que el régimen de partidos catalán es una forma de fascismo puede parecer tan chocante como el tricornio de plexiglás de la Benemérita. Pero es fascismo puro —más incluso que el español, ¡que ya es decir!—, y anda cada vez más con el culo al aire. Un fascismo algo blandengue, ridículo a veces, puede; pero de ningún modo inocuo para quienes lo sufren como prolongación eterna del repugnante fascismo franquista. ¿Acaso el flagelo del totalitarismo no va a detenerse nunca azotando a los inmigrantes charnegos, a los desheredados que se han deslomado a trabajar en Cataluña? ¿Les tienen que dar por culo a la ida y a la vuelta? Porque eso es exactamente lo que les ha sucedido desde que tuvieron la penosa idea de inmigrar a la terra de la botifarra, hartos de comer truños en su pueblo.

Como sé que diréis que soy más exagerado que el columpio de Heidi, voy a demostrar paso a paso que el régimen catalán es más fascista que un desfile de la Asociación del Rifle en Texas. Repasaré las características del fascismo catalán comparándolo con el que, según todos los historiadores, ha sido el peor que ha existido desde que los judíos, allá por tiempos de José, fueron esclavizados por los faraones de Egipto: el Nacional Socialismo alemán. En realidad, el nacionalsocialismo tuvo las características comunes de todos los fascismos: el italiano, el francés, el español; y que aún tienen, en estos tiempos, el fascismo ucraniano o la nacional teocracia israelí, que son dos fascismos que están más de actualidad que tatuarse la lengua de "Miley Cyrus" en la polla.

1. En todos los fascismos, la dirección de los destinos del país corresponde a una élite de iluminados por un ideal, en general tan quimérico como el oro chino. En la Alemania nazi, ese colectivo era el NSDAP y en Cataluña, es la minoría catalana "pata negra", que representa alrededor de un 15% de la población, y que se distingue por tener una lengua materna diferente a la de la mayoría y por disponer de una renta media un orden de magnitud superior de la de los charnegos. Si alguien lo duda, que vea el estudio realizado por esta publicación sobre los apellidos catalanes y su presencia en el Parlament.

2. Los fascistas "se sienten diferentes". Luego añaden, a veces, que "diferentes, pero no mejores ni peores". Pero eso es más difícil de creer que el rollo de que los americanos tiraron el cadáver de Bin Laden al mar porque le cantaban los pinreles. Los catalanes y el resto de los españoles no somos diferentes. Los gatos y los ratones son diferentes. Y los gatos se sienten superiores a los ratones y, de hecho, los persiguen y, si pueden, los cazan. Todo aquel que dice que es diferente, lleva en la cabeza que es mejor. Nunca oiréis: "Los españoles y los catalanes somos diferentes, porque los catalanes somos unos mariquitas con barretina". Yo nunca lo he oído, por lo menos. El "hecho diferencial" de Alemania fue una cuestión de raza; y en Cataluña es una cuestión de lengua y de "cultura" (la diferencia de cultura es un invento del TBO para sostener el cual se exacerba esa diferencia prohibiendo en todo el territori las españolísimas corridas de toros —porque son crueles y además, los toros no se corren—, pero subvencionando los correbous, por ejemplo —ahí se ve que los toros, con sendas bolas de fuego incrustadas en los cuernos, se lo pasan en grande y en vez de mugir de terror, cantan el Virolai de gusto—).

3. Los fascistas siempre exhiben un permanente victimismo como justificación de su radicalismo fascista. Para el NSDAP fue la injusticia con que se trató a Alemania en el Tratado de Versalles, que al parecer lo redactaron unos banqueros con muy poca vergüenza porque adolecían de cierta escasez de prepucio; para los nacionalistas catalanes, la injusticia con la que los trató el franquismo y con la que los trata ahora el régimen de Madrid, que tiene la desfachatez de no reconocer su "fet diferencial".

4. Otra característica en común es la democracia orgánica en la que los diferentes partidos representan meros intereses gremiales, sin otra ideología que la común a todos: la Patria Catalana. Da igual si son de derechas o de izquierdas, son idénticos. Si en Cataluña aparece un partido que no reconoce que la Patria Catalana sea el objetivo de primer orden de la vida política, tiene que ser como el PP o Ciudadanos, que son más fachas que el Himno Nacional con la letra de Pemán. Es decir, tanto el PP como C's apoyan a su manera al fascismo catalán al negar que tenga otra alternativa política que no sea otro fascismo.

5. En Cataluña no existe un Ministerio de Propaganda como en la Alemania nazi, pero sí un equivalente a la "Oficina para la Vigilancia de la Educación Ideológica" que controla el adoctrinamiento educativo mediante la tergiversación y la reescritura de la Historia, que no necesita comentarios, pero sí la advertencia de que se ha perpetrado a costa de una desculturización general de los catalanes, que son los peores estudiantes de Europa, incluyendo a los zíngaros romaníes. Así, los estudiantes catalanes ignoran la ortografía, la aritmética a capela, que Jaume I "El Conqueridor" era un rey aragonés nacido en Montpelier, en realidad; y que cada Onze de Setembre se conmemora la derrota en una guerra de sucesión, no de secesión; y que no se refiere a Cataluña, sino a la ciudad de Barcelona.

6. Expansionismo imperialista, que en Alemania se evidenció con la anexión inmediata de los territorios de lengua alemana, Austria y los Sudetes; y en Cataluña con su intromisión en lo Regne de València y en sas Illes Balears y, aunque tímidamente, subvencionando el catalán en la que el Règim Quatribarrat denomina descaradamente la Catalunya Nord.

7. Alemania gestionó el hacinamiento de los judíos explotados en guetos como el de Varsovia, de donde no salían más que para ir a trabajar; en Cataluña se hacina a los charnegos asalariados y parados en lugares como Cornellá, Sant Boi, Hospitalet, Badalona, Sabadell, Badía, Mataro, Tarrasa, y otras cien infectas ciudades dormitorio, de donde no salen más que para irse a vivir debajo de un puente cuando son desahuciados de sus hogares por la Caixa o el Banc de Sabadell.

8. Y por supuesto, lo mismo que en la Alemania nazi, Cataluña adolece de una corrupción desenfrenada desde la cúspide a las bases del Règim. Ante la falta de control y de crítica, las arcas públicas se han vaciado empujando los billetes con retroexcavadora; y hasta el paradigmático Molt Honorable (?) President Pujol ha tenido que reconocer que su familia lleva 25 años sisando miles de millones de euros del Pressupost de todos los catalanes, euros que han salido de Cataluña a escape, camino de Suiza o Andorra, lo cual me parece a mí menos patriótico que limpiarse el culo con la senyera.

9. ¿Y qué hacen los catalanes pata negra al respecto? Apoyar a Pujol y a su partido, Convergència, en manifestaciones-espectáculo como las que organizaba Leni Riefenstahl en la Alemania nazi. Porque, como todos los fascistas, los catalanes son también muy dados a las geométricas manifestaciones multitudinarias de apoyo al régimen, como aquella súper sardana de Puigcerdá a Amposta, de 2013, o la UVE de la Victoria de 2014. Los catalanes pata negra saben que defender la corrupción de CiU es defender sus prebendas personales. Lo saben perfectamente y actúan en consecuencia.

10. Cataluña es, como la Alemania nazi, un estado policial y represivo en el cual quien no abraza la fe patriótica cuatribarrada no puede relacionarse con la Administración ni para venderle una caja de clips. Y el que, aunque hable catalán, no usa más que las cinco vocales vasco/españolas, no tiene esperanza de trabajar en otra cosa que no sean los trabajos subalternos, cuando no recogiendo basura o limpiando retretes.

Como Alemania, la Cataluña nacionalista es una ficción simbólica no arraigada en la sociedad real catalana de 7 millones de habitantes. Pero esa ficción es sostenida por la partitocracia de derechas y de izquierdas, tanto catalana como española. Madrid sostiene el nacionalismo catalán, sí, eso es lo que digo. Y lo hace porque, si éste cayera en descrédito, no habría excusa para la existencia de las otras 16 nacionalidades y regiones españolas, donde se roba tanto como en Cataluña o más.

Sin embargo, todo el nacionalismo catalán está tan cogido por los pelos, que ha bastado con que un grupo de jóvenes honrados, defendiendo una idea de cambio y finiquito de la corrupción, convocara un solo mitín en Barcelona —en el que evidenciaron que el emperador está desnudo—, para que al nacionalismo catalán se le irritaran las almorranas hasta sangrar:

—"Yo soy de Vallecas. Y cuando voy a Cornellá o a Hospitalet me siento como en mi casa". 

Y luego añadió:

—"Derecho a decidir, sí. Pero sobre todas las cosas".

Es decir, primera decisión: meter en la cárcel a todos los corruptos catalanes y del resto de España. Y luego, ya tranquilos, sentarse a la mesa y preguntarse, mirándose a los ojos: "¿Somos diferentes tú y yo? Si lo somos, cada uno por su lado. Si no lo somos, venga un abrazo e intercambiemos nuestros piojos."

Lo que acabo de explicar ha sido contestado por los catalanes pata negra con gritos de "lerrouxisme!". Pues si a algo le tienen miedo de verdad los abusadores nacionalistas es a que la masas populares despierten de su letargo, como lo hicieron hace ya algo más de 100 años, y exijan sus derechos y un reparto razonablemente justo de la riqueza. No sé si los catalanes me llamarán fascista a mí, es probable, aunque me importa menos que una final femenina de petanca; pero al que no pueden gritarle "feixista!" es a Alejandro Lerroux, porque lo que era es republicano radical.

Los catalanes pata negra no pueden hacer otra cosa que cabrearse como monos al verse retratados tan certeramente, pero tan feos. Cogidos haciéndole a los charnegos lo mismo que dicen que les hizo Franco a ellos, sin recordar que a esos charnegos los empujó el régimen del dictador hacia Barcelona a base de expropiaciones de tierras, de hacerles pasar hambre y dándoles de patadas en el culo para que se metieran en chabolas en la playa de la Barceloneta, en el Somorrostro, en Tras Cementerio, en el Camp de la Bota o en Montjuich, pasando las de Caín para poder sobrevivir con los sueldos de miseria que les pagaban sus patronos catalanes. Esos patronos que son los padres y los abuelos de los nacionalistas actuales, de "dretes" y "d'esquerres", me cago en la puta madre que los parió a todos. Porque en Cataluña no hay otra ideología cierta que no sea amasar dinero (en euros contantes y sonantes, Visca Europa!) y vivir bien a costa del sudor de los demás.

Podemos, el partido de los sin partido, va a arrasar también en Cataluña. Lo dicen las encuestas tan claro como el caldo de asilo. Y todos los medios acólitos del poder han saltado a los ojos de los jóvenes revolucionarios "que vienen de Madrid" a ver si se los arrancan. La Rahola, como paradigma de cerda oportunista, capaz de militar antaño en ERC, ser ahora asesora de Artur Mas y de cobrar como ramera tertuliana, se le han mojado la bragas de sangre. Y cuando creía que era un milagro, que la regla le había vuelto tras decenios de menopausia, resulta que no, que le han estallado las almorranas por el soponcio y la puta presión arterial.

Y yo le digo como a los demás, convergentes, esquerrans, psocialistas, verdes, naranjas y azules: Mirad que acaban de llegar y ya os sangra el ojete. Preparaos para cuando os den bien por el culo a todos, que aquí va a haber más gore que en "La matanza de Texas".

MALDITO HIJO DE PERRA

¿Austeridad?
¡Liquidemos las autonomías ya!



En estos tiempos de miseria endémica y denuncias permanentes de corrupción, en los que los telediarios parecen ruedas de reconocimiento de delincuentes, el primer político español que tenga el valor de proponer la disolución de las autonomías arrastrará a los electores a las urnas tan fácilmente como le siguen a uno las trotonas callejeras, si lleva un billete de cincuenta euros en la mano. Lo irritante es que todos los bellacos, granujas y rufianes que se dedican a la política lo saben, pero lo silencian. Jamás tocan el tema ni buscan alternativas al corruptódromo autonómico, no se les vayan a secar las criadillas como un par de morcillas colgadas de un clavo en la fresquera.

Las autonomías son un dispendio insoportable para los españoles. Las autonomías cuestan más que un hijo drogadicto. Los mayores casos de corrupción se han dado y se seguirán dando en las autonomías, cuyas cuentas son más oscuras que el sobaco de un nigeriano. Prácticamente hay corrupción en todas las administraciones de las comunidades autónomas, aunque menos en Navarra, La Rioja y Cantabria, quizás por tratarse de autonomías de una sola provincia. Los gastos irracionales en aeropuertos en los que sólo aterrizan palomas se han dado en las autonomías. Las autovías con hierba medrando en las grietas del asfalto se han dado en las autonomías. Los cementerios urbanísticos que plagian a Chernobyl se han dado en las autonomías. Y los eres falsos; y los palmarenas; y los palaus; y los gúrteles... Claro que nos dirán que las autonomías no son el problema, sino los políticos deshonestos que las dirigen. Pero si le das una pistola a un mono, lo lógico es que acabes con un tiro. Y si le das una administración opaca e inútil a un partido político, se llevará hasta las perchas.

¿Y qué son las autonomías, en realidad? Algo que sólo exigían, y con las bocas chicas como ojetes, los vascos y los catalanes por razones lingüísticas. Quiero decir porque sus burguesías locales hablaban lenguas distintas del español. Al resto de las autonomías, que surgieron al amparo del artículo 143 de la Prostitución del 78, no aspiraba nadie, ni aunque se las hubieran disfrazado de rayas de cocaína colombiana. Sin embargo, a la vista de las posibilidades que los opulentos capitostes locales vieron de saquear el presupuesto autonómico con pala y carretilla, las tramitaron a matacaballo. Fueron y son las mismas burguesías que antes vivían en Madrid o aquellas cuyos tejemanejes se transaccionaban en la Villa y Corte.

Las autonomías han sido un fracaso tan palmario como el del Challenger y el del Columbia juntos. Incluidas las autonomías de las nacionalidades históricas, como se ha demostrado ya hasta la aburrición. ¿O no es para cagarse de pie lo de Cataluña, cuyo más carismático president ha confesado haber estado robando a sus ciudadanos, mercando con sus sentimientos botifleros, desde que llegó a la Generalitat hasta que la dejó, a lo largo de todo un cuarto de siglo?

Una autonomía y un estado federado son casi lo mismo, tan parecidos como Luis de Guindos y Chiquito de la Calzada. En efecto, ambos inventos tienen territorio, habitantes censados, cuerpo electoral, poder ejecutivo, poder legislativo y poder judicial. Consecuentemente, hay que deducir que deben de gozar de soberanía, aunque en parte la tengan cedida al Estado en cuestiones reservadas al Gran Muñidor, el "gobierno pseudo-federal" con sede en Madrid.

Hablar del Estado Extremeño suena a chirigota, pero existe, señores. Lo mismo que el Estado Murciano o el Estado Canario o el Estado de Madrid. Repito, son estados disimulados bajo el nombre de autonomías --sustantivo que más parece aludir a los taca-tacas para ancianos con poca movilidad que a artefactos para el ejercicio de la soberanía popular--, pero son estados con tantas competencias como Minnesota o Tartaristán.

De los casi doscientos estados de la Bola del Mundo, sólo veinticinco tienen una estructura descentralizada de gobierno. Unos por ser muy extensos (EEUU o la Federación Rusa, que abarcan diversos husos horarios, países cuyos aviones más rápidos llegan antes de salir); y otros porque surgieron de la unión de pequeños estados para constituir un país mayor, buscando eficiencia y tamaño suficiente (o compañía femenina, vaya usted a saber) para hacerse valer en el concierto mundial (Alemania, por ejemplo, aunque sus lánderes, sabiéndose más superfluos que la almohada de un ataúd, entregaron una buena parte de sus competencias al estado federal no hace mucho). España ha ido contra corriente, comoa los españoles siempre nos gusta ir: al revés que la gente inteligente; porque los españoles parecemos cangrejos con picor en el culo: Así que, de un país que amaneció unido a diana, hicimos un rompecabezas ingobernable, caro e ineficiente, a retreta. Porque sí. Porque les apeteció a Carter y a Schmidt imponer lo que conocían sin tener ni puta idea de lo que era España.O porque la querían corrupta y endeudable.

A pesar de que todos los partidos del espectro político español son conscientes de lo que acabo de contar --aunque "político consciente" sea un oxímoron--, ninguno propone la reversión de los poderes autonómicos al estado central o a los municipios, y la liquidación de las autonomías. Ni siquiera lo propone Podemos. Será porque su programa es menos elástico que el casco del Titanic, e igual de frágil y expuesto.

La eliminación de las autonomías supondría la estabilidad inmediata de las cuentas públicas, que hoy parece que se apuntan a vuelapluma en la compresa de una coja al trote. Supondría poder devolver la deuda pública y borrar de un plumazo el apartado 3 del ignominioso artículo 135 de la Prostitución del 78, que extingue la inmunidad soberana de España ante sus acreedores. Supondría una reducción considerable de impuestos. Supondría mucho más dinero circulando, que es lo que le gusta hacer a los billetes, y no ser almacenados en las cajas de los bancos, como si fueran hongos en el fondo de una cueva oscura. Supondría el fin de mil conflictos territoriales por recursos de todo tipo: hídricos, mineros, pesqueros... Supondría en fin de los nouenes, las sardanas inter-estatales, las "uves" folclórico-multitudinarias, los procesos y otras "cuestiones nacionales". Supondría el fin de los miles de leyes que cagan sobre nuestras adornadas cabezas los parlamentos autonómicos, repeticiones de la ley general con párrafos tan desconcertantes que parecen escritos en cirílico. Supondría que un camión cargado en Algeciras no pagara por cruzar España más tasas que por atravesar el resto de Europa, entrar en Asia y llegar a Vladivostok. Significaría la recuperación del sentimiento de pertenencia a una comunidad o "patria", si es que ello es posible a estas alturas de la orgía, que no lo creo, como no creo que jugar a la Lotería resulte un plan de jubilación convincente. Y tendríamos superávit permanente y unas arcas rebosantes como los pezones de una puérpera.

Lo que es más evidente que un chancro en la punta del cipote es que, en un país del tamaño de España, una administración intermedia entre Estado y administración municipal (ayuntamientos y diputaciones) hace menos falta que una wifi en un cementerio. Las autonomías supusieron la creación de un millón de puestos de trabajo que antes no existían para ultimar la misma tarea: se reparten, mitad y mitad, entre enchufados que se dedican a amasar bolitas de roña genital y trasuntos de los funcionarios estatales, machacas duplicadores de trámites.

Como consecuencia directa de su Estado Autonómico, España tiene ya el mayor índice de pobreza de toda la Unión Europea, con la mayor tasa de desempleo, es el tercero en déficit público y uno de los de mayor carga fiscal, aunque sus impuestos no sostienen el estado del bienestar ni dinamizan inversiones keynesianas, sino que mantienen una Administración de monstruosas tetas, para que mamen y se columpien en ellas los políticos, los usureros internacionales y otros delincuentes de cuello blanco.

Con tantas ventajas como tiene cargarse las autonomías... ¿por qué ningún partido lo plantea, aunque sólo sea en sus programas, que todos sabemos que se cumplen menos que las peticiones de los huérfanos a los Reyes Magos? ¡Joder, si no lo hace ni la extrema derecha fascista! No lo propone nadie.

Bueno, pues lo voy a exigir yo, que más ve un topo bizco que un lince de yeso:

¡Hay que disolver los tinglados autonómicos ya!

Hay que entregar la mayor parte de sus poderes a los municipios. Y algunos poderes, pocos, muy pocos, al Estado. Y si se quiere halagar a las antiguas "nacionalidades" de España de alguna manera simbólica, permitir que, en los actuales edificios de los parlamentos catalán, vasco y gallego, habiliten parques temáticos o museos de paleontología política. Y el resto de parlamentos que se remodelen como teatros o salones de baile. O mejor como burdeles públicos, para aprovechar su fondo de comercio y acomodar a las miles de fulanas que se quedarán paradas al desaparecer tanto putero. ¡Que nos ahorraríamos 100.000 millones al año, joder! ¿Es que nos sobra el dinero?

MALDITO HIJO DE PERRA

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