Primaveras & revoluciones naranja
Las 7 semejanzas en Túnez, Libia, Egipto, Siria y Ucrania



Las revoluciones del siglo XXI han sido levantamientos civiles que suelen nacer en entornos urbanos, en plazas que son vistas y seguidas en las redes sociales y tuiteadas en todo el mundo gracias a la mecha que enciende Internet y cuya popularidad, datos, fotos, vídeos y declaraciones se extienden por todo el planeta en diferentes idiomas gracias a los medios de información.

Todas ellas conforman un fenómeno que se ha extendido más allá del norte de África y que han despertado conciencias antes apagadas o que quizá han sido encendidas por motivos ocultos e intereses de terceros. Es la primavera revolucionaria.

Desde Túnez hasta Siria, pasando por Egipto y Libia, estas revueltas han seguido un patrón, una hoja de ruta que, teniendo en cuenta las particularidades de cada nación, se asemejan demasiado.

Reivindicaciones, sucesos, muertes, enfrentamientos, actuación de cuerpos policiales, condena del exterior, injerencia de otros Estados. Características que nos llevan desde el caluroso continente africano al gélido corazón del este de Europa: a Ucrania.

Pese a que parezca descabellado comparar estas revoluciones entre sí, y más aún asemejar los sucesos que en los Estados africanos se han desarrollado, con lo que pasa en Ucrania, lo cierto es que casi hay más elementos que los enmarcan en una misma senda que aquellos que pueden separarlos.

Todos ellos serán desvelados en el programa 'Revolución por guión'.

Al contrario que en el juego de encontrar las diferencias, en este programa Javier Rodríguez Carrasco se ha propuesto 'hallar las 7 semejanzas' en los levantamientos de Túnez, Libia, Egipto, Siria y, por supuesto, Ucrania.

1. Regímenes asentados socialmente

En todos los casos de los que estamos hablando, estos países tenían en el poder a personalidades y políticos que bien de forma democrática o por haber liderado alguna revolución ocupaban sus cargos otorgando cierta calma social y estabilidad aunque también despertaban suspicacias y críticas. En algunos de los casos, el ambiente social siempre había sido más criticado desde el exterior que desde el propio seno de esas naciones.

2. Origen: promesas y esperanzas de mejoras sociales y de democracia

Un común denominador de estar revoluciones es que los manifestantes y congregados en las plazas y calles pedían mejoras sociales. Decían que estaban hartos del régimen que les gobernaba y que querían más derechos. Se habla de represión, de dictaduras, de opresión. Algunos términos propios de sistemas políticos de otra época. El aspecto económico también ha jugado un gran papel. Se habla de falta de empleo, de acumulación de riquezas, corrupción por parte de las cúpulas y élites políticas.

3. Protestas en progresión: violencia criminalizada desde Occidente, acusando al mandatario y no a la insurgencia

En todos estos levantamientos sociales, las protestas han ido 'in crescendo'. Es decir: lo que empezaba con manifestaciones pacíficas para pedir más democracia, mayores libertades y el fin de la opresión desembocó en fuertes disturbios que en algunos casos han provocado grandes catástrofes.

4. Lentitud diplomática

En todos los procesos, la mediación de los organismos internacionales competentes no ha sabido llevar la misma velocidad a la hora de tomar decisiones resolutivas a la que lo hacía el incremento de bajas civiles. Tenemos como caso más evidente el de Siria. Aún se está pendiente de intentar llegar a algunas conclusiones de Ginebra 2.

5. Abstención de Rusia ante injerencia extranjera

Ha quedado claro que tanto EE.UU. con el apoyo de la OTAN como gran parte de Occidente (incluyendo a países europeos como Reino Unido y Francia) se han posicionado siempre en estos conflictos con un claro mensaje, quizá algo mesiánico: "Nosotros os salvaremos del opresor, os daremos la libertad y tendréis una vida mejor sin soportar ningún yugo". Palabras que suenan a cita bíblica, pero que no están tan lejos de las que hemos escuchado a personalidades como Hilary Clinton, Nicolas Sarkozy, David Cameron o el propio Barack Obama.

6. Presente decadente, futuro incierto y recorte de garantías sociales

Estas son preguntas que el tiempo va contestando por sí solas; y leyendo informes de las ONG, comparando la evolución de la sociedad en esos estados y comparando los datos económicos se pueden contestar. Este último aspecto nos lleva a nuestra sexta similitud de estas revoluciones. Presente decadente, futuro incierto y en algunos casos (la mayoría) un recorte de garantías sociales: en definitiva, esos países no están mejor de cómo estaban tras las revoluciones.

7. Bajas humanas y sufrimiento de civiles inocentes

La última y quizá más dolorosa de las similitudes. Son los más débiles en estos casos los que se llevan la peor parte. Miles y miles de personas que ven afectadas sus vidas y que incluso la pierden por estos conflictos que como les hemos intentado demostrar parecen seguir un mismo guión, un patrón y una hoja de ruta similar.

RUSSIA TODAY

"Revoluciones con guión"

NOTA DEL EDITOR: Lo primero que ha hecho el gobierno golpista ha sido vaciar las arcas de todo rastro de oro (que ha ido a parar a manos del tito Rothschild) y pedir ayuda inmediata al Fondo Monetario Internacional. Todo país que cae en poder del FMI y entra en el redil del poder financiero internacional es un país acabado para siempre, un mero cordero pascual listo para el sacrificio en el altar de la SFI. Ucrania: otro golpe de estado encubierto amparándose en "las ansias de democracia y libertad del pueblo soberano", absolutamente diseñado y financiado por el Imperio Anglo-Sionista, cuyo resultado será la pérdida de todos los derechos sociales de sus habitantes, que retrocederán medio siglo en sus economías.



¿Y el Nacional-Comunismo?



El único enemigo del Internacionalismo Financiero o "global" es el patriotismo. Ya veis qué fácil. Y no hace falta que sea un patriotismo de cartucho dinamitero ni de aguilucho, yugos y flechas. Basta con un patriotismo sencillo, cálido, casi tribal.

Cualquier banquero lo sabe: un patriota es un peligro para sus negocios, que consisten en esquilmar un país y llevarse su rapiña al extranjero, a algún paraíso fiscal, lejos de las ansias recaudadoras de los estados(*). Por eso, los grandes genios de la usura, los Rothschild por ejemplo, residen en Londres, ciudad refugio con su estatuto especial que permite fumarse un puro con las leyes más elementales.

Los patriotas de todo país con estado propio, como es el caso de España (no de Cataluña ni del País Vasco) son siempre criticados y, a la menor oportunidad, tachados de fascistas. Es algo impepinable, bien lo sabéis. En el fondo, el trabajo de demolición de todo sentimiento nacional español ha sido tan eficaz y ha persistido durante tantos años, que cualquiera de nosotros reacciona negativamente, en principio, ante cualquiera que se jacta de ser patriota. Es lo común, y no está mal, en principio, ya digo. Porque el verdadero patriota no suele jactarse de serlo, igual que el enamorado de una mujer no se lo va contando a todo el mundo. Por cierto, tampoco luce esvásticas tatuadas en el pecho ni va rapado al cero. Esos no son patriotas, sino colaboradores de la policía cuya función es reventar manifestaciones populares por causas justas.

Pero una cosa es no exhibir el patriotismo y otra muy diferente, negarlo. Es una tontería negarlo. A mí no me gusta demasiado el fútbol, lo veo un deporte poco equilibrado de todo piernas y pocos brazos; pero, cuando la Selección Nacional Española de Fútbol ganó la Copa del Mundo, en el corazón sentí cierto calorcillo tintado de orgullo (aparte de mucha incredulidad, para qué voy a negarlo). ¿Por qué tal sentimiento infantil? Pues por lo mismo que un niño prefiere a su madre a otra mujer cualquiera, aunque sea más joven, con las tetas más grandes y más guapa (y me refiero a un niño, no a un jovencito, que entonces el ejemplo no vale). De modo que parece que el patriotismo tiene raíces profundas en el alma humana. No es solo cosa de peligrosos nazis y negros fascistas, al menos.

Y bien, veamos entonces. El patriotismo existe. Pero ¿es algo útil, el patriotismo? ¿Sirve para algo? Con o sin patriotismo, todos nosotros somos españoles para lo malo, que es pagar impuestos, ser esquilmados por los bancos y las multinacionales y despreciados por toda Europa; tenemos carné de identidad y algunos incluso pasaporte españoles. ¿Tendrá el patriotismo alguna cosa buena? Ha de tenerla o los banqueros de la sinarquía financiera internacional no odiarían tanto el patriotismo, que se les antoja peligroso y condenable. Claro que los grandes banqueros no pertenecen a más nación que Moneylandia. Pero ante un patriota se cagan por la pata abajo. De hecho, invierten grandes fortunas en enfrentar a patriotas de diferentes naciones en crueles guerras o alientan patriotismos incipientes basados en las menores diferencias entre nacionales de cualquier país: “tú hablas valón y yo flamenco”, “tú eres rubio y yo moreno”, “tú eres funcionario y yo soy obrero en paro”, etcétera.

Sin embargo, en cuanto aparece una causa que todos los nacionales consideran común, como es un campeonato de fútbol internacional, el patriotismo aparece y nos une, en vez de separarnos... Entonces hay que preguntarse: ¿Y si hubiera alguna otra causa que nos uniera tanto como un campeonato de fútbol? ¿Por qué no la hay? La respuesta a esta pregunta crucial es que el fútbol tiene reglas sencillas y resulta evidente cuando alguien no las cumple, y el que no las cumple es castigado de común acuerdo entre todos: “Falta en el área, penalti, lo siento”, dice el referí, soplando su pito. Y todos lo aceptan. En cambio, en cosas mucho más importantes que una copa, como por ejemplo la subsistencia de millones de familias españolas, esto no sucede, ' y eso que nos afecta a todos, pues en España no queda familia que no tenga alguno de sus miembros en paro.

Para que algo tan espontáneo como el patriotismo no aflore de ninguna manera, es para lo que existen los políticos y las ideologías partidarias, todas falsas como oro chino. Los partidos políticos tienen como función primordial separar y descomponer un país. Ninguna otra cosa, por más que se diga lo contrario. No me hagáis caso a mí. Simplemente observadlos detenida e imparcialmente. Y les veréis discutir por nimiedades, pero ponerse de acuerdo rápidamente en los asuntos importantes, que son los que interesan a los banqueros y a los ejecutivos internacionales que les pagan por estar ahí, exponiendo la jeta al público para defender sus asuntos particulares. Y discuten izquierdas y derechas por cuestiones como si es lícito abortar un feto deforme (cosa que se hará siempre, llueva, truene o relampaguee), pero se ponen de acuerdo como cómplices en cambiar la constitución para que el pago de préstamos internacionales, que han contraído en nuestro nombre para regalárselo a los bancos, principal e intereses compuestos, prevalezca sobre la sanidad o las pensiones de los españoles.

Desde mi punto de vista, ha llegado la hora del nacionalismo español. Aunque solo sea por lo mucho que molesta a nuestros enemigos comunes, que son los bancos globalistas y las corporaciones internacionales. Avivemos su temor, que es simple, lisa y llanamente, el temor a ser justamente expropiados por la Nación Española.

Lo que hace falta en España es, por lo tanto, crear un partido anti-partidos cuyos objetivos primordiales sean los intereses de España y de los españoles. Y no puede ser un partido de derechas (eso es imposible, porque a las derechas la suerte de la gente le importa un carajo), sino igualitario. Y quiero decir con eso claramente que haga prevalecer la igualdad sobre la "libertad burguesa", que solo significa libertad de explotar y robar a tus semejantes. Hace falta algo así como el Partido Nacional Comunista de España con un programa tan claro y fulminante como:

-Moneda nacional no cambiable en los mercados financieros, la Peseta precisamente, y no otra.
--Nacionalización de Servicios Básicos, agua, luz, gas y combustibles.
---Nacionalización de empresas estratégicas: industria pesada, minería, altos hornos y constructoras.
----Reparto de tierras y creación de cooperativas agrícolas.
-----Servicio militar obligatorio y tenencia de armas por parte del pueblo para defender a la Patria.
------Prohibición de usura y tenencia de oro y plata como inversión por acaparamiento.
------Igualdad absoluta entre los españoles: de oportunidades y empleo.
-----Prohibida la explotación. La empresa debe ser cooperativa o dirigida por autónomos.
----Enseñanza completamente estatal.
---Supresión de las autonomías y los nacionalismos diferentes del Español.
--Separación de toda clase de religiones del Estado. La religión es una superchería para viejas.
-Cierre de fronteras a la inmigración. Cada uno debe resolver sus problemas en su país de origen.

Y cuyo eslogan sea: "¡Viva el Comunismo Nacionalista Revolucionario!" Y cuya Ley incluya la pena de fusilamiento para los traidores y los que sean descubiertos tomando dinero de los norteamericanos y de sus socios anglo-sionistas para organizar "primaveras naranjas" o mierdas semejantes. Quien traiciona a la Patria Española o a la Nación Española (que es el conjunto de los españoles y sus intereses) muere ante un pelotón de fusilamiento, con la espalda contra un paredón.

Venga, venga: Hurgad en vuestros viejos gabanes de los ochenta, y a lo mejor lo encontráis, el patriotismo, seco ya como una mojama. Lavadlo, secadlo y planchadlo. Os va a hacer buena falta.

PARTIDO NACIONAL COMUNISTA DE ESPAÑA
(O sea: lo contrario del PPSOE y sus almorranas, CiU, PNV y UPD)


(1) De todos los estados, entiéndaseme bien; no solo de este triste despojo que es España, sino también lejos de los magníficos Estados Unidos de Norteamérica

Carta al ministro de Justicia del
Gobierno de Patraña



Ministro Gallardón:

Tengo un problema de conciencia y me gustaría consultarle a usted, que es el muñidor del nuevo Código Penal Español y, por ello, el oráculo de la Ley a la que todos los españoles debemos someternos, nos parezca justa o nos parezca un desatino literario, que eso a usted le da igual, y me parece lógico que le dé igual, a tenor de sus antecedentes.

Verá usted, ministro: mi problema es que yo me siento —en mi fuero interno (y cada vez se me nota más en mi fuero externo)— nacionalista español. Y socialista. No, no se excite. No llame todavía a los guindillas: porque YO NO SOY ANTISEMITA. Al contrario.

De hecho, ministro, yo, siempre que tengo dudas sobre cómo interactuar socialmente —en política, sobre todo—, me pregunto qué haría en mi lugar un judío sionista. Y enseguida hallo el norte, la respuesta y procuro actuar igual. Le pondré, ministro, algunos ejemplos.

Cuando me pregunto: “¿Debo amar a mi patria y sentirme orgulloso de ser español?”, y noto que dudo en la respuesta —antes me hallaba confundido, CRÉAME, pues los medios políticos y de información llevan casi 40 años exigiéndome que me avergüence de ser español, como usted bien sabe—, me respondo así: “Yo le debo tanto amor a España como un judío se lo tenga a Israel”. Y ya sé lo que tengo que hacer enseguida y cómo considerar a los españoles que no piensan como yo. ¡Yo, en su lugar, no me haría el palestino!

Y si me pregunto: “¿Debo respetar que los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE pactaran de consuno la renuncia constitucional de todos los españoles (a los que dicen representar en la pantomima democrática de la Monarquía de Partidos) a la inmunidad soberana de la nación ante sus acreedores, tal como hicieron el 2 de septiembre de 2011?” Y me respondo, mutatis mutandis: “De eso, nada. Mi patria, que es España, está por encima de todas esas peripecias, como Israel lo está para los judíos, vivan donde vivan. Israel ni siquiera se somete al Tribunal Penal Internacional (como tampoco lo hace EEUU, pero esos son harina de otro costal, y no tienen amor a ninguna patria que no sea el dinero). Bueno, pues mi España tampoco se someterá jamás a tribunales externos, que atienden a intereses que nos son adversos. Y considero que la inmunidad soberana de España es un derecho inalienable, haya firmado lo que haya firmado el desleal y alevoso PPSOE. Me da igual, papel mojado, otra mancha en la Constitución de 1978; otra basura como la monarquía hereditaria o las autonomías. Ya ve, qué fácil me parece todo, gracias a los judíos. Porque ellos, ni cortos ni perezosos, en cuanto les pareció que su constitución no era lo bastante nacionalista, la reformaron en 1985 y no permitieron más nacionalidad israelí que la judía. Así, con dos cojones. ¡Ah, mientras tengamos esos iluminadores ejemplos no podemos ni dudar!

Lo único que me diferencia de los judíos es el aspecto religioso. Yo es que soy ateo, ministro. No, no soy agnóstico. Yo no dudo, sino que sé. Soy ateo. Un ateo socialista y nacionalista español. Y vivo con ese peso sobre mi conciencia sin problemas. Y no necesito cilicios, como usted, para ordenar mi conciencia. No es necesario que mi criterio lo ordene un Dios, por importante que sea, para poner a mi patria por encima de todas las cosas. ¡Yo no tengo más dios que la Diosa de la Libertad, la Igualdad y la Solidaridad, o sea, la República Socialista Española! Es decir, ministro: que yo, a diferencia de usted mismo, no me someto al Vaticano ni al criterio de su jefe de Estado, el Papa Francisco, "Frank el Pope", como le llaman en Sicilia.

¿Por qué soy socialista? Porque creo en la igualdad de oportunidades de todos los españoles, tras su nacimiento. Y dejo clara la preposición “tras” antes del sustantivo nacimiento, pues creo en el derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad siempre, a toda edad y ante toda eventualidad. ¿Sabe usted por qué, ministro? Pues porque sé que sólo los timadores profesionales o los clérigos (y usted, si me lo permite) se atreven a legislar sobre las controversias entre los derechos de un nacido y de un nasciturus que no tiene derechos, como usted bien sabe, hasta después de haberse mantenido 24 horas por sí mismo fuera del seno materno. ¡Venga, venga, ministro! ¡Que es usted abogado del Estado, y lo tiene que saber! El Estado no puede ni siquiera opinar, no digamos ya mediar, entre los derechos de un alguien y los DE UN NADIE.

Y soy socialista, porque creo, y estoy dispuesto a jugarme la sangre en ello, que todos los españoles debemos ser iguales ante la Ley: y eso significa que no puede haber reyes, ni nobles, ni infantas, ni duques empalmados, ni banqueros, ni empresarios, ni obispos, exentos de cumplir con la Ley o sujetos a una versión edulcorada de la Ley, como los hay ahora (Sáenz... Mientras se recuerde el caso Sáenz, consejero delegado del Banco de Santander, no habrá Ley partitocrática que me obligue a nada, ministro). Y la Ley debe ser simple e inteligible para cualquier español. Y mi socialismo no es social-demócrata ni social-cristiano. Mi socialismo es un socialismo radical (desde la raíz), totalitario (sin concesiones ni componendas). Un socialismo que se parecería al de la extinta URSS, si no fuera por sus veleidades internacionalistas. Porque yo no soy internacionalista, ministro, sino nacionalista. Yo no intento imponer nada a nadie, más allá de los Pirineos ni de los tramos de los cauces del Guadiana, el Tajo, el Duero o el Miño que hacen frontera con Portugal.

¿Por qué soy nacionalista? Pues porque el gravísimo problema social que afecta a los españoles, que es mi problema, el de mi familia, el de mis amigos y el de mis compatriotas, empieza en los Pirineos. Por encima de ellos, el paro es del 10,8%. Por debajo, del 26% (dejo la cifra oficial, aunque ya sabe usted lo que significan las cifras oficiales de su coleguita Báñez, la virgen Fátima). Por encima de ellos, la renta per cápita es de 41.223 €. Por debajo, de 27.670 €. Por encima, existe sentimiento de pertenencia a una patria. Por debajo no hay otra cosa que taifas y traidores, como usted mismo, si me lo permite decir sin tapujos, amparándome en la virtud de la sinceridad. No me han dejado ustedes más remedio que ser nacionalista. Porque Europa, como bien lo ha demostrado, no tiene intención de resolver ninguno de nuestros problemas, sino que piensa crearnos tantos como pueda hasta expoliarnos absolutamente y que le sirvamos como esclavos. Hasta que asumamos que todo nuestro futuro será limpiarle el culo a los ancianos de Europa y ofrecerles a sus jóvenes alcohol barato de nuestros viñedos y jugo de los coños de nuestras hembras a precio de saldo. Créame, ministro: Si la crisis española abarcase a Europa entera, yo sería europeo. Pero no es así: Europa es rica, y España es pobre. Europa abusa de nosotros, y nosotros somos los abusados. Así que no soy europeo. Como no puede ser europeo un griego, por las mismas razones que nosotros. Ni un Serbio, pues jamás podrá olvidar que la OTAN bombardeó Belgrado. Si quiere, sea europeo usted. O vaticano, que es el gentilicio del Estado de la Ciudad del Ídem y debiera serlo de todos los miembros del Opus Dei y de los cristianos, en general. Pues los cristianos, que son los que van siempre a votar a su partido, el PP, no son españoles, sino ovejas del rebaño de Cristo (¿a que no lo niega ni uno solo de ellos?), y no tienen más nación que los verdes pastos a los que tenga a bien conducirlos su Gran Pastorazo jesuita.

Nuestro caso, el de los españoles dentro de la Unión Europea, solo tiene parangón en Grecia. Y la solución de Grecia es la misma que la nuestra: el nacionalismo socialista. Por eso, Amanecer Dorado es la vencedora real de las elecciones últimas, a pesar de los pucherazos y de las ilegalizaciones contra toda idea de democracia. Y es ya la única organización social exigiendo justicia y enfrentándose a la usura internacional de Goldman Sachs y sus coleguitas de la FED y del FMI, a los que usted no piensa enfrentarse nunca, sino todo lo contrario, que a lo mejor lo que usted desea, ya que nunca va a ser presidente del Gobierno, es terminar usted en alguna de esas entidades cobrando sumas extraordinarias en pago a su traición, como el cómitre de Guindos.

No quiero hablarle de Grecia, en realidad, aunque sienta a los griegos como hermanos en la desgracia. Ni de Serbia, aunque sienta admiración por su nacionalismo trasnochado. A pesar de que Grecia y España representan la civilización Europea y el imperialismo de ultramar, respectivamente. Ellos descubrieron la filosofía y triunfaron en la Edad Antigua y nosotros descubrimos América y triunfamos en la Edad Moderna. Y ambos fuimos desposeídos posteriormente. Y para ese atraco no hay derechos de autor que esgrimir, basta con un mero: “Gracias, griegos, por inventar la Democracia que sentó las bases de nuestro control social”; y “gracias, españoles, por abrir un continente a la explotación de los insaciables”. Y los anglo-judíos se lo quedaron todo. Y si no me cree usted, pregúntele a los argentinos, por ejemplo. Pregúnteles, ministro, pregúntele a los argentinos.

Y como sé que a usted le encantaría que yo, que me declaro nacionalista español y socialista, fuera antisemita, quiero aclararle algunas cosas sobre mi forma de pensar... Por ejemplo:

¿Qué debe hacer España con los judíos? Respuesta: Nada especial. Tratarlos como al resto de los españoles. Lo único importante es desposeer a los banqueros internacionales, londinenses y norteamericanos, del control de la banca española, sean judíos o gentiles, eso es secundario (el que los miembros del Federal Reserve Board of Governors sean  todos judíos no es para mí otra cosa que una sorprendente e improbable casualidad; el que lo hayan sido todos sus miembros desde su creación, allá por 1913, no es otra cosa que una altamente improbable y sorprendente casualidad). La banca española debe ser nacionalizada, el euro erradicado de España y la peseta reimplantada, una peseta no cambiable en los mercados financieros internacionales. Los judíos serán siempre bienvenidos a España para trabajar en algo productivo, como el resto de los españoles. Especialmente, los judíos sefarditas, que fueron españoles en su tiempo, y dicen que aún guardan las llaves de sus casas en Toledo y otros lugares. Que se vengan para acá, ministro. Pero, eso sí, renunciando a la nacionalidad judía (no existe la nacionalidad israelí): O son judíos, o son españoles, porque mi nacionalismo no admite dobles nacionalidades, así de radical es. Como la usura estará penada en España, así como el tráfico de divisas y de oro, no sé si los judíos estarán muy interesados en vivir en España o en ser españoles. Pero ese es su problema, no el mío. Si quieren arremangarse y trabajar, aquí estoy yo, para trabajar hombro con hombro con todos ellos en el astillero, en el alto horno o en la mina.

¿Qué debe hacer España con los nacionalistas periféricos, catalanes y vascos? Darles a elegir: o son españoles, o son apátridas residentes en España. Así de claro. Y si, cuando sean apátridas, deciden formar una nación propia, allá ellos. Pero aquí seguirán siendo considerados apátridas, con los derechos de los apátridas. También pueden emigrar a Francia, a ver si allí los tratan mejor y les dejan apoderarse de parte de su territorio para expoliar a los franceses. ¡A ver! Aunque es posible que los propios catalano-franceses los corran a sopapos con sus gorros frigios, porque a ellos no les avergüenza ser franceses. Pues eso: Con toda libertad, que se vayan; y si se arrepienten, que vuelvan. Lo que no les aconsejo es que financien ninguna clase de terrorismo contra España como venganza por haberse convertido en apátridas o en nacionales sin estado, porque se les aplicará la Ley, e irán a la cárcel. Y si sus delitos son de sangre, puede que sean fusilados. Depende de la Ley que aprobemos todos los españoles a través de nuestros diputados. ¡Y no le hace gracia a nadie eso de que lo fusilen!

Ya ve, así pienso yo. Si opina usted que, por esta forma de pensar, es mejor que ingrese en cualquiera de las prisiones que regenta usted en la Península de Patraña, déjeme aquí mismo un recado. En la sección de comentarios. Anote qué prisión y qué día. Y allí estaré. Sin nada encima, porque nada tengo. Pero le aseguro que con dignidad nacional. Sepa usted que ese día estará usted encarcelando a UN SEMPITERNO SOCIALISTA Y RECIÉN CONVERSO NACIONALISTA, A UN ESPAÑOL DE CORAZÓN.

Saludos.

ESPAÑOL NACIONALISTA Y SOCIALISTA
(Al mismo tiempo, ya ve usted)

NOTA: El artículo, enviado por un lector, no conculca el CP, pues no  “incita a la comisión de alguno de los delitos de alteración del orden público” ni “sirve para reforzar la decisión” de otros para cometerlos. Y, como él mismo aclara, tampoco es antisemita. Por el momento, militar ideológicamente en el nacionalismo socialista no está prohibido en España ni en ninguna de sus partes o taifas, como demuestra a existencia legal de partidos como ERC, ICV, en Cataluña o Ezker Batua o Sortu, en el País Vasco.



Artículos anteriores

Clásicos más leídos de todos los tiempos