Decálogo vital
ante la quiebra del dinero fiat y la
hiperinflación



Niños jugando con los paquetes del sueldo diario de su papá
Mujer alemana usando el dinero como combustible



En una huída hacia adelante imparable, los bancos centrales de todo el mundo fabrican ahora mismo dinero de manera continua, industrial, para sostener la financiación de sus maquinarias estatales. El Gobierno Federal de los EEUU incrementa su deuda pública a una tasa de 2 billones de dólares anuales. El superabundante dinero fiduciario sólo sostiene su valor artificial porque la inmensa mayoría de los ciudadanos no lo tienen en cantidad suficiente más que para malvivir. Muy pronto el inmenso volumen de dólares que gravita en la cúspide de la pirámide humana, tras la succión por capilaridad de la usura desaforada desde las capas populares a las privilegiadas, caerá sobre todas los estratos de la pirámide humana como una gran lluvia de verde mierda, produciendo la mayor inflación que se recuerda en el mundo desde la del marco alemán que organizó la misma Sinarquía Financiera Internacional tras el saqueo de la crisis del 29 que desencadenó la II Guerra Mundial y mató a cien millones de personas. Cada ser humano, hombre, mujer o niño de toda raza y condición, tocará a un millón de dólares por cabeza. Imagínese el precio de una barra de pan.

Nada cambiará la forma de actuar de los gobiernos. A los estados no les importa el pueblo absolutamente nada. Si se empobrece o si se muere de hambre. A los estados sólo les importa su propia supervivencia, funcionario a funcionario, político a político. Solo quieren que "los mercados" sigan financiándolos. Que el ahorro de la ciudadanía fenezca en el pozo sin fondo de las deudas soberanas.

La gente vive en la inopia, aunque sabe claramente que los políticos no los representan; que los banqueros rigen sobre los políticos; que el dinero de sus impuestos, dedicado antes a beneficios sociales, va al salvamento de los bancos, mientras los gobiernos aplican políticas de austeridad que se resumen en recortar derechos. Pero ignora que la banca y los estados roban el ahorro de la gente mediante la manipulación a la baja de las tasas de interés, lo que les permite la creación de tanto dinero como quieran a interés cero para financiar sus gastos faraónicos, aunque sea a costa de que el ahorro real e incluso los sueldos se deprecien (un dinero a costo cero indica que carece de valor, de modo que todo salario pagado con ese dinero es un timo). Lo peor de todo es que la gente cree que todo se arreglará de una manera o de otra, y que las cosas volverán a ser como antes; piensa que la supervivencia del pueblo está entre los objetivos del Estado, pues suponen que éste necesita a la gente corriente para trabajar, crear riqueza en forma de plusvalías y pagar impuestos. Y se equivocan.

Estos errores hacen que los pocos individuos conscientes de la realidad no podamos contar con el pueblo para acabar con el pútrido sistema financiero-estatalista. Hay que buscar soluciones minoritarias, casi individualistas, para la crisis humanitaria que ya es inminente. Soluciones que afectan tanto al ámbito laboral como al de la familia y al de las relaciones sociales. De un diario como éste no pueden esperarse otras recetas que no sean las basadas en la acracia, en la autogestión, la sostenibilidad y la libre asociación entre humanos. Pero no por mero idealismo, sino porque se trata de las únicas soluciones eficaces. Las desgranamos en diez medidas concretas.

La primera medida es desligarse del sistema basado en el dinero fiduciario. Aunque sea de modo parcial, alternativo. Mientras el dinero funcione, será un modo de intercambio, pero deben implementarse otros ya. Deben anularse las tarjetas de crédito y las cuentas corrientes, excepto aquella en la que se cobre una nómina, cuyo dinero debe retirarse del banco el primer día y tenerlo en casa. Debe abordarse la creación o uso de monedas alternativas y del crédito persona a persona. Y sobre todo, del intercambio libre de bienes y servicios fuera del control del Estado y su injusto sistema impositivo.

La segunda medida es simultanear el trabajo asalariado, que se retribuye con dinero fiduciario, con otro por cuenta propia, preferentemente manual y útil: iniciarse en oficios como albañilería, electricidad, fontanería, agua, gas, etc: o actividades básicas, como la agricultura, la pesca o la ganadería. Cosas con las que pueda uno ganarse la vida pase lo que pase.

La tercera medida es gastar el ahorro de que se disponga en reforzar el punto anterior: comprar herramientas o alquilar un buen pedazo de tierra de cultivo, por ejemplo. No adquirir jamás nada, ningún utensilio o artefacto, que no pueda reparar uno mismo, o pueda aprender a hacerlo, en caso de avería.

La cuarta medida es desobedecer toda ley injusta en lícita objeción de conciencia. Una ley injusta es ilegítima, pues ha sido dictada por los que tienen mucho para mantener y aumentar su fortuna a costa de los que no tienen nada. No es cuestión de enfrentarse a la Ley en las calles, como hacen los colectivos anti-desahucios (lo cual está muy bien, por supuesto). Se trata de saber que, una vez embargado el piso por un banco, en cuanto el secretario del juzgado se va, se puede volver a entrar a él dándole una patada a la puerta, pues ello abre otro proceso legal interminable por la ocupación de un inmueble vacío. Es lo que tienen las leyes injustas: lagunas e incoherencias que las hacen ineficaces ante los que las ponen en duda sin complejos. En caso de colapso monetario, los intereses de las hipotecas se dispararán. Si los salarios no aumentan en la misma proporción, será imposible pagar las cuotas. Si los sueldos crecieran con la inflación, cosa poco probable, el principal de la deuda sería redimible con muy poco esfuerzo relativo para los que para entonces no hubieran sido embargados. Otra ley injusta es la que establece los abusivos precios de los servicios públicos, como la electricidad, el gas o el agua. Pero los contadores son vulnerables. Para los que gustan de pagar lo que consumen, estudios serios demuestran que la vuelta al butano representa gastar la tercera parte que usando gas ciudad. Y que el uso racional de la electricidad puede reducir su consumo a la mitad.

La quinta medida es independizarse del uso de la gasolina tanto como se pueda. Aprender a andar de nuevo, como hacían nuestros abuelos, cuando ello sea posible o a utilizar el transporte público y, sobre todo, la bicicleta: fuerte, barata y fea, para que no resulte un objeto que excite el deseo de los amigos de lo ajeno. Aún no es necesario todo esto, pero vale la pena irse acostumbrando cuanto antes.

La sexta medida es eliminar el uso del teléfono móvil y, en general, de las telecomunicaciones. Tener una tarifa de costo cero si no se consume nada, sin mínimos. Fuera de su uso para el trabajo alternativo, el teléfono móvil no sirve para nada que no sea puramente lúdico, estúpido y fuera de lugar en los tiempos duros que se nos vienen encima (hay una tarifa de teléfono fijo a costo cero si sólo se reciben llamadas, aunque cara si se llama, pensada para ancianos). El hecho es que las empresas no mantienen las infraestructuras y pronto su funcionamiento será errático y deficiente. Internet se quedará colgado un buen día y no funcionará más. Además de que se trata de un sistema orientado al control de la población. Facebook es una trampa para tontos de baba, gente joven o menos joven esclavizada por sus gónadas. El sistema SITEL es un puro medio de espionaje. Y el DNI con RFID, es más propio del seguimiento de animales que del uso en humanos.

La séptima medida es hacerse invisible, fuera del control del Estado. Hoy día puede saberse donde está uno por el GPS de su móvil y qué está haciendo gracias a los controles presenciales RFID y a las tarjetas de crédito; o incluso lo que está diciendo (si es alguien importante) mediante el operativo SITEL. El DNI electrónico debe envolverse en papel de metal o caja de Faraday. El móvil debe mantenerse apagado si no se usa y, en caso de peligro, sin batería. El ordenador debe usarse de manera segura: utilizando Tor para camuflar la IP y obturando la cámara de vídeo.

La octava medida es disponer de armas suficientes para defender uno a su familia si llega el caos total. Las armas son de muy diversa especie. Las únicas controladas por el Estado son las de fuego. Dejo a la imaginación del lector o al inabarcable Internet el averiguar más sobre el asunto, pero existe el aire comprimido capaz de tanta potencia como la pólvora, o las pistolas de clavos para la construcción. Deben mantenerse en perfecto estado siempre, como hace un soldado. Aunque no lleguen a utilizarse nunca. Eso depende sólo de la suerte.

La novena medida es protegerse de las enfermedades contagiosas. El tema es amplio, pero la buena salud derivada del ejercicio es fundamental. Hay algunos medicamentos mágicos que deben acopiarse, como el agua oxigenada o el bicarbonato monosódico, que lo mismo previenen infecciones por heridas cutáneas que enfermedades contagiosas, como la gripe.

Y la décima medida es unirse libremente a tantas asociaciones de personas como sea necesario para mejor resolver los problemas comunes. En grupo puede acometerse una empresa cooperativa, la ocupación de un pueblo abandonado, la educación (o su refuerzo) de la infancia, las reclamaciones, las protestas, las cajas de resistencia, el crédito mutuo y mil cosas más. Lo importante es no afiliarse a una única asociación libre pretendiendo que vaya a resolverlo todo. Eso da lugar a liderazgos y enfrentamientos entre camarillas que tarde o temprano se pagan caros.

Corren tiempos para dudar de todo: del Estado, del capitalismo, de las ideologías partidarias, del sindicalismo (no de todo él, siempre quedarán los anarquistas), del matrimonio (donde esté el amor libre, que se quite el reglado con taxímetro). Debemos dudar incluso de la democracia. Y nos referimos no solamente a la falsa democracia actual, sino a su posible sustituto futuro, pues siempre se tratará de democracia burguesa no asamblearia. No debemos conceder a un rebaño lobotomizado por la televisión el derecho de decidir nuestro destino personal. Cualquier problema complejo, como es el de la supervivencia, debe estudiarse sin prejuicios, partiendo de cero. Pues todo lo que nos han enseñado hasta ahora es mentira. De lo único que no debemos dudar es de la infinita capacidad del ser humano para resolver cualquier problema, si un número suficiente de cerebros realmente interesados en hallar la solución se ponen a ello.

Nadie con dos dedos de frente lo ignora ya: Los consejos de administración de los bancos son asociaciones mafiosas protegidas legalmente por sus estados respectivos y sus parlamentos de delincuentes copados por el bipartidismo organizado. El mundo basado en el dinero, tal y como lo conocemos, está liquidado. Creer que el dinero es un objetivo social, en vez de un medio de intercambio, ya no sirve más. Y no porque ahora mismo sea el dinero escaso, que lo es y mucho. Si ese fuera el problema, acratas.net invitaría a sus lectores a trabajar más duro para conseguir ganar más. No lo hace porque muy pronto el dinero no valdrá nada, provocando la mayor hecatombe que haya sufrido jamás el planeta Tierra. Tras el impasse escénico de las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre, la economía real estadounidense será aspirada por el inmenso agujero negro de su deuda, arrastrando tras de sí a la economía del mundo. Digno de verse, si no fuera letal.

ÁCRATAS
(Gracias a B. Coscojuela, algunos de cuyos comentarios hemos reproducido aquí)


 







Cumbre Social




La Cumbre Social es una gran idea, vaya eso por delante. Más de 900 asociaciones civiles se han unido para organizar y reivindicar protestas ciudadanas. Hoy mismo ha organizado una gran manifestación en diversas ciudades españolas contra los recortes y la opresión de los empresarios, incluyendo entre ellos al propio Estado. Buen trabajo. En nuestra opinión, le faltan dentro otras 100 organizaciones más, verdaderamente dignas y armadas de razón, que pongan en su lugar a los sindicatos estatalistas que la copan; y que modifiquen de manera sustancial tanto su estrategia como sus objetivos.

Lo que debemos preguntarnos antes de nada es: ¿Qué son los ciudadanos?, y ¿quiénes son en España ciudadanos? Como sustantivo, ciudadano se refiere a sus sinónimos de oriundo, habitante, residente, natural, vecino o poblador; y al de la persona que habita en un Estado como sujeto de derechos civiles y políticos. Pero debemos recordar su primigenio sentido, porque está absolutamente de actualidad: el de los que ostentaban un estado intermedio entre el de caballero y el de trabajador manual.

Desgraciadamente, el concepto de ciudadano incluye a toda clase de bichos, incluso al banquero o al empresario. Así que acratas.net se posiciona, en principio, en contra de todo movimiento que se autodenomine “ciudadano” a causa del transversalismo ideológico que tal concepto implica. Un totum revolutum de explotadores y explotados no es revolucionario más que en el sentido fascista en el que lo definiera José Antonio Primo de Rivera en su sindicalismo vertical.

España debe dejarse de eufemismos. Los jodidos no son “los ciudadanos”, sino los asalariados, los trabajadores por cuenta ajena (incluyendo a los que no trabajan aún, a los parados y a los jubilados), a todos los que, a fuerza de sangre y sudor, habíamos conquistado derechos como la enseñanza pública para nuestra prole, la sanidad universal y las jubilaciones para cuando se nos hubieran caído los dientes, derechos que ahora están siendo recortados por el peor gobierno, el más injusto e incluso el menos patriota que haya tenido España jamás.

Todo movimiento o asociación que incluya a los empresarios (no confundir con los autónomos que trabajan con sus propias manos) es un timo, exactamente igual que si incluye a los banqueros, que es eufemismo de usureros. Los empresarios no son, como cuenta su mitología, individuos que generan riqueza o el más mínimo avance social. Los grandes empresarios son una clase de usureros que, en lugar de lucrarse con el uso del dinero de los demás como materia prima, lo hacen con su tiempo, con el esfuerzo, con el sudor de sus semejantes. Claro que, tanto ellos como los usureros, no consideran a sus semejantes como tales, sino como animales, bestias de carga para servir hasta la muerte.

Os contaré una característica que tienen usureros y explotadores en común que los hace aparentemente invulnerables. ELLOS NO CREEN EN LA OTRA VIDA. Ya me entendéis, en la Gloria, en el Cielo, en el Walhalla, en el Eljannat-adan coránico, etc. Así que su Paraíso está aquí, en la tierra. Todos ellos contribuyen al establecimiento de su propio paraíso en la tierra. Para ellos y, sobre todo, para sus descendientes. Y aquí reside su desventaja capital: La descendencia como algo trascendente es una característica de ambas especies de depredadores, usureros y explotadores. La descendencia es su manera de creer en la vida eterna y de procurársela de alguna bestial manera.

Por eso somos los ácratas enemigos temibles para ellos. No creemos ni en dioses ni en otros paraísos que no conquistemos, como ellos, aquí, sobre la capa terrestre en vida. Y porque no vemos la procreación como esa forma atávica de vida eterna que ellos necesitan para, como hormigas carnívoras, acopiar bienes para sus hijos y nietos. Nosotros no anteponemos la comodidad de nuestros hijos al bien común. Preferimos educarlos como luchadores para que ellos mismos se procuren el sustento de manera justa e igualitaria.

Añadiré dos corolarios:

1.— Si nos quitamos de encima de los banqueros, la economía mejorará rápidamente. Son ellos o nosotros. Sus productos tóxicos y sus prácticas delictuosas deben ser considerados terrorismo financiero.

2.— Si nos libramos de los grandes empresarios, la economía mejorará sólidamente. Son ellos o nosotros. Sus servicios básicos a precios de oligopolio, de acaparadores, y sus prácticas criminales deben ser considerados terrorismo popular.

La Cumbre Social es una gran idea. Rodeémosla, tomémosla, invadámosla, hagámonos con ella. Cambiemos sus pretensiones: ¿Qué coño es eso de convocar un referéndum sobre los recortes del Gobierno? Idiotez y pérdida de tiempo. Lo que debemos es atacar continuamente al poder, con todas las fuerzas colectivas que podamos concitar: HUELGA GENERAL y SECTORIALES INDEFINIDAS, habilitación de CAJAS DE RESISTENCIA, lucha a muerte al explotador y al usurero. ¿A muerte? Sí, sí, a muerte, sin ambages. Si no, serán nuestros propios hijos los que mueran de hambre o de cualquier enfermedad contagiosa cutre —lepra y tuberculosis han vuelto entre las capas sociales más desfavorecidas—, y para eso no los engendramos o los parimos.

El enemigo ha sido identificado. Vamos a por él, hasta que ambas castas, explotadores y usureros, ingresen en las cárceles populares y devuelvan lo que robaron con el sudor de sus lomos. Esto sí que merece ser el objetivo de una verdadera Cumbre Social.

¡Por la Libertad y la Justicia!

ÁCRATAS


 

Desbandada
ante el Congreso



La mayor parte de los indignados del 25-S siguen sin darse cuenta de que los manipularon desde el PODER para acudir como pardillos a "ASALTAR EL CONGRESO". Lo pongo así, con mayúsculas y entrecomillado, porque es lo que se dirá que hicieron para siempre jamás. Los medios se encargarán de consolidarlo en la Historia de España, aunque no fueran más que a manifestarse tímidamente, al estilo de lo ya acontecido el 15-M (una concentración ciudadana orquestada por los partidos de izquierda para influir en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011). Se trata de la misma clase de manipulación mediática de la Historia de España que asegura que el Rey deshizo el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, ocultando la verdad: que lo lideró.

"Los indignados" se cabrean ahora con el mensajero que denuncia su manipulación, acratas.net. No lo perdonan por decir lo contrario que los medios fautores de la Historia de España, aunque sea evidente. ¿Qué motivación psicológica les empuja a eso? Está muy clara, aunque tampoco les va a gustar:

Los "indignados del 25-S" fueron parados o estudiantes. Personal que podía manifestarse un martes laborable. Y acudieron a Madrid esperando que todo cambiara. Tenían una muy buena intención. Pero individualmente no eran violentos. Al llegar a "la mani" comprobaron que, en realidad, no había nadie violento. Por lo cual, eso de tomar el Congreso era una boutade. Así que la manifestación se transformó en un "deja vu" del 15-M.

Pero el PODER, verdadero organizador del acto, no pretendía eso. Y grupos de policías disfrazados con capuchas y unas sospechosas banderas rojas sin símbolos ni siglas iniciaron los altercados. En los vídeos se ve que es algo falso, trucado. Los policías no pegan a los encapuchados, sólo les empujan. Gracias a esa ficción, no obstante, la represión violenta empezó de verdad. Ante la violencia policial, la manifestación se disolvió rápida y vergonzante. En pocos minutos no quedó nadie, excepto unos doscientos chicos sentados en el suelo. No había nada sólido, ninguna ideología detrás para sustentar la resistencia. Todo era etéreo transversalismo ciudadanista.

El PODER se quedó frustrado. No podía meterle mano a los derechos de los trabajadores por causa de una manifestación evidentemente pacífica. Como suele ocurrir en tales casos, la máquina mediática preparada para cubrir una operación programada no se detiene porque ésta resulte fallida. Lo mismo que pasó con la gripe A, por ejemplo. Así que, no obstante el pacifismo borreguil de los asistentes, se detuvo a veintiuna personas a las que se imputan delitos de "atentado contra una alta institución del Estado". Eso es ilegal, pues no se pueden juzgar las intenciones, sino solamente los hechos. Da igual: los medios han puesto el foco y la lupa de aumento sobre la manifestación y redoblan los ataques. Según todos los medios oficiales, que reproducen los media internacionales que tratan de propiciar los recortes capitalistas de los derechos en los países del sur, la manifestación fue importante y violenta.

¿Y los indignados? ¿Qué dicen a todo esto? Sorprendentemente para quien no conozca la naturaleza humana, se sienten bien con las mentiras que los medios cuentan de "la mani" a la que asistieron. Los indignados, por tanto, reprochan galleantes la "inacción" de los que nos negamos a asistir, olvidando que estuvimos en la manifestación por la Huelga General indefinida el 26S, mientras que ellos, en realidad, se arrodillaron ante la Policía antidisturbios con las manos en alto o protagonizaron ridículas sentadas, propias de protestas por el aumento de tasas en cualquier campus universitario. También los indignados contribuyen así, gozosos, a la falsificación de la Historia de España. Les gusta esa amañada versión mediática de los hechos porque les transmuta de perroflautas en héroes, igual que transformaron al Golpista Mayor del Reino en paladín de la democracia.

Los indignados héroes exigieron su derecho a premio mediático. "Esto hay que repetirlo"... Y volvieron al día siguiente a la segunda parte del evento. Ya no era más que eso, un encuentro de chicos y chicas con ganas de acudir a un happening botellonero. Pero los medios aprovecharon para proclamar que "los terroristas han vuelto". A los indignados les pareció bien. Si los medios hablan de ellos, aunque mientan, o precisamente porque mienten, su épica personal crece. Algunos ligaron el 25-S. Se formaron parejas de circunstancias y algo de semen corrió Manzanares abajo.

Todo apunta a que, a pesar de las falsedades que avientan los medios, los "indignados del 25-S" han logrado una cosa: dar pábulo a que se recorten derechos fundamentales. La Delegada del Gobierno de Madrid exige cambios en la Ley de Manifestación. El Fiscal General del Estado, Torres-Dulce, repudia las protestas que cuestionen el Estado y advierte de las consecuencias de utilizar el descontento social para "deslegitimar" las instituciones (no dice lo mismo de la manifestación de Barcelona, el 11-S). No pasa nada. Eso contribuye a la heroica kermesse aún más: "Yo estuve en aquel épico asalto al Congreso, que luego fue respondido por el PODER con la suspensión de nuestros derechos fundamentales, porque se cagó de miedo", contarán algún día a sus nietos.

El falsario círculo se cierra. ¡Son cosas de la Españeta!

MARTÍNEZ CARTUCHO



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